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Latidos Que Se Esconden

Latidos Que Se Esconden

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance
Popularitas:921
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.

A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.

Ryan.

Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.

Él nunca la notaba.

Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.

Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6: El chico equivocado

El segundo día de escuela empieza mal.

Muy mal.

Abro los ojos y lo primero que veo es el reloj de mi mesa de noche.

8:17.

Las clases empiezan a las 8:00.

Me quedo mirando los números unos segundos, esperando que cambien solos.

No cambian.

—¡Mireya!

La voz de mi madre atraviesa la casa.

—¡Te vas a hacer tarde!

Demasiado tarde, pienso.

Salto de la cama tan rápido que casi tropiezo con la mochila en el suelo.

Me visto a toda velocidad, sin pensar demasiado en lo que agarro del armario. Probablemente no combine nada, pero ya es demasiado tarde para preocuparme por eso.

Bajo las escaleras corriendo.

Mi madre está en la cocina con una taza de café en la mano, impecable como siempre. Ni un cabello fuera de lugar.

No entiendo cómo lo hace.

—Buenos días —dice, sin mirarme.

—Buenos días.

Agarro una tostada del plato de la mesa.

—No te olvides de—

—¡Sí, sí! —digo con la tostada en la boca mientras busco mi mochila.

—Mireya, mastica antes de hablar.

Ya estoy en la puerta.

—¡Adiós!

—¡Mireya!

Demasiado tarde.

Salgo corriendo de la casa.

---

El aire de la mañana está frío.

Camino rápido por la acera con la mochila mal puesta y la tostada en la mano.

Intento morderla mientras camino, pero eso solo logra que casi me atragante.

Genial.

Segundo día de escuela y ya voy tarde.

Perfecto.

Doblo la esquina que lleva hacia la entrada del colegio y acelero el paso.

Los estudiantes ya están entrando.

Algunos me miran mientras paso corriendo.

Fantástico.

La chica nueva llegando tarde el segundo día.

Gran reputación, Mireya.

Estoy mirando el suelo mientras trato de meter la tostada en una servilleta cuando—

¡PUM!

Choco contra alguien.

Fuerte.

Tan fuerte que casi me caigo.

Mi desayuno sale volando de mis manos.

Y aterriza.

Directamente.

En la camisa de la persona con la que choqué.

Silencio.

Levanto la mirada lentamente.

Error.

Gran error.

Es un chico.

Alto.

Más alto que la mayoría de los chicos del colegio.

Tiene el cabello rubio, pero no de ese rubio perfecto de revista. Es más bien desordenado, como si nunca se molestara en peinarlo. Algunos mechones caen sobre su frente.

Su piel es clara y sus rasgos son duros.

Pero lo que más llama la atención son sus ojos claros, fríos, como si siempre estuviera analizando todo a su alrededor.

Lleva una chaqueta negra un poco gastada y una camiseta gris que ahora tiene una enorme mancha de mermelada gracias a mí.

Genial.

Su expresión no cambia.

Ni sorpresa.

Ni enojo.

Solo… fastidio.

Baja la mirada hacia su camiseta.

Luego vuelve a mirarme.

—¿Siempre caminas como si estuvieras huyendo de algo? —dice.

Su voz es baja.

Rasposa.

No suena muy feliz.

Trago saliva.

—Voy tarde.

—Lo noté.

Miro la mancha otra vez.

La mermelada se está expandiendo.

Esto es horrible.

—De verdad lo siento —digo—. No te vi.

—Eso también lo noté.

Ok.

Definitivamente no es amable.

---

El resto del día empieza raro.

No solo por la mancha de mermelada.

También porque Jack está en mi clase.

Lo descubro cuando entro al salón de Literatura.

Estoy todavía intentando acomodar mis cosas cuando lo veo sentado al fondo del aula, recostado en la silla como si todo le diera exactamente igual.

Su chaqueta negra está tirada sobre el respaldo.

El cabello rubio desordenado le cae sobre la frente.

Y sí.

La mancha de mermelada sigue en su camiseta.

Genial.

Ahora cada vez que lo vea voy a recordar que yo hice eso.

Intento ignorarlo y me siento junto a Ian, que ya está revisando algo en su cuaderno.

Ian levanta la mirada.

—Llegaste viva.

—Casi no.

—Te vi entrar corriendo.

—Me desperté tarde.

Ian sonríe.

Luego mira hacia atrás.

Hacia Jack.

—Ah.

Genial.

Ya sé por dónde va esto.

—No empieces —le digo.

Ian vuelve a mirarme.

—¿Qué hiciste?

—¿Por qué asumes que hice algo?

—Porque tienes cara de “hice algo”.

Suspiro.

—Choqué con él en la entrada.

Ian abre los ojos.

—¿Con Jack?

—Sí.

—¿El Jack nuevo?

—¿Cuántos Jack hay?

Ian se inclina un poco hacia mí, bajando la voz.

—No deberías meterte con él.

Parpadeo.

—No me metí con él.

—Igual.

—Solo lo choqué.

Ian parece pensarlo un segundo.

—Bueno… podría ser peor.

—¿Peor cómo?

Ian mira alrededor para asegurarse de que nadie más esté escuchando.

Eso nunca es buena señal.

—Dicen que lo cambiaron de colegio.

—¿Y?

—Que no fue exactamente… voluntario.

Frunzo el ceño.

—¿Qué significa eso?

Ian se encoge de hombros.

—Rumores.

—Ian.

—Dicen que se metió en una pelea.

—Muchos chicos se pelean.

—Sí, pero no todos mandan a alguien al hospital.

Lo miro.

—Estás inventando.

—No.

—Sí.

—Bueno… tal vez un poco.

Lo sabía.

Ian sonríe.

—Pero sí es cierto que llegó a mitad de año.

Miro hacia el fondo del salón otra vez.

Jack está mirando por la ventana.

No está hablando con nadie.

Ni siquiera parece escuchar a la profesora que acaba de entrar.

Solo está ahí.

Quieto.

Como si estuviera en otro lugar.

—También dicen que evita a casi todo el mundo —añade Ian.

—Tal vez porque todo el mundo inventa cosas sobre él.

Ian se encoge de hombros.

—Tal vez.

En ese momento Jack mueve la cabeza.

Y por un segundo sus ojos se cruzan con los míos.

Me quedo congelada.

No parece sorprendido.

Ni incómodo.

Solo… observando.

Como si estuviera tratando de decidir algo.

Luego simplemente aparta la mirada.

Y vuelve a mirar por la ventana.

Ian se inclina hacia mí otra vez.

—¿Ves?

—¿Qué?

—Da miedo.

Lo miro.

—No da miedo.

Ian levanta una ceja.

—¿Ah no?

—No.

—¿Entonces por qué te quedaste mirándolo cinco segundos?

—No fueron cinco segundos.

Ian sonríe.

—Fueron siete.

Ruedo los ojos.

Pero, si soy honesta…

Hay algo raro en Jack.

No parece el típico chico problemático.

Los chicos problemáticos suelen hablar mucho.

Presumir.

Buscar problemas.

Jack no.

Jack parece alguien que solo quiere que lo dejen en paz.

Y por alguna razón…

Eso me da más curiosidad de la que debería.

---

Pov: Ryan

Salgo del edificio de la universidad con la mochila colgada de un hombro y el cansancio pegado en la espalda. Los jueves siempre son así: laboratorio largo, demasiados apuntes y un profesor que cree que todos dormimos ocho horas.

Spoiler: nadie lo hace.

El teléfono vibra en mi bolsillo.

Lucas.

Frunzo un poco el ceño antes de abrir el mensaje.

"Ryan, ¿puedes recogerme del colegio? Ashlie está trabajando y mi mamá sigue en turno."

Sonrío apenas.

Lucas siempre termina necesitando transporte.

Escribo rápido.

"Voy en veinte."

Guardo el teléfono y camino hacia el estacionamiento.

El aire de la tarde está frío y el cielo empieza a volverse naranja detrás de los edificios de la universidad.

Cuando llego al coche, veo a alguien sentada en el capó.

Ashlie.

Su cabello rubio está recogido en una coleta alta y todavía lleva el delantal negro del café donde trabaja. Tiene un vaso de plástico en la mano y está mirando su celular.

Cuando me acerco, levanta la mirada.

—Pensé que ya habías salido.

—Acabo de terminar clase.

Dejo la mochila en el asiento trasero y abro la puerta del conductor.

—Tu hermano necesita que lo recojamos.

Ashlie suspira con dramatismo.

—Lucas debería aprender a resolver su vida.

Se baja del capó y rodea el coche.

—Pero bueno… al menos hoy salí temprano.

Se deja caer en el asiento del pasajero.

—¿Turno corto? —pregunto mientras arranco.

—No. Solo escapé antes de que mi jefe se diera cuenta de que todavía estoy ahí.

Sonrío.

—Eso suena ilegal.

—Eso suena a supervivencia.

Salimos del estacionamiento de la universidad y nos metemos en la avenida principal.

Durante unos minutos Ashlie está mirando por la ventana.

Luego habla.

—Mi mamá sigue en turno.

Asiento.

—La mía también.

Mi mamá, Elena Gallagher, probablemente sigue en el hospital ahora mismo.

Turnos largos.

Pacientes difíciles.

Café frío.

Ese tipo de cosas.

—Seguro llega tarde otra vez —digo.

Ashlie se encoge de hombros.

—Los hospitales nunca duermen.

—Ni las enfermeras.

El tráfico se vuelve más lento cerca del colegio.

Hay muchos autos recogiendo estudiantes.

Finalmente encuentro un espacio para estacionar.

Apago el motor.

—Voy por Lucas.

Ashlie asiente sin levantar la vista del teléfono.

—Dile que se apure.

Salgo del coche y camino hacia la entrada del colegio.

El ruido del patio es inmediato.

Risas.

Gente hablando.

Puertas de casilleros cerrándose.

Hace años que no piso un lugar así.

Finalmente veo a Lucas en una mesa del patio.

Está con tres personas.

Una chica rubia que reconozco.

Chelsy.

Un chico alto con cara seria.

Y otra chica.

Cabello oscuro.

Ojos atentos.

Cuando Lucas me ve, levanta la mano.

—¡Ryan!

Me acerco.

—¿Listo?

—Casi.

Chelsy sonríe.

—Ryan, ella es Mireya. Está en nuestra clase.

La chica levanta la mirada hacia mí.

Tiene una expresión tranquila, como si estuviera observándolo todo con cuidado.

—Hola —digo.

—Hola —responde.

Lucas se levanta.

—Voy por mi mochila.

—Te esperamos.

Lucas desaparece dentro del edificio.

Chelsy sigue hablando.

—Ryan está en la universidad.

—Segundo año —digo.

El chico serio no dice nada.

Solo observa.

No parece muy interesado en conversar.

Lucas vuelve un minuto después con su mochila.

—Listo.

—Perfecto.

Antes de irnos hago un gesto con la cabeza.

—Nos vemos.

—Adiós —dice Chelsy.

Lucas camina conmigo hacia la salida.

—¿Te cayó bien? —pregunta.

—¿Quién?

—Mireya.

Me encojo de hombros.

—Parece tranquila.

Lucas sonríe.

—Lo es.

Llegamos al coche.

Ashlie sigue en el asiento del pasajero mirando su teléfono.

Lucas abre la puerta trasera y se deja caer en el asiento.

—Hola, hermana.

—Hola —dice Ashlie sin levantar la vista.

Arranco el motor.

Mientras salimos del estacionamiento, miro por el espejo retrovisor.

Entre los estudiantes del patio todavía está la chica de antes.

Mireya.

Está hablando con Chelsy mientras guarda algo en su mochila.

No parece notar que la estoy mirando.

Vuelvo la vista al camino.

Probablemente solo sea otra persona más en la vida de Lucas.

Nada especial.

Solo una chica del colegio.

1
Mary Ney
Más capítulos por favor ☺️ gracias escritora
Yelitza Goyo
interesante 🤔🤔
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