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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Bajo la manta gruesa convertida en su cuartel secreto, los dedos de Rayan danzaban veloces sobre el teclado. Con la memoria fresca de las técnicas que alguna vez le había mostrado el tío Ramiro, el niño genio logró colarse por una grieta de seguridad y entró en la cuenta interna de Bruno, el asistente personal de Edgar Alcázar.

Allí aparecían, con toda claridad, los documentos de la agenda diaria del presidente ejecutivo. A Rayan se le abrieron los ojos de par en par al leer la línea correspondiente al martes.

—¡Por fin conseguí la información! —dijo Rayan con una sonrisa satisfecha.

—¿Qué información, Rayan? —susurró Zayan, curioso, acercando la cara a la pantalla de la laptop.

—¡Edgar Alcázar va a venir a nuestro pueblo a inaugurar la colocación de la primera piedra del resort nuevo, el que está cerca de la villa de ayer por la tarde, Zayan! Parece que el abuelo de la silla de ruedas sí tiene que ver con Edgar Alcázar.

Zayan miró a su hermano con cara de duda.

—Entonces... ¿los quieres ir a ver?

—¡Claro que sí, Zayan! ¡Tenemos que encontrarnos con Edgar Alcázar y confirmar si es o no nuestro papá! —afirmó Rayan, lleno de seguridad. Sin perder tiempo, cerró todos los programas y apagó la pantalla de la laptop.

—Ojalá podamos encontrarnos con Edgar Alcázar; yo también tengo curiosidad, a ver si nos parecemos tanto... pero ¿y si mami se entera?

—Eso es fácil de arreglar; le voy a pedir ayuda a Kiko y a los demás, y el martes nos lanzamos directo a la villa embrujada, ¿va? —dijo Rayan, levantando el pulgar.

—Va, hermano... ¡ojalá nos salga bien el plan! —respondió Zayan, lleno de esperanza.

*

En un lujoso departamento de la ciudad, Bruno despertó de golpe cuando su celular se encendió y disparó una alarma de emergencia. Alguien acababa de atravesar los protocolos de seguridad y entrar en su cuenta personal.

Bruno se apresuró a abrir la laptop de trabajo y a rastrear la dirección IP del intruso.

—¿Cómo? ¿El pueblo de San Isidro? —murmuró Bruno, sin salir de su asombro, frotándose los ojos—. ¿Quién demonios habrá hecho esto? ¿Será acaso Daniel? Ay... no, imposible, ¿cómo va a hacer Daniel algo así, si es un desastre con la tecnología?

Al día siguiente, en el edificio del Grupo Alcázar, Bruno entró en el despacho de Edgar para entregarle el informe del presupuesto de los inversionistas que se discutiría en la junta del día siguiente. Pero, antes de salir, decidió reportar el ataque de la noche anterior.

—Señor, anoche pasó algo extraño. Alguien hackeó la cuenta interna de la empresa y también mi cuenta personal —informó Bruno, dudando.

—¿Qué? ¿Alguien hackeó la cuenta de la empresa y la tuya, Bruno? —Edgar se irguió de golpe en su imponente sillón, sobresaltado. Le brillaban los ojos de rabia—. ¿Quién se atrevió a hacer esto, eh? ¡Qué insolencia! ¡Averigua de inmediato quién fue!

Bruno se inclinó, inquieto.

—Perdón, señor... Pero, al rastrearlo, el servidor que anoche hackeó mi cuenta y la de la empresa venía del pueblo de San Isidro. El mismo pueblo que usted va a visitar mañana.

Edgar frunció el ceño con fuerza. La mente se le llenó de incredulidad. ¿Cómo era posible que en un pueblo remoto, en la ladera de una montaña, hubiera alguien capaz de vulnerar los sistemas de seguridad de un conglomerado gigante como el suyo?

*

Muy temprano por la mañana, el bullicio de la celebración del Día de la Independencia ya se sentía en el pueblo de San Isidro. Rayan y Zayan lucían muy elegantes con su uniforme de primaria completo, con gorra y corbata. Ariana encendió el motor de su motoneta, lista para llevar a los gemelos, ya que la escuela quedaba bastante lejos de la casa, aunque en la misma dirección del local que había alquilado para el negocio de la lavandería.

—Niños, al salir de la escuela vénganse directo al local, ¿sí? Ahí vamos a estar Larisa y yo —dijo Ariana, medio a los gritos para hacerse oír contra el viento de la mañana.

—¡Sí, mami! —respondieron los gemelos al unísono, con la cara radiante.

Mientras tanto, en la ciudad, la oficina del Grupo Alcázar seguía en plena actividad a pesar de ser feriado nacional. Edgar, Bruno y algunos empleados escogidos trabajaban a destajo para cerrar los asuntos urgentes antes de la inauguración del resort al día siguiente; claro está, a cambio de un buen bono.

Pero la curiosidad de Edgar estaba al rojo vivo desde que había sabido que el ataque al servidor provenía de San Isidro. Y más todavía después de que, al mediodía, don Fernando lo llamara para contarle, exaltado, que se había topado con dos niños gemelos de siete años cuyos rostros eran clavados al de Edgar de pequeño.

Esas dos pistas hicieron que el pecho de Edgar se encendiera de pronto. El rostro de Ariana Rivas, la mujer que llevaba siete años buscando sin resultado, volvió a dibujarse en su mente. Nunca supo que la razón por la que le había sido imposible rastrear a Ariana era el trabajo minucioso del comisario Ramiro, que le había falsificado la identidad para protegerla de la amenaza de David.

Edgar se levantó de su imponente sillón cuando el día empezaba a declinar.

—Bruno, prepara el jet privado. Salimos para San Isidro esta misma tarde.

Bruno se sobresaltó.

—¿Está seguro de ir esta tarde, señor?

—Segurísimo, Bruno. No sé por qué, pero siento que allá hay algo que se me escapa. Despeja mi agenda por una semana entera. Tengo la esperanza de encontrar allá lo que llevo tanto tiempo buscando —afirmó Edgar, con absoluta convicción.

Bruno asintió, obediente.

—Entendido, señor. Voy a preparar todo, incluida la logística de la colocación de la primera piedra de mañana.

Cuando Bruno salió, Edgar volvió la vista hacia su escritorio y tomó la foto de carné de Ariana con uniforme de secundaria. Con los dedos acarició, suave, el bello rostro de la imagen.

Ojalá mi corazonada sea cierta y pueda encontrarlos en San Isidro... Espérame allá, Ariana. Te prometo que los voy a encontrar, se juró Edgar por dentro.

En su jet privado, Edgar llegó a San Isidro antes de lo previsto y se dirigió de inmediato a su villa.

A esa misma hora, Rayan y Zayan estaban en el local ayudando a Ariana y a Larisa a separar la ropa de la lavandería. El local, en efecto, quedaba a poca distancia de la villa de lujo de Edgar. En una pausa de sus tareas, Rayan salió a la puerta y miró hacia la planta alta de la villa que antes creían embrujada.

Detrás del ventanal del segundo piso, iluminado por una luz tenue, se recortaba la silueta de un hombre fornido que le resultaba muy familiar. Aquel hombre era Edgar Alcázar, de pie, contemplando la belleza del cielo nocturno de San Isidro, salpicado por millones de estrellas.

Desde abajo, Rayan y Zayan, uno junto al otro, alzaron también la cabeza para mirar ese mismo manto de estrellas.

Mañana nos vamos a conocer, papá... Sí, estoy seguro de que eres mi padre, Edgar Alcázar, susurró Rayan, firme, en su interior.

Zayan cerró los ojos con fuerza y entrelazó los dedos.

Papá... ojalá de verdad seas nuestro padre, Edgar Alcázar..., pensó, lleno de esperanza.

Desde dentro del local, Ariana, que ordenaba las pilas de ropa junto a Larisa, detuvo por un instante lo que hacía. Miró hacia afuera, hacia sus dos pequeños hijos que contemplaban el cielo de la noche. Una sonrisa llena de calidez floreció en sus labios.

Rayan... Zayan... Gracias por haber llegado a mi vida. Ustedes son mi fuerza, mis dos angelitos. Los quiero por siempre..., pensó Ariana, conmovida, sin sospechar que la mañana siguiente reuniría de nuevo aquel fragmento de su pasado que le habían arrancado.

Continuará...

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Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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