Lady Selenia BellaFleur, una distinguida dama de la aristocracia en el reino de Castello, será ejecutada a pedido de su ex prometido el príncipe heredero y ahora esposo de su media hermana debido a los muchos crímenes cometidos hacia ella quien tomó todo el amor para si misma incluido el cariño de su padre y el afecto de quien fue su prometido. En los minutos finales de su existencia y con la muerte tan cerca Selenia ruega por una nueva oportunidad y es así que sus súplicas son oídas y gracias a la voluntad del dios del tiempo logra retornar al día exacto de la llegada de su hermana y en el que sus problemas iniciaron.
Dispuesta a cambiar su funesto destino Selenia la villana está dispuesta a todo por evitar su desenlace y de esa forma impedir que su bandera de muerte se alce.
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"En las pacíficas aguas de tus ojos, yo estoy a salvo"
...XIII...
^^^Callisto^^^
Y yo la contemplo, siempre la contemplo.
Mis ojos se llenan enteramente de ella y me pierdo en su mirada, en la fragilidad de su alma y puedo sumergirme en esos bellos orbes y dejarme arrastrar por el agua que se encuentra en su interior, me sumerjo en ellos y navego en un mar en medio de la noche con un cielo estrellado reflejadas en las pacíficas aguas de sus ojos.
La amo.
Sujeto su rostro con suavidad y siento la tibieza de sus mejillas, es tan encantadora que la tentación me domina y quiero besar aquellos labios que me invitan, pero no puedo, no me atrevo y en su lugar la abrazo como si el viento del norte quisiera arrebatármela de los brazos, como si la simple brisa pudiese alejarla de mi lado y entonces yo me veré obligado a luchar incluso contra los dioses con el fin de mantenerla a salvo.
Oh preciosa nereida, tú que desconoces el alcance y poder que posees sobre mí, tú que ignoras el infinito amor que te tengo, mírame y calma el fuego de mi alma que ahora arde en deseo de justicia y venganza porque es mi anhelo destruir a quien hizo que de tus ojos lloviera. Pero sé que tu corazón es bueno y una palabra tuya bastara para calmarme y entonces como un río calmo he de retornar a las aguas de tus mares y me mezclaré con ellas y seremos uno solo.
―Callisto ―la escucho llamarme y le sonrió porque en ella mi nombre suena como una melodía y reconozco que se ha convertido en mi mayor debilidad.
Ella es la única que me mira con amor y su voz acaricia mi nombre endulzándolo, ella se acerca cuando otros huyen, ella me tiende la mano cuando otros apuntan sus espadas en mi contra, ella seca el sudor de mi frente cuando me encuentro agotado de emprender mi lucha en contra del mundo.
―Eres hermosa ―incluso mis pensamientos me traicionan y le declaro mi amor ―. Tan hermosa como un cielo nocturno cubierto de diamantes.
― Es curioso ―ella me sonríe ―. ¿No fue ese el primer cumplido que me hiciste? Aquella noche en los jardines, cerca al lago tú…
―Esa noche yo caí rendido ante ti Selenia.
Es dulce verla enrojecer, sus mejillas se ven tan lindas, es como una niña, incluso alguien quien se hace llamar “villana” puede hacer una expresión tan encantadora como esa y con ello yo termino de rendirme a sus encantos. Mis manos se deslizan por sus cálidas mejillas y ella cierra los ojos privándome de aquel océano más cuando sujeto sus manos ella los abre nuevamente y entonces yo vuelvo a vivir en ellos.
―No deberías decir eso ―me dice ―. Si alguien te oyera podría pensar que tú…
―Que yo qué ―insisto ―. Dímelo Selenia ―y mi aliento roza el suyo y es ese calor que nos envuelve.
―Que tú planeas casarte conmigo, yo… una dama rechazada, una bruja de otro reino… ―noto dolor en sus palabras y percibo como un nudo en su garganta se empieza a formar ―. Una Sidérea maldita.
―Y si es así ¿Me rechazarías?
― ¿Cómo? ―sus hermosos ojos se abren por la sorpresa.
―Si deseo hacerte la emperatriz ¿Me negarías tu mano?
―Majestad ―y sus dedos se resbalan de los míos, pero los atrapo antes de que logre alejarse ―. Si usted hace algo como eso entonces…
―Entonces que.
―Entonces su reputación se verá empañada y los enemigos del imperio aprovecharán ese hecho para conspirar y derrocarlo. Todo por lo que tanto lucho, el sacrificio que tuvo que hacer para vengar a su padre y recuperar el imperio de las manos de su tío habrá sido en vano.
Entones esa es la preocupación que la agobia. Beso su frente con ternura intentando alejar esos pensamientos.
―El peligro existe en todo lado y no me libraré de él incluso si acepto a una dama escogida por mis enemigos como emperatriz, sé que ella no dudara en clavarme un puñal por la espalda y otorgarle la corona a su padre. No me libraré del destino que he aceptado.
―Callisto ―murmura.
―Soy un tirano Selenia, es tal cual, y como dijiste, soy un asesino que no teme en atacar antes de ser atacado, cuya espada se ha bañado por completo de la sangre de sus enemigos y fue mi espada la que le corto la cabeza a mi propio tío y la arroje a los perros para que se lo devoraran y desmembré su cuerpo en venganza por haberme arrebatado a mi padre y a mi madre.
¿Por qué tus ojos me observan con lágrimas Selenia? ¿Por qué tus finos dedos me tocan la mejilla? No puedo creerlo, estoy llorando. Incluso las lágrimas de un asesino se vuelven puras en tus manos.
―No tienes que revivirlo, si es tan doloroso no lo traigas de nuevo.
―Mi querida Selenia ―acaricio sus manos ―. No voy a negar quien he sido, no renegaré de mi pasado y mis acciones y no mentiré diciendo que no me arrepiento cuando lo cierto es que en el fondo disfrute hacerlo. Soy ese tirano al que todos temen, amada mía, soy esa bestia que destroza todo a su paso y usa el miedo de sus enemigos a su favor. Soy Callisto el que todos repudian en el fondo y reciben con falsas sonrisas.
―Callisto.
―Pero contigo pude disfrutar de la libertad de ser Lindel y pude amarte desde esa primera noche en el que te vi. Tan solitaria como la luna en el cielo, tan hermosa y resplandeciente como una joya única oculta en un bosque. Y en tu rostro tus lágrimas eran como cristales, como él roció de una rosa y descendían lentamente. El dolor en tu rostro y la desesperación en tu mirada hicieron que anhelara secar tus lágrimas. Fui atrevido en abrazarte, pido perdón por eso, aunque en el fondo no me arrepienta.
―Te perdono ―ella responde con suavidad y una sonrisa se dibuja en su rostro.
Selenia, ¿tienes idea de lo que provocas en mí?
Ya es muy tarde y ella debe de estar agotada, sé cuánto desea descansar y aunque quisiera pasar más tiempo a su lado debo respetar sus deseos. La acuesto en la cama y me aseguro de que sea lo suficientemente cómoda para hacer de su descanso placentero.
―Espera ―ella dice sujetando mi mano en el instante en el que me incorporo de aquel lecho ―. No te vayas.
Acaricio su rostro y beso su frente, está asustada y puedo ser capaz de sentirlo. Admito que me complace aquella petición porque si yo hubiese sugerido entonces podría ofenderla aun cuando mis intenciones sean las más puras. Ella es una dama honorable y sé cuánto le importan las formas correctas, aunque también es impredecible como una inesperada brisa en el día más caluroso y eso la hace aún más maravillosa.
―No me iré de tu lado nunca si eso es lo que me pides ―es mi respuesta recostándome a su lado y atrayéndola cerca de mi cuerpo.
En la cercanía nuestros rostros se encuentran tan próximos que puedo ver a la perfección sus pestañas plateadas que como dos pequeñas alas revolotean graciosamente. Deseo tocarlas y poder sentirlas.
―Es mi primera vez lejos de casa ―murmura con nerviosismo ―. Quiero decir, la mansión del duque ―. Es mi primera vez lejos del reino.
―Lo que llamas casa o reino no serán más que ruinas en el futuro ―le digo en una sonrisa buscando levantarle un poco los ánimos.
―No es gracioso ―ella dice.
―¿No lo es? Yo lo encuentro divertido, ¿Qué es un reino sin rey? ¿Un noble sin posesión? Es un reino desvanecido, un templo en donde no yace un dios. Un mundo en donde no te encuentras tú.
Un reino que dejo ir a una Sidérea, no debe ser uno muy listo.
― ¿Qué es un mundo sin Callisto? ―dice ella y es en sus ojos en donde puedo reflejarme y sé que ella también puede ser capaz de verse en los míos ―. Un imperio sin su sol.
―No necesito de un imperio para sentirme poderoso, solo con tomar tu mano basta para que sea invencible y entonces habré sido capaz de conquistar el mundo.
Oh mi preciosa Selenia, oh la hermosa luna de mi cielo, ¿Qué es de un sol sin su luna? ¿No es una noche negra sin estrellas? ¿No es el vacío del alma? Tú que me calmas y me llamas a sumergirme en tu pecho como un ángel nocturno, regálame la dicha de permanecer en tu corazón por siempre.
Y ella reposa entre mis brazos, quieta y silenciosa y su rostro muestra tanta apacibilidad como si el mundo a nuestro alrededor desapareciera. El cansancio obliga a que sus ojos se cierren y su respiración se vuelve suave y lejana y temo que al tocarla ella se desvanezca de mis brazos. Está dormida y yo, agotado, también caigo rendido.
...***...
El alba llega y yo despierto a su lado, con cuidado aparto los cabellos de su frente y la contemplo un poco más antes de que deba retirarme. Es la primera vez que duermo tan cómoda y profundamente, es la primera vez que sueño con algo que no fuese solo sangre y fuego. Es momento de que me vaya, debo hacerlo, aunque no quiera. Con cuidado me incorporo y la cobijo asegurándome de que continuase con su descanso.
―Que los cielos bendigan al sol del imperio ―alguien me asalta en medio del recorrido ―. Deimos Fleuret de la casa Fleuret lo saluda.
Asiento con la cabeza y modifico mi recorrido de mí recámara hacia el despacho del emperador.
―Lord Deimos ―digo ―. Que motivador encontrarlo tan temprano.
―Es necesario, alteza imperial, únicamente cumplo con mis obligaciones como su secretario. He logrado mantener las cosas en orden en su ausencia, pero aún hay documentación muy importante que merecen de su observación. La construcción del nuevo hospital es de prioridad, he traído una copia del contrato y de un balance sobre el costo de la infraestructura. También los consejos de nobles se reúnen hoy a las 11:00 am, y es crucial su presencia. Ellos solicitan una audiencia.
―Puedo ser capaz de adivinar cuáles serán sus pedidos esta vez. El mismo de siempre desde los últimos cinco años. El territorio de los Sidérea y todas sus posesiones.
―No creo que eso sea posible ahora, alteza, no cuando la heredera de la casa acaba de aparecer. Ella es la legítima dueña de todo.
― ¿Y cuál es tu opinión al respecto? ―detengo mi andar y me enfrento a ese joven que me observa tras esas gafas que usa para ocultar su mirada sagaz ―. Es cierto ―recuerdo ―. Fuiste tú quien la expuso.
Deimos se arrodilla y clava su cabeza al suelo en un gesto de total arrepentimientos y pidiéndome piedad. Es lo menos que puede hacer por haberse atrevido a exponer a Selenia y hacerle pasar un momento tan amargo. No sería difícil para mí deshacerme de él. He matado por mucho menos que eso, pero el haber pasado la noche con Selenia me puso de buen humor y considero además que encontrar otro secretario sería tedioso y no poseo tiempo ni paciencia para eso.
No lo mataré por ahora.
―Piedad, sol del imperio.
―Incorpórate ―ordeno y él obedece como un niño a la orden de un adulto.
―Le juro que yo…
―No quiero tu juramento ―declaro ―. Eres un hombre inteligente lord Deimos, pero no fue solo por tu inteligencia la razón de que te escogiera. Fue por tu discreción y en un mundo como este en donde una cualidad tan valiosa y poco vista como esa es tan escasa contar con un sirviente que la posea es una bendición ―le dirijo una mirada severa y de advertencia esperando que capte la intensión en mis palabras ―. No haga que me arrepienta de eso.
―Le doy mi palabra majestad emperador.
Con la advertencia declarada doy por finalizado ese asunto.
―Envía mi desayuno al despacho y dispone para que el servicio atienda a lady Selenia como se merece. Separa a quienes se vieron involucrados en la conmoción del otro día y remplázalo por nuevo personal.
―A sus órdenes emperador.
―Espera … ―giro de nuevo hacia él ―. ¿Qué sería un buen presente para una dama?
― ¿Emperador?
―Una dama, lord Deimos, ¿acaso nunca le ha hecho un presente a una señorita? ¿Qué sería bueno darle? Usted tiene 10 hermanas menores, ¿verdad?
―Bueno ―empieza él recuperándose al parecer de la sorpresa inicial ―. Le gustan los vestidos, las joyas, también están los zapatos y flores. La orquídea está en temporada, si usted me permite puedo pedir un enorme ramo de estas para hacerle presente a lady Selenia.
¿Acaso soy tan predecible?
―Organiza un día de compras para Selenia, aquí en el palacio, trae todos los hermosos vestidos que puedas, más te vale que sean todos, zapatos, joyas ten todo listo para ella y haz que elija todo lo que desee.
―Claro majestad, lo tendré listo para mañana, será una hermosa experiencia para Lady Selenia.
―No ―digo ―. Para ahora, tienes dos horas secretario, Selenia tiene que estar lista para la reunión del consejo de los nobles en donde ella asistirá y será presentada como Selenia Sidérea la heredera de Antares.
― ¿Dos horas? ¿¡Dos horas mi señor!? Tenga piedad de mí.
― ¿Debo acordarme acaso de tu falta del otro día?
―Oh, no por supuesto que no alteza ―Deimos tiembla como una hoja ―. Yo lo haré, cumpliré sus órdenes y satisfacer sus expectativas.
Y sé que así será, porque Deimos es bueno en su trabajo y si valora su vida entonces hará todo al pie de la letra. Lo veo correr como un ratón asustadizo chocando contra los sirvientes y demás personas que transitan para comenzar con sus obligaciones diarias. Es divertido, pero, aunque lo disfrute no me queda mucho tiempo, si mi deseo es ver a Selenia de nuevo debo yo también terminar mi trabajo.
...***...
Es tan agotador, todo es tan agotador, el tiempo parece lucir eterno cuando se anhela el paso de las horas solo para ver por un instante a Selenia. Al fin he concluido con mi trabajo y me veo libre para ir a su encuentro. Nunca antes unos estos pasillos me parecieron tan largos e infinitos ni mucho menos había lucido tan ansioso en mi vida, ¿Así es como se siente? Es como desear que el amanecer llegue pronto, como anhelar que la primavera ponga fin al invierno.
―Majestad ―antes de que logre ingresar al gran salón del palacio Deimos sale a mi encuentro incluso más presuroso que yo más al verme noto alivio en su rostro ―. Alteza imperial, en este momento iba a reunirme con usted.
― ¿Cómo está ella? ―intento dominar mi nerviosismo y mis ganas de verla luciendo uno de los vestidos escogidos especialmente para Selenia.
―Lady Selenia agradece la generosidad del emperador, es una dama encantadora.
Me abre paso y yo ingreso y en cuanto lo hago puedo ver que como siempre Deimos ha podido cumplir con exactitud mis órdenes. Hay vestidos hasta por el techo, miles y miles de metros de aquel salón ocupados por estantes y probadores con vestidos de todos los colores, tipos y texturas. Y en medio de todo eso, luciendo perdida y aun confundida Selenia se encuentra observando las muestras que las doncellas le proporcionan y procurando elegir cuales eran de su entero agrado.
―Saludos sol del imperio ―al verme ella hace una reverencia ―. Agradezco a su alteza su generosidad y las molestias que se toma conmigo.
No cabe duda que es encantadora.
―No tiene nada que agradecer es solo un pequeño presente de mi parte.
―Esto no tiene nada de pequeño y modesto ―ella me sonríe y siento que el cansancio que me dominaba a causa del trabajo se disipa de mis hombros ―. Se podría abrir 30 boutiques con todos estos vestidos.
Paseamos un momento por el salón, observo como ella acaricia las telas y con ayuda de su doncella Annelise decide cual combina a la perfección con su estilo. Para mi todos se verían hermosos en ella pero ¿Quién soy yo para cuestionarla? Me divierto tanto pasando mis horas con mi querida Selenia
―Supongo Lady Selenia que usted ya está al tanto de la reunión que se llevara a cabo en un par de horas ―empiezo colocándome mi mentón cerca de su hombro aprovechando que no hay nadie cerca de nosotros y nos podemos encontrar en la privacidad de los miles de vestidos que nos rodean.
―Estoy al tanto y comprendo la importancia de mi presencia.
― ¿No está asustada?
―No lo estoy ―ella responde con seguridad y firmeza ―. Es algo que se debe de hacer tarde o temprano ¿no es cierto? Mi presencia no tardara en hacerse notar y todos sabrán que la hija de Antares se encuentra en el palacio.
―Debo admitir que me gustaría ver sus reacciones ―le confieso esbozando una sonrisa ―. No se lo esperaran.
O puede qué si lo hagan, la conmoción del otro día fue tan grande que no me extrañaría que hubiese logrado filtrarse hasta los círculos más íntimos y justo ahora estuviesen planeando su contra ataque. Pero Selenia no es una dama que se deja intimidar con facilidad y estoy seguro que ella sabrá enfrentarlos sin problema alguno.
Ella se prueba un hermoso vestido azul nocturno que elegí para ella, un vestido que me recuerda a ese mismo cielo cubierto de estrellas de la noche en que la conocí. Le queda perfecto, como si hubiese sido diseñado para ella y sus impresionantes ojos azules sobresalen como si fuesen dos preciosas joyas. Ella es perfecta y no puedo dejar de mirarla. Soy como un ciego que recupero la visión y ahora contempla la luz de un nuevo día por primera vez.
―Hermosa ―digo y ella al oírme se sonroja.
―Majestad.
―El azul nocturno es el color de la familia Sidérea ―interviene Deimos. ¿Se encontraba presente? Ni tan siquiera lo noté ―. Sin duda es un vestido que proclama por lo alto quien es usted lady Selenia.
―No ―lo corrijo ―. Lady Sidérea, ese es su legítimo nombre.
La estrella que ahora resplandece en mi imperio.
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Próxima actualización: 13/05/2022