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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Donde arde el silencio

El rugido del motor del jet privado se apagó lentamente cuando las ruedas tocaron pista en un aeropuerto diminuto, perdido entre montañas. Isabella no había dicho una sola palabra desde que abordaron. Su silencio hablaba más que cualquier grito, más que cualquier súplica.

Durante el vuelo, se había limitado a mirar por la ventanilla. El cielo, las nubes, el reflejo de su rostro en el vidrio… todo le parecía irreal. En el fondo de su pecho, algo dolía: no era miedo, ni siquiera tristeza… era ese hueco profundo que se abre cuando uno se va sin saber si volverá.

Dante la había mirado de reojo varias veces. No insistió, no preguntó. Solo la dejó ser. Y quizás, en ese gesto, había algo que empezaba a cambiar.

Al aterrizar, la esperó junto a la escalera del avión. Le ofreció la mano. Ella bajó sin tomarla.

Un auto negro esperaba junto a la pista. El conductor los saludó con un leve movimiento de cabeza y abrió la puerta trasera. Dante le indicó con un gesto que se retirara; él mismo se puso al volante. Isabella subió en silencio.

El paisaje pasó frente a sus ojos como un sueño deshilachado. Montañas cubiertas de niebla, bosques eternos, caminos de tierra serpenteando entre pinos. Dante conducía sin apuro, como si cada kilómetro fuese un respiro más largo. El auto olía a cuero nuevo y a algo más: su perfume, envolvente y suave, mezclado con el aire fresco que entraba por la ventanilla.

Nadie hablaba. El silencio era un tercer pasajero.

Después de más de una hora, llegaron a una cabaña rústica, escondida entre árboles altos. Un lugar sacado de otro tiempo. Todo olía a leña húmeda y tierra mojada. El lago frente a la cabaña parecía un espejo apagado, y una bruma suave lo cubría como un manto de secretos.

Dante bajó primero. Caminó hasta el otro lado del auto, abrió la puerta para ella. Esta vez tampoco le aceptó la mano.

—No te traje para encerrarte —dijo con voz baja, sincera—. Te traje para demostrarte que esto no se trata más de venganza.

—¿Entonces de qué se trata? —preguntó ella, casi sin mirarlo. Él sostuvo su mirada, sin esquivarle el peso.

—De vos.

Dentro de la cabaña, todo era madera cálida, aromas a pino y cenizas viejas. Una chimenea encendida lanzaba chispas anaranjadas, y el crujido del fuego llenaba los silencios.

—Dormí donde quieras. Hay dos habitaciones. No te voy a presionar —dijo él, dejando su campera en un perchero. Su voz era firme, pero contenía una vulnerabilidad que casi se escapaba—. Solo quiero que estés bien. Y, si me das la oportunidad… quiero que veas quién soy.

Isabella lo observó con algo parecido al desconcierto. Subió las escaleras sin contestar. Necesitaba distancia, necesitaba entender por qué, en medio de todo lo que había vivido, había terminado ahí… junto a su captor convertido en algo más.

Mientras tanto, en la ciudad, la atmósfera era otra. La tormenta finalmente había estallado, y el viento sacudía las ramas de los árboles con violencia. Vittorio estaba en la casa donde Isabella y Luca se habían refugiado. La cocina todavía olía a café, y había rastros de ella por todas partes: una taza con restos de té, una bufanda sobre el sofá, una libreta con algunas palabras escritas y tachadas.

Luca caminaba de un lado a otro del salón, con el celular pegado al oído.

—Nada… no contesta —gruñó, lanzando el teléfono sobre la mesa.

Vittorio revisaba una y otra vez la carta que Isabella había dejado. Las palabras escritas con tinta temblorosa se le clavaban en el pecho.

"No puedo más. No quiero vivir entre mafias, entre hombres rotos por pasados que no elegí. Necesito respirar, aunque sea lejos de todo. No me busquen. No me odien. Solo déjenme ir..."

—Esta vez no la encerraste solo vos, Luca —murmuró Vittorio, dejando caer la carta sobre la mesa—. Yo también la asfixié. Todos lo hicimos.

Luca se volvió hacia él con desesperación en la mirada.

—¿Y qué vamos a hacer? ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados!

Como si el universo respondiera, el celular de Vittorio vibró. Contestó de inmediato.

—¿Quién habla?

—Dante.

El nombre congeló el aire de la habitación.

—Ella está conmigo —continuó la voz—. No la tomé por la fuerza. No por venganza, no pienso hacerle daño. Quiero que vea quién soy realmente…

—¿Dónde están?

—Lejos. Y seguros. Solo te pido esto: no la busques. No ahora. Solo… dale tiempo.

Vittorio guardó el celular, sin decir nada durante varios segundos. Luca lo miraba con los ojos abiertos como platos.

—¿Era él? ¿Está con Dante?

—Sí.

—¡¿Y qué hacemos acá sentados?! ¡¡Tenemos que ir a buscarla!!

—¡No! —exclamó Vittorio, golpeando la mesa con el puño—. ¡No esta vez! Luca se quedó mudo.

—Ella eligió irse. Aunque nos duela… tenemos que respetarlo.

Luca cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera contener la furia que crecía dentro suyo.

—¿Y si se equivoca? ¿Si se arrepiente? Vittorio bajó la voz, casi en un susurro:

—¿Y si no?

Esa noche, en la cabaña, Isabella se sentó frente al fuego. Tenía una manta sobre los hombros, y entre las manos, una taza caliente. Dante se sentó cerca, sin tocarla, sin decir nada al principio.

—No sé si alguna vez voy a poder perdonarte —murmuró ella, sin mirarlo.

—No espero eso. Solo… dejame mostrarte que esta vez soy real.

El silencio entre ellos no era paz. Era algo más profundo. Tal vez, un comienzo.

1
Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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