En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Bailemos
No sabía cuánto tiempo más podría seguir fingiendo que todo estaba bien.
Las náuseas iban y venían pesar de haber tomado algo de sopa.
Mi cuerpo estaba caliente y solo quería estar tranquilo.
Me sentía cansado.
Y el bebé… porque ya no podía engañarme llamándolo “problema”… parecía odiar absolutamente todo lo que estaba ocurriendo.
Especialmente el ruido. Las luces. El olor a vino.
Y las malditas feromonas de tantos alfas reunidos en un mismo salón.
Intentaba mantener la compostura sentado junto a Dávid mientras los nobles seguían celebrando nuestra unión. Pero luego de besarme en público me sentía avergonzado y cada minuto me sentía peor.
Entonces comenzó la música del baile principal.
Sentí que el alma se me salía del cuerpo.
"No. No, no, no. Justo ahora no."— pensé.
Astrid sonrió desde la otra mesa.
—¡El baile de los recién casados!
Todos comenzaron a aplaudir.
Mi madre prácticamente estaba emocionada al borde de las lágrimas.
Y yo solo quería vomitar.
Soren reaccionó inmediatamente desde atrás de mi silla.
—Su alteza no se siente bien. El baile puede esperar, anunciaré a la reina que no bailará.
Le lancé una mirada rápida.
Una muy clara.
“No.”
Porque si él intervenía demasiado otra vez… Dávid iba a sospechar más y no quería eso. Solo quería ir a mi alcoba y dormir una semana sin parar.
Soren apretó la mandíbula.
Pero retrocedió.
Dávid entonces soltó una pequeña risa baja a mi lado luego de haberme visto hablarle a mi escudero por señas.
—¿Tan grave es bailar conmigo?
—No me agrada bailar observado por medio reino y Soren lol sabe.
—Mentira.
Sus ojos dorados brillaron divertidos.
—Te agrada llevarme la contraria.
Y antes de que pudiera responder… se puso de pie.
Luego me ofreció la mano frente a todos.
Elegante y muy seguro.
Demasiado hermoso para mi estabilidad emocional.
Respiré profundo.
Y acepté.
Apenas me levanté… supe que había sido mala idea.
El mareo golpeó fuerte.
Mis piernas temblaron apenas.
Y el alfa lo notó inmediatamente.
— Maldición — el murmullo salió sin pensar.
Porque su expresión divertida desapareció apenas empezamos a caminar hacia el centro del salón.
—Estás muy pálido.
—Estoy bien.
—No pareces bien.
—Solo estoy cansado. Bailemos y vayamos a descansar.
Mentí.
Otra vez.
Siempre mintiendo.
La música comenzó suave alrededor de nosotros.
Dávid colocó una mano firme sobre mi cintura.
La otra sostuvo mi mano.
Y empezamos a movernos lentamente entre las luces del enorme salón.
Intenté concentrarme.
Respirar.
No desmayarme.
Pero entonces… sentí sus feromonas.
Un calor suave que hizo estremecer mi cuerpo.
Un aroma masculino profundo que envolvió mi cuerpo de golpe.
Mi respiración se cortó apenas.
El alfa se inclinó ligeramente hacia mí.
—Lo siento.
Parpadeé confundido.
—¿Qué haces?
—Las dejé salir un poco. Escuché que eso ayuda a calmar miedos y nervios.
Sus dedos se ajustaron apenas más sobre mi cintura.
— ohh...no sabía.
—Creo que tuviste un mes horrible. Tal vez eso ayude a relajarte. Casarse con un completo desconocido como yo debió de ser agobiante. Pero no soy una mala persona, no lo tomes personal. Yo tampoco quería esto. Así que terminemos con las formalidades para estar a solas y conocernos mejor.
Mi corazón dio un golpe fuerte.
Porque sí ayudaba a relajarme, pero las demás oraciones me estresaron mucho más.
Mi cuerpo reaccionó inmediatamente a su aroma y mi mente solo quería salir corriendo de allí.
El malestar disminuyó un poco.
El dolor de cabeza también.
Y lo odié por eso.
Porque mi cuerpo seguía reconociéndolo incluso sin saber toda la verdad.
—Gracias…—murmuré bajito.
Dávid bajó apenas la cabeza hacia mí.
Y antes de que pudiera evitarlo… me acurrucó ligeramente más cerca de su pecho mientras seguíamos bailando.
Como si intentara cubrirme del mundo entero.
Sus movimientos se volvieron más suaves.
Más lentos.
Protector.
Y por unos segundos… cerré los ojos.
Escuchando solamente su corazón.
Sintiendo el calor de sus brazos.
La seguridad absurda que me provocaba.
“Esto está mal.”
Demasiado mal.
Porque estaba empezando a gustarme.
Pero mi cuerpo no soportó más.
El mareo volvió de golpe..
Mucho peor.
Me tensé apenas.
Y Dávid reaccionó inmediatamente.
—Principe Elian ¿Qué te sucede?
Intenté sonreír.
—Estoy bien.
—No, no lo estás.
Mis piernas fallaron apenas un segundo.
Y eso bastó.
El alfa me levantó en brazos delante de todos sin la menor vergüenza.
Los nobles soltaron murmullos sorprendidos.
—¡Dávid!— grité
—Ni lo intentes. Si te mueves te caes. ¿Quieres caerte?
Su voz grave no admitía discusión.
Me acomodó mejor contra su pecho mientras miraba alrededor.
—La celebración termina aquí para nosotros.
Harald soltó una carcajada brutal.
—¡Eso príncipe! ¡Aprovecha la noche de bodas!
Sentí ganas de morirme.
Astrid casi escupió vino riéndose.
Mi madre parecía emocionadísima.
Y Soren… Soren parecía querer atravesar una pared con la cabeza.
Dávid ignoró a todos.
Y salió conmigo en brazos del salón.
La nieve golpeó suavemente mi rostro apenas cruzamos afuera.
Un carruaje negro esperaba frente a las escaleras.
Soren ya estaba allí.
Serio.
Callado.
Subimos al carruaje y él me acomodó en su regazo. No me atreví a mirarlo a los ojos.
Soren nos guió sin decir una palabra. Era el encargado de llevarnos a nuestro pequeño castillo.
El trayecto fue silencioso.
Diez minutos atravesando caminos nevados lejos del castillo principal.
Hasta que finalmente lo vi.
El castillo blanco.
Pequeño.
Hermoso.
Aislado sobre una colina cubierta de nieve.
Nuestra alcoba nupcial estaba decorada por mi madre.
Sentí terror.
Literal terror.
Porque ahora sí estaríamos solos.
El carruaje se detuvo.
Soren abrió la puerta primero.
Dávid bajó conmigo todavía en brazos.
Y mi mejor amigo evitó mirarme demasiado tiempo.
Eso dolió más de lo que esperaba.
Nos guió hasta la enorme puerta principal. La servidumbre salió a recibirnos pero no dijeron nada más que felicitaciones.
Luego Soren se detuvo.
Sin entrar a la alcoba principal.
Sin hablar.
Solo abrió lentamente las puertas.
El interior brillaba cálido por las chimenea encendida. Una cama de ensueño y unas cortinas rojas a juego con la alfombra. Una mesa con bocadillos y frutas a un lado.
Todo estaba silencioso.
Privado.
Íntimo.
Demasiado íntimo.
Entonces miré a Dávid.
Y vi esa sonrisa.
Pequeña.
Peligrosa.
Divertida.
Como si recién ahora empezara realmente la noche.
Y por primera vez desde que descubrí el embarazo…
sentí verdadero pánico.