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Reclamada por el enemigo del Alfa Oscuro

Reclamada por el enemigo del Alfa Oscuro

Status: Terminada
Genre:Venganza / Hombre lobo / Completas
Popularitas:20.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Lía fue criada para obedecer.
En Sierra Oscura, nadie desafiaba a Damián Velasco, el Alfa que convertía lobos jóvenes en armas y llamaba ley a sus cadenas. Lía era su ejecutora más perfecta: fría, letal, incapaz de temblar... hasta que le entregaron a Mateo Rojas, un prisionero con el lobo sellado y una sangre de Alfa que nadie debía reconocer.
El primer roce de su aroma lo cambió todo.
Mateo no era solo otro cautivo. Era su pareja destinada. Y Velasco lo supo antes que ellos.
Atados por un juramento de sangre y castigados con acónito cada vez que intentan desobedecer, Lía y Mateo deberán sobrevivir a la manada que los quiere rotos, a una atracción que duele como una herida abierta y a una verdad capaz de incendiar todos los territorios: ella no nació para servir al rey oscuro, y él no nació para arrodillarse.
Cuando la luna reclame lo que es suyo, Lía tendrá que elegir entre seguir siendo el arma de un Alfa cruel... o marcar al enemigo que su loba ya reconoció como hogar.

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Capítulo 24

Capítulo 24: Rechazo incompleto

Mateo la alcanzó en las ruinas de la capilla vieja.

Kaia lo oyó antes de verlo. No por pasos. Mateo era demasiado bueno para hacer ruido cuando cazaba. Lo oyó por el vínculo: una presión ardiente detrás del esternón, rabia y miedo corriendo juntos, el wolf de él empujando una sola palabra contra su piel.

*Nuestra.*

Kaia cerró los ojos.

La capilla estaba en el borde del estate, donde Silver Crest dejaba que la hiedra cubriera santos rotos. Los humanos del pueblo quizá rezaron allí alguna vez. Ahora solo quedaban piedras, una cruz inclinada y luna nueva mordiéndole el borde al cielo.

Mala noche para sanar.

Buena noche para cortar.

—No sabes huir de mí —dijo Mateo desde la entrada derrumbada.

Kaia abrió los ojos.

—Sí sé. No quería obligarte a perseguir demasiado.

—Qué considerada.

La voz le salió baja, casi tranquila.

Su scent no. Mar oscuro, cedro, pánico quemado.

Kaia se volvió.

Mateo estaba empapado de sudor, descalzo, con los ojos demasiado brillantes. No había traído guardias. No había despertado a Amalia. No había usado la fuerza de Silver Crest para acorralarla.

Idiota noble.

Eso lo hacía más difícil.

—Tu manada necesita estabilidad —dijo ella.

—Mi manada necesita acostumbrarse a que volví distinto.

—Tu tío va a usarme contra ti.

—Que lo intente.

—Velasco va a usarme contra ti.

—Ya lo hizo.

—Yo voy a usarte contra ti.

Eso lo detuvo.

Kaia respiró una vez. Dos. Cada inhalación traía el olor de Mateo, y su cuerpo, traidor, quería acercarse.

—El juramento sigue en mi sangre —dijo—. No sé cuánto. No sé cuándo. Si él encuentra la forma de activar una orden, puedo hacerte daño.

Mateo avanzó un paso.

—No eres una orden.

—No sabes eso.

—Sí lo sé.

La certeza de Mateo era insoportable.

No porque fuera falsa.

Porque ella quería descansar en ella.

—No puedes salvarme creyendo más fuerte —dijo Kaia.

—Tampoco puedes salvarme abandonándome.

El vínculo ardía entre los dos. No hermoso. No dulce. Una herida abierta con pulso propio.

Kaia recordó las reglas. Soria se las había explicado una vez con diversión cruel, hablando de una pareja capturada que intentó romper su bond en una celda. El rechazo debía ser verbal, claro, aceptado por ambas partes. Si el otro no aceptaba, el vínculo no se cortaba: quedaba desgarrado, castigando cada latido hasta que uno cediera o aprendiera a vivir con cuchillos.

Cuchillos eran mejores que cadenas.

Eso se dijo.

Cuchillos, al menos, eran propios.

—Mateo Rojas Salvatierra —dijo.

Él quedó inmóvil.

Su wolf subió a sus ojos.

—No.

Kaia sintió que la palabra todavía no dicha ya la estaba matando.

—Te rechazo como mi pareja destinada.

El mundo se partió.

El dolor no entró desde afuera. Nació en el centro del pecho y abrió costillas, garganta, vientre. Kaia cayó de rodillas antes de poder odiarse por caer. La piedra le mordió la piel. El vínculo se estiró como piel arrancada.

Mateo cayó con ella.

Una mano contra el suelo. La otra en el pecho. Su rostro perdió todo color.

No gritó.

Eso fue peor.

Kaia sintió su dolor como propio: mar quemado, wolf herido, una negación tan feroz que parecía romperle los huesos desde dentro.

—Acepta —jadeó ella.

Mateo levantó la cabeza.

Había lágrimas en sus ojos. No suaves. Furiosas.

—No.

El vínculo chilló.

Kaia se dobló sobre sí misma.

—Mateo...

—No acepto tu rechazo.

La luna nueva pareció hundirse.

El mecanismo antiguo del bond respondió de inmediato: incompleto.

El dolor cambió. Ya no era corte limpio, sino algo peor. Una herida mantenida abierta por dos voluntades opuestas.

Kaia había soportado plata.

Había soportado acónito en vena, huesos rotos, días sin comida, commands que le arrancaban acciones antes de que pudiera odiarlas.

Nada se parecía a eso.

El rechazo incompleto no castigaba la piel. Castigaba el lugar exacto donde el cuerpo había empezado a reconocer hogar. Cada latido preguntaba por Mateo y cada latido siguiente intentaba arrancar esa pregunta de raíz.

Su wolf se volvió salvaje.

*No. No cortar. Nuestro.*

—Cállate —jadeó Kaia, sin saber si hablaba con la loba, con el dolor o consigo misma.

Mateo la oyó igual.

—No voy a callarme por ti.

Él tampoco podía respirar bien. Tenía los labios blancos, las venas del cuello marcadas, la mano clavada en la piedra hasta romperse las uñas. Pero su scent seguía allí: mar oscuro, cedro, furia protectora. No desaparecía. No la dejaba convertirlo en recuerdo manejable.

El vínculo tiró entre ambos.

Si él la tocaba, quizá el dolor bajaba.

Si él la tocaba, ella quizá no podría irse.

Mateo pareció entenderlo, porque mantuvo las manos lejos aunque todo su cuerpo gritaba lo contrario.

Mateo se arrastró hasta ella.

No la tocó.

Incluso así.

Incluso roto.

—Puedes irte si necesitas irte —dijo, respirando como si cada palabra pasara por vidrio—. Puedes odiarme. Puedes no quererme. Puedes no saber qué hacer conmigo. Pero no voy a dejar que conviertas tu miedo en sentencia para los dos.

Kaia rió una vez.

Salió como sollozo.

—Te va a destruir.

—Entonces que haga fila.

La frase era absurda.

Tan Mateo que dolió más que el rechazo.

Kaia lloró.

No de forma bonita. No con dignidad. Dos lágrimas calientes, rápidas, que le dieron más vergüenza que la sangre.

Mateo las vio.

No las usó.

El primer dardo salió de la sombra.

Kaia lo olió antes que él: plata limpia, acónito concentrado, cuero de Sierra Oscura.

Su cuerpo se movió por instinto.

El dardo destinado a Mateo le atravesó el cuello.

El veneno entró frío.

Luego ardió.

Mateo rugió.

El sonido golpeó las paredes rotas de la capilla. No fue humano. Tampoco completamente wolf. Fue algo intermedio, una promesa de violencia atrapada en un cuerpo que acababa de ser partido por un rechazo incompleto.

Los cazadores dudaron.

Ese segundo casi bastó.

Mateo se lanzó hacia el primero. Incluso de rodillas, incluso con el bond desgarrándole el pecho, alcanzó a romperle la muñeca antes de que pudiera cargar otra flecha. El hombre gritó. Otro disparó.

La plata rozó el costado de Mateo.

Kaia sintió el corte como propio y quiso vomitar.

No podía moverse.

El acónito del dardo estaba formulado para ella: no para matar, sino para apagar músculo, voz y shift. Su loba golpeó la jaula del cuerpo, furiosa, pero las patas no llegaron. Los colmillos no llegaron. Solo quedó el olfato, cruelmente despierto, registrando cada detalle.

Cinco hombres.

Uno herido por Mateo.

Dos con armas de plata.

Uno con collar de transporte.

El último olía a Salinas del Norte. Mercado.

La red no había muerto con una fuga.

Había aprendido a cobrar.

Kaia intentó levantar una mano. No pudo. Sus músculos dejaron de obedecer en capas: dedos, brazos, cuello, lengua. El mundo se inclinó.

Hombres salieron entre las ruinas.

No Warriors de élite. Restos. Cazadores sin emblema, lobos comprados con promesas pequeñas, enviados para recoger lo que el río no había matado.

Mateo intentó levantarse.

El rechazo incompleto lo golpeó como otra cadena. Cayó a una rodilla, dientes expuestos, aura rompiendo piedras sueltas alrededor.

—No la toquen.

Uno de los cazadores tembló.

Otro levantó una ballesta de plata hacia Mateo.

Kaia quiso gritar.

No salió sonido.

El líder de los cazadores la tomó por debajo de los brazos y la arrastró hacia la oscuridad.

—Orden de Sierra Oscura —dijo—. La loba vuelve.

Mateo avanzó un metro sobre manos y rodillas, peleando contra el dolor del bond, contra el veneno que le entraba por eco, contra la orden biológica de no perderla.

Su aura explotó.

No como en el patio de Sierra Oscura, apenas una grieta. Esta vez fue un golpe completo, aunque herido, que hizo bajar de rodillas al cazador más joven. La capilla entera pareció inclinarse hacia Mateo.

—La sueltan —dijo.

El líder palideció.

Por un instante, Kaia creyó que obedecería.

Entonces activó un pequeño disco de metal con el crest oscuro de Velasco.

El command no vino de Mateo.

Vino desde lejos, amplificado por el juramento que todavía quedaba en la sangre de Kaia.

Quieto.

Mateo se quedó inmóvil.

No por voluntad.

Por un segundo horrible, su cuerpo no le perteneció.

Kaia sintió cómo el command intentaba atravesar también el vínculo rechazado, buscando usarla como cadena. El dolor la hizo ver blanco.

Mateo resistió.

Un paso.

Medio.

La nariz le sangró.

Pero ese medio paso fue suficiente para que los cazadores entendieran que no tenían mucho tiempo.

—¡Kaia!

El nombre atravesó la noche.

El vínculo respondió, desgarrado pero vivo.

Kaia consiguió mover los labios.

No supo si él la leyó.

No aceptó.

Esa fue la última idea antes de que el acónito cerrara el mundo.

Mateo quedó en las ruinas con sangre en la boca y la mitad del alma convertida en un hilo que se alejaba.

Cuando Amalia y la patrulla llegaron minutos después, lo encontraron intentando seguir el rastro a rastras.

—No puedo perderla —dijo.

Amalia se arrodilló frente a él, con los ojos llenos de una pena que no se permitió llorar.

—No la perdiste.

Mateo levantó la mirada.

El vínculo ardía como cuchillo.

Pero ardía.

Amalia puso una mano sobre su nuca.

—Entonces vive lo suficiente para encontrarla.

Mateo quiso odiarla por decir algo sensato cuando el mundo acababa de volverse insoportable.

No pudo.

Detrás de Amalia, la patrulla revisaba rastros, levantaba dardos, olía la tierra rota. Todos evitaban mirarlo demasiado tiempo. No por vergüenza. Por instinto. Su aura seguía saliendo en oleadas irregulares, herida, peligrosa, haciendo que incluso los wolves entrenados quisieran bajar la garganta.

Mateo respiró una vez.

El scent de Kaia se alejaba.

No desaparecía.

Eso fue lo único que lo mantuvo humano.

—No acepté —dijo, con la voz destruida.

Amalia entendió sin que él explicara.

—Entonces el vínculo sigue peleando.

Mateo cerró los dedos sobre una astilla de piedra hasta cortarse.

—Y yo también.

1
Celia
excelente novela felicitaciones 😊
Neidis Carey
como pude resistir al ver a su mate asi en esas condiciones
Caren Sanchez
Q corno es " Su scent?
yelit
tienen que acabar con Velásquez y todo su combo de asesinos y secuestradores de niños.
Porque lo que ellos no ven es que una niña de 6 años no tiene poder para decidir si quiere no convertirse en una asesina....
Anya Forger
Exactoooo 👏🏼
Anya Forger
Que lo laven rapidito 👌🏼
Anya Forger
Porqué casi? Ríete fuerteeee, que sea el sonido de la victoria de los "débiles" sobre este tirano hdp
Anya Forger
Pues desde que ya se vieron las marcas ya nada es legal, ahora resulta que lo están viendo y no lo castigan..
Ah pero buenos para exigir A los demás
Anya Forger
Y ahí explicas que es lo que te sucedió, pero ya
Anya Forger
Esooo así actúa una luna 🌗 viendo por la paz momentánea del niño
Anya Forger
Tampoco... respiraba en las celdas y no estabas ahí
Anya Forger
Ay ps... Envenenado, golpeado, mal dormido, poder de recuperación nulo.... ay Kaia hasta pena ajena de enfrentar así a un oponente
Anya Forger
Ahí estaba nena, por si no te acuerdas...
Maria Diosdado Velázquez
Me gustó el final, al principio no le entendía nada por las palabras en inglés poco a poco fuí poniendo atención, la leía dos, tres veces hasta que todo incluía y podía juntar dónde me quedé para entender lo que quiere decir y al final me gustó más porque, todo salió mejor, gracias por la novela, me hizo reír, llorar y sobre todo entender lo que significa a dónde iba la trama😉 felicidades es una gran escritora, pero no ponga letras inglesas en trama española☺️☺️❤️❤️
Maria Diosdado Velázquez
Pues que bajo juega el tío, el pagó para que lo golpearan y trozaran sus tendones y no lo dejaran vivo y no fuera alfa por derecho😭😭😭 pero triste realidad porque el ganará y los demás se irán al caño👏👏👏👏👏
Maria Diosdado Velázquez
Pues que bajo juega el tío, el pagó para que lo golpearan y trozaran sus tendones y no lo dejaran vivo y no fuera alfa por derecho😭😭😭 pero triste realidad porque el ganará y los demás se irán al caño👏👏👏👏👏
Maria Diosdado Velázquez
Sabe escritora, ay palabras que son en inglés y no nos dejan saber a qué se refiere el texto que leemos, adivinamos lo que quiere decir, porque a veces no definimos en qué va la novela por favor en otra novela no ponga palabras inglesas porque la está transcribiendo en español y sale sobrando el inglés, disculpe mi opinión
Neidis Carey: hay palabras que no entiendo y me hace perderle el hilo novela e leído muchas historias de lobo y solo en esta me e sentido enredada sin poder entender todo
total 1 replies
Maria Diosdado Velázquez
Guuuuaauuu, realmente es su mate y ella lo sabe 🤭🤭🤭😭😭😭
Patricia Romero
los primeros capítulos muy dolidos,pero la historia es muy fuerte.te felicito autora
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