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Las Tierras Vívas

Las Tierras Vívas

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis / Completas
Popularitas:531
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

El Refugio de las Ciudades Muertas,

El apocalipsis zombi no fue el fin del mundo, sino su reorganización.

Décadas después del brote, la civilización humana ha resurgido, no en la superficie infestada, sino bajo tierra.

Los sobrevivientes han adaptado las redes de metro, túneles de servicio y viejas minas para crear vastas ciudades subterráneas, a salvo de los zombis que merodean en la superficie.

La superficie, conocida como "Las Tierras Vivas", está repleta de los no-muertos, mientras que el subsuelo es un laberinto de civilización.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: La Ironía del Destino

El éxito de la guerra de guerrillas de Alexia fue tan absoluto que terminó por engendrar su propia destrucción. Durante semanas, el refugio había celebrado cada generador saboteado y cada ración de combustible robada como un paso hacia la libertad. Pero el hambre y el frío no solo desmoralizan al hombre; también desmantelan su higiene y su sistema inmunológico. En el campamento de La Ciudadela, el hacinamiento en las tiendas, la falta de agua limpia para el saneamiento y el estrés constante crearon el caldo de cultivo más perfecto que el virus hubiera encontrado jamás.

La nueva variante, la Fase 4, ya acechaba en las sombras de los rascacielos circundantes, esperando una grieta. Y la indisciplina de un ejército desesperado fue esa grieta.

— Alexia, tienes que ver las lecturas térmicas del exterior

—dijo Serena, y su voz era un hilo de puro terror que hizo que todos en el centro de mando se congelaran

—Ya no hay formación militar. Los puntos de calor se están moviendo de forma errática... se están atacando entre ellos.

Alexia se acercó a la pantalla. Lo que vio le revolvió el estómago. A través de las lentes infrarrojas, el campamento ordenado de La Ciudadela era ahora una carnicería. Los soldados, aquellos hombres de acero que días antes exigían su rendición, se estaban desgarrando los unos a los otros. El virus no se propagó lentamente; explotó.

— La falta de filtros en sus tiendas de campaña y las heridas mal curadas por los sabotajes... les abrimos la puerta, Serena

—susurró Alexia, tapándose la boca con la mano

—Les quitamos la energía para mantener sus sistemas de descontaminación activos. Los dejamos indefensos ante el aire.

La transformación fue aterradora por su rapidez. La Fase 4 no necesitaba días para incubar; se apoderaba de los tendones y calcificaba la piel en horas. El ejército invasor no murió; evolucionó en una masa coordinada de zombis agresivos, rápidos y con una resistencia que el acero de sus uniformes solo lograba mejorar. El asedio humano había terminado, pero en su lugar, el refugio se encontraba con una pesadilla de escala industrial concentrada exactamente sobre su cabeza.

De repente, un impacto sordo sacudió el hormigón bajo los pies de Alexia. Luego otro. Y otro.

— ¡Están golpeando la esclusa principal!

—gritó Elías por la radio, su voz distorsionada por el estallido de las garras contra el metal

—¡Alexia, esto no son errantes normales! Tienen la fuerza de los soldados que eran. ¡Están usando el peso de sus blindados para empujar las barreras!

La ironía era una bofetada amarga. Habían usado a los muertos para debilitar a los vivos, y ahora los vivos se habían convertido en los muertos más peligrosos que el mundo había visto. El General Valerius y su disciplina ya no existían; solo quedaba una horda masiva de no-muertos de piel dura, armada con los restos de su propio equipo táctico, golpeando incesantemente las puertas del refugio.

— ¿Qué hemos hecho?

—preguntó un técnico joven, rompiendo en un llanto silencioso

—Queríamos que se fueran, no que se convirtieran en esto.

— Hicimos lo necesario para sobrevivir

—respondió Alexia, aunque sus ojos reflejaban una duda que amenazaba con devorarla

—Pero ahora la supervivencia tiene un precio nuevo. Esas cosas afuera conocen nuestros puntos de acceso porque sus cerebros aún conservan los restos de los mapas que trajeron.

Elías entró en el centro de mando, cubierto de polvo de hormigón. Sus ojos estaban inyectados en sangre.

— Alexia, los filtros UV no van a ser suficientes esta vez. Son demasiados y su piel calcificada refleja la luz. Necesitamos una contramedida física o la esclusa cederá por puro peso muerto. Hay miles de ellos ahí arriba, y todos llevan el uniforme de La Ciudadela.

Alexia miró hacia la dirección de las celdas, donde Kael seguía encerrado. Sabía que él se estaría riendo en la oscuridad. Él había dicho que la superficie siempre encontraba una grieta, y ella, en su afán por proteger el refugio, había cavado esa grieta con sus propias manos.

— Preparen las cargas incendiarias en el túnel de acceso

—ordenó Alexia, recuperando el tono gélido que el liderazgo le exigía

— Si la ciencia no puede detenerlos, lo hará el fuego. Pero escuchen bien: si esa esclusa cae, no habrá lugar donde esconderse. El refugio se convertirá en un estómago para esa horda.

El sonido de los golpes contra la puerta se convirtió en un ritmo constante, un latido metálico que recordaba a todos en el refugio que su tiempo de aislamiento se había acabado de la forma más cruel posible. Ya no luchaban contra un ejército que buscaba recursos; luchaban contra una marea que solo buscaba consumir.

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T.gaitán
me encanta me parece súper, la trama el suspenso
T.gaitán
me encanta la historia ya quiero saber cómo termina
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