El Amor Congelado es de un romance oscuro y fantasía que narra la historia de Arieth, una mujer que descubre la traición de su esposo justo antes de que él caiga víctima de un hechizo lanzado por una mujer malvada. Cuando los médicos no pueden salvarlo, Arieth viaja a tierras lejanas en busca de una poderosa bruja que pueda romper el encantamiento.
La obra combina amor, magia, traición y sacrificio, mostrando cómo el verdadero amor puede enfrentar incluso la oscuridad más profunda.
NovelToon tiene autorización de Claudia preciado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Bajo la superficie
El restaurante estaba iluminado con luces cálidas y música suave que apenas rozaba el ambiente. No era ostentoso, pero sí elegante. Adrián había elegido un lugar donde pudieran hablar sin interrupciones.
Arithsa ya estaba sentada cuando él llegó.
Y cuando lo vio cruzar la puerta, algo en su expresión cambió. No era solo alegría. Era reconocimiento.
Él caminó hacia ella con esa seguridad natural que imponía respeto en cualquier sala… pero cuando estuvo frente a ella, su mirada se suavizó.
—Pensé que te haría esperar —dijo él.
—Llegué antes —respondió ella—. No por ansiedad. Por estrategia.
Adrián sonrió mientras se inclinaba para besarla. Fue un beso breve, pero cargado de intención.
Se sentaron. El vino llegó. Las conversaciones alrededor se volvieron ruido distante.
—¿Cómo fue la reunión? —preguntó Arithsa.
Adrián apoyó la espalda en la silla.
—Productiva.
Ella entrecerró los ojos.
—Eso no es una respuesta real.
Él soltó una leve risa.
—Fue intensa. Pero la tengo bajo control.
No mencionó a Helena.
No porque quisiera ocultarlo.
Sino porque, en su mente, no era relevante.
Arithsa lo observó unos segundos más, como si evaluara algo invisible.
—¿Estás bien?
—Estoy mejor que bien.
La forma en que lo dijo no era arrogante. Era serena. Casi firme.
La cena avanzó entre anécdotas, pequeñas burlas y planes futuros. Hablaron de un viaje pendiente. De proyectos personales. De cómo combinar agendas imposibles sin perder momentos juntos.
En un instante de silencio, Adrián tomó su mano sobre la mesa.
—Anoche dijiste que temías que algo lo arruinara.
Arithsa lo miró, sorprendida.
—Sí.
—No voy a dejar que eso pase.
No fue una promesa grandiosa. Fue algo más peligroso: convicción.
Ella apretó suavemente sus dedos.
—Entonces no dejemos que el miedo invente fantasmas.
Pero mientras hablaban, en otra parte de la ciudad, Helena sostenía una copa de vino frente a la ventana de su apartamento.
No necesitaba estar presente para influir.
La información fluía hacia ella de maneras que pocos comprendían.
Comentarios. Agendas. Rutinas.
No había ejecutado nada.
Pero ya sabía algo importante.
Adrián estaba emocionalmente invertido.
Y eso cambia la forma en que un hombre toma decisiones.
En el restaurante, Adrián se inclinó ligeramente hacia Arithsa.
—Ven conmigo este fin de semana —murmuró—. Tengo que revisar un proyecto fuera de la ciudad. Podemos convertirlo en algo nuestro.
Ella arqueó una ceja.
—¿Trabajo y romance mezclados?
—Solo si prometes distraerme lo suficiente.
Ella rió.
El ambiente entre ellos se volvió más íntimo. Más cercano. Adrián se levantó y le ofreció la mano.
—Baila conmigo.
—Aquí mismo?
—Aquí mismo.
No era una pista de baile formal. Solo un espacio discreto junto a su mesa. Pero eso lo hacía más real.
Arithsa se levantó y colocó su mano sobre el hombro de él. Adrián la sostuvo por la cintura con firmeza contenida.
La música era lenta.
Sus cuerpos no estaban pegados por impulso, sino por elección.
—No me gusta cuando alguien te mira demasiado —murmuró él cerca de su oído.
Ella sonrió.
—Entonces tendrás que acostumbrarte.
Él bajó apenas el rostro, rozando su mejilla.
—Prefiero no hacerlo.
El gesto era protector, no posesivo. Pero intenso.
Y justo en ese instante, sin que ellos lo notaran, en el reflejo oscuro del vidrio del restaurante, una figura se detuvo unos segundos antes de seguir caminando.
No entró.
No interrumpió.
Solo confirmó algo.
El vínculo estaba creciendo.
Y mientras más fuerte se volviera… más interesante sería probar su resistencia.
Dentro del restaurante, Adrián apoyó la frente contra la de Arithsa.
—Confía en mí.
Ella sostuvo su mirada.
—Lo estoy haciendo.
Y esa fue, quizá, la decisión más arriesgada de todas.