Cinco años después de irse de Buenos Aires con el corazón roto, Giulia Rivas vuelve con una sola prioridad: cuidar a su hija Dulce y reconstruir su carrera como diseñadora de joyas.
No busca explicaciones.
No busca venganza.
Y mucho menos busca volver a ver a Julián Alcázar.
Pero en el aeropuerto, un nene desconocido se le abraza a la pierna y la llama mamá.
Benja tiene la edad que tendría el hijo que Giulia creyó haber perdido. Tiene los ojos de Julián, su carácter imposible y una certeza que nadie logra sacarle de la cabeza: ella es su mamá.
Julián también queda atrapado en esa reaparición.
Para él, Giulia fue la mujer que lo abandonó sin mirar atrás. Para ella, Julián fue el hombre que eligió a otra mientras ella lo perdía todo.
Ahora trabajan bajo el mismo imperio empresarial, se cruzan en pasillos, fiestas privadas, hospitales y mentiras que llevan demasiado tiempo enterradas.
Entre una hija que sueña con conocer a su papá, un hijo que nunca dejó de buscar a su mamá y una mujer dispuesta a destruir cualquier verdad antes de perder su lugar, Giulia y Julián van a descubrir que lo que los separó no fue falta de amor.
Fue una mentira.
Y esa mentira está a punto de caer.
NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
Capítulo 24
El lunes, Giulia llegó a Brillo Sur como siempre.
Apenas entró al área de diseño, notó las miradas.
Unas se desviaban rápido.
Otras la recorrían con desprecio.
Varios compañeros murmuraban en grupos, pero cuando ella pasaba, cambiaban de cara como si nada.
Giulia dejó el bolso, prendió la computadora y fue a la cocina por agua.
No quería perder tiempo con gente que solo se animaba a hablar de espaldas.
Fabiana, una asistente en práctica, la siguió con cuidado.
—¿Necesitás algo? —preguntó Giulia.
Fabiana cerró la puerta.
—Hoy, apenas llegamos, todos en diseño recibimos el mismo mail. Todos menos usted.
Le mostró el celular.
El asunto estaba en negrita.
El secreto de la diseñadora estrella Giulia Rivas.
Abajo había fotos tomadas la semana anterior, en la oficina de Ferreyra. Julián y ella parecían demasiado cerca.
En realidad habían discutido.
Pero el ángulo, junto con el título, bastaba para ensuciar cualquier cosa.
Giulia apretó el teléfono.
Después se lo devolvió.
—Gracias.
—No me agradezca. El viernes usted me defendió cuando Laura me gritó.
Giulia asintió.
Volvió a su escritorio.
Los murmullos se cortaron de golpe.
Ella abrió un archivo y siguió trabajando.
Eso pareció decepcionarlos.
—Rivas, sacame copias de esto. Una para cada diseñador.
Laura Fontana dejó un fajo de papeles sobre su mesa.
Giulia levantó la vista.
—Eso lo hacen los asistentes. Te equivocaste de persona.
Laura tenía más de cuarenta, llevaba años en el rubro y, antes de la llegada de Giulia, era la diseñadora más fuerte de Brillo Sur.
Sonrió con veneno.
—¿Ahora una compañera con más experiencia no puede pedirte nada? ¿O porque tenés algo con Julián Alcázar ya sos la dueña?
Varias cabezas se levantaron.
Laura siguió.
—Claro. Las amantes suben rápido. Con esa cara, cualquiera consigue un puesto principal.
Alguien murmuró:
—Pero talento tiene.
Laura la fulminó.
—Todo el mundo sabe que Julián va a terminar con Malena Montes. Ella sí está a su altura. Esta no es más que una trepadora que usa la cara para atender hombres.
Dos minutos.
Giulia escuchó dos minutos sin moverse.
Cuando Laura terminó, se levantó, tomó el vaso de agua y se lo arrojó en la cara.
—Laura, a tu edad deberías saber hablar sin ensuciarte la boca. Si querés enseñarme modales, empezá por lavarte la lengua.
El maquillaje de Laura se corrió en manchas ridículas.
Intentó abalanzarse sobre ella, pero varios la sujetaron.
—¿Qué pasa acá?
Claudio Funes apareció en la puerta, molesto.
Laura corrió a quejarse.
Claudio entró, entrecerró los ojos y miró a Giulia.
Después se volvió hacia Laura.
—Giulia fue contratada personalmente por Julián Alcázar. Es talento de la empresa. ¿Quién te dijo que podías mandarla a hacer copias?
Parecía defenderla.
Pero cada palabra echaba más nafta al fuego.
Laura se puso peor.
—¡Entonces es verdad! ¿Ahora por tener padrino cualquiera ocupa el lugar de jefa de diseño?
Otros acompañaron.
Algunos amenazaron con renunciar si no se aclaraba el asunto.
Claudio miró a Giulia.
—¿Qué opinás?
Giulia sonrió sin calor.
Qué opinaba.
Querían que cediera. Que aceptara bajar de puesto, empezar de cero, tal vez trabajar para los mismos que la estaban insultando.
No.
—Llamemos a la policía.
Claudio cambió de cara.
—¿La policía?
—Sí. Que investiguen quién tomó fotos con mala intención, quién inventó un título y quién mandó el mail a todo el departamento. Afecta mi reputación. Es lo más lógico.
—Eso haría más grande el escándalo.
—Como si callarme fuera a impedir que lo sigan repitiendo.
Claudio endureció la voz.
—Si Julián se entera, no solo diseño. Toda Brillo Sur puede quedar expuesta.
Giulia lo miró de frente.
—Si no querés denunciar, controlá a tu gente. Que no vuelvan a tocarme.
Se sentó.
Claudio quedó clavado, furioso.
Las fotos habían sido una casualidad útil. Quería instalar la idea de que Giulia subió por cama, aislarla y obligarla a retroceder.
Pero ella no siguió el guion.
—Todos a trabajar —ordenó.
Laura todavía protestó.
—Esto no terminó.
—El que quiera renunciar, que se vaya ahora.
Nadie se fue.
Desde ese día, la mayoría del área decidió aislar a Giulia.
A ella no le importó.
Después del almuerzo, bajó con una bolsa que contenía el saco de Julián.
Esperó al mensajero que había pedido por app.
Antes pensaba devolverlo ella misma.
Después de ese mail, no iba a regalarles otro rumor.
Solo quería trabajar y vivir tranquila con Dulce.