Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 23
Apolo estaba viendo la joya cuando escuchó lo que Alicia le decía, suspiró profundamente y dijo.
—Lelia, eres tan descuidada, pero en fin, estos dos viejos son tan astutos que era imposible que no te descubrieran. -
Pensó en estas palabras y terminó diciéndolas en voz alta.
Paolo se acerca al escuchar lo que dijo y con sorpresa en su voz exclamó.
—¡Lelia! Es la hermana gemela de Aelia, pero ¿cómo terminó aquí? ¿Te casaste con ella? ¿Dónde está Aelia? -
Apolo suspiró profundamente; al final ellos eran los trabajadores de sus padres, los que cuidaron de él cuando sus padres murieron.
Aparte de su tío, solo a ellos respetaba y quería como familia; los miró por un momento y empezó a decirles.
—Aelia escapó unos días antes de la boda y Lelia vino a traerme una carta de esa ingrata.
Yo estaba furioso con lo que me hizo, no pude controlar mi mal humor y ustedes saben que si no me casaba con Aelia, mi tío me casaría con una de esas mujeres tontas y fastidiosas.
Lelia es idéntica a su hermana y yo estaba furioso, me sentía humillado; la obligué a que tomara el lugar de su hermana.
La amenacé para que se casara con el nombre de Aelia; fue algo que pasó tan rápido. Era la mejor opción, una mujer que va a estar bajo mi control, que no va a poder traicionarme, porque eso significaría su muerte. -
Alicia negó con la cabeza y, molesta, le dijo.
—Apolo, ¿cómo pudiste hacer esto? Esa jovencita no es como Aelia, una descarada y sinvergüenza, que, la verdad, no importa si la usas para lo que quieras, pero Lelia es diferente.
Esa jovencita se mira que es inocente, alguien pura y alguien que no se merece pasar por esta humillación; la estás haciendo vivir en el pecado. -
Paolo tocó el brazo de Alicia al momento de decir.
—Joven Duque, ¿quién más sabe que ella es Lelia? -
Apolo caminó hasta acercarse al escritorio, deja el pequeño baúl y se sienta en el borde del escritorio con sus manos cruzadas en el pecho; al voltear a verlos, les dice.
Hicimos creer a sus padres que yo creo que ella es Aelia; siendo tan egoístas e interesados, aceptaron que tomara el lugar de su hermana.
Solo yo y Lelia sabemos lo que realmente pasa; es la única que ha escuchado mis amenazas para que se casara conmigo y ahora ustedes dos.
Si me traiciona, toda la culpa caerá sobre ella; yo solo diré que fui engañado y la única que terminará siendo ejecutada será ella, pero la verdad, no creo que diga nada, es alguien que protege a su familia.
En nuestro acuerdo, ella estará a mi lado toda la vida, tendrá mis hijos, tendrá que ser una buena duquesa.
Sobre el pecado que mencionan, recuerden la boda y nuestro juramento; no se dijeron nombres, solo dos personas que estaban presentes.
Nosotros estamos casados y nuestro juramento ante Dios es real, no estamos en pecado, aunque ella no lo sabe; me gusta molestarla.
Ella es diferente a su hermana, es noble y, por lo que he mirado, no es alguien que tenga maldad en su corazón.
Al final, es alguien que me va a ayudar con algunos problemas que tengo; pienso usarla para mis beneficios de la misma manera que pensaba hacerlo con Aelia. -
Alicia, al escuchar lo que dijo, alterada le gritó.
—No lo voy a permitir, esa jovencita no es una sinvergüenza como Aelia; hasta puedo decir con seguridad que nunca ha estado con un hombre.
Voy a cuidar a esa jovencita y, aunque no me gustan los métodos que usaste para hacerla tu esposa, creo que es la indicada para ser la gran duquesa. -
Paolo frunce el ceño y con una seriedad empieza a decir.
—Yo tenía entendido que la señorita Lelia estaba en el convento. ¿Cómo es que llegó aquí? -
Apolo hace una mueca de duda al momento de decir.
—Parece que Aelia la hizo venir para la boda; no estoy seguro, pero tal parece que fue una trampa que le pusieron a Lelia.
Quiero creer que Aelia me la trajo para que tomara su lugar y podemos ver que Lelia es una joven noble, con buen corazón, alguien que hace todo para que su familia esté a salvo. -
Paolo tenía la mirada fija en la joya al momento de decir.
—Dices que te casaste con ella porque te sirve para tus planes, pero te estás tomando tantas molestias para que ella se mire hermosa y brille en el palacio.
Mírate escogiendo el vestido que usaría, fijándote en cada detalle, y mira hasta la joya que escogiste; esto no lo hacías ni por Aelia, que se suponía que era tu títere para tus objetivos. -
Apolo nervioso responde rápido.
—Lelia no tiene buen gusto para la ropa y menos para escoger una buena joya; no es como Aelia con sus gustos exquisitos por la ropa y joyas. -
Alicia se ríe y, divertida, empieza a decir.
—Cuántas excusas para ocultar que solo estás preocupado por ella.
Dejemos esta conversación; ya te darás cuenta de lo que nosotros vemos y, tranquilo, te ayudaremos a cuidar de Lelia. -
Paolo y Alicia empezaron a hablar entre ellos sobre lo que harían para proteger a Lelia para que nada de lo que pasara dentro de la mansión no se conociera fuera.
Querían que ella fuera libre de hacer lo que quisiera dentro de la mansión, que no tuviera que estar siempre fingiendo quien no era.
Apolo trata de decirles que no era como lo estaban pensando, pero ellos no escucharon más sus palabras; solo los miró salir del despacho.
En el momento que se quedó solo, se gira molesto y da un fuerte golpe en el escritorio al mismo tiempo que grita.
—Yo no quiero cuidar de esa mujer, ella no me importa, solo es objeto que uso para lograr mis metas. -
En ese momento mira el pequeño baúl con la joya, lo toma y en el momento que lo abre para ver la joya, suspira profundamente.
Niega con la cabeza y dice para sí mismo.
—Lelia, eres mi maldita perdición; traerte a mi vida, tal parece que en lugar de ganar saldré perdiendo. -
Cierra el baúl y da media vuelta para ir a buscar a Lelia; quería ponerle esa joya y verla con ese vestido que escogió especialmente para ella.