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MARIONETA

MARIONETA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:594
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Antonia Valentini es una talentosa actriz de teatro que ha conquistado al público con su impecable interpretación de cada personaje. Su belleza, dulzura y noble corazón la convierten en una mujer admirada por todos los que la conocen. Lejos del brillo de los escenarios, dedica su vida a cuidar de su madre enferma y a apoyar a su hermano menor, Lorenzo Valentini, quien cursa su último año de instituto. El salario que recibe apenas alcanza para cubrir los medicamentos de su madre y los estudios de Lorenzo, pero jamás se ha rendido.

Su tranquila existencia cambia por completo cuando Aaron De Santis, el frío e implacable CEO de una de las corporaciones más poderosas del país, se convierte en el nuevo patrocinador del teatro donde ella trabaja.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

Semanas atrás. En la biblioteca privada de la mansión De Santis. Irina permanecía de pie junto a la chimenea, fingiendo revisar una revista, pero sin perder palabra de lo que ocurría frente a ella. Antonia estaba allí, convocada de improviso, con las manos entrelazadas con fuerza en el regazo, sintiendo ya el peso de lo que se venía.

Aarón entró con paso firme, dejando sobre la mesa un grueso expediente, y se dirigió a ella sin rodeos, con voz que no admitía réplica:

—He tomado una decisión. La semana que viene nos trasladaremos a la mansión de la costa. Por tiempo indefinido.

Antonia alzó la vista, sorprendida y alarmada:

—¿A la costa? Pero… ¿y el teatro? ¿Y los controles médicos de mi madre? ¿Y Lorenzo? Tiene exámenes finales, no puede abandonar el instituto ahora.

—Ya lo he resuelto todo —cortó él con frialdad—. El teatro se las arreglará sin ti. Tu madre será atendida en el sanatorio privado cercano, con la mejor atención posible. Y Lorenzo se quedará en el internado que he elegido para él, donde no tendrá que preocuparse por nada. Tú vendrás conmigo.

El silencio que siguió fue denso, casi irrespirable. Antonia sintió que el suelo se le hundía. Entendió al instante: no era un viaje. Era el primer paso para separarlos, para encerrarla lejos de todo lo que conocía, lejos de cualquier rastro de libertad.

—¿Separarnos? —susurró ella, con voz quebrada—. ¿Piensa tenernos cada uno en un sitio distinto?

—Es lo mejor —respondió él, acercándose lentamente—. Allí no habrá distracciones. Nadie nos interrumpirá. Nadie te llenará la cabeza de ideas absurdas. Seremos solo tú y yo. Y así aprenderás por fin que no necesitas nada más que a mí.

Desde su rincón, Irina apretó los dedos contra la revista hasta arrugar las páginas. Lo que oía confirmaba sus peores temores: él no solo quería poseerla, quería borrar todo vínculo que la mantuviera unida a su propia vida. Ya no era obsesión: era aislamiento total.

—No puedo irme sin despedirme —intentó rogar Antonia—. No puedo dejarlos así, sin saber cuándo volveré a verlos.

—No volverás a verlos hasta que yo decida —le espetó él, clavando la mirada en ella—. Y no insistas. Esta noche te instalarán allí. No tienes nada que preparar, nada que llevar. Todo lo que necesites te lo daré yo. A partir de ahora, tu vida empieza y termina donde yo diga.

Antonia bajó la cabeza, ocultando las lágrimas, pero en su interior la desesperación se transformó en una certeza helada: esa era su última oportunidad. Si no hacía algo antes de que llegara el día señalado, estaría perdida para siempre.

Más tarde, cuando se marchó de la mansión, corrió a casa y llamó a Lorenzo a su habitación, cerrando la puerta con llave.

—Lo ha decidido —le dijo con voz apresurada, bajísima—. Nos separa. Nos encierra en sitios distintos. Si esperamos, no volveremos a vernos. Tenemos que huir. Ahora.

Lorenzo palideció, pero asintió al instante:

—¿Qué debemos hacer?

—Prepara solo lo indispensable —ordenó ella—. Documentos, medicinas, lo que tenga valor y quepa en un bolsillo. Nada más. Y no digas nada a nadie. Ni una palabra. Si nos descubren antes de tiempo, estamos muertos.

Esa noche, mientras todos dormían, empezaron a esconder cosas en el fondo del armario, a memorizar rutas, a buscar una salida que parecía no existir. Y en la mansión, Irina miraba hacia el jardín oscuro, sabiendo que si no intervenía, esa locura terminaría destruyendo al hombre que amaba.

Cuando Antonia salió de la biblioteca con el paso inseguro, Aarón se giró hacia Irina, como si recién recordara que estaba allí.

—¿Qué miras así? —le preguntó con sequedad—. No te gusta el plan.

Ella recuperó la compostura, aunque por dentro temblaba.

—Me parece… drástico —respondió con calma calculada—. La gente hablará. Decirán que la encierras como a una prisionera.

—Que digan lo que quieran —replicó él, encogiéndose de hombros—. Ya no me importa lo que piensen. Solo quiero que deje de luchar contra lo inevitable. Si la separo de todo lo que conoce, dejará de resistirse.

Irina asintió, pero en ese instante comprendió la verdad terrible: él no buscaba obediencia, buscaba borrarla. Convertirla en algo que solo existiera para él. Y supo entonces que no podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo perdía el juicio.

—Espero que valga la pena —dijo ella bajito—. Espero que cuando la tengas ahí, solo para ti, no te des cuenta de que has apagado la luz que te gustaba de ella.

Aarón no respondió. Solo sonrió con una frialdad que heló la sangre de Irina. Y esa misma noche, ella empezó a trazar su propio plan, en silencio, en secreto: salvarlo de sí mismo, aunque eso significara ayudar a la mujer que odiaba.

 

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