En una aparente familia armoniosa, la de los Condes Casiragui nace su tercera hija, Regina.
Regina Casiragui provoca una división sin motivos aparentes en la familia apenas nace, o al menos él Conde no lograba entender porque su esposa la Condesa Odeli odiaba tanto a la pequeña Regina.
Por suerte para Regina, su padre le brindó todo el amor que su madre le negó, pero un día eso cambia, la muerte del Conde provoca un drástico cambio en la vida de Regina.
Acosada por su madre y sus dos hermanas, hicieron de la vida de Regina un infierno, no conforme con eso inventaron miles de rumores sobre ella con la intención de aislarla del mundo social.
Años mas tarde Regina descubre el porque del odio de su madre, y se encuentra en una encrucijada para decidir sí tomar venganza contra ella y sus hermanas, porque después de todo Regina solo quiere vivir en paz.
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Capitulo 24: " Deseo"
Desde ese mismo lugar donde había ocurrido el accidente, el Duque escribió un mensaje y lo envío a la familia Casiragui y otro a la familia Imperial.
El Conde Augusto no era un noble cualquiera, y su muerte traería grandes consecuencias, la familia Imperial debía ser informada.
En la habitación que el mismo Conde había elegido cada detalle que tenía yacía en la cama un pequeño cuerpo que apenas se veía en la gran cama.
- Nana: [Cuando despertará Señorita... necesito que abra los ojos, necesito escuchar de su boca que está bien]
El doctor había dicho que había una leve mejoría, pero Karina no lo creería hasta ver que Regina le decía que realmente estaba bien.
Karina sostenía la mano de la pequeña y proclamaba plegarias a la diosa para que protegiera y sanará a la pequeña, entonces sintió un pequeño movimiento, al levantar su mirada se encontró con los ojos bien abiertos de la niña.
- Nana: Señorita! ¡ Gracias a la diosa! Señorita se siente bien!
Exclamó Karina mientras se acercaba intentando abrazar a Regina, pero se detuvo a medio camino recordando que la niña tenía un brazo roto y múltiples contusiones, además por lo que la pequeña dijo dijo.
- Regina: ¿por qué mi padre me dejó?
Pregunto la niña con un tono muy cerio, Karina se detuvo y la miró desconcertada, Karina organizo sus pensamientos antes de dar una respuesta.
- Nana: [esto... La Señorita debe estar confundida tras el accidente, supongo que deberé recordarle que el Conde tan solo está de viaje, pero de seguro ya está camino de regreso] Señorita... primero que nada me alegro de que haya despertado y Señorita el Conde no la dejó recuerde que estaba en un viaje de negocios, pero estará pronto aquí, fue informado sobre su accidente y conociéndolo estoy segura de que no tardará en llegar. ¿Por favor dígame Señorita cómo se siente? Llamaré al médico.
Regina no hablaba, su mirada se veía perdida, Karina se preguntó sí su extraño comportamiento se debía a estar varios días inconsciente.
Pero Regina estaba indagando en sus recuerdos recientes, luego de escuchar a Karina decirle que su padre estaba de viaje y no la había dejado, quería creerle, pero hace un instante había tenido un sueño o lo que fuera que se sintió tan real que era difícil hacerlo.
Todavía se sentía agitada por la sensación de ser abandonada, el dolor de que sentía no era una mentira, el solo pensar que no podría ver a su padre nunca mas la hacía sentirse horrible, de ninguna manera estaba preparado para eso.
- Regina: [¿Entonces mi padre no me dejó?.. Solo era un sueño... pero se sintió tan real, todavía puedo sentir su mirada distante y su voz fría diciéndome que no lo siguiera… Mi padre nunca me miró o habló de ese modo... si solo fue un sueño]
Regina parpadeó una par de veces al escuchar a su nana llamarla reiteradas veces.
-Nana: Señorita? Señorita? Me está escuchando?Por favor Señorita no se mueva iré a pedir que traigan al médico.
Karina se dirigió apresuradamente hasta la puerta de la habitación, cuando extendió su mano para tomar él picaporte, este se movió y la puerta se abrió, Karina se petrificó al ver a quien tenía en frente.
Regina que había seguido con su mirada cada movimiento de su nana, también se sorprendió al ver quién había abierto la puerta.
- Nana: ¿Condesa?
- Regina: ¿Madre?
Sus palabras fueron pronunciadas casi simultáneamente y con la misma intriga, ¿qué hacía la Condesa ahí?
Regina sintió un alboroto interno, su corazón se acelero nuevamente por la emoción y sus pensamientos comenzaron a jugar con sus sentimientos.
- Regina: [¿ qué hace mi madre aquí? ¿ ha vendido porque quiere verme, por qué está preocupada por mi? Mi madre... mí madre ha venido a mi habitación a verme...]
Una sonrisa se quiso expresar en su rostro pensando en aquello, pero se esfumó al ver la expresión en el rostro de la Condesa.
La condesa puso un pie en la habitación quedando a menos de un paso frente a frente de Karina que aún seguía inmóvil y dijo con una voz tan fría como la nieve.
- Condesa Odeli: ¿no te moverás del camino?
Karina sintió escalofríos recorrer su cuerpo, la sensación de sentirse diminuta al lado de la Condesa hizo que sintiera miedo, avergonzada Karina se puso a un costado e inclinó la cabeza pidiendo disculpas.
- Nana: Yo-yo lo siento! ¡Me disculpo Condesa!
Pero Karina fue ignorada por completo, la Condesa no se detuvo y siguió su camino hasta llegar a unos pasos de la cama en dónde Regina la miraba con los ojos bien abiertos llenos de sorpresa y curiosidad.
Mientras la veía de ese modo llena de admiración y emoción se dio cuenta de que no sabía que hacer en ese momento, debía saludar a su madre, pero estaba tan nerviosa que sus dolores se reactivaron, aun así intento saludarla.
- Regina: ho-hola...
La voz de la pequeña sonaba tan dulce y su expresión ansiosa esperando que le devolvieran el saludó pronto se borraron con la actitud y palabras de la Condesa.
Odeli estaba ahí simplemente parada observándola, sus ojos verdes no tenían una pisca de simpatía cuando miraba a su hija, sus ojos brillaban como esmeraldas con el reflejo de la luz de la tarde se veían hermosos, pero de igual forma inquietantes.
De todas formas Regina estaba encantada con la presencia y apariencia de su madre, aun cuando se sentía incómoda por la evidente frialdad con la que la miraba, su deseo era pensar que tan solo era una confusión y que esos no eran los verdaderos sentimientos de su madre hacia ella, pero Odeli se encargaría de aplastar eso deseos.
- Condesa Odeli: debes estar contenta con los resultados de tú escándalo?
- Regina: que...
Regina no entendía que era lo que su madre estaba diciendo, pero Odeli siguió hablando tan duramente, sin medirse, sin importarle nada, su desmedida falta de tacto y empatía era tanta que quién viera como le hablaba a la pequeña pensaría en primer lugar que era su enemiga y jamás que fuera su hija.
- Condesa Odeli: ¿debes estar feliz por haber logrado arruinar mi vida la de? Ofelia y Olivia? Lo sabía, lo sabía desde qué naciste tú eres como una bestia.
Los ojos de Regina temblaban desconcertados, la rudeza de su madre la estaba asustado, además no lograba darle sentido o coherencia a todo lo que estaba diciendo, mientras su cuerpo temblaba y su voz se cortaba encontró un breve momento para hilvanar una oración.
- Regina: Ma-madre yo no entiendo que... no entiendo que es lo que quieres decir.
- Condesa Odeli: ¿madre? ¿Quién te dio el derecho a llamarme así?
Regina se estremeció al escuchar el innegable rechazó de su madre, su mente confundida trataba de justificar eso, por qué no quería creerlo, no quería creer que su madre la despreciaba.
- Regina: bue-bueno yo lo siento, lo siento.
- Condesa Odeli: Si como una bestia... Es así una bestia que primero intentó arrastrarme a mí y ahora lo arrastre a él.
Regina estaba temblando y en el borde de sus ojos sus lágrimas comenzaban a acumularse, no entendía nada, no sabía por qué su madre la estaba maltratando de ese modo y suplicaba que su padre entrara en cualquier momento para librarla de esa situación tan angustiante, lejos estaba eso de suceder.
¿- Condesa Odeli: mírame a la cara niña y dime que se siente ser la causante de la muerte de tu propio padre?
La Condesa soltó esas palabras que llegaron a los oídos de Regina e hicieron que sintiera que agua fría fue lanzada sobre ella, detenido su respiración por un instante, paralizado su cuerpo, haciendo que escuchará claramente los rápidos latidos de su corazón, el sonido parecía llenar la habitación, Regina paso saliva intentando recuperar su voz, con miedo pregunto.
- Regina: ¿ qué-que ha dicho?
- Condesa Odeli: No has escuchado? Lo repetiré niña, el Conde Augusto Casiragui está muerto, ¿tienes curiosidad por saber como murió? ¡Pues es debido a ti! ¡Corrió de regreso sin importarle el mal clima y fue aplastado por una avalancha! ¿Puedes usar esa cabeza y entender que esto es tú culpa?
Karina que había escuchado todo llegó corriendo y se interpuso entre la Condesa y Regina y olvidando complemente el miedo que había sentido hace un instante y grito con evidente disgusto en el rostro de la Condesa prácticamente.
¿- Nana: ¡Señora esto está siendo muy desagradable, usted que es una dama porque está haciendo esto!
Odeli levantó su mano y abofeteo sin dudarlo dejando su mano marcada en el rostro de Karina, con la mirada de desagrado sentenció.
- Condesa Odeli: Igualada quién crees que eres para pararte frente a mí con la frente en alto y hablar sin que te lo pidiera?
Odeli regreso su mirada a Regina que estaba paralizada, parecía estar en shock, y repito tan fríamente.
- Condesa Odeli: mira esa expresión, ¿acaso es culpa? Deberías sentirla por qué gracias a ti tu padre está muerto.
La Condesa volteó y salió de la habitación sin decir más, Karina estaba impactada y casi que no podía procesar que lo que la Condesa había dicho era verdad, pero no tenía ningún sentido que inventara algo como aquello.
Karina volteó desesperada por ver la reacción de Regina, pero la pequeña seguía paralizada, ojos llenos de confusión, era evidente que estaba en negación.
Karina deceo que solo fuera una mala broma que el Conde estuviera muerto pero ahora debía asimilarlo y ser fuerte para poder ser el sostén y consuelo de la niña.
... si se puede se compra tres caballos y si solo hay para comprar uno es de las tres...este hombre me cae mal
... es peor que la mujer...porque él dejó a dos hijas