En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 24: EL FUEGO QUE DESPIERTA AL MUNDO
El cielo temblaba como si una fuerza antigua lo estuviera desgarrando desde adentro. Las dos runas restantes del Círculo del Fin seguían allí arriba, suspendidas como estrellas muertas, iluminando el campo devastado en tonos morados y azules. Valor dio un paso al frente, su aura negra del cuarto nivel del rango Genio extendiéndose como un velo de muerte. Los demás héroes, reunidos junto a Reinders, sintieron un escalofrío. La presencia del demonio era… absoluta. Reinders respiró profundamente. Él sabía que no podía ganar aquel combate… no así. No con la fuerza que tenía. No contra un ser que ya había superado límites impensables. Entonces miró hacia arriba. Las runas.
Eran la clave. El origen del Círculo del Fin.La raíz de la catástrofe… y la única salvación posible.
—Reinders… ¿qué estás pensando? —preguntó Mar con preocupación.
—Lo que nadie debería hacer —respondió él, con una sonrisa sombría—. Pero si no lo hago… ya sabes lo que pasará.
Sin esperar respuesta, concentró su aura.
—¡Reinders, no! —gritó Creta.
Pero ya era tarde. Saltó hacia el cielo, impulsado por un estallido de fuego azul que dejó un rastro luminoso. Su mano abierta alcanzó la primera runa flotante y esta reaccionó de inmediato, resistiéndose con poder abrumador. Valor abrió los ojos, sorprendido.
—¿Pretendes absorberlas las dos al mismo tiempo …? Eso no lo intentó ni El Oscuro.
Reinders tensó los dientes mientras la runa se quebraba en partículas que se arremolinaban hacia su cuerpo. El mundo tembló. El segundo sello descendió violentamente hacia él, atraído por la ruptura del primero. La energía era corrosiva, rugiente, hecha para destruir almas, no para alimentarlas. Elsa gritó. Los demás intentaron extender sus manos. Pero Reinders estaba fuera de su alcance, en un plano de pura energía. Cuando la segunda runa entró en su cuerpo, un estallido de luz negra y azul cubrió el cielo. Era tan brillante que incluso Valor retrocedió un paso.
Luego… silencio. Y Reinders cayó. Pero no como antes. No como un humano. Sino como un ser renacido. El Oscuro despertó. Reinders abrió los ojos en un vacío blanco. No había cielo ni suelo. Solo la presencia familiar frente a él. El Oscuro. Su figura, hecha de sombras azules, lo observaba con los brazos cruzados.
—Llevas un buen tiempo ignorándome —dijo la entidad con voz cavernosa.
Reinders no respondió; solo dio un paso al frente.
—¿Me vas a decir que no sabías lo que estabas haciendo? —El Oscuro sonrió—. Absorber dos runas a la vez del Círculo del Fin… Eso es algo que hasta yo consideraría una estupidez.
Reinders bajó la cabeza un momento.
—Lo hice porque no había otra opción.
—Exacto. —El Oscuro se acercó—. Y por eso… te he estado esperando.
La sombra tocó su pecho, y un pulso profundo de energía recorrió a Reinders.
—Ya no eres el mismo chiquillo que lloraba por lo que había perdido. Ni el guerrero que temía su propia oscuridad. Rompiste tus cadenas. Y por eso… te otorgo mi verdadero poder. Un brillo azul, feroz, dracónico, emergió de su cuerpo.
—Desde hoy —dijo El Oscuro—, tú y yo somos uno… sin restricciones.
Reinders sintió la explosión interior. Una fuerza primitiva. Vieja como los dragones. Feroz como el primer fuego del mundo. Alcanzó el nivel 2 del rango Genio. Pero más importante… algo renació en él. La armadura del Fuego del Fin. Cuando abrió los ojos en el mundo físico, los héroes retrocedieron instintivamente. Su aura ardía como un incendio azul que no quemaba, sino que devoraba la oscuridad misma. Una armadura dracónica negra se formó sobre su cuerpo, con líneas incandescentes del color del hielo azul. Su respiración emanaba vapor, y detrás de él una silueta de dragón negro con llamas azules rugió silenciosamente.
En su mano derecha apareció un arma nunca antes vista: Una espada cuya empuñadura era negra como la noche y cuya hoja NO era metal… sino fuego azul, vibrante, casi vivo. Valor bajó la guardia por primera vez.
—Eso… —susurró— no puede ser.
Ese… ¿es el fuego del Fin?
Reinders giró la espada. El fuego azul dejó un arco de luz en el aire.
—Valor —dijo él—. Tu final empieza ahora.
Los héroes cargaron primero. Creta en su forma de Emperatriz Dragón lanzó columnas de piedra. Mar manipuló el hielo como espadas vivientes.
Estu desató una danza de cortes blancos que rebanaban el aire. Elsa, con el aura de su linaje despertado, lanzó estacas de piedra volcánica que surgían desde el suelo. Y todos ellos fueron guiados por la voz firme de Reinders, que ahora se movía con precisión absoluta. Valor no lo podía creer. Había adoptado su forma pequeña para poder luchar mejor pero eso le estaba pasando factura.
—¿Todos ustedes… están luchando al nivel de Genios ahora? ¿¡Solo por estar con él!? —rugió— ¡Ridículo!
En un choque masivo, Reinders y Valor cruzaron armas. La espada de fuego azul cortaba la oscuridad del demonio como si fuera humo, pero Valor aún era imponente: cada golpe suyo hacía retumbar el mundo.
La batalla fue tan extrema que montañas completas se desmoronaron alrededor. Pero incluso así… Valor seguía dominando. Su poder del cuarto nivel de rango Genio era simplemente demasiado.
—¡MUERAN! —gritó el demonio, preparando un ataque final.
Una esfera negra del tamaño de un castillo emergió sobre él. Reinders sintió el peligro antes de que ocurriera.
—¡TODOS, RETROCEDAN!, ¡CORRAN POR SUS VIDAS!
Pero no hubo tiempo. Entonces… dos figuras se adelantaron. Eslan. Bambam. Eslan extendió ambas manos, generando un campo de magia, azul brillante. Bambam golpeó el suelo con toda la fuerza de sus gigantescos brazos, generando un pilar de energía protectora.
—¡VÁYANSE! —gritaron al unísono.
La explosión negra envolvió a ambos. Y cuando la luz desapareció… ya no estaban. Silencio. Dolor.b**Un vacío imposible de llenar**.
Legolas gritó sus nombres. Creta cayó de rodillas.
Mar cubrió su boca con ambas manos. Estu tembló sin poder hablar. Esi lloró cómo nunca en su vida, " mi hermano gritaba". Reinders apretó los dientes con tanta fuerza que sangró. Y entonces… Reinders levantó a Coleman. La espada original. La que había sido reforjada con mitril para un propósito. La técnica del sello final.n**Coleman brilló como un sol azul.n**Las runas del Círculo del Fin, ahora dentro de Reinders, se activaron con un pulso que agrietó el cielo. Valor retrocedió, por primera vez mostrando verdadero miedo.
—Esa energía… ¡esa energía es imposible! ¡Solo El Oscuro y COLEMAN podrían ejercerla!
Reinders avanzó, empujando contra el inmenso poder del demonio.
—¿Coleman y El Oscuro?. ¡Yo tengo de ambos!
—Y contigo… —añadió— no quedará nadie más.
Valor rugió, la oscuridad explotó en todas direcciones. Pero Reinders siguió caminando. Cada paso hacía pedazos el suelo. Cada latido desprendía fuego azul. Y cada palabra marcaba el destino.
—Por Eslan.
—Por Bambam.
—Por mis amigos.
—Por Elsa.
—Por todos los que mataste…
Levantó a Coleman.
—¡VUELVE AL ABISMO, VALOR!
Un sello gigantesco, azul y negro, emergió bajo los pies del demonio. Valor gritó, invocando su máxima energía, pero era inútil.
La presencia de El Oscuro dentro de Reinders hizo que su alma temblara.
– No te atrevas a pelear debilucho – le dijo con una sonrisa oscura.
Y en un último rugido… Valor fue absorbido y sellado.
El silencio que siguió fue absoluto. Y luego… el mundo volvió a respirar. Días después, los héroes regresaron al reino de Astrea. Las campanas resonaron por toda la ciudad. El pueblo los recibió con flores, gritos y lágrimas. Pero la alegría se mezclaba con duelo. Los funerales de Eslan y Bambam fueron solemnes, adornados con estandartes azules y dorados. Sus cuerpos descansaban en féretros rúnicos, cubiertos por símbolos de honor eterno. Reinders permaneció allí, con la cabeza inclinada. Todas las chicas lo abrazaron en silencio. Todos lloraron. Los líderes de la Cumbre rindieron homenaje. El mundo entero reconoció su sacrificio. Cuando las últimas antorchas del funeral se apagaron, la noche cayó con una calma extraña… El Amanecer se reúne. En un lugar desconocido, cuatro figuras encapuchadas se reunieron alrededor de una mesa circular.
—El sello se ha completado. Valor ha caído —dijo una voz grave.
—Entonces… —respondió otra— es momento de iniciar nuestro plan.
—El mundo lleva demasiado tiempo oprimido por los poderes antiguos —dijo la tercera—. Es hora de liberar a las razas… de todos ellos.
—Incluidos los dragones —añadió el cuarto.
Las sombras se inclinaron.
—Que el Grupo Amanecer dé inicio al verdadero cambio.
Bajo Aetherion… algo despierta. Muy lejos, bajo las ruinas de la antigua ciudad de Aetherion, donde los sellos más viejos del mundo dormían… uno de hace 20 años comenzó a moverse Un crujido resonó.
Cadenas gigantes, formadas de un poder que era de lo más fuerte en el mundo, se estremecieron. Un ojo titánico se abrió entre sombras. Un ojo reptiliano.
Antiguo. Feroz. Bahamut, el Dragón del Caos, inhaló lentamente. Sus colosales alas, encadenadas durante milenios, se tensaron.
—El mundo… finalmente ha empezado a moverse otra vez… Esta serca la hora.
Y sus cadenas volvieron a crujir.