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YO SOY ANA KARENINA

YO SOY ANA KARENINA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mujer poderosa / Época
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Ana Karénina murió bajo las ruedas de un tren, destruida por un amor que nunca estuvo dispuesto a luchar por ella.

Pero el destino le concede una segunda oportunidad.

Ana despierta en el pasado con todos sus recuerdos intactos. Esta vez no será la esposa obediente de Karénin ni la mujer que cae rendida ante Vronsky. Conoce el final de su historia y está decidida a cambiarlo.

También conoce un secreto.

Alejandro II, el poderoso Zar de Rusia, algún día se enamorará perdidamente de Ekaterina Dolgorúkova.

Ana no piensa permitir que esa historia se repita.

Ella no busca un amante. Busca un hombre capaz de amarla con la misma intensidad con la que ella sabe entregarse.

Así comienza su juego más peligroso: conquistar al Zar, proteger a su hijo Seriozha y arrebatarle al destino el lugar que considera suyo.

Esta vez, Ana no morirá por amor. Será ella quien escriba el final.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Invitación Imperial

El sol de la mañana filtró sus primeros rayos sobre el tocador de cristal de la residencia Karénin. Ana permaneció sentada ante el espejo, observando su rostro descansado y sereno. La paz de la casa duró poco; el sonido apresurado de los pasos del mayordomo en el pasillo anunció una novedad crucial.

El sirviente golpeó la puerta con timidez e ingresó portando una bandeja de plata reluciente. Sobre el metal descansó una carta de papel falto de arrugas, sellada con la imponente cera roja del águila bicéfala imperial.

—Una correspondencia directa del Palacio de Invierno para la señora, enviada por la guardia personal de Su Majestad —informó el hombre, inclinando la cabeza con profundo respeto.

Ana tomó la carta con dedos firmes y esperó a que el sirviente abandonara la habitación. Con un movimiento limpio, rompió el sello de cera y desplegó el documento. La caligrafía elegante y dominante no dejó margen de duda: el Zar Alejandro II la invitó de forma exclusiva a la recepción privada de su cumpleaños oficial. La fecha marcada en el papel coincidió de manera exacta con el día en que, en la historia original, Ekaterina Dolgorúkova debió conocer al monarca. Ana sonrió con helado triunfo; el destino quedó completamente alterado.

Sabiendo que cada mirada de la aristocracia estaría sobre ella, Ana no dejó el vestuario al azar. Rechazó los vestidos convencionales de tonos pastel que solían usar las damas respetables de la corte y eligió una prenda diseñada para cautivar y someter.

Optó por un vestido de terciopelo azul noche, ajustado a la cintura y con un escote pronunciado que resaltó la blancura impecable de sus hombros y su cuello. Sobre su pecho acomodó un collar de zafiros oscuros que capturó la luz de las velas de forma hipnótica. Al mirarse al espejo por última vez, no vio a la víctima atormentada del pasado, sino a una soberana absoluta lista para reclamar el trono.

Cuando el carruaje Karénin llegó a las puertas del Palacio de Invierno, la noche de la recepción imperial estuvo en su punto más alto. Alexéi Karénin bajó primero, acomodándose la casaca de alto funcionario con severidad y extendiendo la mano a su esposa con frialdad institucional. Ana descendió del vehículo con una gracia majestuosa que atrajo de inmediato las miradas de los oficiales y aristócratas presentes en la escalinata de entrada.

Al cruzar el umbral del salón principal, el murmullo de la multitud disminuyó de golpe.

En el centro de la zona de honor, rodeado por sus ministros de mayor confianza, estuvo el Zar Alejandro II. El monarca, luciendo su uniforme militar impecable y la corona imperial sobre la cabeza, notó la llegada de la pareja y avanzó hacia ellos a paso firme. Karénin se apresuró a inclinarse en una profunda reverencia de respeto ante el soberano.

—Majestad... es un honor inmenso acompañarlo en su natalicio —expresó el alto funcionario.

El Zar aceptó el saludo de Karénin con un gesto breve, pero desvió de inmediato la mirada hacia la dama a su lado.

—¿Y quién es esta bella dama? —preguntó Alejandro con voz profunda, fingiendo prudencia.

—Es mi esposa, Ana Karénina, Señor —respondió Karénin con orgullo institucional.

En ese instante, Ana ejecutó su jugada maestra. Al escuchar la voz del monarca, su rostro perdió el color. Hizo una reverencia temblorosa, fingiendo un susto tan absoluto que pareció una pequeña criatura acorralada, un indefenso conejito a punto de ser devorado por un lobo feroz. Sus manos temblaron visiblemente sobre la tela del vestido azul y sus ojos evitaron cruzar la mirada del soberano.

Karénin la observó con evidente extrañeza y frunció el ceño al notar su agitación.

—Ana, ¿te sientes bien? Estás temblando —le murmuró su esposo en voz baja.

—Creo que voy a enfermar... Iré a servirme algo de beber, ya vuelvo —respondió ella con la voz entrecortada y frágil.

Ana se retiró lentamente entre los invitados, dejando a los dos hombres atrás. El Zar, lejos de molestarse por la huida, sintió que el corazón le dio un vuelco de emoción pura. Comprendió de inmediato la reacción de la mujer: ella lo recordaba perfectamente, y su presencia la perturbó hasta el punto de hacerla perder la compostura. La cacería se volvió mil veces más apasionante.

Mientras Ana fingió dirigirse a la mesa de los cócteles, tomó una copa de cristal con mano temblorosa y la bebió. Luego tomó otra, manteniendo su actuación de dama abrumada. De pronto, un sirviente del palacio se le acercó de forma discreta y le habló en un susurro atento.

—Señora Karénina, el Zar quiere hablar con usted en privado.

Ana lo observó con los ojos muy abiertos y movió la cabeza en señal de negativa, dando un paso atrás.

—No... yo no quiero —murmuró ella fingiendo pánico.

El sirviente dejó escapar una leve risa respetuosa antes de responderle.

—Es el Zar de Rusia, Sra. Acompáñeme, por favor.

Ana siguió al sirviente con paso vacilante mientras el hombre la guio lejos del bullicio del salón, subiendo por los pasillos reservados hasta llegar a una amplia y majestuosa habitación decorada con cortinados de seda. El sirviente abrió la puerta, la dejó entrar sola en la estancia y cerró tras de sí.

Ana permaneció de pie en el centro del aposento, contemplando la penumbra decorada con lujo imperial. Apenas transcurrieron unos segundos cuando escuchó que alguien giró el pomo de la puerta.

El Zar Alejandro II ingresó a la habitación, luciendo majestuoso con su casaca militar y llevando aún la corona imperial sobre la cabeza. Su figura impuso un respeto absoluto en medio del silencio.

Ana dio varios pasos hacia atrás con torpeza simulada, mostrando el pecho agitado por una falsa respiración acelerada.

—¿Me... me llamó, Señor? —preguntó en un susurro, retrocediendo hacia la pared.

Alejandro II sonrió con arrogancia, fascinado ante la fragilidad de la mujer que intentó huir de su presencia. Avanzó hacia ella con paso lento y posesivo, acortando la distancia entre ambos.

—No huyas —dijo el Zar con una voz grave y seductora, clavando sus ojos en los de ella—. Que no te voy a comer... Aún.

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Gleirys Carolina
😅😅
Vaya decisión de la prota, siempre fue un lobo al acecho vestida con piel de oveja calculando todo y saliéndose con la suya, haciendole ver al Zar que era el cazador y a la final siempre fue la presa
EspirituCreativo: 🤭 Nuestra ana vivió mucho algo tuvo que aprender
total 1 replies
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