Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 15: Verdad dolorosa
...Layla Morgan...
Stefan entró a la habitación. Tenía el rostro decaído, pero no tenía ningún rasguño, ni golpe ni señal de haber sufrido daño. Pensándolo bien, una persona muy lastimada tarda en sanar; y recordando lo que me había dicho mi hermano, afirmaba haber recibido golpes fuertes y haber sangrado mucho.
¿Dónde estaban esas heridas? ¿Era posible que en menos de tres días ya estuviera totalmente bien? Me parecía imposible.
Stefan se acercó lentamente, nos miramos fijamente y pude ver que parecía querer llorar. Mis padres hablaban con mi tío Justin y con la mujer que había entrado junto a mi madre; mientras tanto, Alexander y Madison nos observaban con atención, e incluso el chico desconocido seguía allí. Todos estaban en mi habitación, pero yo solo quería un poco de espacio y saber qué había pasado realmente con mi hermano, aunque ya empezaba a dudar de que le hubiera ocurrido algo grave.
—Layla —me llamó, con la voz llena de nerviosismo y una actitud que lo delataba.
—Estás perfectamente bien —le dije, y él apartó la mirada para no enfrentarme—. ¿Por qué tienes esa expresión? No estás herido en absoluto.
Él siguió sin mirarme.
—¿Herido? —intervino mi madre, confundida—. ¿Por qué crees que tu hermano estaría herido? Fuiste tú quien tuvo el accidente, cariño. Stefan ha estado bien, solo muy preocupado por ti. Fue él quien nos avisó de lo que te había pasado.
—¿Qué? —lo miré, y él trató de evadir la situación.
—Layla, el accidente ocurrió cerca de la escuela —explicó mi padre, algo que ya sabía, porque había intentado ir hasta el lugar donde Stefan me dijo que estaba—. Él estaba en el colegio cuando escuchó lo sucedido, se acercó y vio que eras tú. Nos avisó de inmediato y fuimos corriendo al hospital.
¿Había oído bien? ¿Mi padre decía que Stefan estaba en la escuela?
—¿Qué significa esto, papá? ¿Stefan? —pregunté, aturdida por lo que escuchaba y por lo que yo creía saber.
Mi hermano seguía sin responder: miraba el suelo con las manos metidas en los bolsillos. ¿Por qué actuaba así? ¿Por qué no me daba explicaciones?
—¿Qué te pasa, pequeña Layla? —preguntó mi tío Justin con tono suave, pero no lograba calmarme; en ese momento todos me miraban.
—Stefan, dime algo, por favor —le supliqué con sinceridad.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas y tuve que morderme el labio para no llorar. Él me había dicho que estaba en el parque de la escuela, que no podía moverse, pero mi padre aseguraba que estaba en el edificio y que había sido el primero en enterarse. No me costó mucho darme cuenta de quién estaba mintiendo.
¿Por qué mi hermano me había engañado?
Había jugado con mis sentimientos y se había aprovechado de mi preocupación. Me hizo creer que lo habían golpeado para que corriera a buscarlo. Ese día salí de clases y manejé desesperada solo por llegar hasta él; era mi cumpleaños, pero a él no le importó mentirme. ¿Todo había sido una broma?
No… mi hermano no haría algo así…
—Lo siento —dijo al fin, con la voz entrecortada, tapándose la cara para que no viera que lloraba.
—No —le respondí firme—. Dime cualquier cosa, pero no que fue una broma, porque esa broma casi me cuesta la vida. Dime que no lo hiciste.
—Lo siento… lo siento muchísimo —repitió, y ahora las lágrimas eran visibles. En la habitación solo se oían nuestras voces; mis padres parecían desconcertados—. Nunca pensé que tendrías un accidente, no quería que pasara nada malo.
Me llevé las manos al pecho, porque mi corazón latía con tanta fuerza que me dolía.
—¿De qué estás hablando, Stefan? —se acercó mi madre—. ¿Por qué te disculpas? ¿Qué has hecho?
—También lo siento, mamá —respondió con mucha culpa—. Lo siento, papá.
—Stefan, explícate ya mismo —exigió mi padre.
—Layla, ¿qué está pasando? —susurró Madison acercándose, mientras Alexander también se ponía alerta. Todos parecían sorprendidos por lo que ocurría.
De pronto sentí mucho calor, la frente me sudaba y tenía las manos entumecidas. ¿Por qué me sentía tan débil y cansada de golpe?
—Stefan, si no hablas ya… —lo advirtió mi madre, muy alterada, y mi padre parecía aún más furioso.
Stefan suspiró y se secó la cara. Todos esperábamos su respuesta.
—Yo…
—¿Tú tienes algo que ver con lo que le pasó a Layla? —lo interpeló Alexander, acercándose con seriedad, aunque mi tío Justin lo detuvo.
—¿Por qué estaría involucrado en su accidente? —reaccionó mi madre, cada vez más nerviosa.
¿Qué sabía Alexander?
—Yo estaba con Layla antes de que ocurriera —explicó él—. Recibió una llamada tuya y al instante se puso muy agitada y salió corriendo hacia su auto. Algo le dijiste para que cambiara así de humor; estaba tranquila hasta que habló contigo.
—Stefan —lo llamó mi madre con voz severa.
—Fui yo quien la llamó —confesó él—. Le dije que unos compañeros me habían golpeado y que estaba sangrando mucho. Quería que fuera a buscarme con su coche nuevo, para que mis amigos pensaran que era mío. Sabía que con cualquier otra excusa no vendrías, y pensé que era solo una broma inofensiva.
Mis manos empezaron a temblar, seguía sudando y el dolor en el pecho aumentaba cada segundo.
—¿Una broma inofensiva? —le pregunté sin creerlo.
—¡Esa broma casi mata a tu hermana! ¿Estás loco? —gritó mi madre, alzando la mano como para pegarle, aunque se contuvo a tiempo.
Nunca nos habían levantado la mano, y aunque estaba furiosa, no lo haría.
—¡Estaba enojado! —exclamó Stefan señalándome—. Me molestó que te fueras a la escuela con tu coche nuevo y que, cuando supiste que tenía que llevarme, salieras corriendo. Me dolió que te regalaran algo así y a mí no.
—¿Entonces fue una venganza? —le pregunté, mientras las lágrimas caían solas por mis mejillas.
En ese momento se armó un gran alboroto en la habitación.
—¡Quedarás castigado de por vida! —gritó mi padre.
—¡Y tendrás que cuidar de tu hermana en todo lo que necesite!
—¡¿Cómo pudiste hacerle algo así?! ¡Pudo haber muerto! ¡Te mereces un buen castigo!
—Es mi mejor amiga —añadió Madison—. Si no fueras su hermano, te haría pagar muy caro.
—Sé que estuvo mal, pero traten de… —intentó decir mi tío Justin.
—¡No me pidas que me calme ahora! —lo interrumpió mi madre.
Todos hablaban y gritaban al mismo tiempo. Sentí un dolor fuerte en la cabeza; las voces sonaban muy altas, como si me las estuvieran gritando al oído. Solo quería que se callaran, porque sentía que la cabeza me iba a estallar. Empecé a respirar con dificultad, como si el aire no entrara en mis pulmones.
¿Qué me estaba pasando?
Las voces se fueron distorsionando hasta parecer un eco lejano. Seguía sudando, el corazón me latía descontrolado y las pulsaciones iban más rápido cada vez. Las lágrimas se mezclaban con el sudor, y me apretaba el pecho para calmar el dolor, sin conseguirlo.
Todo lo que veía a mi alrededor se volvía borroso y oscuro. Mi cuerpo temblaba y deseaba que esa sensación terminara. Me quedaba sin aire y el dolor no me dejaba tranquilizarme.
Todo empezó a dar vueltas y a ponerse negro. ¿Por qué me pasaba esto?
—Layla… —escuché una voz muy lejana, mientras sentía unas manos suaves en mi brazo—. Layla, reacciona…
Unos brazos me sostuvieron con mucho cuidado, sin lastimarme.
—¡Llamen a un médico ya! —gritó la misma voz, llena de angustia.
...“Descubrir que todo había sido una farsa la golpeó con tanta intensidad que su cuerpo ya no tuvo fuerzas para resistir.”...
^^^Continuará…^^^