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La Bailarina Rota

La Bailarina Rota

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Mujer poderosa / Romance / Completas
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

Sinopsis
"La Bailarina Rota" es un drama romántico de superación y redención escrito por Sherly Blanco. La historia sigue a Emmeline, la máxima promesa del ballet clásico, cuya brillante carrera se trunca trágicamente una noche en la playa tras sufrir una grave lesión en la pierna al salvar a un joven llamado Felipe de morir ahogado.
Conmovido por su sacrificio y deslumbrado por su belleza, Felipe se casa con ella y promete cuidarla. Sin embargo, a los pocos meses el idilio se rompe: él empieza a distanciarse y Emmeline termina descubriéndolo burlándose de sus cicatrices ante sus amigos, mientras trata con extrema delicadeza a otra mujer. Tras enfrentarlo con dignidad, Emmeline lo abandona para reconstruir su vida desde las cenizas, encontrando un nuevo propósito como maestra de ballet para ayudar a otras jóvenes a cumplir sus sueños, mientras un arrepentido Felipe la busca desesperadamente.

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El Umbral del Destierro

​Las palabras de Felipe quedaron flotando en el aire de la terraza, impregnadas de un desprecio que terminó por romper el último rastro de la Emmeline sumisa y cegada por el apego. Detrás de la columna, la joven de veinte años cerró los ojos por un único segundo, asimilando el impacto del golpe. Cuando los abrió, la tristeza se había evaporado, dejando en su lugar una dignidad de hierro, fría y aristocrática, la misma que solía tener antes de que el accidente en el lago le robara las alas.

​El sonido rítmico y seco del bastón contra el mármol de la terraza interrumpió de golpe las risas de la mesa imperial. Los amigos de Felipe se congelaron con las copas a mitad de camino y Ruby borró la sonrisa triunfal de los labios al ver aparecer la silueta de Emmeline desde la penumbra de la vegetación.

​Felipe se puso de pie por puro instinto, con el rostro completamente desfigurado por el horror y la palidez de quien es atrapado en su propia farsa. La máscara de príncipe azul que había sostenido con tanta soltura en la revelación de género de Juliana se desmoronó por completo bajo la luz de las lámparas del restaurante.

​—Emmeline... ¿qué haces aquí? —alcanzó a articular, con la voz temblorosa, intentando dar un paso hacia ella.

​—Ahorrate las explicaciones, Felipe —respondió Emmeline. Su voz no tembló; era un hilo de voz nítido, cortante y desprovisto de lágrimas que resonó en toda la terraza—. Vine a ver con mis propios ojos el valor de tu rescate. Vine a escuchar cómo el gran héroe de la constructora se avergüenza de la mujer que arriesgó su vida para sacarlo de un coche inundado.

​Ruby intentó cruzarse de brazos con fingida altivez, pero la mirada severa y penetrante de la menor de los Fontane la obligó a bajar la vista. Emmeline miró a cada uno de los amigos de su esposo, esos que la habían catalogado de "vieja inútil" y "lastre", y luego fijó sus ojos grandes y oscuros en Felipe, deslizando el bastón con elegancia para dar un paso al frente.

​—Tienes razón en algo, Felipe: soy una coja. Mis ligamentos están rotos y mi pierna jamás tendrá la fuerza de antes. Pero mi orgullo y mi valor están intactos. Quédate con tu pesada gratitud, quédate con tu asistente y quédate con tus mentiras. Tu deuda conmigo está oficialmente saldada. Desde esta noche, dejas de ser mi salvación para convertirte en el peor error de mi vida.

​Sin darles tiempo a reaccionar, Emmeline dio la vuelta con la frente en alto. El eco de su bastón contra el suelo del restaurante se escuchó como una marcha de retirada triunfal, dejando a Felipe paralizado en medio de la mirada incómoda de sus amigos y el silencio sepulcral de la terraza.

​Con el corazón latiéndole con una fuerza violenta, Emmeline abordó un taxi en la entrada del restaurante y se dirigió directamente a la inmensa mansión de la familia de Felipe. La casa, que durante meses había sido su prisión de cristal, la recibió con su habitual frialdad. Sin perder un solo minuto, subió a la habitación matrimonial que ahora se sentía como un territorio enemigo. Sacó una maleta grande del armario y, con manos torpes pero decididas, comenzó a empacar sus pertenencias más esenciales: su ropa, sus libros de anotaciones y el bastón de repuesto. Dejó el anillo de compromiso y la alianza civil sobre la mesa de noche, justo al lado de una fotografía que ahora carecía de todo sentido.

​Al cerrar la maleta, una inmensa ola de vergüenza y dolor la embargó. Miró el teléfono; la tentación de llamar a su hermana Emely o de marcar el número de sus padres, Ernesto y Melina, estuvo a punto de ganarle. Pero el orgullo y la pena la detuvieron. ¿Cómo iba a regresar a su hogar con la cabeza baja después de la histeria con la que había defendido a Felipe? ¿Cómo mirar a su padre a los ojos y admitir que tenían razón, que apenas unas semanas después de casarse se había quedado sola y despreciada? No podía soportar la idea de ser una carga o de ver la lástima en los ojos de sus hermanos trillizos.

​Guiada por la urgencia de desaparecer y la necesidad de un refugio inmediato donde nadie pudiera encontrarla, Emmeline arrastró su maleta fuera de la mansión y le pidió al taxista que la llevara lejos de la zona residencial de la ciudad, hacia los barrios más antiguos y comerciales.

​Tras recorrer varias calles iluminadas por la luz mortecina de los postes, el auto se detuvo frente a un hotel humilde y sencillo, de fachada gastada y un letrero de neón parpadeante en la entrada. Era un lugar discreto, de esos que sobrevivían en el anonimato del centro urbano. Emmeline entró arrastrando su equipaje, apoyándose en el bastón con evidente cansancio físico. Al llegar a la recepción, el encargado, un hombre mayor absorto en un periódico, apenas la miró.

​Emmeline, conociendo las dinámicas de esos alojamientos más informales y buscando resguardar su identidad en medio del colapso de su vida, pagó en efectivo el costo de la habitación por adelantado, solicitando explícitamente que no se registraran sus documentos de identidad en el sistema bajo el pretexto de un olvido. El recepcionista, viendo los billetes sobre el mostrador y la evidente fatiga de la joven, asintió sin hacer preguntas y le entregó una pesada llave de bronce con el número 104.

​Al cruzar el umbral del pequeño cuarto, decorado apenas con una cama sencilla, una mesa de madera y una ventana que daba a un callejón interno, Emmeline cerró la puerta con cerrojo. Dejó caer el bastón a un lado de la cama y, por primera vez en toda la noche, las lágrimas que había contenido con tanta furia en el restaurante desbordaron sus ojos. Aislada del mundo, escondida en un hotel de paso y lejos del calor de la dinastía Fontane, la joven de veinte años se sentó al borde de la cama, entendiendo que el invierno de su realidad se había vuelto absoluto, pero que la farsa de las apariencias finalmente había terminado.

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Isabel Martín
Una bonita historia, felicidades autora 🤗👏👏👏👏
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
hermosa historia ,, vale la pena detenerse a leer porque es muy buena , felicidades autora 🎁💝🤗
Sherly 💜: me alegra que te esté gustando querida 😌,🫂
total 1 replies
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