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Arde El Cielo

Arde El Cielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
🔞🚫No me denuncien por hechar volar mi imaginación.🚫🔞

Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Él es mío

El silencio en el apartamento de Dag tras la mención de Orm era tan denso que parecía que el aire se había convertido en cristal. Dag observaba a Natt, que seguía de pie en medio de la sala, con los puños apretados y la mirada perdida en un punto invisible de la pared. El ángel no parecía un guerrero en ese momento. Parecía una estatua de mármol a punto de resquebrajarse bajo una presión insoportable.

-Natt, por favor, siéntate.- Insistió Dag con suavidad. Su propia voz le sonaba pequeña en comparación con la tormenta emocional que llenaba la habitación.

El ángel no respondió de inmediato. Sus hombros subían y bajaban con una respiración pesada. Cada vez que inhalaba, el brillo dorado de las grietas en su piel se intensificaba. Finalmente, sus rodillas cedieron y se dejó caer en el sofá viejo, que crujió bajo su peso. Para Natt, cada centímetro de su cuerpo de carne era una carga nueva. Sentía la textura de la tela barata contra su piel, el roce de las costuras, el leve aroma a humedad del edificio... todo era demasiado.

Dag se acercó a la pequeña cocina. Sus manos temblaban mientras servía un vaso de agua. Al regresar a la sala, se arrodilló frente a Natt. El calor que emanaba del cuerpo del ángel era como estar frente a un horno abierto.

-Bebe esto. Tienes que hidratarte- Dijo Dag, extendiendo el vaso.

Natt lo tomó, pero sus dedos rozaron los de Dag. Fue un contacto breve, pero el joven sintió una descarga eléctrica que le recorrió el brazo hasta llegar al pecho. Allí, donde la luz pulsaba bajo su sudadera, sintió un calor de respuesta. Natt bebió el agua de un trago, como si estuviera tratando de apagar un incendio interno.

-Orm no es como los demás.- Susurró Natt, dejando el vaso en la mesa con un golpe seco -Él no usa espadas. Él usa la duda. Es un recolector de secretos. Si te tocó, si habló contigo... es porque Hrim quiere saber exactamente qué cuerda debe tirar para hacerme caer de rodillas.-

Dag bajó la mirada a sus propias manos.

-Me dijo que las cosas que caen del cielo queman a quienes intentan recogerlas. Supongo que tiene razón. Mira lo que te ha pasado por salvarme. Estás sufriendo, Natt. No puedes ni mantenerte en pie sin sentir dolor.-

Natt soltó una risa amarga que sonó más como un carraspeo seco. Se inclinó hacia adelante, obligando a Dag a sostenerle la mirada. Sus ojos ámbar estaban inyectados en sangre, pero brillaban con una determinación feroz.

-¿Crees que me importa el dolor físico?- Preguntó Natt  -En el Edén, no sentíamos nada. Ni frío, ni hambre, ni fatiga. Pero tampoco sentíamos... esto.-

Natt llevó la mano de Dag hacia su propio cuello. Allí, justo debajo de la mandíbula, había una marca plateada que Dag no había notado antes. Era un círculo perfecto con runas antiguas grabadas en la piel. La marca palpitaba con una luz fría, opuesta al calor del resto del cuerpo de Natt.

-Esta es la correa de la que habla la canción de mi gente.- Explicó Natt -Es el vínculo de lealtad. A través de este sello, Hrim puede enviarme dolor, puede rastrearme, puede incluso ordenar a mi corazón que deje de latir. Mientras esto exista, sigo siendo su propiedad.-

Dag sintió un nudo en la garganta. La injusticia de la situación le quemaba. Natt había renunciado a todo, se había cortado las alas, y aun así, el Cielo se negaba a soltarlo.

-¿Cómo se quita?- Preguntó Dag, con los ojos llenos de una valentía que sorprendió al ángel.

Natt cerró los ojos por un segundo.

-No se quita, Dag. Se arranca. Pero un ángel no puede hacerlo solo. Necesita una razón... una voluntad externa que sea más fuerte que la ley divina.-

En ese momento, la luz en el pecho de Dag comenzó a brillar a través de la tela de su ropa. No era la luz tenue de antes. Era un dorado intenso, cálido y reconfortante. Natt jadeó, sintiendo cómo esa energía envolvía el apartamento.

-Tu anomalía...- Murmuró Natt, asombrado -No es un error, Dag. Es una chispa de la Creación original. Por eso te buscan. Tú tienes el poder de reescribir lo que ellos consideran orden.-

Dag no lo pensó dos veces. Movido por un instinto que no podía explicar, colocó su palma directamente sobre el sello en el cuello de Natt.

-Si es una correa, cortaremos la cadena.- Susurró Dag, repitiendo las palabras que había sentido en su mente desde que Natt cayó del cielo.

Al contacto, el apartamento pareció estallar en silencio. Natt arqueó la espalda, soltando un grito de agonía pura. El sello plateado comenzó a arder bajo los dedos de Dag, volviéndose negro como el carbón. El humo que desprendía olía a metal quemado. Dag sentía que sus propios dedos se estaban quemando, pero no soltó. Cerró los ojos con fuerza, concentrando todo su deseo, todo su amor incipiente y su rabia contra el destino en ese único punto de contacto.

No lo toquen. No se lo lleven. Él es mío, pensó Dag con una fuerza que hizo vibrar las ventanas del edificio.

De repente, se escuchó un chasquido seco, como el de una cadena de hierro rompiéndose. La luz plateada del sello se desvaneció, dejando una cicatriz oscura y áspera en el cuello de Natt. El ángel colapsó hacia adelante, escondiendo su rostro en el regazo de Dag, temblando violentamente.

Dag lo rodeó con sus brazos, acunándolo como si fuera un niño pequeño. El calor abrasador de Natt empezó a estabilizarse, volviéndose una temperatura humana, aunque todavía alta. El silencio regresó, pero esta vez era un silencio de paz, no de miedo.

Pasaron los minutos. Fuera, la lluvia de Dion City golpeaba el cristal, pero dentro del apartamento 6A, algo había cambiado para siempre. Natt levantó la cabeza lentamente. Sus ojos ya no eran ámbar puro. Ahora tenían pequeños destellos marrones, más profundos, más terrenales.

-Lo has hecho- Dijo Natt con voz ronca -Has cortado el último hilo que me unía al trono.

-¿Te duele mucho?- Preguntó Dag, pasando sus dedos con delicadeza por la cicatriz negra.

Natt tomó la mano de Dag y depositó un beso suave en la palma que lo había liberado. El gesto fue tan íntimo y cargado de significado que Dag sintió que su corazón se detenía por un instante.

-Es un dolor que agradezco.- Respondió el ángel - Ahora mi vida no le pertenece a ninguna ley. Me pertenece a mí... y a ti.

Pero la liberación tenía un precio. En ese mismo instante, en el plano celestial, Hrim sintió el chasquido del sello rompiéndose. El General se puso de pie, su rostro de mármol se contrajo en una expresión de furia que hizo que las nubes sobre Dion City se tornaran de un color púrpura antinatural.

-Así que el humano tiene la fuerza suficiente para romper mi marca.- Siseó Hrim -Natt, has elegido la libertad de un cadáver. Porque si no puedes ser mío, no serás de nadie.-

De vuelta en el apartamento, Dag ayudó a Natt a recostarse en la cama. El esfuerzo de romper el sello había dejado al chico agotado, con las manos temblorosas y una sensación de vacío en el estómago. Natt, por primera vez, no se resistió a ser cuidado. Se dejó cubrir por las sábanas y observó cómo Dag se movía por la habitación, apagando las luces y asegurando la puerta.

-Dag- Lo llamó Natt en la penumbra.

-¿Sí?-

-Mañana... mañana empezaremos a entrenar.- Dijo el ángel, con los ojos ya medio cerrados por el sueño -Si Orm volvió al Cielo, Hrim enviará a los ejecutores. Ya no se esconderán.-

Dag asintió, aunque Natt no pudiera verlo. Se acostó en el pequeño colchón que había improvisado en el suelo junto a la cama.

-No tengo miedo, Natt. No mientras estés aquí.-

Natt extendió su mano fuera de la cama y buscó la de Dag en la oscuridad. Cuando sus dedos se entrelazaron, una pequeña chispa dorada brilló entre ellos.

-El Cielo arde en mí, Dag.- Susurró Natt antes de quedarse dormido -Pero tú eres el agua que impide que me convierta en cenizas.-

Esa noche, Dag soñó con alas de fuego y ciudades de cristal derrumbándose. Pero en medio de la destrucción, siempre había una mano que lo sostenía. Sabía que los días tranquilos se habían acabado. La guerra por su alma y por la vida de Natt apenas estaba comenzando, y Dion City sería el escenario de un incendio que ninguna lluvia podría apagar.

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💗🌷Lizi🌷💗
No manches amor a primer intentó de asesinato 🤭😶
Skay P.: Así son las cosas.😄
Es como "...me quiso robar el celular, pero nos enamoramos y ahora estoy embarazada".😅🤞
total 1 replies
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