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Entre Destinos Y Tentaciones

Entre Destinos Y Tentaciones

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujeriego enamorado / Romance / Completas
Popularitas:27.7k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Yance

Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.

Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Podríamos divertirnos

Isabella permaneció unos segundos de pie frente a Elena, sin saber cómo empezar.

Emma estaba sentada junto a ella, abrazada a su pequeño conejo de peluche y mirando todo a su alrededor con la curiosidad propia de una niña de tres años.

Elena no apartaba los ojos de la pequeña.

—¿Quién es ella? —repitió suavemente.

Isabella tragó saliva.

Se agachó frente a Emma y le tomó las pequeñas manos.

—Amor...

Emma levantó la mirada.

—¿Sí, Pecas?

Isabella respiró profundamente.

—Quiero decirte algo, Elena.

La niña sonrió.

—¿Qué?

Isabella acarició su cabello.

—Ella es mi hija.

Elena se quedó inmóvil.

Miró a Isabella, luego a Emma y nuevamente a Isabella.

—¿Tu hija?

Isabella asintió.

—Sí.

Emma, completamente ajena al impacto de aquella revelación, sonrió.

—Yo soy Emma, pelo usted me puede dechir Em.

Elena sintió que algo dentro de ella se estremecía.

—Emma... Em.

La pequeña extendió una mano hacia ella.

—Holla.

Elena se agachó lentamente y tomó aquella pequeña mano.

—Hola, preciosa.

Emma sonrió.

—¿Tú eres amiga de Pecas?

Elena soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Sí, cariño. Soy amiga de tu mamá.

Isabella cerró los ojos por un instante.

Porque ahora estaba frente a la mujer que había querido como una segunda madre y sabía que, después de todo lo ocurrido, podía perderla también.

Elena volvió a mirarla.

—Isa... necesito que me cuentes.

Isabella se sentó. Emma permaneció junto a ella.

Entonces comenzó.

Pero antes de que pudiera continuar, Elena llamó a una de sus empleadas.

—Llévate a Emma un momento al jardín. Muéstrale las flores y dale algo de comer.

La mujer se acercó con una sonrisa.

—Claro, señora.

Emma miró a su madre, buscando aprobación.

Isabella asintió.

—Ve, princesa.

—¿Vas a estal aquí cuando legleshe?

—Sí, mi amor.

Emma tomó la mano de la empleada y salió hacia el jardín.

Cuando la puerta se cerró, Isabella respiró profundamente.

No contó cada detalle.

No repitió nombres, fechas ni situaciones que Elena ya podía imaginar.

Simplemente le habló de su vida.

De Daniel, de su afección pulmonar, dee Emma, de las dificultades económicas, de las ausencias, de las decisiones equivocadas.

De los hombres que habían pasado por su vida.

De Alessandro.

Y de cómo, por primera vez, había sentido que algo dentro de ella podía ser diferente.

—No quiero justificarme —dijo Isabella con la voz quebrada—. Sé que hice mal. Lo sé desde el primer momento. Nunca he pensado que estuviera bien.

Elena permaneció en silencio.

Isabella continuó.

—Pero tampoco quiero mentirte. Daniel y yo llevábamos mucho tiempo viviendo una vida que no se parecía a un matrimonio. Yo estaba cansada, confundida... y cometí errores. Muchos.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Y entonces apareció Aless...

La voz se le quebró.

—Y me enamoré.

Elena bajó la mirada.

Isabella respiró profundamente.

—Eso es todo. Esa es la verdad.

Guardó silencio unos segundos.

—Necesito que Alessandro deje de cerrarme las puertas. Me está matando en vida.

Hubo un largo silencio.

Isabella se limpió las lágrimas rápidamente.

—Puedes echarme.

Elena levantó la mirada.

—Puedes decirme que me vaya. Puedes decirme que nunca debí venir. Incluso puedes decirme que soy una decepción. Cualquier insulto está bien.

Elena se acercó a ella.

—Isa...

—Lo entenderé —la interrumpió.

Isabella intentaba mantener la compostura, pero ya no podía.

—Solo vine porque no sé qué hacer.

Una lágrima recorrió su mejilla.

—Alessandro me cerró todas las puertas. Me despidió. Nadie quiere contratarme. No puedo trabajar. No puedo sostener a mi familia.

Elena la observó con el corazón apretado.

—Yo no vine a pedirle dinero, ni siquiera vine a pedirte trabajo.

Isabella bajó la cabeza.

—Solo quería que hablaras con él.

Respiró profundamente.

—Quiero que lo hagas entrar en razón. Que deje de perseguirme. Que me permita trabajar. Que me deje hacer mi vida.

Elena permaneció callada.

Después tomó la mano de Isabella.

—Quédate a almorzar.

Isabella levantó la mirada, sorprendida.

—¿Qué?

—Quédate.

—Elena, yo...

—Isa, quédate y come con nosotros y con Emma —dijo Elena, mirando hacia la puerta justo cuando la pequeña regresaba de la mano de la empleada, con una enorme sonrisa.

Emma corrió hacia su madre.

—¡Pecas!

Isabella la recibió entre sus brazos.

—Mi princesa.

Emma miró a Elena.

—¿Hay comila?

Elena soltó una carcajada.

—Claro que hay comida.

Por primera vez en meses, Isabella sonrió.

Una sonrisa pequeña, frágil. Pero real.

---

El almuerzo fue extraño.

No por la comida.

Sino porque, durante un par de horas, Isabella sintió algo que había olvidado.

Paz.

Elena hablaba con Emma, le preguntaba por sus dibujos, por sus juguetes y por todo lo que le gustaba hacer.

Emma terminó completamente encantada con ella.

—Pecas, ella es muy linda.

Isabella sonrió.

—Sí, mi amor.

Elena miró a Isabella.

—¿Por qué te dice Pecas?

Isabella soltó una pequeña sonrisa.

—Ya sabes cómo son los niños. Daniel me dice así todo el tiempo y ella anda de imitadora.

En los ojos de Elena había algo diferente.

No aprobación, no todavía, pero sí comprensión.

Porque Elena conocía lo que era equivocarse por amor.

Años atrás, cuando se casó con Vittorio Moretti, ella había sido su secretaria. Vittorio tenía una relación y ella te novio. Ellos habían comenzado una historia a escondidas.

Elena sabía perfectamente lo que era entrar en una relación que comenzaba sobre los restos de otra.

No estaba orgullosa de aquello, Tampoco lo justificaba, Pero lo entendía Y quizá por eso podía mirar a Isabella sin convertirla en un monstruo.

—No puedo decirte que lo que hiciste estuvo bien —le dijo Elena después de almorzar—. Porque fue mi hijo quien terminó herido.

Isabella bajó la mirada.

—Lo sé.

—Y no puedo pedirte que esperes que Alessandro te perdone.

Isabella asintió.

—También lo sé.

Elena le acarició el cabello rojo.

—Pero puedo entender que eres un ser humano.

Isabella cerró los ojos.

Y esa frase terminó de romperla, Porque hacía demasiado tiempo que nadie se lo decía.

No era solamente una mujer infiel, No era solamente una mujer que había cometido errores, No era solamente una profesional despedida, tampoco una madre intentando sobrevivir.

Era simplemente Isabella, Una mujer, Un ser humano.

Elena la abrazó.

Isabella se quedó quieta unos segundos.

Después se aferró a ella Y lloró. Como una niña que, por un instante, había encontrado un lugar seguro.

---

Horas después, un automóvil se detuvo frente a la casa.

Elena levantó la mirada.

—Es Alessandro.

El corazón de Isabella se detuvo.

Emma estaba jugando en la alfombra.

—Pecas, ¿ya nos vamos?

Isabella la miró.

—Pronto, princesa.

Elena se levantó.

—Ve al jardín. Yo recibo a Alessandro.

Pero Isabella negó con la cabeza.

—No. Tengo que enfrentar esto.

La puerta se abrió.

Alessandro entró.

Venía furioso.

Había tenido un día horrible y lo último que esperaba era encontrar a Isabella dentro de su casa.

—Madre, ¿qué hace ella aquí?

Isabella se puso de pie.

Alessandro la miró con una dureza que le atravesó el pecho.

—Te dije que hicieras como si ella nunca hubiese existido.

Elena intentó hablar.

—Alessandro...

—No, mamá. No quiero verla. Quiero que se vaya.

Isabella bajó la mirada.

Alessandro dio un paso hacia ella.

—¿Cuántas veces tengo que decirlo?

Pero entonces escuchó una pequeña voz.

—Aleshandlo.

Alessandro se quedó inmóvil.

Emma levantó la cabeza.

Lo miró y sonrió.

—Hola.

Toda la furia pareció detenerse.

Alessandro la observó durante unos segundos.

—Hola, Em. Estás preciosa.

Emma sonrió tímidamente.

El rostro de Alessandro cambió.

Sus ojos fueron de Emma a Isabella Y durante unos segundos no dijo nada.

La pequeña se acercó a Isabella y tomó su mano.

Alessandro respiró profundamente.

—Quiero hablar contigo.

—Está bien.

—Madre, usaré el despacho de mi padre.

Elena observó a su hijo.

—Aless, hijo, toma las cosas con calma.

Alessandro negó lentamente.

—Madre, por favor, no me pidas eso.

Y esta vez Elena no dijo nada.

---

El despacho de Vittorio estaba en silencio.

Alessandro abrió la puerta y le indicó a Isabella que entrara.

Ella pasó lentamente.

Y cuando quedó frente a él, Alessandro la observó detenidamente.

La vio más delgada, Su rostro estaba cansado, Sus ojos, antes llenos de vida, ahora tenían una tristeza profunda que no podía ocultar, Pero seguía siendo hermosa.

Más que nunca.

Quizá porque ahora había algo diferente en ella, Una fragilidad que no había visto antes.

Durante unos segundos, Alessandro olvidó todo.

Olvidó la rabia, el engaño, Solo vio a Isabella, Su Isabella.La mujer que había amado.

La mujer que todavía amaba, aunque se negara a admitirlo.

Quiso acercarse, Abrazarla Estrecharla entre sus brazos y sentirla nuevamente contra su pecho.

Quiso besarla, Recordó sus labios, Sus caricias, La forma en que ella lo miraba Y, por un instante, deseó volver a tenerla entre sus brazos, hacerle el amor y olvidarse de todo lo demás.

Pero entonces apareció aquella imagen.

Emma corriendo hacia Isabella.

—¡Mamá!

Y después Daniel.

Su esposo.

Tocando su cintura.

Ese hombre con quien Isabella había compartido una vida mientras él creía que ella era solamente suya.

La traición volvió de golpe.

Alessandro endureció el rostro, Todos aquellos pensamientos se disiparon.

—Nunca voy a perdonarte.

Isabella sintió el golpe.

Pero no respondió.

—¿Sabes qué fue lo peor de todo? —continuó él—. Que no fui el único.

Isabella apretó las manos.

—No quiero hablar de eso.

—Yo sí.

Su voz estaba llena de rabia.

—Porque mientras yo pensaba que había encontrado a una buena mujer, tú estabas acostumbrada a hacer esto con otros hombres.

Isabella cerró los ojos.

—Alessandro, no te lo permito...

—Y mientras tú seguías con tu esposo...

Él soltó una risa amarga.

—Daniel. ¿Así se llama, cierto?

Isabella levantó la mirada.

—Deja de decir estupideces.

—¿Estupideces? —respondió Alessandro—. Tengo que sentir lástima por el hombre que ha tenido que soportar una esposa infiel.

Isabella sintió que algo dentro de ella se quebraba.

—Basta.

Pero esta vez no bajó la cabeza.

Lo miró directamente.

—¿Qué?

—Ya entendí.

Alessandro se quedó mirándola.

—No. Creo que todavía no.

Dio un paso hacia ella.

—¿Necesitas trabajar para asegurar tu siguiente víctima? ¿Estás tan enferma?

Isabella respiró profundamente.

Las lágrimas estaban ahí, Pero esta vez no dejó que cayeran.

Levantó la cabeza.

—¿Está mal porque soy yo?

Alessandro frunció el ceño.

—¿Qué?

—¿Está mal porque soy una mujer?

Él guardó silencio.

—Porque tú lo haces y está bien.

Isabella dio un paso hacia él.

—Te has pasado toda la vida de mujer en mujer. Has roto corazones. Has utilizado relaciones como si fueran negocios. Y nadie te señala por eso. Al contrario, te das ínfulas de mujeriego y tu ego crece.

Su voz temblaba, pero no retrocedió.

—Pero como soy yo quien se equivoca, entonces soy una mujer sin valores. La peor escoria.

Alessandro apretó la mandíbula.

—No compares. Soy un hombre.

—No estoy comparando, porque yo soy una mujer.

Isabella negó lentamente.

—Y te estoy diciendo que soy un ser humano como tú.

Alessandro no respondió.

—No me estoy excusando —continuó ella—. Sé que tengo un problema. Sé que hice mal. Sé que te lastimé. Sé que traicioné tu confianza, tu amor...

Una lágrima finalmente cayó.

Alessandro la observó.

Isabella continuó:

—Pero no voy a permitir que uses mis errores para hacerme sentir que no valgo nada.

Alessandro desvió la mirada.

—No te ilusiones —dijo con frialdad—. Tampoco es que te haya amado. Rompiste la racha y saliste peor que yo.

Mintió.

Isabella lo supo.

Y quizá eso fue lo que más le dolió Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

—No voy a pedirte que olvides lo que hice.

Alessandro la observaba en silencio.

—Pero tampoco voy a aceptar que me reduzcas a eso.

Ella respiró profundamente.

—No soy solamente mis errores.

Silencio.

—Y si estoy aquí no es para que me perdones. Hubiese deseado no verte.

Hizo una pausa.

—No quiero tu dinero.

Otra pausa.

—Y menos tu trabajo.

Alessandro levantó una ceja.

—Vine aquí para pedirte encarecidamente que dejes de cerrarme las puertas.

Él no apartó los ojos de ella.

—Porque necesito trabajar.

Su voz se quebró.

—Necesito sostener a mi familia.

Miró hacia la puerta, donde sabía que estaba Emma.

—Mi hija depende de mí.

Después volvió a mirarlo.

—Y hay personas que dependen de mí también.

Alessandro sintió algo que no quería sentir.

Porque podía odiarla, estar furioso, recordar cada mentira.

Pero aquella mujer que tenía delante no estaba pidiendo que la salvara.

Estaba pidiendo que dejara de destruirla.

—No quiero volver contigo —dijo él finalmente.

Isabella asintió.

—No te lo estoy pidiendo.

Alessandro se acercó.

EstuVo muy cerca de ella.

La miró durante unos segundos y, con una sonrisa fría, tocó suavemente uno de sus mechones rojos.

—Pero podríamos divertirnos... ¿Qué te parece?

Isabella frunció el ceño.

—¿Qué?

—No te hagas.

La sonrisa de Alessandro se volvió amarga.

—Estás acostumbrada.

Isabella retrocedió un paso.

—No.

—Un mes de se*o y te quito todas las restricciones.

—¡No lo haré!

Alessandro la observó fijamente.

—Entonces, ¿qué quieres de mí?

Isabella lo miró directamente a los ojos.

—Que me dejes vivir.

Aquellas cuatro palabras quedaron suspendidas en el despacho.

Alessandro guardó silencio, Después soltó una pequeña risa.

—¿Así de fácil?

Se acercó nuevamente hasta dejarla prácticamente aprisionada contra el escritorio.

Isabella intentó apartarse, pero él se interpuso.

—¿Qué te parece ahora? —murmuró—. ¿Se*o oral?

Isabella abrió los ojos, indignada.

—¿Qué?

—Con eso podrías pagar la mensualidad de Emma.

La mirada de Isabella cambió, La tristeza desapareció, La reemplazó una furia profunda.

Levantó la mano para abofetearlo.

Pero Alessandro reaccionó rápidamente y le sujetó la muñeca.

Los dos quedaron inmóviles.

Isabella lo miró con una mezcla de rabia y decepción.

Alessandro sostuvo su mirada Y después de un tiempo le pareció darse cuenta de que había cruzado una línea.

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Marshaan Sanchez
hay fue madre que hombre tan impertinente no saber que el caballero no tiene memoria😏
Marshaan Sanchez
jajajaja esa estuvo más que buena multiplique por cero jajajaja 😱🤩🤣🤭
Marshaan Sanchez
oh mi madre isa es un poco tremenda 🤭🤩se junto el hambre y la nedecida 🤭
Marshaan Sanchez
ajá esa misma pregunta nos estamos haciendo que esconde en pocas palabras de que pie coges ,😏😱
Marshaan Sanchez
es ando como una gallina no sé dónde voy a poner el huevo 🤣
Marshaan Sanchez
estos dos el binomio perfecto 😏🤩
Marshaan Sanchez
jajajaja 🤭se cumplió lo que dijo la sra madre del hacerlo en el escritorio es exitante 🥰 delicioso
Marshaan Sanchez
jajajaja hasta yo sentí esa emoción 🤣🤣 de ese beso 🤩
Marshaan Sanchez
🤭 jajajaja 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Marshaan Sanchez
/Ok//Heart/🥰😏💋💋💋💋💋💋
Marshaan Sanchez
/Angry//Angry//Angry//Angry//Angry//Angry//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Marshaan Sanchez
más que excelente ,apasionante y lo mejor que cada conversación con respeto estaba casadas al tema que la escrictora se tomó el tiempo de hacer sus investigaciones mil gracias por impecable trabajo y regalarnos tu tiempo libres y de familia mil éxitos
Marshaan Sanchez
es que su anaconda es excelente jajajaja
Marshaan Sanchez
mi madre que narcisista salió esa mujer pero lastima ya perdiste el año jajajaja con una peliroja que llegara a ponerlo en cintura
Marshaan Sanchez
jajajaja sin 🫢 vergüenza malandrin
Marshaan Sanchez
jajajaja será una espinita que se le clavara en el corazón y tiene fuego jajajaja 💋
Adriana Vargas
el destino le tiene preparado una historia de amor 💘❤️‍🔥❤️‍🔥♥️♥️♥️♥️♥️
Adriana Vargas
💘❤️‍🔥💔😱, por ahora como tú sobrina 😜😜😜😜
Adriana Vargas
cupido lanzó la flecha 💘 jajaja 🤣🤣🤣🤣
Adriana Vargas
ahora como que si va a entender 😱😱😱😱, hasta yo quedé inmóvil 🤣🤣🤣
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