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El Regreso Del Duque Maldito

El Regreso Del Duque Maldito

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio / Amor en la guerra
Popularitas:53.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Gloria Escober

Romina Bruce, hija del conde de Bruce, siempre estuvo enamorada del marqués Hugo Miller. Pero a los 18 años sus padres la obligaron a casarse con Alexander Walker, el tímido y robusto heredero del ducado Walker. Aun así, Romina logró llevar una convivencia tranquila con su esposo… hasta que la guerra lo llamó a la frontera.

Un año después, Alexander fue dado por muerto, dejándola viuda y sin heredero. Los duques, destrozados, decidieron protegerla como a una hija.

Cuatro años más tarde, Romina se reencuentra con Hugo, ahora viudo y con un pequeño hijo. Los antiguos sentimientos resurgen, y él le pide matrimonio. Todos aceptan felizmente… hasta el día de la boda.

Cuando el sacerdote está a punto de darles la bendición, Alexander aparece. Vivo. Transformado. Frío. Misterioso. Ya no es el muchacho tímido que Romina conoció.

La boda se cancela y Romina vuelve al ducado. Pero su esposo no es el mismo: desaparece por las noches, regresa cubierto de sangre, posee reflejos inhumanos… y una nueva y peligrosa obsesión por ella.

NovelToon tiene autorización de Gloria Escober para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio de la Victoria

Los días siguieron pasando.

Romina se encargaba del ducado y cumplía con sus deberes como duquesa. Su relación con su suegra mejoraba cada vez más, y el respeto entre ambas se hacía evidente. También visitaba al pequeño Cedrick, aunque no tan seguido como hubiera querido, pues su madre estaba constantemente pendiente de ella. Aun así, Romina no podía olvidar la promesa que le había hecho a Melissa.

Aquella tarde se encontraba en su oficina cuando la duquesa entró con una sonrisa.

—Romina, querida, tenemos visita.

—¿Quién es? —preguntó ella, levantando la vista.

La duquesa se hizo a un lado y dejó pasar a la marquesa, que traía al pequeño Cedrick en brazos. Al verlo, Romina se levantó de inmediato.

—Pequeño… —dijo, extendiendo los brazos hacia él.

El bebé sonrió al verla, y la marquesa se lo entregó.

—La duquesa dijo que quería que el pequeño viniera una vez a la semana al ducado.

—Así es —intervino la duquesa—. Cedrick es el ahijado de mi esposo, y mi nuera es parte de la familia Miller. Queremos integrarlo al ducado.

—Es maravilloso —respondió Romina, tomando al bebé en brazos y dándole besos en la mejilla.

Aquella tarde, Romina la pasó en el jardín con el niño, mientras la marquesa y la duquesa bebían té, conversaban y reían. Finalmente, acordaron que Cedrick iría dos veces por semana al ducado, no solo una.

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Por otro lado, en la frontera, Alexander caminaba hacia la tienda del príncipe.

—¿Qué sucede? —preguntó con un dejo de angustia.

—No es nada grave —respondió el príncipe—. Tu esposa te ha enviado una carta.

Alexander sonrió y tomó la carta. Se dirigió a su tienda y, apenas entró, la abrió con desesperación.

Carta de Romina

Alexander, te he extrañado tanto. Han sucedido muchas cosas mientras no estás, pero he seguido adelante. He ayudado a tus padres en el ducado; me he hecho cargo de las cuentas y de la administración de los empleados. He visitado a mi madre y quiero decirte que, en los últimos meses de su vida, Melissa Miller y yo nos hicimos amigas.

Ella murió dando a luz y me pidió que fuera la madrina de su bebé y que lo cuidara. No pude negarme; me lo pidió en su lecho de muerte. Lo correcto era que tú fueras el padrino, pero no estabas, y tu padre aceptó. Es un bebé precioso; si lo vieras, se te derretiría el corazón.

Cuando regreses lo conocerás. Tengo fe en que tendremos nuestro propio bebé, porque contigo aquí no tengo miedo a nada. Sé que todo estará bien. Mi hermano ha estado estudiando mucho para hacerse cargo del ducado.

He arreglado un poco la habitación; cambié las cortinas y los tapetes, los puse de color azul, como tus ojos. En las tardes salgo al jardín, me acuesto en el césped y miro el cielo; siento que te estoy viendo.

Espero con muchas ansias tu regreso. Por favor cuídate y resiste para volver a casa, conmigo y con tus padres. Te estaré esperando con todo mi amor y añoranza.

Romina Walker.

Alexander terminó de leer la carta, la besó y la apretó contra su pecho.

—Volveré, esposa. Volveré a ti —susurró.

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En el palacio, César se encontraba en la biblioteca con Cecil. Ella le mostraba unos archivos.

—Estos son algunos tratados que se firmaron hace doscientos años. Ten cuidado al revisarlos.

—Sabes exactamente dónde está cada cosa —comentó César.

—Podría encontrar lo que sea con los ojos cerrados. Antes mi padre era el encargado de la biblioteca; pasé aquí toda mi infancia.

—Y siempre estás aquí —dijo él—. No te veo paseando como otras jóvenes.

—No me interesa —respondió Cecil—. Aquí tengo todo lo que necesito. Además, pronto iré a la academia.

César se acercó un poco más.

—Eres muy linda. Si te vistieras diferente, si soltaras tu cabello, llamarías mucho la atención.

Cecil sonrió.

—No me interesan esas cosas. Mejor termina de leer; debo guardar los tratados.

—Está bien —dijo César—, pero ven conmigo a la plaza. Pediré permiso a tu padre.

—No.

—Por favor, Cecil —insistió él, poniendo cara triste.

Ella rió.

—Está bien, si mi padre acepta, iré contigo.

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Los meses siguieron pasando hasta que se cumplió un año desde que Alexander había partido a la frontera. La guerra continuaba; los soldados resistían y, por más que el enemigo intentaba entrar, no lo lograba. Las cartas habían sido escasas, y Romina se había puesto completamente al mando del ducado.

En el marquesado Miller se celebraba una fiesta: el primer cumpleaños del pequeño Cedrick. Los duques, Romina, su madre y sus hermanos estaban presentes, al igual que Cecil, quien había sido invitada por César.

Romina tenía al bebé en brazos y se sentó con él en el suelo. De pronto, Cedrick comenzó a ponerse de pie por sí solo y dio unos pasos.

—¡Miren! —exclamó Romina—. Cedrick está caminando.

Todos voltearon a verla. El marqués se acercó y se agachó, llamando al niño, pero Cedrick caminó directamente hacia Romina, sonriendo. Ella abrió los brazos y entonces sucedió.

—Mam… mamá —dijo el bebé con su vocecita pequeña.

El silencio cayó sobre el salón. Romina sonrió con los ojos llenos de lágrimas.

—No, bebé —susurró—. Soy Romina, tu madrina. Dime madrina… o Romi.

El niño negó con la cabeza.

—Ño… mamá.

En ese momento, la condesa se acercó, tomó al bebé y, agarrando una flor del florero, dijo:

—Mira qué bonita, pequeño. Roja, como mi cabello.

Cedrick comenzó a tocar el cabello de la condesa y la tensión se disipó. Todos rieron. Romina salió del salón y fue al jardín.

Allí, sola, llevó las manos a su vientre y dejó caer sus lágrimas. Alguien tocó su hombro; era Cecil.

—Romina, ¿estás bien?

—Si mi bebé no se hubiera ido… —dijo Romina entre lágrimas—. Ya estaría grande, diciendo sus primeras palabras, y me diría mamá.

Cecil la abrazó.

—Un día las escucharás, de tus propios hijos. Ya lo verás.

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Después de la fiesta, Romina y su familia se dirigieron a la plaza del reino, pues César las había invitado a comer junto con Cecil. En el restaurante, César habló:

—Mamá, hermana, quiero decirles algo.

Ambas lo miraron atentamente.

—He hablado con el padre de Cecil y me ha dado permiso para cortejarla.

—Felicidades —dijo Romina sonriendo.

—Me alegra mucho por ustedes —añadió la condesa—. Espero que pronto se casen.

—Yo también deseo casarme con Cecil —dijo César—, pero ella quiere ir primero a la academia. Su padre desea que se case después de los dieciocho, y he aceptado.

—Sí —intervino Cecil—. Es lo que deseo. Me siento afortunada de ser cortejada por el joven Bruce. Es educado y amable conmigo. Prometo que, cuando nos casemos, seré una buena esposa.

Todos alzaron sus copas y celebraron.

Más tarde, Romina y su madre viajaban juntas en el carruaje. La condesa permanecía callada, pensativa.

—Madre, ¿qué sucede? —preguntó Romina—. Pensé que Cecil te agradaba.

—Me agrada —respondió la condesa—. Es una joven maravillosa, inteligente, digna de ser condesa y sería una excelente madre.

—Entonces, ¿qué ocurre?

—Que ella no lo ama —dijo con suavidad—. Lo veo en su mirada. Habla de César como se habla de un amigo querido, no como de un hombre al que se ama. Cecil es apasionada, lo noto cuando habla de sus estudios, de la medicina, de la academia. Esa pasión no la veo cuando mira a mi hijo. Creo que aceptó porque se acostumbró a su presencia, porque es lo que la sociedad espera de una mujer.

—Quizá César despierte esa pasión —dijo Romina.

—Eso espero, hija… eso espero —respondió la condesa, mirando por la ventana.

……………………………………………………………………………………………

La nieve caía en silencio sobre Invernaria, amortiguando el sonido de los pasos del ejército de Oxford mientras avanzaban entre los pinos cubiertos de escarcha. El frío mordía la piel, pero nadie se detenía. Las antorchas estaban cubiertas para no delatar su posición; solo el vapor de las respiraciones delataba a los hombres.

—Ahora —ordenó el príncipe Marcus en voz baja.

El ataque fue inmediato.

El primer grito rasgó la noche cuando un centinela cayó con la garganta abierta. Luego otro. Y otro. Las puertas laterales del palacio cedieron bajo el impacto de los arietes improvisados. El silencio murió y nació el caos.

—¡POR OXFORD! —rugió el conde, espada en alto.

La batalla estalló como una tormenta.

Flechas volaron desde las murallas, clavándose en cuerpos que caían sobre la nieve, tiñéndola de rojo. Los soldados avanzaban igual, pisando sangre, hielo y cadáveres. Las espadas chocaban con un sonido seco, metálico, brutal. Un hombre perdió la mano al alzar el arma demasiado tarde; otro cayó de rodillas gritando mientras le amputaban la pierna de un tajo limpio.

Alexander peleaba al frente.

Su espada se movía con precisión mortal. Cada golpe era certero, cada paso firme. El frío no existía para él, solo el enemigo. Vio a Hugo derribar a dos hombres de un solo movimiento, cubierto de sangre hasta el pecho, luchando como si cada golpe fuera por su hijo.

—¡No los dejen reagruparse! —gritó el conde—. ¡Rómpanlos ahora!

El palacio cayó.

El rey de Invernaria apareció en lo alto de las escaleras, pálido, con los ojos desorbitados. Al ver la marea de acero y fuego, huyó con sus hijos por la salida trasera, perdiéndose entre la nieve y el bosque.

—¡NO ESCAPARÁN! —ordenó Marcus—. ¡TRAS ELLOS!

La persecución fue salvaje.

El terreno se volvía traicionero: nieve profunda, rocas ocultas, viento helado cortando el rostro. El ejército se dividió instintivamente. Marcus alcanzó a uno de los hijos del rey y se trabó en combate con él, espadas chocando con furia.

—¡Tu reino ha terminado! —escupió Marcus.

Mientras tanto, Alexander, Hugo y el conde avanzaban más adelante… y entonces sucedió.

El rey de Invernaria, viendo al príncipe ocupado, atacó por la espalda.

—¡MARCUS! —gritó Alexander.

No lo pensó.

Se interpuso.

La espada enemiga se hundió en su espalda con un sonido húmedo.

—¡AAAH! —el grito de Alexander atravesó el campo de batalla.

Todo se detuvo por un segundo.

—¡ALEXANDER! —rugió Marcus, soltando a su rival y corriendo hacia él.

La sangre brotaba oscura, caliente, manchando la nieve. Alexander tembló… pero no cayó.

Con un rugido de pura voluntad, se arrancó la espada del cuerpo, giró sobre sí mismo y la clavó directamente en el pecho del rey de Invernaria.

—¡POR MI REINO! —gritó.

El rey cayó de rodillas, ahogándose en su propia sangre.

Pero ya era tarde.

Los soldados enemigos corrían hacia ellos, decenas, demasiados. Alexander los vio acercarse. Vio a Marcus intentando llegar. Vio a Su suegro gritar su nombre. Supo la verdad en un instante.

Tomó al rey agonizante por la armadura.

Detrás de él, el precipicio.

Abajo, un lago negro cubierto por una capa frágil de hielo.

Alexander miró una última vez al cielo gris, a la nieve cayendo lentamente.

Pensó en Romina.

Y sonrió.

—Oxford… vivirá —susurró.

Y entonces se lanzó.

El cuerpo del rey y el suyo desaparecieron en el vacío. El hielo se rompió con un estruendo ensordecedor y el agua los tragó sin piedad.

Silencio.

—¡NO! —el grito de Marcus fue desgarrador.

El campo quedó inmóvil. El viento arrastraba la nieve sobre la sangre. El rey enemigo había caído. Sus hijos estaban muertos o capturados. Invernaria había perdido.

La victoria era de Oxford.

Pero el precio…

El conde cayó de rodillas, apretando los puños hasta sangrar.

Hugo cerró los ojos, inclinando la cabeza.

—Murió como viven los grandes hombres —dijo con voz rota—. Salvando a los demás.

Marcus miró el lago helado, incapaz de moverse.

Alexander había caído.

Y con él… una parte de todos.

Hola hola les deseo que hayan pasado un feliz año nuevo

1
Lups
Quien será el titiritero del duque??
Rusi Jmz
Si Hugo se veía muy interesado por los negocios que obtendría del matrimonio
Monica Centen
ay ya me estoy quedando sin uñas 🤭
Adriana Trejo
hay que pena me da este hombre 😔 , y ahora quien lo para , para que no dañe a romina solo el duque 🤷🏻‍♀️ como que este nuevo personaje tiene el alma de Alex 🤔 brujería o que 😒
Adriana Trejo
será que queda embarazada 🤰 romina esta vez 🤔 , hay lo que les espera en el pueblo y Hugo si que perdió devuelta 🙆‍♀️ pobre del niño ahora espero que no sea maltratado por el padre 🤔
Zaidymar 🌠
Nooooooooooo la bestia del rey de Kratos le quitó el alma a Alexander y ahora es su títere 😭😭😭😭😭
Zaidymar 🌠
Ese niño regreso siendo el salvaje alfa pecho peludo 🤣🤣🤣🤣 la batidora y Alexander
Erika Gomez Hernandez
Muy interesante la historia. Esperaré ese maratón.
Daily Yas
Hugo Hugo.
su orgullo lo llevará a la destrucción
Daily Yas
Hugo Hugo.
su orgullo lo llevará a la destrucción
Kim Nava
yo di es extraño🤔
Elizabeth Yepez
que misterio hay sobre el duque
Lizbeth Rivera
excelente 👌
Sara Rodriguez
mas.capitulos
Diivii Blanco
Excelente
Laura Aguado
❤️❤️❤️
Elizabeth Delvicier
bueno es entendible que la conciencia y el remordimiento juegue con tu mente
pero aquí el asunto es que el tiene una doble moral porque por un lado sufre por los niños inocentes que mató y por el otro lado usa un inocente que su propia sangre su hijo para atender a una mujer y si hizo eso qué más puede llegar a ser con quién se puede aliar para dañar a Alexander
pero bueno aquí los principales culpables fueron los condes por no respetar los sentimientos a la hija en su momento y después Romina no escuchó cuando la mamá le dijo que no confundiera los sentimientos que no se aferrara a un niño que no era de ella ella misma no cumplió su papel de madrina y esto le va a pasar facturar porque esas malas decisiones siempre están en problemas cuál será el secreto que se esconde el misterio que rodea Alexander y al reino
JOSWEN💖
Quien será ese hombre?
Esta buena la historia. Espectacular 👏
Zulenia Vidal
muy linda la historia aunque ya deberías irnos contando que es lo malo que le ocurre a Alex gracias
Alma Morales
Si estuvo cautivo y hizo cosas para el enemigo ,será que se volvió un espía para el enemigo😱😱😱😱😱???
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