Luna Salcedo murió traicionada por su prometido, su hermana y su propia familia. Antes de cerrar los ojos, entendió que el hombre al que más odiaba, Damian Alcázar, quizá había sido el único que nunca la abandonó.
Cuando despierta de nuevo en el pasado, Luna no piensa repetir la misma vida. Para vengarse, recuperar Grupo Rivas y desenmascarar a quienes la destruyeron, toma una decisión que sacude a todos: casarse con Damian, el hombre más temido del círculo empresarial.
Ella solo quería usar ese matrimonio como escudo. Él, en cambio, no piensa soltarla.
Entre celos, secretos familiares, viejas heridas y una pasión que ninguno de los dos sabe controlar, Luna descubrirá que su peor enemigo tal vez siempre fue su única salida.
NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23
Capítulo 23
En el Hospital Privado San Gabriel, Abril Vega descubrió demasiado tarde que la habían llevado con engaños.
Luna dijo que era un chequeo.
Abril creyó que iba a acompañarla.
Pero el nombre registrado era Luna Salcedo y el cuerpo revisado era el suyo.
—Amiga, ¿qué estás haciendo? —Abril se cruzó de brazos—. ¿Un chequeo general necesitaba ginecología completa?
Luna sonrió con paciencia.
—Pórtate bien. Coopera con el doctor.
—No.
—Si cooperas, te consigo la firma de tu actor favorito.
Abril se enderezó.
—¿De verdad?
—Mañana entro a Estrella Films. Medio pie en el medio ya tengo.
Abril cambió de cara al instante.
—Doctor, ¿qué necesita? ¿Me quito la blusa o el pantalón?
El médico se quedó incómodo.
Luna se cubrió la boca para no reír.
Como pidió canal rápido, varios resultados salieron ese mismo día.
El médico revisó el expediente y sonrió.
—Felicidades, señorita Salcedo. Tiene un mes de embarazo. Algunos indicadores no están bien, así que necesita reposo, dejar alcohol, tabaco, desvelos y evitar cualquier esfuerzo.
Las dos se quedaron mudas.
Abril giró lentamente hacia Luna.
—¿Estás embarazada?
¿Entonces de quién era?
Damian acababa de casarse con ella hacía pocos días.
¿Mateo?
Luna casi se mareó con esa pregunta.
—Abril, no me asustes. El registro está a mi nombre, pero la que se hizo los estudios fuiste tú.
Abril parpadeó.
Una vez.
Dos.
—¿Yo? ¿Yo estoy embarazada?
La seguridad se le cayó de la cara.
Luna la tomó del brazo y la llevó a sentarse.
—Abril, ese bebé... ¿es de él?
Luna sabía que Abril tenía un hombre escondido.
Una relación complicada.
Nunca lo llevó a conocerla.
Abril, que siempre hablaba como si nada pudiera tocarla, tenía miedo en los ojos.
Miedo y una confusión profunda.
Luna sintió un dolor viejo.
En su vida pasada, Abril nunca tuvo hijos.
Ella siempre creyó que el alcohol, los desvelos y esa vida rota la habían dejado sin poder embarazarse.
Ahora entendía otra posibilidad.
Tal vez fue este bebé.
Tal vez Abril lo perdió o lo abortó sola, sin decirle a nadie, justo cuando Luna estaba hundida por lo de Damian y Mateo.
Luna se odió un poco.
—No puedo tenerlo —dijo Abril al fin.
Su voz ya estaba clara.
Había tomado una decisión demasiado rápido.
—No. No estoy de acuerdo.
Luna le agarró las manos.
—No sé qué pasó con ese hombre. Pero si no puedes criarlo, lo criamos juntas. Yo te ayudo. Yo lo mantengo. Lo que sea.
Abril la miró.
—Luna...
—No te estoy obligando porque sí. Solo no quiero que mañana te arrepientas. Te conozco. Cada vez que ves niños, te quedas mirándolos como si te faltara algo.
Los ojos de Abril se humedecieron.
—Déjame pensarlo.
—Eso sí. Pensarlo, no correr a destruirte.
Luna habló con el médico, preguntó cuidados, riesgos y recomendaciones.
Luego sacó a Abril del hospital como si llevara cristal.
Ninguna de las dos vio a la mujer que entró minutos después al consultorio.
La mujer salió con una copia del reporte.
Sonrió mirando hacia donde Luna se había ido.
En el tercer piso, área VIP, Renata Salcedo estaba acostada con cara pálida.
Silvia Quiroga, Karla Galindo y Lili Dominguez la acompañaban.
Silvia entró casi corriendo.
—Adivinen a quién vi.
Renata frunció apenas el ceño.
Se notaba molesta por el ruido, pero sonrió débil.
—¿A quién?
—A tu hermana. Luna Salcedo.
Renata bajó los ojos.
—No fue culpa de mi hermana. Yo...
—Ay, Renata —dijo Karla—, eres demasiado buena. Por eso te pisan.
—Exacto —añadió Lili—. Tú también eres hija de los Salcedo. ¿Por qué siempre tienes que ceder?
Silvia levantó un papel.
—Esperen a escuchar lo bueno. Luna fue a hacerse estudios. Conseguí una copia.
Lili se lo arrebató.
Leyó.
Su cara cambió.
—Luna está embarazada. ¡Un mes!
Renata se incorporó de golpe.
—¿Qué?
El papel tembló en su mano.
Un mes.
¿De quién?
Luna odiaba a Damián antes de la boda. La única noche que pudo pasar con él fue gracias al plan de Renata.
Antes de eso...
¿Mateo?
El corazón de Renata se hundió.
¿Mateo había tocado a Luna mientras estaba con ella?
No.
No podía permitirlo.
—Ese bebé... no creo que sea de Mateo —dijo con voz frágil—. Hace un mes él ni siquiera estaba aquí.
Las otras tres se miraron.
—Entonces Luna se metió con otro —escupió Lili—. Qué asco.
—Mañana en la reunión hay que abrirle los ojos a todos —dijo Silvia—. Que dejen de verla como santa.
Renata no contestó.
Cuando Karla y Silvia se fueron, Lili se quedó.
—Renata, dime la verdad. ¿Ese bebé es de Mateo?
Renata se mordió el labio.
—No lo sé. Solo dije eso para proteger la reputación de Mateo.
Lili apretó el reporte.
La obsesión por Mateo le nubló la cara.
—Entiendo.
Al irse, se llevó la copia.
Renata se recostó.
Sonrió frío.
Lili amaba a Mateo hasta la locura.
Si creía que Luna cargaba un hijo suyo, no la dejaría tranquila.
Mejor.
Renata no podía atacar.
Alguien lo haría por ella.
Esa noche, Luna acompañó a Abril hasta su departamento.
También le prohibió ir a La Hiedra.
—Te vas a quedar quieta. Nada de alcohol, nada de desvelos.
—Me tratas como paciente terminal.
—Como futura mamá.
Abril miró su bar.
El dolor fue real.
—Pobres mis botellas.
Luna le mandó un mensaje a Damián:
Hoy no regreso. Me quedo en casa de Abril.
Abril, tirada en el sofá, soltó una risita.
—Mira nada más. Ya reportas ubicación. Esto huele a romance.
—Es trabajo. Mañana voy a Estrella Films.
—Ajá.
Abril la miró con malicia.
—Admítelo. Te gusta Damian.
Luna se quedó callada.
Luego se sentó junto a ella.
—Abril, mi mamá no murió por culpa de Damian.
Abril dejó la broma.
No preguntó pruebas.
Solo asintió.
—Te creo.
Luna sintió que algo dentro se aflojaba.
—Aún no tengo evidencia, pero la voy a encontrar.
—Lo sé.
Abril tomó su mano.
—Y sobre Damian... no tienes que resolverlo hoy. Si te hace bien, quédate. Si te falla, lo pateamos.
Luna rio.
Abril se tocó el vientre.
—Yo ya decidí. Voy a tenerlo.
—¿Segura?
—Sí. Lo crío yo. Y si tu Damian se porta mal, tú y yo nos vamos a vivir juntas. Yo pongo el bebé, tú pones el dinero. Alguien tendrá que cuidarnos cuando estemos viejas.
Luna no pudo evitar soltar la carcajada.
—Piensas demasiado lejos.
El celular sonó.
Damian respondió al mensaje con tres signos:
???
Abril se dobló de risa.
—Está protestando.
Luna escribió:
Protesta rechazada. No puedes meterte en mi vida social normal.
El teléfono sonó casi de inmediato.
En la pantalla decía:
Demonio Alcázar.
Abril hizo una cara de tía chismosa.
Luna la amenazó con la mirada y contestó.
Ni siquiera pudo saludar.
La voz de Damián llegó baja y dominante:
—Las reglas de la familia Alcázar permiten llegar tarde. No permiten dormir fuera.