Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?
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Capítulo 17: La Crisis.
Capítulo 17: La Crisis
La calma duró poco, como sucede siempre en las vidas de quienes han vivido en el ojo del huracán. Una semana después de la prueba de ADN, recibí una visita inesperada.
—Señora Montes —dijo el hombre de traje negro en la puerta—. Soy el detective Morales y necesito hacerle unas preguntas.
—¿Sobre qué?
—Sobre la desaparición de su suegra, Elena Montes.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué le pasó?
—Eso es lo que intentamos averiguar. ¿Puedo pasar?
Lo invité a la biblioteca. Sebastián estaba en la empresa. Nico, en el colegio. Estaba sola.
—¿Desde cuándo no sabe de Elena? —preguntó el detective, sacando una libreta.
—Desde que se fue. Dijo que se iba a Europa.
—¿Y usted le creyó?
—Quise creerle.
—¿Tiene alguna carta? ¿Algún mensaje?
—No. Solo se fue.
—¿Y no le parece extraño?
—Elena es impredecible y puede estar en cualquier parte.
—O puede estar muerta.
El aire se me escapó de los pulmones.
—¿Muerta?
—Su auto apareció abandonado en la frontera con México, y había manchas de sangre dentro. No eran muchas, pero suficientes para sospechar que algo le sucedió.
—¿Qué le pudo pasar?
—No lo sé. Por eso estoy aquí para averiguarlo.
—¿Por qué vino a mí?
—Porque usted es la nuera. Y porque según nuestras investigaciones, fue la última persona que tuvo contacto con ella.
—Eso no es cierto. Yo no hablé con Elena desde que se fue.
—¿Y antes?
—Antes... tuvimos una conversación, y me pidió perdón.
—¿Y usted se lo dio?
—Sí.
—¿Sin condiciones?
—El perdón no tiene condiciones.
El detective anotó algo en su libreta.
—¿Sabe si Elena tenía enemigos?
—Muchos.
—¿Alguno en particular?
—Sí, una de sus enemigas más visibles es mi hermana Rebeca.
—¿Su propia hermana?
—Elena mató a nuestro padre, Rebeca lo descubrió y ella quería vengarse.
—¿Está segura de que Elena lo mató?
—Completamente.
El detective guardó la libreta.
—Por ahora es todo. Si se entera de algo llámeme.
Me tendió una tarjeta.
—Gracias, detective.
—Que tenga buen día, señora Montes.
Salió y me quedé sola, con el corazón encogido.
Elena... ¿muerta?
No podía ser. Esa noche se lo conté a Sebastián.
—Vino un detective —dije, mientras cenábamos—. Preguntó por Elena.
—¿Qué quería?
—Apareció su auto abandonado en la frontera, y tenía sangre.
Sebastián dejó el tenedor.
—¿El detective cree que está muerta?
—No lo sabe. Pero lo sospecha.
—¿Y tú qué crees?
—No quiero creer nada. Mucho menos sin pruebas.
—Si está muerta... ¿Te dolería?
La pregunta me golpeó.
—No lo sé. Una parte de mí la odia, y la otra la compadece. Una quiere que pague por lo que hizo, y la otra solo quiere que encuentre paz.
—Son muchos sentimientos encontrados.
—Era la madre de mi esposo y abuela de mi hijo, aunque nos odiáramos. Aunque nos destruyéramos. Siempre sería parte de nuestra vida.
—¿Y ahora?
—Ahora... no lo sé.
Sebastián tomó mi mano.
—Pase lo que pase, estoy aquí.
—Lo sé.
—¿Vas a ayudar al detective?
—No tengo nada que ocultar. Si puede ayudar a encontrar a Elena, lo haré.
—¿Incluso si eso significa descubrir que está muerta?
—Incluso si significa eso.
Pasaron los días. El detective volvió varias veces con más preguntas. Con más hipótesis y sospechas. Pero ninguna prueba. Hasta que una mañana, en que recibí una llamada.
—¿Señora Montes?
—Sí.
—Habla el detective Morales. Encontramos a Elena.
—¿Está...?
—Viva. Pero grave. Está en un hospital en México. La encontraron en una zanja, con varias heridas de bala.
—¿Va a sobrevivir?
—Los médicos dicen que sí. Pero tardará en recuperarse.
—¿Puedo verla?
—Eso tendrá que consultarlo con las autoridades mexicanas. Pero si usted quiere ir, yo la acompaño.
—Gracias, detective. Voy a ir.
Colgué. Miré a Sebastián.
—Elena está viva.
—¿Quién te lo dijo?
—Me llamó el detective. La encontraron herida en México, y está ingresada en un hospital.
—¿Vas a ir?
—Sí.
—¿Quieres que te acompañe?
—No. Esto debo hacerlo sola.
—¿Estás segura?
—Es mi suegra y necesito verla. Necesito hablar con ella para entender.
—Entonces ve. Yo cuidaré de Nico.
—Gracias.
—No me des las gracias. Solo vuelve.
—Volveré. En esta vida no hay nada más importante que mi familia.
Al día siguiente, tomé un avión a México. El detective Morales me acompañó. Llegamos al hospital al atardecer. Elena estaba en una habitación privada, conectada a máquinas. Con vendas en el pecho y en los brazos, pero viva.
—Camila —susurró cuando me vio.
—No hables que estás débil.
—Necesito... decirte... algo.
—Después, cuando te recuperes.
—No... ahora.
Me acerqué a su cama.
—Dime.
—No fui yo... quien disparó.
—¿Quién fue?
—Rebeca.
El mundo se detuvo.
—¿Rebeca? ¿Mi hermana?
—Sí. Apareció... en mi casa... Dijo que no iba a dejar que la culpara... de lo de tu padre... Me disparó... y me dejó por muerta.
—¿Dónde está ahora?
—No lo sé... Huyó... A Europa... Creo.
—Voy a buscarla.
—No... Déjala... Ya pagará... Algún día...
—No puedo dejarla ir. Mató a mi padre y casi te mata a ti.
—Eso no... Te devolverá... la paz...
—La paz no la tendré mientras ella esté libre.
Elena cerró los ojos.
—Eres... tan... testaruda... como tu padre.
—Lo sé.
—Cuídate... Camila.
—Tú también.
Salí de la habitación. El detective me esperaba.
—¿Qué dijo?
—Que fue Rebeca, mi hermana.
—¿Tiene pruebas?
—Dijo que sí. Pero habrá que esperar a que se recupere para obtenerlas.
—Entonces esperaremos.
—No, yo no puedo esperar. Voy a buscar a Rebeca.
—Señora Montes, eso es peligroso. Deje que la policía...
—La policía no hizo nada cuando mi padre murió. No voy a esperar a que hagan algo ahora.
—Si hace eso, estará cometiendo un delito.
—Entonces que me detengan. Pero primero voy a encontrar a Rebeca.
Cuando salí del hospital, el sol se ponía. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, sentí que la venganza no era tan mala después de todo.
-Camila va a enfrentar a Elena...
- Like si admiras su valentía.
- Corazón si crees que Elena se merece todo lo que le pasa.