Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.
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CAPÍTULO 24
—¿Cómo estás, Lorna?— Silvana se abrazó con la esposa de Mario.
—Bien, ¿y vos? —contestó Lorna, muy contenta por el reencuentro.
—Hacía tiempo qué no nos juntábamos, vamos a tener qué hacerlo más seguido así no perdemos la costumbre — dijo Mario, mientras se saludaba con Adrián.
—Es verdad, ¿cuando fué la última vez qué comimos un asado juntos?
—Hace como mil años. ¿Te acordás? Fué en un cumpleaños tuyo, creo.
—Si, me acuerdo. Vos te emborrachaste hasta las patas.
—¡Jajaja! ¿Y por casa cómo andamos?
Germán se sumó a los saludos, dándose un abrazo con su gran amigo Adrián.
—¡Qué contás Germán! ¿Cómo andas hermano?.
—Bien, bien ¿ustedes cómo están? Mirá que no me olvido que ayer me hiciste mear con el viejo Alonso — le recordó a su amigo, pero en tono de broma.
—¡No me digas que te dejaste mear por esa rata! ¡Por qué no lo mandaste a cagar!.
—Ganas no me faltaron...
Todos se saludaron entre risas, cuando se juntaban era un hecho qué se divertían muchísimo.
—Vamos a entrar a la casa — invitó Silvana.
—Si, entremos — apoyó Adrian — Pablo y Juan ya deben estar por llegar.
—Ya vienen en camino — informó Germán — Juan pasó a buscar a Pablo a la casa, imagínense, deben de venir a las puteadas.
—No creo — intervino Mario— Juan viene con la mujer y la hija, pienso qué no van a ser tan burros cómo para ponerse a discutir delante de ellas.
—¡Qué no!. Entonces no los conoces bien, esos locos se encarnizan y no les importa nada.— puntualizó Adrian.
— No, no van a hacer eso — afirmó Germán — ¡Teneles fe por lo menos una vez en tu vida!
Todos se rieron de los comentarios. Mientras se dirigían hacia la casa, Demian fue al encuentro de Adrián.
—¿Está tu hijo? No me acuerdo como se llama.
—Hola Demian, ¿vos por qué no me saludaste? ¡Vení para acá! — Adrián lo levantó en brazos — ¡Estás enorme, casi no puedo contigo! ¿Queres saber donde está Milo?.
—Si, es cierto qué se llama Milo tu hijo, ya no me acordaba— contestó Demian, riendo.
—Milo está en su cuarto jugando a la play. Creo qué está impaciente para qué llegaras, me dijo qué quiere ganarte el juego.
— ¿Te dijo eso? ¿En serio?
—No, estoy bromeando. Pero si es verdad que está deseando qué llegues.
—¿Puedo ir a jugar con él?.
—Si, andá. ¿Te acordás donde es su cuarto?
—Me parece qué si...
—Bueno, dale la sorpresa.
Demian fue corriendo hacia el cuarto de Milo, la sorpresa no fue tal porque este ya lo había visto y lo esperaba parado en el umbral. Juntos entraron al dormitorio y cerraron la puerta.
— Pónganse cómodos — invitó Silvana.
—Nosotros con Mario vamos a comprar las cosas — dijo Germán — ¿Qué traemos? Carne, chorizos, ¿qué más?...
—Traigan todo para hacer ensaladas, papas, lechuga, tomates, mayonesa.
¡Aa, si consiguen compren chauchas también! — encargó Lorna.
—Tomen la plata— dijo Adrián, dándole dinero a Mario.—No vayan a olvidarse de las bebidas, especialmente de las qué contienen cebada, je.
—No te preocupes qué eso es lo primero qué vamos a comprar — contestó Mario .
—No, dejá esa plata. Yo pago todo y después arreglamos. —intervino Germán —Vamos Mario, así comenzamos a asar temprano.
— Vayan nomás qué yo voy prendiendo el fuego —se ofreció Adrián, mientras guardaba el dinero en el bolsillo.
—¿Nosotras qué hacemos mientras tanto?—- le preguntó Lorna a Silvana — ¿Querés que te ayude en algo?.
—Primero voy a ver qué están haciendo estos gurises. Están encerrados en el cuarto, y no es por nada pero eso no me gusta, son muy chiquitos. Le voy a decir a Milo que dejen la puerta abierta.
—Estoy de acuerdo contigo y te acompaño, yo le explicaré eso también a Demian.
Mario y Germán salieron a la calle, estaban por subirse al auto cuando vieron llegar a sus otros amigos.
Juan era quién conducía el vehículo, a su lado estaba su esposa Nelsy, en los asientos traseros viajaba Sabrina, una pequeña niña de cinco años, hija de ambos. También estaban Pablo y una chica qué ellos no pudieron reconocer.
—¡Mirá!. ¿Pablo tiene novia?— comentó Mario en voz baja.
—No sabía nada. La tenía bién escondida el pillín —murmuró Germán, también en el mismo tono.
—Parecía bobo, pero nos tapó la boca.
Se acercaron a saludar, mientras los
demás iban bajando.
—¡Hola, Germán, Mario! ¿Cómo están?
Saludó Pablo, quién fue el primero en bajar.
—¡Qué hacés Pablo! ¿Todo bién?— se saludaron los tres con sendos abrazos.
—¡Todo bién! Quiero presentarles a mi novia Lucrecia...
La chica estaba bajando del vehículo, cuando lo hizo se acercó a ellos.
Germán y Mario quedaron de cara, ella era muy bonita. Alta, sumamente elegante, su cabello no era muy largo, pero tenía unos rizos qué le quedaban magnificos. Estaba ataviada con prendas ligeras, lo que le daba un aspecto muy fresco y natural.
—Lu, ellos son dos de mis amigos, de los qué tanto te hablé.
Lucrecia sonrió de manera encantadora, mientras saludaba a los amigos.
—¡Encantada de conocerlos!
—¡Igualmente! — contestó Mario, sin dejar de mirarla.
—¡El gusto es mío! — dijo Germán, dándole un beso en la mejilla.
—¡Juan! ¡Estabas perdido! —-exclamó Mario, al verlo venir con Sabrina en brazos.
—Perdido estabas vos, Mario. Yo vengo siempre a las comidas, vos venís cuando te da la gana.
Se dieron un fuerte abrazo de recibimiento. Germán también se sumó al saludo.
—¡Hola Sabri,¿cómo estás, preciosa?
—Bien...
—¡Qué linda! ¿Me das un beso?.
Germán la tomó de los brazos de su padre y la alzó por encima de su cabeza, le dió un beso y la bajó al piso.
Nelsy fué la última en acercarse,
—Hola Nelsy, tanto tiempo sin vernos.
La saludó Mario.
—¡Hola! ¿Verdad qué si?. Hemos estado ocupados el último tiempo, por eso salíamos poco.
Cuando todos terminaron de saludarse Germán y Mario retomaron su camino hacia el auto.
—Nosotros vamos a hacer las compras —aclaró Germán — ustedes entren a la casa qué los están esperando.
—¡Ok! — asintió Juan— nos vemos en un rato entonces.
La familia, Pablo y Lucrecia entraron a la casa. Luego de los saludos pertinentes, Adrian, Pablo y Juan fueron hacia el fondo de la vivienda, donde había un parrillero hecho de ladrillos. El patio era bastante amplio, habían tres o cuatro árboles muy frondosos, los cuales daban una sombra muy fresca. A un lado, sobre la divisoria con los vecinos, habían varias jardineras con diferentes plantas.
Más al fondo del patio, una pequeña construcción hacía las veces de galpón, allí se guardaban herramientas y cosas en desuso.
Adrian comenzó a encender el fuego, mientras sus amigos lo ayudaban preparando y alcanzando la leña.
—Juan, ¿viste qué calladito qué está Pablo? ¿Será porque tiene novia?
— Puede ser, en el camino estaba deseando qué se mandara alguna de las suyas para saltarle a la yugular, ¡jaja!.
—Yo también estaba deseando qué te mandaras vos, así te dejaba pegado en presencia de tu mujer, je.
—¿Vos me vas a dejar pegado a mi?. ¡Anda! No tenes nada para decir que me haga quedar pegado.
—¿Y vos que tenés para decirme? Lo que me puedas decir me resbala.
—¡Cómo no! Yo tengo cosas para decirte.
—¿Por ejemplo ?...
—Por ejemplo, me hubiera gustado preguntarle a tu novia que te vió para qué le gustaras tanto.
—¿Sabes que me vió? ¿Querés qué te lo muestre? ¡jaja!
—-Dejá de ser tan fanfarrón, por favor.
No creo qué tengas nada demasiado importante para mostrar.
—¡Hey, hey! — exclamó Adrian, visiblemente divertido al ver qué ya comenzaban a pelear—No empiecen con sus discusiones de pareja.
Juan miró a Pablo entrecerrando un ojo. Pablo asintió con la cabeza al entender ese gesto de su amigo.
—Se lo qué estás pensando, Juan.
—¿Lo sabes? ¿Por qué no le decís a Adrián lo qué estoy pensando, Pablo.
—¿De qué están hablando?— preguntó Adrian al ver las miradas y escuchar el tono de voz muy cómplice entre ellos.
—Juan está pensando qué vos fuiste el qué incitó a esta discusión entre él y yo.
—¿Qué fui yo? No amigos, ustedes discuten porque les encanta, no necesitan qué nadie les dé manija.
—Pero vos acabás de darnos manija — aseguró Juan, mientras se acercaba lentamente a Adrian.
Pablo también se acercó, de modo que ambos quedaron muy cerca del incitador, prácticamente lo rodearon.
—Cuando comentaste qué yo estaba muy callado, y si sería porque conseguí novia, en realidad lo que estabas buscando era que Juan me atacara, que yo le respondiera y así iniciar una discusión estúpida para vos poder reírte de nosotros.
—En esto te apoyo, Pablo. ¿Lo hacemos?.
—¿Qué van va hacer? No entiendo...
—¡Lo hacemos!— contestó Pablo, tomando a Adrian por los hombros. Juan, rápidamente lo agarró por los pies, lo levantaron a la fuerza, lo llevaron donde estaba la piscina de Milo, y lo arrojaron al agua.
Adrián se incorporó todo empapado, mientras sus amigos se retorcian de la risa.
—¡Esto era algo que quería hacer hace mucho tiempo, brother! — gritó Juan, chocando su mano contra la de Pablo.
—¡Yo también, man! ¡Por fin me saqué las ganas!
Adrián salió de la piscina chorreando agua, se sacudió el pelo con ambas manos pero no dijo una sola palabra. Los tres quedaron en silencio un momento, hasta que Adrián rompió a reír a carcajadas.
Pronto los tres se reían a más no poder.
—¡Si serán hijos de su madre! Lo tenían planeado, ¿verdad?
—¡No! Solamente improvisamos, ¿verdad Pablo?.
—Si, pero hay qué confesarle qué se la teníamos jurada, ¡jajaja!
—¡Eso sí, juradísima! ¡jajaja!
Ante todo el barullo que estaban haciendo, todos los qué estaban en la casa salieron al patio, preocupados. Hasta los niños dejaron de jugar para ver qué pasaba, tal era la magnitud del relajo.
—¡Qué pasó!— preguntó Silvana, muy alarmada.
—¿Alguien se lastimó?— Lorna también se preocupó.
—No pasó nada — las calmó Juan— Adrián se tropezó y calló al agua, pero no se ahogó, no se preocupen...
—¡Es cierto! — apoyó Pablo— Se calló solo, nosotros no lo tiramos, jeje.
—Las mujeres se dieron cuenta al toque lo que había pasado, se rieron y regresaron a continuar con sus cosas.
—Bueno, ahora por vivos van a tener qué encender el fuego ustedes, mientras yo me cambio de ropa.
—Nunca he hecho un asado con tantas ganas cómo el qué voy a hacer hoy— confesó Juan, aún riéndose de la broma qué le habían gastado a Adrian.
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si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
café con leche descremada
ojalá no mueran