En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 23: El sabor del lunes y un territorio marcado
Capítulo 23: El sabor del lunes y un territorio marcado
El lunes por la mañana llegó con un aire especialmente renovado al Distrito Norte. En el trayecto en el sedán negro de alta gama, el ambiente dentro de la cabina ya no albergaba la más mínima pizca de timidez o incertidumbre. Tras la cena del sábado en las altas montañas, el vínculo entre el alfa dominante y el leopardo de las nieves se había consolidado por completo.
Oleg iba sentado en el asiento del copiloto, vistiendo un elegante jersey de cuello alto color verde musgo que hacía resaltar su cabello platinado. Su larga y pesada cola invernal descansaba sobre su regazo, y sus dedos amasaban con una calma absoluta el pelaje gris con motas negras. Sus orejas blancas se movían al ritmo de su respiración, completamente relajadas. A su lado, la mano derecha de Zhìyuān descansaba firmemente sobre el volante, mientras que de vez en cuando, en los semáforos, sus dedos de pantera se entrelazaban con los del omeguita en un agarre posesivo y protector.
Cuando el vehículo se estacionó en el sótano tres de la constructora Líu, el alfa dominante no se apresuró a apagar el motor. Se giró hacia Oleg, y sus ojos amarillos dorados brillaron con una fijeza implacable. Su aroma a café amargo y madera oscura se expandió por el auto, envolviendo al omega en una capa densa y cálida de feromonas de pertenencia.
—A partir de hoy, Oleg, no hay necesidad de ocultar absolutamente nada en el piso doce —declaró Zhìyuān con su voz profunda y grave, sus orejas erguidas con total autoridad—. Deja que tu aroma se mezcle libremente con el mío. Es hora de que el personal entienda los límites de este territorio.
Oleg sintió un vuelco de felicidad en el corazón. Sus orejas dieron un rápido brinco y sus pequeños colmillos superiores se mostraron en una sonrisa dulce. Un tierno prusten escapó de sus labios, y asintió con la mirada llena de determinación estoica.
Al subir al piso doce y salir del ascensor, la atmósfera del pasillo financiero cambió en un segundo. Oleg ya no caminaba encogido ni abrazando su cola como un escudo; avanzaba al lado de la imponente figura de su jefe, con su pesada cola meciéndose con un vaivén elegante y aristocrático detrás de él. Lo más impactante para los empleados que se encontraban en el pasillo fue el aroma: la fragancia alpina y helada del leopardo de las nieves estaba tan profundamente entrelazada con el café amargo de la pantera que resultaba imposible no percibir el fuerte lazo que los unía.
Min Sahara, que salía en ese momento del departamento de ventas con una carpeta en la mano, se detuvo en seco al sentirlos llegar. Al percibir la abrumadora combinación de feromonas y ver cómo Zhìyuān colocaba una mano firme y protectora en la parte baja de la espalda de Oleg, las plumas de pavo real de la chica dieron un violento temblor de frustración y envidia. Sahara palideció por completo, dándose cuenta de que todos sus intentos por opacar o menospreciar al omeguita habían fracasado rotundamente; Oleg no solo se había graduado con honores de la universidad de la timidez, sino que ahora era el dueño absoluto del corazón del alfa más poderoso de la constructora.
Oleg pasó al lado de Sahara sin siquiera mirarla. Sus orejas blancas apuntaron hacia el frente y sus dedos amasaron sutilmente la correa de su bolso de alta gama, completamente ajeno a la envidia ajena y enfocado únicamente en el futuro que construía.
Al entrar al despacho de caoba, Oleg colocó la bolsa térmica sobre la mesa de juntas con un entusiasmo radiante.
—Hoy preparé algo muy especial para el almuerzo, señor Wú. Un estofado tradicional con bayas del norte que le dará mucha energía —anunció el omeguita, con sus orejas agitándose felices.
Zhìyuān cerró la puerta de cristal opaco, aislando al mundo exterior, y una casi invisible sonrisa curvó sus labios huraños. Se acercó al omega, permitiendo que sus feromonas se suavizaran en un abrazo invisible y reconfortante.
—Estoy deseando probarlo, mi pequeño leopardo —respondió la pantera con su voz grave y pausada, sellando con esas palabras el inicio de una nueva era en el piso doce, donde el trabajo duro y el amor más puro finalmente caminaban de la mano.