Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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LA PRIMERA FIESTA
KRISTEN WHITAKER
Los meses empezaron a pasar entre clases, apuntes, una vecina que tenía sexo a cualquier hora del día y que los fines de semana parecía dedicarlos exclusivamente a esa tarea, y Dante, que no dejaba de molestarme cada vez que tenía oportunidad.
Pero, más allá de nuestra guerra, comenzaron los trabajos extensos y después llegaron los exámenes en la universidad. Eso nos obligó a mantener una tregua inquebrantable, básicamente por falta de tiempo y también por el cansancio extremo.
Dante pidió una pizza para los dos. Yo compré un helado de chocolate para él porque no me gusta deberle nada.
Seguíamos teniendo reglas claras y establecidas sobre los gastos.
Cuando íbamos al supermercado, pagábamos todo a medias, aunque había cosas que eran responsabilidad exclusiva de cada uno. Por ejemplo, sus productos de afeitar y otras cosas personales, igual que mis toallas higiénicas.
La mesa que compartíamos terminó llena de apuntes, correcciones y hojas en las que intentábamos descifrar lo que habíamos escrito apresuradamente. Jamás voy a decirle que su letra es más prolija que la mía.
--Estás nerviosa, pero lo harás bien-- me dijo
--Eso no puedes saberlo-- suspiré-- En la preparatoria esperaba los exámenes porque sabía el resultado. Aquí es diferente
--Yo nunca quería rendir y eso no ha cambiado
--El día que cambies, tal vez puedas agradarme aunque sea un poco. Todavía quiero mudarme muy lejos de ti
Dante llevó la pizza al sofá.
--Mudarte podría ser práctico o mucho peor que vivir conmigo. Mis padres y los tuyos pensaron en eso antes que nosotros
--Sigo creyendo que no pensaron demasiado antes de tomar esta decisión
--Lo hicieron. ¿Cómo podían saber si tendríamos un compañero adecuado? Las drogas y los estimulantes circulan en la universidad, igual que las fiestas y el alcohol. ¿Y si nos tocaba vivir con un adicto?
Lo odiaba. Mucho. Detestaba cuando tenía razón.
--Las fiestas aquí pueden ser peligrosas en serio. No como las de antes-- comentó
Yo no dije nada. No podía decirle que estaba equivocado.
--Si te sabes cuidar bien, no te pasará nada, Whitaker. Ya sabes lo que tienes que hacer y lo que no-- se encogió de hombros y tomó una rebanada de pizza
--Si mencionas un embarazo, acabaré matándote
--No iba a hacerlo. Me refiero a las drogas. No pretendas ser ingenua aquí. Siempre hay alguna fiesta en la que las noches se vuelven cuestionables. Sexo, videos y esas cosas
--Eso ya lo sé y yo no he cambiado
--¿Lo dices por...?
--No confío en desconocidos, McCade
--No confías en nadie. Todavía mantienes la puerta de tu cuarto cerrada porque desconfías de que pueda tirarte un sapo, aunque ni siquiera sepa dónde podría encontrar uno aquí
Solamente hice un asentimiento y me obligué a sonreír.
La puerta de mi cuarto vive cerrada. Es un hábito simple que aprendí en casa porque mi madre dice que si la puerta está abierta, la habitación se llenaría de olor a comida proveniente de la cocina.
Me gustaría no ser tan desconfiada y dejar de pensar continuamente que, si alguien se me acerca, es con intenciones ocultas o para contarle algo a otra persona. Tal vez es ridículo. O quizás todavía no ha pasado el tiempo suficiente para perdonarme por no haberme dado cuenta de cómo era Brian.
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Llegó el momento de rendir.
La tensión palpitaba en la universidad. Los pasillos parecían más silenciosos de lo normal y los estudiantes caminaban con apuntes en las manos, repasando hasta el último minuto.
Lamentablemente, no fue un solo examen, sino una semana completa de evaluaciones.
Nuestros padres esperaban vernos. No habíamos podido viajar y les pedimos que no vinieran. Claro que, para evitar que se preocuparan, tuvimos que hacerles una videollamada y demostrarles que únicamente estábamos estudiando y no que habíamos destruido algo en el apartamento.
Acabamos discutiendo en plena llamada por quién sostenía el teléfono.
Pero, volviendo a lo que estaba contando, rendimos.
Llegamos al apartamento demasiado cansados hasta para pensar y, por supuesto, la vecina estaba teniendo sexo.
--No voy a soportar esto ahora-- le dije, agarrando mis llaves y caminando hacia la puerta
--Yo tampoco puedo-- afirmó y me siguió
Compramos una hamburguesa y la comimos en un parque cercano mientras mirábamos la hora.
--No envidio a la vecina. La odio. Puede tener sexo todo el día, pero ella no tiene vergüenza de ponerse a gritar así y esperar que nadie la escuche-- le aclaré, para prevenir cualquier broma de pésimo gusto
--Siempre grita en exceso y más de la mitad de las veces está fingiendo
--Ese no es el punto. No voy a irme a un hotel a estudiar si a ella se le ocurre acostarse con Dante, Antonio o quien sea
Él no se rio. Creo que estaba tan cansado como yo.
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Entonces llegó la invitación a una fiesta a la que asistiría todo el campus.
Yo llevaba semanas haciendo amistad con un chico súper simpático llamado Justin. Era guapo, musculoso, inteligente y estaba orgulloso de haber salido del clóset tres años atrás.
Gracias a él me había alejado un poco más de Dante, porque ir de la universidad al apartamento y viceversa sin llevarnos bien solo conseguía que discutiéramos todavía más. Él también estaba haciendo nuevas amistades y eso era positivo.
Me puse una falda, una blusa con un escote no demasiado exagerado y mis tacones.
Justin llegó al apartamento para recogerme.
--Cuando te vea Dani se le va a parar... el corazón-- dijo demasiado alto refiriéndose a un chico que al parecer se sentía muy atraído e interesado
Dante miró todo desde el sofá.
--Él es Dante, un conocido
--Yo también lo quiero conocer
Justin entró al apartamento, le dio un beso en cada mejilla y hasta le preguntó su signo.
--¿Nos vamos?
--Él es Sagitario, tú Leo. Puro fuego-- nos miró a los dos con picardía
--Sí. Tenemos tanto fuego que todavía no definimos quién va a prenderle fuego al otro y darse a la fuga. Somos económicamente pobres para cambiar de identidad y esas cosas y no queremos ir a la cárcel-- le expliqué
Dante soltó una carcajada.
--Ella tiene razón
--¿No se dieron ni una probadita?-- preguntó con una sonrisa y una mueca divertida
--¡NO! —le grité
--¿Y tú qué piensas, Dantito?
--Justin, por favor...
--Entre nosotros no ha pasado nada. Nunca-- respondió Dante, mirándonos con firmeza
--Y nunca va a pasar. Vamos, Justin, que me quiero quitar el estrés
Saqué a mi amigo del apartamento. Subimos a su automóvil, pero no parecía dispuesto a dejar el tema.
--¿Por qué no te quita el estrés él?
--¿Dante? Porque no nos vemos de esa manera. Probablemente me estresaría más
--Tienes carne de primera a tu lado y no le das ni un mordisquito
--Porque sé que me subiría el colesterol, probablemente. Ahora vamos a bailar
Llegamos a la fiesta y bailamos durante horas. Yo bebí porque Justin me explicó que una amiga suya estaba ebria y no podía conducir, así que él estaba obligado a mantenerse sobrio, tomando únicamente energizantes y refrescos.
Cuando regresamos al apartamento, Justin llevaba mis tacones en una mano porque las escaleras, sumadas al alcohol, no eran una buena combinación.
Dante se levantó al escuchar mis risas.
--Llévala a la cama, Dantito
--Se le pasaron los tragos-- dijo divertido
--Un poquis, bonito. No quiso tener sexo con Dani que se nota que babea por ella. La carne la persigue y ella está a dieta. Que injusticia
Justin se fue riéndose y volvió para darle mis tacones a Dante.
--Prepárame un café-- Le pedí deseando sentarme porque me dolían los pies
--Encima me tratas de empleado. Prefiero meterte a la ducha y dejarte allí hasta que se te pase
--¡No vas a verme desnuda!
--Te metería con ropa y todo, Whitaker
--Te odio
--No te creo. Los borrachos mienten
--El suelo se mueve
Él soltó una carcajada. Me dejó en el sofá con poca delicadeza y fue a prepararme un café. Espero que me despierte un poco y me baje la borrachera.
saluditos...
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏