Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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vamos a ser abuelas
La clínica estaba en el centro, una clínica de esas que cobran 300 pesos la consulta y te dan la foto del ultrasonido en papel térmico que se borra a los meses. Greicy había hecho cita a las 8 de la mañana, porque no quería que nadie de la facu la viera.
Luis llegó con dos cafés y con ojeras. No había dormido. Ninguno de los dos había dormido. Se habían quedado viendo videos de "cómo ser papás a los 19" en TikTok hasta las 3 de la mañana, llorando y riéndose.
"¿Estás lista?", le dijo, dándole la mano. Tenía la mano fría.
"No. ¿Tú?"
"Tampoco."
Entraron. La doctora era una señora de unos 50 años, con lentes, con voz calmada. Les preguntó cuántas semanas creían que tenían, si habían tenido sangrado, si tomaban ácido fólico. Greicy contestó todo con voz chiquita, como si estuviera en examen oral y no supiera las respuestas.
"Acuéstate", dijo la doctora. "Vamos a ver."
Greicy se acostó, se levantó la playera. Luis le tomó la mano fuerte. La doctora puso gel frío y pasó el aparato.
Ruido. Un ruido rápido, como un tamborcito acelerado. Tac tac tac tac.
"¿Eso qué es?", preguntó Luis, asustado.
"Es su corazón", dijo la doctora, sonriendo. "Está latiendo. 7 semanas, más o menos. Todo se ve bien. Miren."
En la pantalla, una manchita. Una manchita blanca con forma de frijol, con un puntito que parpadeaba.
Greicy se tapó la boca y empezó a llorar. No pudo evitarlo. Luis también, pero él se aguantaba, con los ojos rojos.
"¿Ese es nuestro bebé?", dijo Greicy.
"Ese es su bebé", dijo la doctora. "Felicidades, papás."
Les imprimió la foto en papel térmico. Una foto borrosa, en blanco y negro, con una mancha. Greicy la tomó como si fuera oro.
En el camión de regreso, no hablaron. Solo veían la foto. Luis le tomó foto a la foto con su celular y le puso de fondo de pantalla.
"Ahora sí tengo que cantar mejor", dijo bajito. "Para que no le falte nada."
"Y yo tengo que estudiar más", dijo Greicy. "Para que no le falte nada."
Llegaron a casa de la tía Leti primero. Decidieron decirle a ella primero porque era la más difícil.
Leti les abrió, con su mandil de cocina. "¿Qué hacen aquí tan temprano? ¿No tienen clases?"
Greicy entró, se sentó en la sala, con la foto del ultrasonido en la mano, sudando.
"Tía, tenemos que decirte algo."
Leti se sentó, se quitó el mandil, se puso seria. "¿Qué hicieron ahora? ¿Se van a divorciar?"
"No. Al contrario. Nos vamos a quedar casados para siempre. Porque..."
Greicy le dio la foto.
Leti la tomó, la miró, no entendió. "¿Qué es esto? ¿Una mancha?"
"Es un bebé, tía. Es mi bebé. Estoy embarazada. 7 semanas."
Silencio. Un silencio largo, de esos que duelen.
Leti miró la foto, miró a Greicy, miró a Luis, volvió a mirar la foto.
"¿Estás embarazada?"
"Sí."
"¿De Luis?"
"Sí, tía."
"¿De 7 semanas? ¿De la Huasteca?"
"Sí."
Leti se levantó, se fue a la cocina sin decir nada. Greicy pensó que la iba a correr, que la iba a regañar, que le iba a decir que arruinó su vida.
Pero Leti regresó con un rosario, con una cobija de bebé que tenía guardada desde que Greicy nació y con los ojos llenos de lágrimas.
"Ay, mija. Vas a ser mamá. Yo voy a ser bisabuela. ¡Bisabuela a los 52! ¡Qué vieja estoy!"
Y la abrazó. La abrazó fuerte, llorando, riendo. "¿Está bien el bebé? ¿Ya comiste? ¿Tomaste ácido fólico? Tienes que comer frijoles, muchos frijoles."
Luis se quedó parado, sin saber si abrazar también.
Leti lo miró y le dijo: "¡Vente, mijo! ¡Vas a ser papá! ¡Abrázame! ¡Aunque me caías mal al principio, ahora me caes bien porque me vas a dar un bisnieto!"
Los tres se abrazaron en la sala, con la foto del ultrasonido en medio, con olor a frijoles.
Con Maribel fue más escandaloso.
"¡¿QUÉ?! ¡¿EMBARAZADA?! ¡¿DE 7 SEMANAS?! ¡LUIS FERNANDO!"
Maribel gritaba en toda la casa, caminando de un lado a otro, con las manos en la cabeza.
"Mamá, baja la voz, los vecinos..."
"¡Que escuchen los vecinos! ¡Que sepan que voy a ser abuela a los 45! ¡¿Qué van a hacer con un bebé? ¡Si ustedes son unos bebés!"
"Vamos a poder, mamá", dijo Luis, abrazando a Greicy que estaba sentada, con la foto en la mano, muerta de pena.
"¿Cómo van a poder? ¿Con qué dinero? ¿Con qué casa?"
"Con lo que tenemos. Con tu ayuda, con la ayuda de Leti. Yo voy a cantar más, Greicy va a seguir estudiando. El bebé va a nacer en diciembre, justo cuando terminamos semestre. Podemos."
Maribel se detuvo, miró a Greicy, que estaba llorando calladita, con miedo de que la odiara.
Se acercó a ella, le quitó la foto de la mano, la miró.
"Ay, Greicy. Mija. ¿Estás bien? ¿Te sientes bien? ¿Vomitas mucho?"
"Sí, un poco en las mañanas."
"Es normal. Yo vomité 9 meses contigo, Luis. 9 meses. ¿Te imaginas? Y mira, saliste medio menso pero saliste."
Todos se rieron, con lágrimas.
"¿Quieren que sea niña o niño?", preguntó Maribel, sentándose a su lado.
"Niña", dijo Luis rápido.
"Niña", dijo Greicy también. "Para ponerle el nombre de mi mamá. Anahí."
Maribel les tomó las manos. "Van a poder. No porque sea fácil, sino porque se tienen. Y porque ahora tienen a alguien más por quien pelear. Este bebé no es un error. Es... tenía que ser. ¿Cómo dicen ustedes?
Esa noche, en su depa, Greicy y Luis pegaron la foto del ultrasonido en el refri, al lado del acta de matrimonio. Dos papeles. Uno que decía que eran esposos y otro que decía que iban a ser papás.
Se acostaron en la cama, con la mano de Luis en su panza aún plana.
"¿Crees que nos va a odiar por ser tan jóvenes?", preguntó Greicy.
"No. Nos va a amar porque somos jóvenes y vamos a jugar con él todo el día. Vamos a ser los papás más divertidos de la facu."
"¿Y si no podemos?"
"Podemos, Reyes. Si pudimos sobrevivir a Iker, a Valeria, a una boda falsa, podemos con un bebé de verdad."
Se besaron, se abrazaron, se quedaron dormidos con la foto del ultrasonido iluminada por la luz del refri que hacía ruido.
Afuera, en un estudio de San Pedro, Iker firmaba un papel donde decía que ahora él era dueño de "Tenías que ser tú" y que Luis no podía cantarla sin pagarle 70% de regalías. Sonreía, pensando que los tenía otra vez.
Pero no sabía que esta vez, Greicy y Luis ya no peleaban solos. Peleaban por tres.