el viaje de un sangre bastarda para convertirse en un héroe.
NovelToon tiene autorización de Proa94 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
el dragón divino
Mientras cruzaba los enormes portones dorados del palacio en la cumbre, la atmósfera del lugar me golpeó de inmediato. Todo se sentía antiguo, detenido en el tiempo. Montañas de oro macizo, armaduras de aleaciones perdidas y reliquias de valor incalculable yacían a la mano, como si cualquier ladrón pudiera simplemente entrar y llevarse lo que quisiera; sin embargo, nadie jamás se había atrevido a acercarse. El aroma en el aire era completamente extraño: no olía a humedad ni a tierra muerta, sino a una fragancia pesada, ozonizada y casi eléctrica que jamás había percibido.
Sabía perfectamente que aquí se encontraba la criatura que había aplastado al Mago Real y humillado a mi abuelo, el Rey Elfo. Si aquellos dos colosos no habían podido hacerle ni un rasguño, las probabilidades de que yo saliera con vida eran prácticamente nulas.
Pero mi padre siempre me había enseñado que la espada no solo servía para enfrentar a enemigos más débiles que uno, sino para idear soluciones contra adversarios que te superaban abrumadoramente en poder. Tenía que ser astuto, apelar a la estrategia y observar cada detalle. Sea lo que fuera lo que me aguardaba, lo enfrentaría con la cabeza fría.
Conforme avancé por los pasillos de mármol rúnico, desembocé en una cámara colosal. Era una sala inmensa cuyas paredes se perdían en la penumbra, atestada de torres formadas por millones de monedas de oro y tesoros. El ambiente era extrañamente cálido, casi divino, como si hubiera cruzado las puertas del cielo mismo.
De pronto, la enorme montaña de oro al fondo de la sala comenzó a desplazarse con un estruendo metálico. Una extremidad escamada de color plateado oscuro, de proporciones titánicas, asomó entre las joyas. ¿Acaso era un Dragón Nivel Emperador? De ser así, la pelea sería difícil pero manejable.
Sin embargo, cuando la criatura emergió por completo, su postura rompió con cualquier esquema conocido. No era la de una bestia hambrienta, salvaje o frustrada; se irguió de forma recta, adoptando una postura de flanqueo disciplinada, clavando en mí unos ojos inescrutables.
Desenvainé la Espada de las Cinco Voluntades con un pulso firme, pero la criatura solo se quedó observándome sin hacer un solo movimiento. Por un segundo pensé que tal vez su vista estaba fallando debido a su extrema longevidad. Sin embargo, al lanzarme a toda velocidad hacia su pata derecha para intentar un tajo preventivo, la simple presión de aire generada al levantar su extremidad me arrojó violentamente hacia atrás.
Aterrizando de rodillas, me incorporé de inmediato y alcé el acero en guardia.
—¡Maldita bestia! —grité, respirando con agitación—. ¡No dejaré que me acabes tan fácilmente!
La criatura emitió un sonido grave que resonó en los cimientos del castillo, articulando palabras con una perfección asombrosa:
—¿Hombre...? No... Mestizo. La sangre de Lucius corre por tus venas.
Me detuve en seco, boquiabierto.
—¿Qué...? ¿Hablaste? Es imposible... Los dragones no hablan. ¡Esto debe ser algún tipo de ilusión o trampa mental!
—Puedo hablar, mestizo, y hacer muchas cosas que tu mente jamás podría siquiera imaginar —respondió el dragón con absoluta calma—. Así que dime... ¿qué haces aquí? Debe hacer décadas desde la última vez que vinieron a visitarme dos elfos: un mago y un fanfarrón que blandía esa misma espada. ¿Vienes por el collar también, o por alguno de los otros tesoros de mi cámara?
—¡Es imposible! —exclamé, sosteniendo el arma con fuerza—. ¿Cómo es posible que hables? Jamás en mi vida había escuchado de un dragón con la capacidad de raciocinio y el don de la palabra... De todos modos, no importa lo que seas. ¡Necesito ese collar!
—¿Y para qué deseas semejante objeto? ¿Avaricia? ¿Poder? ¿Deseo de conquista?
—Este collar me servirá para cumplir una condición real en el reino de Antiqua... para limpiar mi nombre, el de mi familia y el honor de una compañera.
El coloso plateado inclinó levemente la cabeza, emitiendo un suspiro que sacudió las monedas de oro a su alrededor.
—Las criaturas de este mundo son fascinantes... tan ambiguas. Algunas simples, otras insignificantes y unas cuantas verdaderamente interesantes. Aquellos dos elfos no despertaban el menor interés en mí; pero tú, mestizo, has logrado cautivar mi atención. ¿Me dirías tu nombre?
—Adamas Skógarins.
—Oh... El hijo de el amante de Alura.
—¿Conoces a mis padres?
—Yo lo sé absolutamente todo y lo he visto todo desde el principio de los tiempos —sentenció el dragón—. Así que dime ahora, Adamas... ¿Qué vas a hacer? No posees el poder para vencerme. Si aquellos dos elfos, que poseían un poder y una habilidad mágica impresionante, no me hicieron ni cosquillas... ¿Qué crees que podrás lograr tú con tu insignificante fuerza?
Apreté los dientes, sintiendo la furia y la determinación mezclarse en mi pecho.
—Haré lo que sea necesario. Necesito ese collar. Tengo que llevarlo de regreso... o morir en el intento.
—Jajaja... Muy bien. Aplastarte en este instante sería aburridamente predecible, y ya que has despertado mi curiosidad, joven Skógarins, te propondré un trato.
—¿Un trato?
—Quiero que pongas a prueba la Espada de las Cinco Voluntades y me muestres si de verdad sabes lo que portas.
—¿Activativa? ¿De qué hablas? —pregunté, frunciendo el ceño—. La he blandido con honor en incontables combates y he podido cortar todo lo que se ha puesto en mi camino.
—Jajaja... Hablas de ella como si fuera un simple trozo de hierro que puedes comprar en cualquier armería de los asentamientos humanos —replicó el dragón con soberbia—. En tus manos posees un arma divina forjada en el origen de las estrellas. Lucius hacía maravillas con ella; en manos mortales, en cambio, parece un simple instrumento bárbaro. Ni siquiera aquel Rey Elfo supo jamás cómo canalizar su verdadero potencial.
—Bien... Si se puede utilizar de otra manera, dime cómo y te juro que aprenderé aquí mismo.
—Pues la respuesta se encuentra esculpida en su propio nombre: es un arma que canaliza las cinco voluntades de su usuario: Valor, Coraje, Esperanza, Confianza y Amor.
—Yo poseo todo eso... ¡He luchado por cada una de esas razones! —protesté, alzando la hoja—. La he usado en combate una y otra vez y jamás obtuve resultados distintos a un corte normal.
—Porque la sigues viendo como un trozo de metal afilado. Todas esas voluntades, incluso si las posees en tu interior, no sirven de nada si no sabes cómo proyectarlas a través del acero y si careces de confianza absoluta en ti mismo. Esta espada es capaz de cortar absolutamente todo en la creación... incluso la magia y el maná mismo. Sin embargo, para alguien que la empuña con dudas, no es más que una espada común y corriente. Alastor, el héroe de los elfos —tu padre—, logró invocar su verdadero brillo una única vez contra el general del Dios Demonio; sin embargo, al ser humano, el esfuerzo lo dejó al borde de la muerte. Pero tú... al portar sangre mixta elfa en tus venas, posees la afinidad biológica perfecta para sincronizarte con ella. Así que dime, Adamas... ¿Aceptas mi desafío?
—¡Sí! ¡Acepto! Dime qué debo hacer.
El dragón adoptó de inmediato una postura de carga, abriendo ligeramente las fauces mientras una luz incandescente y destructiva comenzaba a acumularse en su garganta, iluminando la inmensa cámara con destellos divinos.
—Voy a lanzarte mi Aliento Divino... Una emanación de poder puro capaz de borrar continentes enteros del mapa. Si logras interceptarlo y cortarlo con la espada... el collar es tuyo.
—¿Qué...? ¡Espera, no! —grité, sintiendo que el terror me helaba la sangre—. ¡Me vas a matar con eso y a destruir toda la montaña! ¡Detente...!