Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 24
Lucas
-Lucas, llegó lo que encargaste- entra Marcus a mi oficina.
-Dámelo- pido.
Él me entrega un documento, mirándome dudoso.
-¿Qué harás con esta información?- pregunta, mientras la reviso.
-Seguirlo- respondo.
-¿Para?
-Para fastidiarlo.
Silencio.
-¿Por qué? ¿Y no crees que estás actuando un poco infantil?
Levanto la mirada y le lanzo una advertencia para que no se pase.
Él levanta las manos.
-Haz lo que quieras- dice, saliendo de la oficina.
No es que no sepa que es un poco infantil, pero después de haberme humillado y despreciado, luego de que lo besé, simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados.
Tengo que demostrarle que no se juega con Lucas Vale.
Si no va a aparecer en las reuniones de trabajo, tendré que ir yo y demostrarle que no soy un idiota patético como parece pensar.
Si él puede jugar, yo también puedo.
Iré a donde sea que esté y lo incomodaré tanto que no podrá ignorarme.
Reviso su agenda para la semana y me decido por el primer lugar donde casualmente nos encontraremos.
Tomo el teléfono y llamo a Isabella.
-Cariño, no esperaba que me llamaras, pero me alegra- dice ella.
-Simplemente quise invitarte a almorzar- le respondo, sintiendo un poco de culpa por utilizarla, pero no lo suficiente como para retroceder.
-Por supuesto, me encantaría.
Nos ponemos de acuerdo y llamo para hacer la reserva.
Cuando llega la hora, paso a recoger a Isabella y la llevo al restaurante.
Una vez allí, ya sentados, lo busco.
Aún no.
-¿Sucede algo?- pregunta Isabella.
-No, nada- respondo, y justo en ese momento se abre la puerta.
Allí está él con otro hombre de unos cincuenta años. Un arquitecto reconocido en Nueva York.
Ellos se sientan dos mesas más allá, lo que nos deja una vista directa entre ambas mesas.
-¿Lucas? Lucas- miro a Isabella.
-¿Sí?
-Te contaba que la planificadora opina que la banda…- ella sigue hablando, pero mi mirada y atención están en Ethan.
Él me mira en ese momento, dándose cuenta de mi presencia.
Oculto una sonrisa y lo miro directamente.
Él se concentra en la persona con la que está comiendo, pero no quito mi vista de él, aunque disimuladamente, excepto para tomar la mano de Isabella o inclinarme hacia ella, demostrándole que tengo a alguien a quien quiero y que ese beso no significó nada para mí tampoco.
De hecho, quizá debería mandarle una invitación para la boda.
Una hora se pasa volando, pero el maldito, además de la vez que me miró al llegar, me ignora completamente.
Cuando ya no lo soporto, le digo a Isabella que tengo que volver al trabajo.
Si cree que puede seguir ignorándome, solo tengo que aumentar mi juego.
Al día siguiente, después de sobornar a Rose para que me diera información sobre la hora a la que regularmente llega al edificio, lo espero cerca del ascensor.
Una vez que llega, me subo con él antes de que la puerta se cierre. Y como es tarde, estamos solos los dos.
Perfecto.
Le hago un movimiento de cabeza para saludar; él hace lo mismo. Me apoyo en la pared y lo miro.
-Entonces… ¿cuándo nos honrarás con tu presencia en el proyecto?- pregunto, asegurándome de hablar de trabajo.
-Pronto, estoy ocupado por ahora- responde, indiferente.
-¿No tienes miedo de que lo arruine en tu ausencia?- me burlo.
-No- responde con firmeza, lo que me descoloca.
Me quedo callado y me vuelvo hacia la puerta. Esa sola palabra, dicha con tanta seguridad…
No lo entiendo. Bromea a veces, se burla, me ignora y ahora… ¿dice que confía en mí?
¿Qué… qué se supone que tengo que sentir?
Me bajo en mi piso sin decir nada, y él tampoco lo hace. Y aunque fue una interacción extremadamente corta, siento que ganó de alguna manera.