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Regresé y Mi Lugar Ya Era de Otra

Regresé y Mi Lugar Ya Era de Otra

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:172.1k
Nilai: 4.8
nombre de autor: lulu

Valeria Salcedo se fue de México sin explicar la verdad: estaba enferma, sola y convencida de que dejar a Alejandro Alcázar era la única forma de no arruinarle la vida.

Tres años después, vuelve decidida a empezar de cero con su papá y un nuevo trabajo. Pero el primer proyecto que recibe la pone frente a Camila Rivas, la nueva novia de Alejandro. Una mujer dulce frente a todos, venenosa cuando nadie mira.

Alejandro ya no es el hombre que la amaba. Ahora la humilla, la duda, la acusa y protege a otra con la misma ternura que antes era solo para ella.

Valeria intenta mantenerse lejos, pero cada encuentro abre una herida vieja. Entre mentiras, escándalos, accidentes y nuevas oportunidades, tendrá que decidir si sigue atada al amor que la destruyó o si por fin se elige a sí misma.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23

No era llanto bonito.

Era de esos que salen con la garganta rota.

Santiago no dijo más. Me sostuvo y me dio palmadas suaves en la espalda hasta que pude respirar.

Cuando al fin me calmé un poco, me miró la cara.

—¿Quién te hizo esto?

Le conté todo.

Vargas. Camila. Los medios. La casa. Papá escuchando a esos desgraciados.

Mientras hablaba, los ojos de Santiago se fueron poniendo rojos.

No de llanto.

De coraje.

Cuando terminé, apretó los puños tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos.

—Los voy a hundir.

Se dio la vuelta.

Lo agarré del brazo.

—No. Ahora no.

—Valeria...

—Mi papá está en urgencias.

Santiago se quedó quieto.

La rabia no se le fue. Sólo la metió hacia dentro.

Golpeó la pared con el puño.

La piel se le abrió.

—Te juro que van a pagar —dijo entre dientes—. Uno por uno.

Yo asentí.

No porque quisiera venganza en ese segundo.

Porque ya no me quedaba fuerza para discutir.

Esperamos hasta la madrugada.

El pasillo olía a desinfectante y café viejo. Cada vez que una puerta se abría, yo levantaba la cabeza.

Al fin salió el médico.

—El señor Salcedo está fuera de peligro por ahora. Sigue inconsciente. Fue un infarto agudo, pero respondió al manejo inicial. Si despierta durante el día y se mantiene estable, en unos días podríamos pasarlo a piso.

Me cubrí la boca.

No quería llorar otra vez.

—¿Podemos verlo?

—Por ahora no. Va a terapia intensiva.

Vi cómo empujaban la camilla por el pasillo.

Papá iba pálido, con tubos y cables pegados al cuerpo.

Quise seguirlo.

Una enfermera me cerró el paso con cuidado.

—Todavía no puede entrar, señorita.

Santiago me llevó a sentar frente a terapia intensiva.

Nos quedamos ahí sin hablar.

Su celular empezó a sonar.

Lo vio y colgó.

Sonó otra vez.

Volvió a colgar.

—Contesta —le dije.

—No importa.

—Si llaman a estas horas, sí importa.

Santiago dudó.

Al final se levantó y se fue al fondo del pasillo.

Habló poco. Cuando volvió, tenía la cara seria.

—Tengo que ir a la empresa. Hay un problema.

—Ve.

No se movió.

—¿Puedes quedarte sola?

—Sí.

Me miró como si no me creyera.

Luego se fue.

Pensé que ya se había marchado, pero regresó diez minutos después con dos vasos de atole de avena y una bolsa de pan dulce.

—Come.

—No tengo hambre.

—Entonces toma dos tragos. Si no comes, no me voy.

Tomé el vaso.

El atole estaba tibio. Me costó tragar, pero bebí un poco.

Santiago destapó el otro vaso y también tomó.

Luego partió una pieza de pan y me la puso en la mano.

—Aunque sea esto.

Di una mordida.

Su celular volvió a sonar.

Santiago se limpió los dedos con una servilleta.

—Tengo que irme ya. Cualquier cosa, me llamas. No importa la hora.

—Sí.

Se quedó un segundo más, como si quisiera decir algo.

Al final no dijo nada.

Se fue.

Me quedé sola frente a la puerta de terapia intensiva.

No pasó mucho antes de que sonara mi celular.

Era Emiliano.

Miré su nombre varios segundos antes de contestar.

—¿Valeria, dónde estás? Fui a tu casa y no había nadie. Necesito hablar contigo.

Su voz no era cálida.

Era baja. Fría.

—Estoy en el hospital.

—Voy para allá.

Colgó.

El pecho se me apretó.

Ya lo sabía.

Las noticias habían salido.

Y yo había perdido el momento de contárselo antes.

Emiliano llegó rápido.

Se detuvo a unos pasos de mí.

Me miró la cara golpeada, la ropa, las manos. Sus ojos cambiaron, pero su expresión siguió demasiado quieta.

—¿Qué pasó con la noticia? —preguntó—. ¿Vargas te golpeó? ¿Qué tenías que hacer tú con ese hombre?

Me levanté despacio.

—Fui a devolverle dinero a Alejandro. Vargas era su socio. Me vio ahí, empezó a acosarme y después intentó forzarme. No logró hacerlo, pero me golpeó. La noticia la filtró Camila para ensuciarme. Eso es todo.

Emiliano me escuchó sin interrumpir.

Cuando terminé, su mirada se volvió más triste que enojada.

—¿Y por qué no me llamaste?

—Mi papá tuvo un infarto anoche. Está en terapia intensiva. No he dormido. No sabía cómo...

—No me llamaste cuando Vargas te atacó. No me llamaste cuando tu papá cayó. Me mentiste diciendo que estabas enferma.

—Emiliano, yo...

—¿Desde cuándo soy el último en enterarse de todo?

No tuve respuesta.

Él miró los dos vasos de atole sobre la silla.

—¿Quién estuvo contigo?

Me quedé fría.

—Santiago. Es médico aquí. Me ayudó a contactar especialistas.

Emiliano soltó una risa corta, sin alegría.

—Cuando te pasó lo de Vargas, Alejandro lo golpeó por ti. Cuando tu papá se enfermó, Santiago estuvo contigo y buscó médicos. Si no fuera por la noticia, yo seguiría como un idiota creyendo que todo estaba bien.

—No es así.

—¿Entonces cómo es?

Me froté la frente.

Me dolía todo.

La cara. El cuerpo. La cabeza. La culpa.

—No sé cómo explicarte ahora. Mi papá sigue inconsciente. ¿Podemos hablar de esto después?

Emiliano guardó silencio.

La dureza de su rostro bajó un poco.

—¿Cómo está tu papá?

—Fuera de peligro por ahora. Pero sigue en observación.

Se sentó a mi lado.

Entre nosotros quedó un silencio raro.

Entonces pasó una enfermera con una tabla.

Recordé de golpe algo absurdo y urgente.

—Disculpe —la llamé—. ¿Dónde puedo pagar el depósito de hospitalización?

La enfermera me miró.

—En cajas, planta baja.

Le di las gracias.

Emiliano se levantó conmigo.

—Yo lo pago.

—No. Yo puedo.

—Valeria, no es momento para eso.

—Precisamente por eso no quiero mezclar más cosas.

Su cara se tensó.

—¿Ni esto puedes aceptar de mí?

Bajamos discutiendo en voz baja.

La ventanilla estaba casi vacía. Cuando llegué, di el nombre de papá.

La cajera tecleó y revisó la pantalla.

—Ya hay un depósito.

—¿Cómo?

—Se abonaron doscientos mil pesos esta mañana.

Me quedé inmóvil.

—¿Puede decirme quién lo hizo?

—El doctor Santiago Robles.

El estómago se me hundió.

Ahora entendía por qué Santiago se había ido con esa cara, por qué había querido decir algo y al final se calló.

—¿Se puede devolver y volver a pagar?

La cajera negó sin levantar mucho la vista.

—No, señorita. No así.

Salimos de cajas.

Emiliano se detuvo en el pasillo.

—En todos tus momentos difíciles, el primero nunca soy yo.

—Santiago sólo es mi amigo. Le voy a devolver el dinero.

—Santiago está comprometido con Renata. Tú sabes cuánto lo quiere ella.

—No pasó nada.

—No estoy hablando sólo de eso.

Me miró con una calma que dolía.

—Yo no quiero una esposa que tenga que aprender a elegirme. Quiero una esposa que, cuando se rompa el mundo, piense en mí.

Sus palabras me atravesaron.

Me defendí con lo primero que salió.

—¿Y tú? ¿Cuánto confiaste en mí? Llegaste preguntando como si yo tuviera que probar que no hice nada malo. Mi papá casi se muere, mi cara está así, y tú estás contando quién estuvo conmigo.

Emiliano cerró los ojos.

—Tal vez esto fue un error.

La frase quedó entre los dos.

No pude retirarla.

Él metió la mano al bolsillo y sacó una cajita.

La abrió.

Dentro había un anillo de diamante.

—Era para nuestro compromiso.

Me lo puso en la mano.

—Guárdalo. O tíralo. Como quieras.

—Emiliano...

—Terminemos, Valeria.

El pasillo se quedó sin sonido.

—Siempre supe que tu corazón no estaba conmigo —dijo—. Me engañé pensando que, con tiempo, algún día me mirarías igual. Pero no.

Me quedé mirando el anillo.

No lloré de inmediato.

Quizá porque una parte de mí, la más honesta, sintió alivio.

Y eso me hizo sentir peor.

Emiliano habló más suave.

—Yo voy a cancelar lo del compromiso. Mi mamá también lo sabrá por mí. No te preocupes por el trabajo ahora. Cuida a tu papá. Y cuídate tú.

Quise decir algo.

No encontré nada que no sonara falso.

Él se fue.

Volví a la puerta de terapia intensiva con el anillo apretado en el puño.

Me senté, doblé el cuerpo y apoyé la frente en las rodillas.

No sabía si acababa de perder una relación o de soltar una mentira que ninguno de los dos merecía.

Los dos días siguientes me quedé en el hospital.

No me peiné. Casi no me lavé la cara. Dormía a ratos en una silla.

El médico dijo que papá había despertado varias veces y que cada vez aguantaba más tiempo consciente.

—Si sigue así, pronto lo pasamos a habitación. Pero usted necesita descansar. Si se desmaya aquí, no va a ayudarlo.

Acepté volver a casa unas horas.

Me daba miedo que el estómago volviera a dolerme, así que antes compré una torta sencilla en una fonda cerca del hospital. Comí dos mordidas y tomé un taxi.

Al llegar, vi la pared de la entrada.

Habían pintado con aerosol rojo:

"Valeria Salcedo, puta".

La cerradura estaba rota en el piso.

La puerta, entreabierta.

Entré con el corazón golpeándome las costillas.

La casa estaba destruida.

Los vidrios rotos cubrían el suelo. Las sillas estaban partidas. Los cajones abiertos. La ropa tirada. La mesa volteada.

Corrí a mi cuarto.

Abrí el clóset.

El reloj que Santiago me había regalado ya no estaba.

Sobre el escritorio había una hoja.

Escrita con marcador rojo.

"Esto apenas empieza. Vas a pagar con sangre. Diez veces más."

Me quedé parada en medio del cuarto.

Con el anillo de Emiliano en el bolsillo.

Con la casa de papá hecha pedazos.

Y por primera vez entendí que Camila no quería asustarme.

Quería destruirme.

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Nerida Navas
EXCELENTE, ES UNA LINDA HISTORIA, ME ENCANTÓ DE PRINCIPIO A FIN... FELICITACIONES Y BENDICIONES PARA TI... SIENTO QUE YA LA HABÍA LEÍDO, PERO IGUAL LA DISFRUTÉ MUCHO... QUÉ DIOS TE BENDIGA Y PROTEJA Y AYUDE A TENER MUCHOS ÉXITOS EN TU VIDA 🙏💐🌹
Guiomar Elena
Hermosa historia. Gracias por compartir. Éxitos y muchas bendiciones para ti.
Encarnación Sañudo Barrientos
Por fin algo bonito y diferente en el último capítulo. Que novela tan llena de tragedia
Mary Cabrera
un fin un poco no se natural, fácil, sin golpes o humillación, sin sobresaltos, por qué esa mujer era de nunca morir por qué si que recibió golpes, enferma y rechazada, el hombre la amo mucho pero también la destruyó, y el dolor de un hijo perdido no lo cura nada
Ada Luque
final muy flojo
Mary Cabrera
junnn otra bruja 🤨
Mildred Maiz
de verdad le deseo toda la suerte a caminar que te destruya hasta el polvo
Mildred Maiz
perdón por nuestro gremio, pero en estos momentos me alegra loquera lentamente porque nonouwdo entender como una mujer tan inteligente según lo que narran, se comporte como una cosa por no decir el nombre, le pagan, la manosean, casilla violín, la venden como prostituta barata y aun sigue
a y como midiera emiliano que como hombre acepta este tipo de cosas y aun asi sigue detrás de ella
esta esceitora pone a la mujer peor que una botella vacía de agua en l alcalde pateada hasta por el perro callejero
Mary Cabrera
la escritora la odia, por qué a cada rato le pegan la maltratan humillan, cuánto más? 🤨
Mary Cabrera
😭😭😭😭no injusto, Santiago no debería haber muerto 🥹🥹
Mary Cabrera
pues tenia que salvarla después de enterarse de todo lo que hizo la bruja y el le hizo caso, así que ojalá no se quede con él
Mary Cabrera
y vuelve la burra al trigo🤨 es más bruta sabiendo la calaña y todavía vuelve a qué la sigan maltratando más estúpida no puede ser😏
Mary Cabrera
haber si con esto abre los ojos
Mary Cabrera
la bruja hizo eso por qué el hijo no era de el y ahora moto al propio🤨 y la idiota todavía hay😏
Encarnación Sañudo Barrientos
No, no, no, siento que voy a explotar por dentro
Mary Cabrera
🤨 no entiendo que quiere, investigar bien, pero acaso no entiende que ese tipo aunque sea tan estúpido y manipulable y según no sepa la verdad es un idiota y que ya le a echo mucho daño😏
Mary Cabrera
drogada🤨
Mary Cabrera
no pero está todavía sigue viva con todo lo que le pasa 🤨
Mary Cabrera
hay no pero como hace eso si quería protección era con emiliano y no con este baboso, de verdad que es más bruta que cualquiera 🤨
Mary Cabrera
por favor 😏 es que es bruta y no sabe hacer nada bien, hay me cansa eso 🤨
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