Las muñecas fueron creadas para obedecer, no para sentir.
En un mundo donde las mujeres biológicas no existen, los hombres conviven con muñecas creadas para obedecer… incapaces de sentir.
Ethan jamás imaginó que conocer a Cereza y Cidra cambiaría su vida para siempre. Mientras el vínculo entre ellos desafía todo lo que la ciencia creía posible, una guerra entre seis naciones se intensifica y un antiguo secreto, oculto durante siglos, convierte a las dos muñecas en el objetivo más codiciado del continente.
Ahora, Ethan deberá proteger un secreto capaz de cambiar el destino de la humanidad… antes de que caiga en las manos equivocadas.
Porque hay corazones que nunca debieron despertar… y otros que harían cualquier cosa por arrebatarlos.
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CAPÍTULO 23 – CUATRO DÍAS
El amanecer apenas comenzaba a teñir de un gris pálido los edificios de Nova Áurea cuando las enormes puertas orientales de la ciudad empezaron a abrirse lentamente.
El sonido metálico retumbó como un presagio y detrás de aquellos murales que terminaban el territorio protegido, comenzando ahora sí, un mundo completamente distinto.
Un desierto inmenso y árido. Cubierto de roca pulverizada y arena gris que el viento levantaba formando remolinos constantes. No existe vegetación, ni asentamientos humanos. Solo una inmensidad silenciosa que separaba a Nova Áurea de Garlant.
Frente a las puertas esperaban cuatro personas.
Ethan ajustó la mochila sobre su espalda. En ella llevaba herramientas biomédicas, pequeños drones de diagnóstico, baterías auxiliares y piezas de emergencia para Cereza y Cidra, no era un soldado… era un técnico y esperaba que aquello bastara.
Mauricio llevaba una mochila mucho más elegante, demasiado elegante para una misión militar.
¿Era necesario traer una maleta blanca? —preguntó Ethan.
—Combina con mi ropa.
—Estamos entrando en territorio enemigo.
—Pero eso no me impide perder el estilo.
Ethan suspiró.
—Algún día entenderé cómo funciona tu cabeza.
—Y justo ese día te enamorarás de mí.
—Eso no ocurrirá.
—Nunca digas nunca… mi amado Ethan.
Cereza soltó una risita.
—A Mauricio siempre lo rechazan.
—¡Eso dolió!
—Es verdad.
—¡Tú tampoco ayudas!
Cidra observará el intercambio con absoluta calma.
—Estadísticamente, Mauricio tiene una probabilidad cercana a cero de lograr su objetivo.
Mauricio abrió la boca.
—¿Hasta tú?
—Solo hice un cálculo sencillo.
—¡No necesito cálculos! ¡Necesito apoyo emocional!
Cereza negó con la cabeza.
—No tenemos de eso.
Ethan terminó riéndose, de verdad necesitaban reír. Tal vez porque todos sabían que, conforme avanzaran, las oportunidades para hacerlo serían cada vez menos.
Uno de los generales de Nova Áurea se acercó.
—La ofensiva frontal comenzará al mediodía.
Les entregaron un pequeño comunicador.
—Cuando vean tres luces verdes en el horizonte... Significará que nuestro ejército ya habrá iniciado el ataque. Ese será el momento para infiltrarse.
Ethan.
—Entendido.
El general miró especialmente a Cereza y Cidra.
—Cuídenlo.
Las dos respondieron exactamente al mismo tiempo.
—Con nuestra vida.
El militar hizo una breve reverencia.
Las enormes puertas terminaron de abrirse y los cuatro comenzaron a caminar sin mirar atrás.
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Las primeras horas fueron silenciosas.
El viento soplaba con tanta fuerza que a veces resultaba difícil incluso conversar. La arena gris golpeaba la ropa como diminutas agujas.
Cada cierto tiempo aparecían enormes formaciones rocosas erosionadas por siglos de tormentas., tan hermosas que parecían esculturas y no naturales, como gigantes petrificados observando el horizonte.
Cereza caminaba de un lado para otro porque todo parecía le fascinante.
—¡Miren esa roca!
Nadie respondió.
Cinco minutos después...
—¡Ahora miren aquella!
Mauricio levantó la vista.
—Es otra roca.
—¡Pero esta tiene forma de nariz!
Ethan.
—Tiene razón.
Mauricio observó con atención.
—… Ahora ya no puedo dejar de verla.
Cidra seguía caminando en línea recta, casi sin distraerse. Analizando constantemente el terreno.
—No detecto presencia hostil en una radio de dos kilómetros.
Ethan suspiró aliviado.
—Perfecto.
Cinco segundos después... Cereza desapareció detrás de unas piedras.
Ethan giró de golpe.
—¿Cereza?
Silencio.
—¿Cereza?
Una voz respondió desde lejos.
—¡Encontré algo!!
Los tres corrieron inmediatamente.
Encontraron una Cereza completamente cubierta de polvo que estaba sentada frente a un enorme agujero.
—¿Qué hiciste?
—Quería saber qué había abajo.
—¿Y?
—Todavía no sé.
Mauricio miró el enorme hoyo.
—Pues casi descubres el centro de Tadmor.
Ethan se acercó. Aquello no parecía un agujero cualquiera. Era un túnel muy antiguo. Las paredes estaban cubiertas por placas metálicas oxidadas.
Cidra pasó la mano sobre una de ellas.
—Construcción artificial… Muy antigua.
Ethan observó las marcas.
—Quizá pertenezca a la primera colonia.
Mauricio Silbo.
—Tres mil años... eso sería impresionante.
Cereza miró hacia abajo.
—¿Entramos?
Los tres respondieron al mismo tiempo.
-¡No!
Cereza bajó la cabeza.
—Está bien...
Continuaron caminando.
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Alrededor del mediodía el calor aumentó.
Aunque el cielo permanecía gris, la temperatura comenzó a volverse sofocante. Ethan bebió un poco de agua y Cereza lo imitó, pero apenas el líquido tocó sus labios... Lo escupió.
—¡Qué feo sabe!
Ethan la miró confundido.
—Es agua.
—Sí… Pero no sabe un pastel.
Mauricio con cara de asco, levantó un dedo.
—Estoy completamente de acuerdo.
Cidra intervino.
—El agua no está diseñada para tener sabor a pastel.
—Eso la hace aburrida.
Ethan volvió a reír.
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Horas más tarde...
El viento comenzó a soplar con violencia y cada vez más fuerte.
Cidra levantó inmediatamente la vista.
—Tormenta de polvo… es enorme…
Ethan también la vio. Una enorme pared gris avanzaba directamente hacia ellos.
Mauricio tragó saliva.
—Eso no parece un problema pequeño…
—Será porque no lo es…
—¿Qué hacemos?
Cidra señaló unas rocas.
—Allí.
Todos corrieron.
El viento los alcanzó apenas unos segundos después. La arena golpeaba con tanta fuerza que abrir los ojos resultaba casi imposible.
Cereza protegía a Ethan abrazándolo, mientras Cidra se colocaba delante de ambos para recibir el impacto.
Mauricio intentaba sostener su mochila, hasta que una ráfaga se la llevó.
—¡¡¡Mi equipaje!!!
Salió corriendo detrás.
—¡¡Mauricio!!
Ethan intentó detenerlo, pero ya era demasiado tarde.
Un segundo después... Mauricio volvió rodando cuesta abajo, completamente cubierto de arena.
Cereza comenzó a reír sin poder detenerse.
—¡Pareces una croqueta!
Mauricio escupió tierra.
—No vuelvo a perseguir una maleta...
Cidra apareció sosteniendo la mochila con una sola mano.
—La recuperada.
Mauricio casi lloró de felicidad.
—¡Mi heroína!
Cereza cruzó los brazos.
—Qué fácil cambias de opinión…
—Es solo un agradecimiento.
—Ajá…
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La tormenta terminó casi una hora después.
El paisaje había cambiado por completo, las dunas se habían desplazado y algunas rocas incluso habían desaparecido bajo la arena.
Ethan observó el comunicador.
—Seguimos en ruta.
Mauricio sonrió.
—Entonces todavía no nos perdimos.
Cidra respondió de inmediato.
—Sí nos perdimos…
Todos la miraron.
—La tormenta modificó las referencias del terreno.
Silencio.
Mauricio tragó saliva.
—… ¿Era necesario decirlo tan directo?
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Cuando el sol comenzó a ocultarse...
Encontraron un pequeño cañón de roca, era el lugar perfecto para descansar.
Ethan ascendió a un pequeño calentador portátil.
Cidra comenzó a preparar la cena, como siempre.
Cereza intentó ayudar.
Cinco minutos después... Había conseguido quemar una olla que ni siquiera estaba sobre el fuego.
Ethan observó dónde sin comprender.
—¿Cómo hiciste eso?
—No lo sé...
Cidra respiró profundamente.
—Es su talento.
—¡Gracias!
—No era un cumplido.
Mauricio comenzó a reír tan fuerte que casi se atragantó.
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Mientras cenaban...
Escucharon un sonido muy cerca. Un rugido tumba que hizo que todos levantaron la vista. Entre las rocas aparecieron tres enormes criaturas cuadrúpedas que parecían una mezcla entre felinos y reptiles. Su piel estaba cubierta por placas minerales del color de la piedra y sus ojos brillaban con un intenso color naranja.
Cereza abrió mucho los ojos.
—¡Qué bonitos!
Cidra dio un paso adelante.
—No, Cereza… Son depredadores.
Uno de ellos rugió mostrando enormes colmillos metálicos.
Mauricio retrocedió.
—Retiro lo de bonitos.
Los animales comenzaron a rodearlos lentamente.
Ethan tomó aire.
—No queremos pelear.
Cereza dio un paso adelante.
—Yo hablo con ellos.
—¿Hablar?
Ella sonrió.
—Hola.
Los animales respondieron rugiendo.
—¿No funcionó?
El primero saltó, pero antes de que alcanzara a Ethan... Cidra lo interceptó de un puñetazo. El impacto levantó una nube de polvo.
Los otros dos rodearon a Cereza y ella esquivó al primero casi por instinto, mientras que el segundo logró derribarla.
—¡Ay! Eso dolió.
Ethan sintió un vuelco en el pecho.
—¡Cereza!
Ella se levantó inmediatamente, sacudió el polvo de su ropa y miró al animal con expresión ofendida.
—¡Eso fue muy grosero!
Le dio un pequeño empujón y el enorme depredador salió rodando varios metros cuesta abajo.
Mauricio abrió los ojos.
—Siempre olvido que puede hacer eso.
Los tres animales comprendieron rápidamente que aquella presa no era normal y retrocedieron. Finalmente escaparon perdiéndose entre las sombras del desierto.
Todo volvió a quedar en silencio, hasta que una voz habló desde lo alto de las rocas.
—No estuvo mal.
Los cuatro levantaron la vista y miraron a cinco hombres que observaban desde lo alto de un riesgo. Vestían largos mantos color arena, llevaban lanzas, mochilas y extraños animales de carga de seis patas. Sus rostros estaban curtidos por el desierto.
El mayor descendió lentamente y miró primero a Ethan, luego a Mauricio, finalmente fijó la vista en Cereza y Cidra, sus ojos reflejaron auténtica sorpresa.
—Nunca en todos mis años de vida había visto unas muñecas proteger a humanos… sin ordenarselos.
Guardó silencio unos segundos y apenas sonó.
—Parece que los rumores sobre Nova Áurea eran ciertos.
Ethan dio un paso al frente.
—¿Quiénes son ustedes?
El hombre apoyó ambas manos sobre su bastón.
—Viajeros solos… Nómadas del Desierto Gris.
Miró hacia el horizonte, donde, muy a lo lejos... Podían verse diminutos destellos rojos como si cientos de luces parpadearan entre la oscuridad y su expresión se volvió seria.
—¿Se dirigen hacia Garlant...? De ser así, sería mejor que descansen bien esta noche. Porque mañana... El verdadero comienzo desierto.
muy buen capitulo
excelente
cada vez mejor 👏👏
muy buen capitulo 👏👏
Cereza y Cifra rescatando a la gente fue perfecto
Ya quiero saber que más va a pasar en esta novela tan interesante! ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
Todos los países están en alerta máxima por el ataque de Fausto!!! 😞😞😞😞😞😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱
Cereza y Cidra descubriendo el concepto de la muerte y relacionándolo con Ethan me conmovió mucho ❤❤❤❤❤❤