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La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Graduación.

El final de la carrera llegó como un suspiro largo y esperado.

Años de esfuerzo, noches sin dormir, exámenes, miedos e incertidumbre quedaban atrás. Alelí y Anita habían logrado algo que, tiempo atrás, parecía imposible: terminar la universidad juntas, sosteniéndose la una a la otra como siempre lo habían hecho.

—Lo logramos Melisa —dijo Anita, mirando el campus iluminado—. Contra todo.

Alelí sonrió, pero en su pecho la emoción se mezclaba con una inquietud extraña. Había llegado lejos, demasiado lejos, y ahora sentía que cada paso la acercaba más a un punto sin retorno.

La universidad organizó un gran baile de despedida. Música, luces, risas, vestidos elegantes y trajes formales llenaban el salón principal. Todos los estudiantes estaban ahí, celebrando el cierre de una etapa y el inicio de otra.

—Invité a Maykol —dijo Alelí mientras se arreglaba frente al espejo.

Anita levantó una ceja y sonrió.

—Yo invité a Luis.

—¿Y? —preguntó Alelí, divertida.

—Aceptó muy gustoso —respondió Anita, fingiendo indiferencia, aunque sus mejillas la delataron.

Alelí la miró con ternura. Le alegraba verla así, ilusionada, por fin su amiga tenía algo bonito, después del dolor tan grande que pasó.

Una vez listas, salieron con sus hermosos vestidos. Se veían deslumbrantes

La fiesta estaba en su punto máximo cuando llegaron.

Maykol tomó la mano de Alelí con naturalidad, como si ese gesto ya fuera parte de su vida. Vestía elegante, pero sin exagerar. Su presencia llamaba la atención, siempre lo hacía.

Luis llegó poco después, impecable, con una sonrisa tranquila. Al ver a Anita, se acercó sin dudar.

—Te ves increíble —le dijo.

—Tú no estás nada mal —respondió ella.

Hubo música, brindis, risas. Vodka, tequila, cócteles de colores. Todos bebían, celebraban, se dejaban llevar. Por una noche, el mundo parecía ligero.

Maykol observaba a Alelí bailar. Había algo hipnótico en su forma de moverse: segura, elegante, peligrosa sin proponérselo. Sentía orgullo… y algo más oscuro, algo que no terminaba de reconocer.

Los tragos siguieron circulando.

Y entonces ocurrió.

Alelí se había alejado un momento de la mesa para tomar aire. El calor del lugar era intenso. Caminó hacia una zona más tranquila cuando una mano se apoyó en su cintura.

—Oye, hermosa —dijo una voz cargada de alcohol—. ¿Por qué tan sola linda?

Alelí se tensó de inmediato.

—Suéltame —dijo con firmeza.

El hombre rió.

—No te hagas la difícil. Se nota que ti también quieres.

Intentó acercarse más, su mano bajando sin permiso.

—Te dije que me soltaras.

Maykol, desde lejos, vio la escena.

Y algo dentro de él estalló.

En cuestión de segundos estuvo frente al hombre, empujándolo con violencia.

—¿Quién te crees para tocarla? —gruñó.

El sujeto, tambaleándose, lo miró con desprecio.

—¿Y tú quién eres? ¿Su guardaespaldas?

Maykol no respondió. El golpe llegó primero.

El salón quedó en silencio por un instante. Luego, gritos.

—¡¿Sabes quién soy?! —escupió el hombre, limpiándose la sangre del labio—. Soy el hijo de Alex Calderón.

Ese nombre no pasó desapercibido.

—¿Y eso qué? —respondió Maykol, fuera de sí.

—Que no vine solo.

Las puertas del salón se abrieron de golpe.

Cinco hombres entraron, todos con la misma actitud peligrosa, la misma mirada entrenada. El ambiente cambió de inmediato.

Anita sintió el estómago caerle a los pies.

—Alelí… —susurró.

Luis dio un paso adelante, protector.

—Esto no pinta bien.

Todo ocurrió muy rápido.

Uno de los hombres intentó sujetar a Alelí por detrás.

Pero esto fue un grave error.

Ella giró con precisión, le tomó el brazo, lo torció con una fuerza calculada y lo lanzó al suelo con un movimiento limpio, perfecto.

Maykol la miró, sorprendido.

Otro se abalanzó sobre ella. Alelí esquivó el golpe, lo desarmó y lo dejó inconsciente contra una mesa.

Maykol reaccionó, golpeando a dos hombres con brutalidad. No era la primera pelea de su vida, pero esta vez peleaba con rabia, con celos, con miedo.

Luis protegía a Anita, manteniéndola atrás.

—¿Desde cuándo sabe pelear así? —murmuró, observando a Alelí.

Anita tragó saliva.

—Desde siempre.

En minutos, todo terminó.

Hombres en el suelo. Muebles rotos. Música detenida. Silencio absoluto.

La seguridad llegó tarde, como siempre.

—Esto no se va a quedar así —escupió el hijo de Calderón antes de ser sacado—. Se van a arrepentir.

Maykol no respondió.

Miraba a Alelí.

La miraba de verdad.

Ella estaba intacta. Ni un rasguño. Respiraba tranquila, como si aquello no hubiera sido nada.

—¿Estás bien? —preguntó él, acercándose.

—Sí —respondió—. ¿y Tú?

—Bien.

Pero su mente ya no estaba tranquila.

Horas después, la fiesta se convirtió en una anécdota exagerada. Risas nerviosas, historias contadas una y otra vez. Nadie resultó gravemente herido y la universidad intentó minimizar el incidente. Y seguir con la fiesta.

—Graduación inolvidable —dijo Anita, intentando bromear.

Luis sonrió, aunque seguía pensativo.

—Definitivamente.

Maykol caminaba en silencio junto a Alelí.

—No sabía que peleabas así —dijo finalmente.

Ella lo miró.

—Aprendí a defenderme. Desde pequeña me molestaban en el barrio.

—Eso fue más que defensa —respondió él—. Fue… entrenamiento.

Alelí sostuvo su mirada.

—¿Eso te molesta?

—No —dijo—. Me preocupa.

Ella bajó la vista.

—No todo en mi vida es simple, Maykol.

Él asintió lentamente.

—Empiezo a darme cuenta.

La fiesta terminó como a la media noche Maykol y Luis dejaron a las chicas en sus casas.

Esa noche, cuando Alelí se quedó sola, se sentó en el borde de la cama.

Había cometido un error.

Por primera vez, había dejado ver demasiado.

Maykol no era tonto. Y la duda ya se había sembrado.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Alex Calderón recibía la noticia.

—Zurita estuvo involucrado —le dijeron.

El hombre sonrió con frialdad.

—Entonces… el juego acaba de empezar.

La flor seguía creciendo.

Y esta vez, había testigos.

1
Omaira Sanchez
😭 Quiero seguir 😭 leyendo,
Omaira Sanchez
Excelente, me tiene Atrapada,
Mariscal Morin
Que 💩 💩 💩 de padres
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
A la mad @***
Mariscal Morin
Estoy hasta sudando, 😅 😅 no manches 😅😅😅
Mariscal Morin
Tanto misterio 😊😊😊😊
Mariscal Morin
A la mamá, como que sintieron ñañaras 😊😊aber en que terminan
Mariscal Morin
Esta saliendo bien chingona 🌷🌷
Mariscal Morin
Que bella historia 🌷🌷🌷🌷🌷🌷
Mariscal Morin
Todo fríamente calculado, para vengar a sus padres 😟😟😟
Mariscal Morin
Me esta gustando mucho esta historia 😊😊
Mariscal Morin
No es bueno crecer con tanto odio 😟😟😟
Mariscal Morin
Pobresita niña 😟😟😟
Amelia Mirta Fernández
me encanta como se está relatando la trama. muy sutil.
Amelia Mirta Fernández
Me gusta hasta ahora..recién empiezo su lectura..
Amelia Mirta Fernández
Interesante comienzo. 👏👏👏👏👏🥰
Beatriz Elsa Ponzo
tienen que dejar de cortar la historia asi
Beatriz Elsa Ponzo
no tienen que cortar así
Beatriz Elsa Ponzo
hoy ya es 19 y como sigue. qye injusto cortar así
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