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Rei

Rei

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Omegaverse / Romance oscuro / Secuestro y encarcelamiento
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruczca

Novela+18
La graduación debía ser el inicio de una nueva etapa.

Para despedirse antes de tomar caminos distintos, Rei y sus amigos viajan a una cabaña aislada en medio de un bosque. Pero una violenta tormenta de nieve los deja atrapados, incomunicados y lejos de cualquier ayuda.

Rei, un joven que ha aprendido a vivir con la ceguera de su ojo derecho, pronto comienza a notar que algo no encaja en aquel lugar.

Extraños sucesos se acumulan, la tensión crece y la desconfianza empieza a dividir al grupo.

El miedo se apodera de la cabaña.

Y lo que comenzó como un viaje entre amigos pronto se transformará en una pesadilla de la que tal vez no todos regresen con vida.

NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 22 — LA MUERTE NOS ACECHA

Salí al exterior.

Era de noche.

Todo estaba oscuro.

La tormenta de nieve azotaba el aire con ráfagas heladas que me cortaban la cara y se colaban a través de mi ropa, clavándome agujas de frío hasta los huesos.

No podía ver más allá de unos cuantos metros.

Solo distinguía formas borrosas.

Sombras deformadas por la ventisca.

Y la silueta negra y gigantesca de la cabaña detrás de mí.

Nada más.

El mundo entero parecía haber desaparecido bajo aquella oscuridad blanca.

De repente, un grito desgarrador cortó la noche.

¿Ese fué Haru?

Un sonido húmedo y pesado —como un cuerpo o algo más grande— cayó en la entrada, sobre el suelo de madera.

El impacto resonó.

La voz de Aoi se alzó, rota por el pánico:

—¡Algo…! ¡Algo me acaba de salpicar!

Estaba ya fuera, ciego en la oscuridad.

Retrocedí un paso… y sentí, bajo mis pies desnudos, algo líquido.

Tibio.

Espeso.

Se pegó entre mis dedos.

El estómago se me revolvió.

El miedo me invadió como una ola helada que subía desde las plantas de los pies hasta la nuca.

Retrocedí de inmediato, tropezando con la nieve, el corazón latiéndome tan fuerte que creí que se me iba a romper el pecho.

—¡¿Dónde están, chicos?! —gritó Yoru. La linterna de su teléfono se encendió de golpe, un haz tembloroso que cortó la oscuridad—. ¡No se alejen de la cabaña!

El humo que salía de la casa empezó a disiparse poco a poco, arrastrado por el viento.

Pero la tormenta de nieve seguía espesa.

La luz de la linterna apenas alcanzaba unos metros: revelaba copos blancos cayendo en diagonal, la puerta entreabierta, y… algo oscuro y brillante en el suelo de la entrada.

El líquido bajo mis pies seguía allí.

Caliente.

Pegajoso.

No quería mirar hacia abajo.

No quería saber qué era.

De repente, el inconfundible sonido del sistema de rociadores contra incendios estalló dentro de la cabaña.

Un chasquido metálico.

Luego otro.

Y finalmente una lluvia constante comenzó a caer desde el techo de la cabaña.

El agua golpeó la madera, los muebles y las ventanas con un ruido ensordecedor.

Durante unos segundos nadie entendió qué estaba ocurriendo.

Yo reaccioné por puro instinto.

Corrí casi a ciegas hacia la única fuente de luz que podía distinguir en medio de la tormenta: la lámpara del teléfono de Yoru.

Mis pies resbalaron sobre la nieve.

Tropecé.

Y terminé chocando contra él.

—¡Rei! —exclamó Yoru.

Sus brazos me sujetaron por la cintura antes de que cayera al suelo.

Su agarre era firme.

Sorprendido.

Protector.

Mi respiración estaba completamente descontrolada.

El corazón parecía querer salirse de mi pecho.

Un instante después, Aoi apareció junto a nosotros.

Estaba llorando.

Temblaba de pies a cabeza.

Las lágrimas se mezclaban con el agua y la nieve que cubrían su rostro.

—¡Lo siento! —sollozó desesperadamente—. ¡Lo siento mucho! ¡No sé qué pasó! ¡Encendí un cigarrillo y de repente todo empezó a arder!

Su voz se quebró.

La culpa era evidente en cada palabra.

Yo negué lentamente.

Yoru también.

Ninguno de los dos pensó en culparla.

Aquello era lo de menos.

Porque había algo mucho más importante.

Y entonces Aoi pareció darse cuenta.

Su expresión cambió de golpe.

Los ojos se le abrieron.

—¿Dónde está Haru?

El silencio fue inmediato.

—Venía detrás de nosotros, Yoru.

Yoru giró la cabeza.

Miró hacia la oscuridad.

Luego volvió a observarla.

—No lo sé.

Aquellas tres palabras parecieron destruir lo poco que quedaba de la calma de Aoi.

—¡Haru!

Su voz atravesó la tormenta.

—¡Haru!

Ninguna respuesta.

—¡HARU!

Solo el viento.

Solo la nieve.

Solo el sonido del agua cayendo desde los rociadores.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

Algo estaba mal.

Muy mal.

......................

Poco a poco el incendio terminó de extinguirse.

El humo comenzó a disiparse.

La visibilidad mejoró.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Y fue entonces cuando ocurrió.

Retrocedí involuntariamente un paso.

Mi mirada se había fijado en el rostro de Aoi.

Algo cubría una de sus mejillas.

Algo rojo.

Brillante.

Yoru también lo notó.

Su expresión se endureció.

—Aoi... —murmuré.

Ella me miró.

—¿Qué ocurre?

Sentí que la garganta se me cerraba.

—¿Qué es eso rojo que tienes en la cara?

Aoi parpadeó.

Confundida.

Se llevó una mano a la mejilla.

Sus dedos rozaron la sustancia.

Luego observó su palma.

El color desapareció de su rostro.

Rojo.

Rojo oscuro.

Sangre.

—No...

Su voz apenas salió.

—No...

El miedo se convirtió en auténtico terror.

Todos pensamos exactamente lo mismo.

Y ninguno se atrevió a decirlo.

—¡HARU! —gritó Aoi con desesperación.

—¡HARU! —grité yo también.

—¡Haru! —llamó Yoru.

Pero la noche permaneció muda.

No hubo respuesta.

Ni una sola.

Comenzamos a avanzar hacia la cabaña.

Aoi iba delante.

Corriendo.

Tropezando.

Llorando.

Gritando el nombre de Haru una y otra vez.

Yo caminaba junto a Yoru.

O más bien...

Me aferraba a su brazo.

No me había dado cuenta hasta ese momento.

Mis dedos estaban clavados en su manga.

Como si temiera perderlo de vista.

Como si fuera lo único que me mantenía en pie.

Tal vez era agua...

La idea apareció de repente en mi mente.

Tal vez lo que sentí bajo mis pies era agua...

Quise creerlo.

Lo necesité desesperadamente.

Respiré hondo.

Me armé de valor.

Y bajé la mirada.

La luz de la linterna iluminó la nieve.

Mis pies.

Y aquella sustancia.

No era agua.

Era sangre.

Mi estómago se hundió.

Sentí que todo mi cuerpo se volvía frío.

Mucho más frío que la propia tormenta.

Aoi llegó primero a la entrada.

Y entonces se derrumbó.

Cayó de rodillas sobre la nieve.

Un grito desgarrador escapó de su garganta.

Un grito tan lleno de dolor que todavía mucho tiempo después sería imposible olvidarlo.

—¡HARUUUU!

Yo y Yoru todavía nos encontrábamos unos pasos más atrás.

No alcanzábamos a ver con claridad.

Pero bastó observar la reacción de Aoi para saber que algo horrible nos esperaba.

Seguimos avanzando.

Un paso.

Luego otro.

Y otro más.

Hasta que finalmente llegamos.

Y lo vimos.

Haru estaba allí.

Inmóvil.

Tendido cerca de la entrada principal.

La cabeza partida en dos por un hachazo limpio y brutal.

La sangre aún brotaba en un hilo lento y oscuro que se mezclaba con la nieve.

El cerebro quedaba a la vista, grisáceo y brillante bajo la luz fría del teléfono.

Un ojo miraba hacia un lado; el otro estaba destruido.

El hacha seguía clavada en la madera del marco de la puerta, a pocos centímetros de su cuerpo desplomado.

La visión era tan brutal que mi mente se negó a procesarla durante varios segundos.

No.

No podía ser.

No Haru.

No él también.

Sentí que las piernas dejaban de responderme.

El mundo comenzó a girar.

Me llevé una mano a la boca.

Pero fue inútil.

Me giré hacia un lado.

Y vomité.

Una vez.

Y otra.

Y otra más.

Las lágrimas llenaron mis ojos.

No podía respirar.

No podía pensar.

Solo podía escuchar los sollozos desesperados de Aoi.

Y el silencio de Yoru.

Un silencio mucho más aterrador que cualquier grito.

Porque cuando levanté la vista, vi que incluso él había palidecido.

Y comprendí algo que me heló la sangre.

Akira había muerto.

Ahora Haru también.

Y eso solo podía significar una cosa.

El asesino seguía allí.

Muy cerca.

Observándonos desde algún lugar de aquella tormenta interminable.

1
~|•ZUILIN T.R•|~
siguiente capítulo Porfavor 🙏 🙌
~|•ZUILIN T.R•|~
que paso??? quiero la continuación!!!
breli verlum
entons... si es yoru???
breli verlum
muy entretenida 10 de 10
Ruczca🐈‍⬛🌸: Gracias por tu comentario y calificación me hacen muy feliz.🫂❤️
total 1 replies
breli verlum
me gusto un montón, siempre me han gustado historias así, omegaverse con terror, pero se me es difícil encontrar más que con apocalipsis y algunas relamente no son de terror. gracias
Ruczca🐈‍⬛🌸: De nada, me encanta leer tus comentarios nunca dejes de comentar. Me hace muy feliz que te guste. 🫶🏻❤️
total 1 replies
breli verlum
ahora si le creen verdad 🤣
breli verlum
wey si me asuste 🤣
breli verlum
chale, también lo van a concluir en la cocina
breli verlum
la van a encontrar muerta
breli verlum
que no te pase nada 😭
breli verlum
va a morir y mi pequeño tendrá que ir a terapia para que le ayuden a creer que nada fue su culpa
breli verlum
uy, yo le hubiera dicho, la que fumo fuiste tu, si no lo.hubieras hecho, tu novio que te pone el cuerno seguiría vivo
breli verlum
loca, pero si no lo apoyaste cuando dijo: fueron unos dedos, dos, si la que funciona.fuiste tu, tres, tas viendo y no ves
breli verlum
wey lo forzo😭, relamente no fue algo consensuado. creo.
breli verlum
siento que va encontrar algo no debido 🤣😭
breli verlum
chinga, si que fumo fuiste tu
breli verlum
no, el si
breli verlum
al aventó, sorprendida
breli verlum
dijo el señor, no salgan de noche, chale
breli verlum
entonces atras de Haru ya venia ese ser, osea que ya estaba en la casa? entendí en la.entrada d ela casa paso, puede que haya estado cerca de la entrada
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