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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE QUE MATEO TEMIA

Rusia…

La noche había cubierto la ciudad.

Mientras Lia comenzaba una nueva vida en Alemania…

Kiran permanecía en Rusia.

Y había llegado el momento de cumplir su promesa.

No había olvidado a Mateo.

El tío de Lia.

El hombre que durante años había utilizado el miedo para controlar a una joven que no tenía a nadie que la protegiera.

Pero eso había cambiado.

Ahora Lia tenía a alguien dispuesto a defenderla.

Y Mateo estaba a punto de descubrirlo.

---

La puerta del edificio se abrió.

Mateo estaba dentro de una habitación acompañado por algunos de sus hombres.

Hablaban tranquilamente.

Hasta que uno de ellos entró apresurado.

—Tenemos un problema.

Mateo levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

—Hay alguien afuera.

—¿Quién?

El hombre dudó.

—Kiran Navares.

El rostro de Mateo cambió inmediatamente.

—¿Qué?

—Está aquí.

Mateo se levantó lentamente.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Durante unos segundos, nadie habló.

Mateo conocía ese nombre.

Todos dentro de su organización lo conocían.

Kiran Navares.

Uno de los hombres que ocupaban un lugar mucho más alto dentro de aquella estructura de poder.

Mateo había construido durante años una imagen de hombre intocable.

Pero sabía perfectamente que su organización no estaba al mismo nivel.

Ni siquiera cerca.

—¿Qué quiere? —preguntó uno de sus hombres.

Mateo tragó saliva.

—Lia.

---

La puerta volvió a abrirse.

Esta vez lentamente.

Kiran entró.

Sin gritar.

Sin hacer ningún movimiento brusco.

Simplemente caminó hacia el interior.

Su presencia fue suficiente para que la habitación quedara en silencio.

Mateo lo observó.

Y palideció.

Lo había reconocido.

No por fotografías.

No por rumores.

Sino porque había visto suficientes veces aquel rostro asociado con el nombre que muchos respetaban dentro del mundo criminal ruso.

Kiran se detuvo frente a él.

—Mateo.

Mateo intentó mantener la compostura.

—Kiran…

Kiran sostuvo su mirada.

—Veo que sabes quién soy.

Mateo soltó una pequeña risa nerviosa.

—¿Cómo no saberlo?

Kiran no respondió.

Mateo miró alrededor.

Sus propios hombres parecían incómodos.

Él mismo podía sentir cómo el miedo comenzaba a apoderarse de la habitación.

Sabía perfectamente que aquella visita no era casualidad.

—¿Qué quieres?

Kiran respondió con tranquilidad.

—Hablar de Lia.

Mateo frunció el ceño.

—Esa chica no es asunto tuyo.

Kiran levantó ligeramente una ceja.

—Ahora sí.

Mateo soltó una risa amarga.

—¿Te contó historias?

—Me contó suficiente.

—Entonces seguramente te hizo creer que es una víctima.

Kiran permaneció en silencio.

Mateo continuó:

—Siempre fue así.

—¿Así cómo?

—Una manipuladora.

Kiran lo observó fijamente.

—Curioso.

—¿Qué?

—Que hables de manipulación después de lo que hiciste con ella.

Mateo apretó la mandíbula.

—No sabes nada de nuestra familia.

—Sé que Lia llegó a mí herida.

Mateo guardó silencio.

—Sé que estaba aterrorizada.

Silencio.

—Y sé que durante mucho tiempo creyó que nadie vendría a ayudarla.

Mateo apartó la mirada.

Kiran dio un paso hacia él.

—Eso es suficiente para mí.

Mateo respiró profundamente.

—Esa chica siempre fue una…

Se detuvo.

Pero finalmente dejó escapar el insulto con desprecio.

—Una pt@

La habitación quedó completamente silenciosa.

Kiran no reaccionó inmediatamente.

Simplemente lo miró.

Su expresión se volvió más fría.

—Cuida tus palabras.

Mateo soltó una risa nerviosa.

—¿Por qué? ¿Ahora vas a defenderla?

—Sí.

—No tienes idea de lo que es.

—No necesito saberlo.

Kiran hizo una pausa.

—Sé lo que tú le hiciste.

Mateo intentó recuperar su seguridad.

—Es mi sobrina.

—No.

Kiran negó lentamente.

—Era una joven bajo tu responsabilidad.

Mateo no respondió.

—Y utilizaste esa posición para hacerla sentir que no tenía ninguna salida.

Mateo apretó los puños.

—Ella debía obedecerme.

Kiran lo miró con incredulidad.

—Eso explica muchas cosas.

---

Mateo sabía que estaba perdiendo el control de la situación.

No porque Kiran hubiera levantado la voz.

Precisamente por lo contrario.

Kiran estaba completamente tranquilo.

Y eso lo hacía todavía más intimidante.

Mateo conocía las diferencias entre ambas organizaciones.

La suya tenía influencia.

Dinero.

Contactos.

Hombres que le obedecían.

Pero Kiran pertenecía a una estructura mucho más poderosa.

Y Mateo sabía que no podía tratarlo como a cualquier otro enemigo.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó finalmente.

Kiran respondió:

—Quiero que entiendas algo.

Mateo lo miró.

—Lia ya no está bajo tu control.

Mateo soltó una risa amarga.

—¿Y crees que porque la mandaste lejos puedes cambiar eso?

—No.

Kiran hizo una pausa.

—Lo cambió ella.

Mateo frunció el ceño.

—¿Qué?

—Ella decidió irse.

Kiran sostuvo su mirada.

—Y tú vas a respetar esa decisión.

Mateo permaneció callado.

Kiran continuó:

—No vas a buscarla.

—¿Y si lo hago?

Kiran no respondió inmediatamente.

Solo sostuvo su mirada.

Mateo entendió el mensaje.

Su expresión cambió.

—¿Esto es una amenaza?

—Es un límite.

—¿Y qué pasa si no lo respeto?

Kiran respondió con absoluta calma:

—Entonces tendremos otra conversación.

Mateo tragó saliva.

Sabía perfectamente que no quería una segunda visita.

---

Antes de marcharse, Kiran se detuvo junto a la puerta.

Miró una última vez a Mateo.

—Y una cosa más.

Mateo levantó la mirada.

—No vuelvas a referirte a Lia de esa manera.

—¿O qué?

Kiran respondió:

—O descubrirás que la paciencia también tiene límites.

Mateo no dijo nada.

Kiran salió.

La puerta se cerró detrás de él.

Durante varios segundos nadie se movió.

Mateo permaneció inmóvil.

Había intentado aparentar seguridad.

Pero todos habían visto su rostro.

Todos habían visto cómo había palidecido al reconocer a Kiran.

Porque Mateo podía intimidar a muchas personas.

Pero sabía perfectamente que Kiran estaba en otra liga.

---

Mientras tanto…

Alemania.

Lia estaba sentada en el sofá junto a Astrid.

Habían pasado varias horas hablando.

Lia sonrió al escuchar otra historia sobre Kiran de pequeño.

—No puedo creer que haya sido así.

Astrid soltó una carcajada.

—Créeme. Era peor.

Lia rió.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de Kiran.

"Todo está solucionado."

Lia se quedó mirando la pantalla.

Astrid la observó.

—¿Kiran?

Lia asintió.

—Sí.

—¿Todo bien?

Lia respondió el mensaje.

"¿Seguro?"

La respuesta llegó poco después.

"Seguro."

Lia respiró aliviada.

No sabía exactamente qué había ocurrido.

No necesitaba saberlo.

Solo sabía que, por primera vez, alguien había enfrentado a Mateo sin pedirle nada a cambio.

Y que aquel hombre había cumplido su promesa.

Kiran había dejado algo muy claro:

Lia ya no estaba sola.

Y Mateo tendría que aprender a vivir con ello.

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