En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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El Mensaje del Durmiente
El sol comenzaba a asomarse por el horizonte, pintando el cielo de tonos rosados y naranjas, y la perspectiva de la luz del día y un lecho cálido era tentadora. Los seis se deslizaron de regreso a la academia, evitando a los guardias que comenzaban sus rondas matutinas. El reloj de arena gigante en el patio brillaba con un rojo intenso al reflejar los primeros rayos del sol, marcando el implacable paso del tiempo.
Una vez en su habitación, Selene se dejó caer en la cama. El cuaderno del mapa, que seguía en sus manos, ya no sangraba plata líquida, pero las líneas rúnicas en sus páginas parecían vibrar con una energía latente. Leo y Eitan se quedaron cerca, uno apoyado en el marco de la puerta, el otro sentado en una silla, ambos vigilantes en su silencio.
-No te dejaré dormir sola- dijo Eitan, sus ojos encontrándose con los de ella -No después de lo que acabamos de presenciar-
Selene sonrió débilmente, apreciando su lealtad incondicional -Gracias, Eitan. Pero me siento… diferente. Más conectada-
A pesar de su agotamiento, el sueño no llegó fácilmente. La mente de Selene seguía reviviendo fragmentos de sus vidas pasadas: la sensación del cristal lunar frío en su mano, el lamento silencioso mientras enterraba a su hijo, la desesperación y la esperanza entrelazadas en cada renacimiento. Cuando finalmente el cansancio la venció, su sueño fue inquieto, plagado de sombras y susurros.
En las profundidades de su subconsciente, el mundo de los sueños tomó forma. No era el cementerio, ni la Academia, sino un lugar el fondo es un cielo azul claro con nubes suaves y esponjosas, algunas teñidas de rosa por lo que parece ser la luz del sol. La iluminación es brillante, con destellos de luz que cruzan la imagen, dándole una atmósfera etérea y luminosa.
Más allá de ese hermoso lugar, había un chico estado sobre una piedra mirando el lago que se encontraba en su sueño. Es un joven con cabello corto, revuelto y de un distintivo color azul plateado. Sus ojos son heterocromáticos: uno es de un brillante azul cielo y el otro de un cálido amarillo dorado, lo que le da una mirada única y cautivadora.
Lleva una camisa oscura, de manga larga y cuello abierto, que parece estar suelta y holgada. En su oreja visible, tiene múltiples aretes pequeños y uno más grande, de estilo colgante, que añaden un toque moderno y ligeramente alternativo a su apariencia.
-¿Quién eres? ¿Dónde estoy?- preguntó Selene mientras miraba al chico con interés.
La expresión del chico es enigmática; está mirando por encima del hombro con una ligera inclinación de cabeza, y sus labios sugieren una sonrisa sutil.
-Selene, por fin- dijo él finalmente, levantándose y mirándola luego de un corto silencio.
Selene intentó hablar, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Se sentía como si su propio cuerpo estuviera atascado en un pantano, incapaz de moverse.
-No te esfuerces. Estás en un umbral. Un lugar entre la memoria y la realidad. Un lugar que yo habito desde hace mucho tiempo-
-Responde, ¿quién eres?- logró preguntar Selene, su voz un mero susurro en la inmensidad.
Él sonrió, una curva melancólica de sus labios -Mi nombre es Narell. Y soy un guardián. El último de los Durmientes-
Selene frunció el ceño -Los Durmientes… ¿Formas parte de la primera Selene? ¿Una parte de mis recuerdos?-
Narell negó con la cabeza lentamente -No soy un recuerdo, Selene. Soy un vínculo. Un hilo más en la trama de tu destino. Fui el aprendiz de la primera Elegida. El que ayudó a ocultar el Monasterio. El que juró proteger su secreto hasta que tú, la verdadera Selene, regresaras-
Una avalancha de comprensión golpeó a Selene. La mujer enmascarada del cementerio había sido un eco, pero Narell… él era real. Un ser consciente que había esperado a través de las edades, conectado a ella de alguna manera.
-¿Entonces tú… has estado aquí todo este tiempo? ¿Esperando?- preguntó Selene, una mezcla de asombro y angustia.
-En un sentido. Mi cuerpo físico descansa, sellado lejos del alcance de quienes buscarían el poder que la primera Elegida protegió. Pero mi conciencia, mi espíritu, vaga por los senderos oníricos, conectado al Vínculo de Plata, esperando el momento de despertar.
-¿Y ahora es ese momento?- Selene sintió una urgencia creciente.
Narell asintió, su mirada fija en ella con una intensidad que la hacía sentir despojada de todas sus defensas -Las visiones te han liberado. El mapa ha despertado por completo. Las "Redemptionis" ha sido pronunciada. El Monasterio de las Sombras te llama. Pero el camino está lleno de peligros. El Consejo… y otros… no querrán que completes tu propósito-
-Sé sobre el Consejo- dijo Selene con firmeza, las imágenes de la Academia y sus manipulaciones ardiendo en su memoria -Pero, ¿quiénes son los "otros"?-
Narell suspiró, y el aire etéreo a su alrededor pareció temblar -Aquellos que creen que el poder del Monasterio debe ser suyo. Aquellos que desean desequilibrar la balanza. La primera Elegida creyó que la magia de lobos y vampiros podría unirse, crear un equilibrio. Pero la Oscuridad siempre busca la anarquía-
-¿Qué debo hacer?- preguntó Selene, sintiendo la inmensidad de la tarea que se le presentaba.
-Debes ir al Monasterio. Debes encontrar el corazón de su poder, lo que la primera Selene selló allí. Solo tú puedes reclamarlo. Solo tú puedes cumplir el juramento-
Narell extendió una mano hacia ella. En su palma, un símbolo apareció: la espiral de su amuleto, que ahora giraba lentamente, emanando una luz suave.
-Este es el camino. Te guiará cuando el mapa no sea suficiente. Te protegerá cuando la duda te asalte. Cuando la hora sea propicia, yo despertaré por completo. Pero hasta entonces… sé fuerte, Selene. El destino de muchos depende de tu valentía-
La imagen de Narell comenzó a desvanecerse, la neblina azul engulléndolo lentamente. Selene sintió una punzada de pánico.
-¡Espera! ¡No te vayas! ¡Tengo más preguntas!-
-Las respuestas llegarán a su debido tiempo- resonó la voz de Narell en su mente, cada vez más distante -Búscame en el Lago de los Sueños. La verdad espera en el Monasterio-
Y luego, Narell desapareció por completo, disolviéndose en el vacío. Selene sintió un tirón repentino, como si fuera arrastrada hacia arriba, fuera del lugar hermoso de su sueño.
Se despertó con un jadeo, sentándose bruscamente en la cama. El sol ya estaba alto en el cielo, inundando su habitación con una luz cálida. Eitan, que había estado velando junto a su cama, la miró con preocupación.
-¿Estás bien, Selene? Estabas gimiendo en sueños-
Selene se llevó una mano al cuello. El amuleto de Narell, que había visto en su sueño, no estaba allí. Pero la sensación de su presencia, de su mensaje, era innegable.
-No fue un sueño cualquiera, Eitan- dijo, sus ojos fijos en la nada, reviviendo la imagen de Narell. Luego, su mirada se posó en el cuaderno que aún sostenía. Las líneas de plata en el mapa ahora brillaban con una intensidad renovada, apuntando inequívocamente hacia el Lago de los Sueños -Tenemos un nuevo aliado. O, al menos, un nuevo guía. Y el Monasterio… me está esperando-
Leo, que había permanecido en silencio en el marco de la puerta, se enderezó. Su mirada, que no había parpadeado, denotaba que había escuchado la conversación.
-¿Un guía, dices?- preguntó, una ceja arqueada -Los Durmientes son una leyenda antigua, incluso para los de mi especie. Si lo que dices es cierto, Selene, esto es mucho más grande de lo que imaginamos-
Selene asintió, su determinación ahora inquebrantable -Lo es. Y no podemos esperar más. El camino hacia el Monasterio es el siguiente paso-