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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XXI. El Peso de la Corona de Espinas.

(el siguiente capítulo será mucho más largo debido a la temporada de exámenes 📖)

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Ha pasado una semana. Siete días en los que las paredes de mi habitación se sintieron como las de un mausoleo y las páginas de mi diario se bebieron toda la bilis que mi alma fue capaz de producir. Pero el tiempo no se detiene por un corazón roto o una familia en ruinas. El calendario de la Academia sigue su curso implacable: es la semana final del segundo trimestre. Exámenes teóricos, exposiciones de estrategia y, lo más aterrador, la evaluación trimestral de vuelo.

Si no me presento, no solo perderé el año. Perderé a Vharok. El Estado no permite que un dragón de clase Tormenta permanezca vinculado a una jinete que no es capaz de superar sus pruebas. Y la idea de que me lo arrebaten, de que él sea entregado a otro por mi cobardía, fue el único pensamiento capaz de sacarme de la cama.

Me miré al espejo por primera vez en días sin apartar la vista. Las ojeras eran sombras violáceas, mi piel estaba más pálida de lo normal y mis labios seguían apretados en una línea de amargura. Pero me armé de valor. Me puse el uniforme, ajusté las correas de cuero de mi armadura de vuelo con una fuerza que me hizo gemir y me recogí el cabello en una trenza tan tensa que me estiraba la piel de las sienes.

—No lo haré por mi apellido —le dije a mi reflejo con una voz que, aunque seguía algo ronca, ya no temblaba—. No lo haré por el hombre que no me mira. Lo haré por las alas que me esperan en el patio.

Al bajar las escaleras, me crucé con mi padre en el gran vestíbulo. Él llevaba su uniforme de gala, listo para ir a supervisar las pruebas como oficial de alto rango. El aire se volvió de hielo. Me detuve a dos pasos de él. Esperé. Una palabra, una mirada de "buena suerte", un gesto mínimo que me dijera que seguía siendo su hija.

Mi padre se ajustó los guantes, miró a través de mí como si yo fuera una ventana sucia y salió por la puerta principal sin emitir un sonido. El hilo se tensó hasta casi romperse, pero esta vez no me caí. Me tragué el nudo en la garganta y caminé tras él, manteniendo la cabeza alta, aunque por dentro sentía que me estaba desangrando.

Llegar a la Academia fue como entrar en un nido de víboras. El murmullo cesó en cuanto mis botas golpearon el suelo del patio central. Sentí las miradas de los cadetes, los susurros escondidos tras las manos, las risas sofocadas de las chicas que siempre habían envidiado mi posición. Podía leer sus mentes: Ahí va la caída. Ahí va la deshonra.

Me dirigí directamente a la biblioteca para la primera exposición de Geografía Política y Estrategia de Vuelo. Mis manos estaban heladas, pero cuando abrí mis libros y vi mis notas, una chispa de la antigua Zhaeryntha se encendió. Ellos querían verme fracasar. Querían ver a la "niña mimada" derrumbarse bajo el peso de su pecado. Pero si algo me enseñó el dolor de esta semana, es que ya no tengo nada que perder, y una mujer que no tiene nada que perder es la criatura más peligrosa de este reino.

Me senté en mi pupitre habitual, ignorando el asiento vacío a mi lado que solía ocupar mi "círculo de amigos". Abrí mi manual y comencé a repasar los vectores de ataque y las corrientes térmicas. Estudié con una ferocidad casi maníaca, grabando cada mapa y cada teoría en mi cerebro como si fueran las últimas palabras de un condenado.

De pronto, una sombra se proyectó sobre mi mesa. No necesité levantar la vista para saber quién era. El olor a humo y acero cenizo lo precedía. Kaelthoryn estaba allí, de pie, con su uniforme perfectamente impecable pero con una mirada que buscaba desesperadamente la mía.

No le di el gusto. No levanté la cabeza. Seguí subrayando mi libro de texto con una calma gélida que me sorprendió incluso a mí. Si él pensaba que su sola presencia iba a provocarme otro ataque de pánico, estaba muy equivocado. Esta es la semana de exámenes, la semana que definirá mi futuro, y no voy a permitir que el hombre que me robó la paz me robe también mis alas.

—Vaelkríass... —susurró él, tan bajo que solo yo pude oírlo.

—Cállate y estudia, Dravenkael —respondí sin mirarlo, con una voz cortante como el cristal—. Tenemos un examen que rendir, y yo no pienso caer sola.

Me armé de valor, me hundí en los libros y me preparé para la guerra. Porque en esta academia, si no puedes volar con el corazón, tendrás que aprender a volar con la rabia. Y de eso, ahora mismo, tengo de sobra.

El banco de roble se sintió más estrecho que nunca cuando Kaelthoryn, ignorando mi muro de hielo, se dejó caer a mi lado. Sentí el calor de su cuerpo cerca del mío y el pulso me dio un vuelco violento, pero me obligué a no apartar la vista del manual.

De pronto, sus dedos largos y rudos se cerraron sobre el borde de mi libro y lo jalaron hacia su lado con un movimiento brusco.

—No traje mis libros —soltó él con esa arrogancia que me hacía querer gritar—. Déjame leer contigo, Vaelkríass. No seas egoísta.

—Consíguete el tuyo, Dravenkael —mascullé, tirando del libro hacia mí. Mis dedos rozaron los suyos y una descarga de electricidad y asco me recorrió el brazo—. Hay una biblioteca entera, vete a molestar a otra parte.

—Están todos prestados por los exámenes, lo sabes —insistió, tirando de nuevo con una sonrisa ladeada que no llegaba a sus ojos—. Vamos, solo será un repaso. A menos que tengas miedo de que aprenda tus secretos de estudio.

Forcejeamos un segundo más, un combate silencioso sobre el papel, hasta que me di cuenta de que estábamos llamando la atención. Solté un suspiro largo, cargado de una fatiga que me nacía en los huesos, y cedí.

—Está bien, quédate —murmuré para que solo él oyera—, pero si vuelves a tocarme, te juro que Vharok se encargará de que no necesites libros nunca más.

Él solo soltó una risita seca y se acomodó. Durante unos minutos, el único sonido fue el pasar de las hojas. Entonces, él cerró el libro a medias, marcando la página con el dedo, y me miró.

—Bueno, quiero que me tomes la lección. No sé qué van a preguntar exactamente, así que te diré lo que sé y tú me dices si voy a morir en el examen —dijo, apoyando el mentón en su mano—. Empecemos con la Ley de Sustentación Ígnea. Dice que un dragón gigante como los nuestros depende de la temperatura del aire desplazado por las alas; si el aire es demasiado frío, la membrana alar se vuelve rígida y el vuelo pierde maniobrabilidad.

—Parcialmente correcto —lo interrumpí sin mirarlo, corrigiendo un párrafo con el lápiz—. Olvidas la Tercera Condición de Flujo: en dragones de clase Tormenta, como Vharok, la sustentación no es solo física, es metabólica. Si el fuego interno baja de los 400 grados, el peso de las escamas rompe la aerodinámica. Continúa.

Kaelthoryn asintió, repitiendo mis palabras en voz baja, grabándolas con una concentración que me resultaba inquietante.

—Vale, entiendo. Metabolismo térmico —continuó—. Sobre historia... los Dragones Mitológicos de la Era Primordial, como Ur-Gorth el Devorador, se cree que no tenían jinetes porque sus mentes eran tormentas psíquicas. Solo los jinetes de la estirpe de plata pudieron establecer el primer vínculo usando el Código de Sumisión Voluntaria.

—Incorrecto —lo corté de nuevo, esta vez mirándolo a los ojos con fijeza—. No fue sumisión, fue Sincronía de Sangre. Si intentas "someter" a un dragón primordial, te reduce a cenizas antes de que saques la silla de montar. Y no olvides el apartado de Criptozoología Táctica.

—¿Los Trols de Montaña? —preguntó él, alzando una ceja—. Esos están extintos hace tres siglos.

—Se creen extintos —corregí con severidad—. Pero el examen trimestral incluye la defensa contra Bestias de Escala Cinérea. Si un Trol de Escarcha aparece en una zona de anidamiento, un jinete debe usar el Vuelo en Picado de Ángulo Cero para evitar sus mazos de piedra. Sus pieles son inmunes al fuego convencional, solo el aliento negro o el humo ardiente en los ojos los detiene.

—Ángulo cero... humo en los ojos —repitió él, asintiendo con la cabeza, siguiendo sorprendentemente mis consejos sin rechistar—. Eres una enciclopedia con patas, ¿lo sabías?

—Soy alguien que quiere aprobar, Kaelthoryn.

Seguimos así por una hora. Él soltaba conceptos sobre los Jinetes Errantes y las antiguas rutas de migración de los dragones, y yo lo interrumpía para precisar los grados de inclinación en el aterrizaje o la anatomía de animales mitológicos que el resto del mundo consideraba cuentos de camino. Por un momento, entre leyes de vuelo y tácticas contra criaturas olvidadas, el odio y la vergüenza se sintieron un poco más lejanos, reemplazados por el ritmo monótono del estudio. Pero cuando nuestras miradas se cruzaban, el hilo roto de lo que había pasado entre nosotros volvía a tensarse, recordándome que, aunque estuviéramos estudiando juntos, seguíamos siendo dos náufragos en el mismo barco hundiéndose.

El crujido de la puerta de roble pesado silenció el murmullo de la biblioteca. Una figura delgada, vestida con túnicas de un azul tan oscuro que parecía negro, entró con pasos firmes que resonaban como golpes de tambor. Era la maestra Vyx.

Su nombre era corto, pero pronunciarlo correctamente requería un esfuerzo que pocos cadetes lograban al primer intento; era un siseo gutural que recordaba al viento antes de una tormenta. Dejó un pesado rollo de pergamino sobre el escritorio central y nos barrió a todos con una mirada de ojos amarillentos, tan afilados como las garras de un halcón.

—Silencio —ordenó, y no necesitó levantar la voz.

Se sentó con una elegancia depredadora y desenrolló el pergamino. Mojó su pluma en tinta roja y comenzó a pasar lista, su voz cortando el aire con una frialdad mecánica.

—A medida que escuchen su nombre —dijo Vyx sin levantar la vista—, indiquen su decisión. Evaluación oral inmediata ante el sínodo, o postergación al final de la jornada bajo penalización de tres puntos en la nota de vuelo táctico. Ustedes deciden si tienen el valor de ser los primeros o la prudencia de los cobardes.

—Dravenkael, Kaelthoryn —llamó la maestra.

A mi lado, sentí a Kaelthoryn tensarse. Se enderezó, recuperando esa máscara de seguridad que tanto me irritaba.

—Presente. Daré la evaluación ahora, Maestra Vyx —respondió con voz clara.

Vyx anotó algo con un trazo rápido y siguió con la lista.

—Lúthien, Valerius.

—Presente... al final de la jornada, Maestra.

Se escucharon algunas risas sofocadas. Postergar significaba miedo. Algunos cadetes, los más brillantes, pasaban al frente con las piernas temblorosas para enfrentarse a las preguntas sobre la anatomía de los dragones o las leyes de navegación estelar. Otros, con el rostro pálido, preferían esperar, esperando que las preguntas de Vyx se volvieran más fáciles con el paso de las horas (aunque todos sabíamos que Vyx solo se volvía más despiadada conforme avanzaba el día).

—Vaelkríass, Zhaeryntha —nombró finalmente.

El aire pareció abandonar la habitación. Sentí la mirada de Kaelthoryn clavada en mi perfil y el peso del juicio de toda la clase sobre mi nuca. Era el momento. Podía esconderme al final de la lista, ocultarme en las sombras de mi propia vergüenza, o salir y demostrar que, aunque estuviera rota por dentro, mi mente seguía siendo una fortaleza.

Me puse en pie. El roce de mi uniforme de cuero contra el banco fue el único sonido en la biblioteca.

—Presente —dije, y aunque mi voz seguía afónica, sonó con una fuerza que no sabía que aún poseía—. Pasaré a la evaluación oral ahora mismo.

Vyx levantó la vista por primera vez, entornando sus ojos amarillos. Un destello de algo parecido al respeto cruzó su rostro antes de volver a la frialdad habitual.

—Póngase al frente, cadete Vaelkríass. Espero que su conocimiento sea tan firme como su arrogancia.

Caminé hacia el escritorio, dejando a Kaelthoryn atrás. Mientras pasaba por su lado, nuestras miradas se cruzaron un segundo: él parecía sorprendido, casi orgulloso, pero yo aparté la vista. No estaba allí por él. Estaba allí por el examen, por Vharok y por lo que quedaba de mí misma.

Me detuve frente a la maestra Vyx, con las manos entrelazadas en la espalda, lista para que el interrogatorio sobre leyes de vuelo y bestias míticas comenzara.

— Maestra Vyx: Defina la paradoja térmica en el ascenso de un dragón de clase Tormenta bajo condiciones de tormenta eléctrica.

— Zhaeryntha Vaelkríass: La paradoja térmica ocurre cuando el calor generado por el núcleo ígneo del dragón choca con la baja presión atmosférica y la humedad saturada del frente de tormenta. Para mantener la sustentación, el dragón debe realizar una combustión anaeróbica de su reserva de azufre interna; si el jinete no equilibra la inclinación de las membranas alares en un ángulo de cuarenta y cinco grados respecto al viento ascendente, el vapor de agua se congela instantáneamente sobre las escamas, aumentando el peso de la bestia en un treinta por ciento y provocando una caída en barrena que ni siquiera el fuego negro puede detener, ya que el oxígeno ambiental es insuficiente para reaccionar.

— Maestra Vyx: Explique la diferencia táctica entre el uso de un dragón de escama de acero y uno de escama de obsidiana en un asedio nocturno.

— Zhaeryntha Vaelkríass: La diferencia radica en la reflectividad y la absorción de calor. Un dragón de escama de acero, como los del linaje gris, es superior para el choque frontal debido a su dureza estructural, pero su brillo metálico los delata bajo la luz de la luna o las flechas incendiarias, convirtiéndolos en blancos fáciles para la artillería terrestre. Por el contrario, un dragón de escama de obsidiana, como Vharok, actúa como un sumidero de luz; sus escamas no solo lo ocultan en la oscuridad total, sino que absorben los hechizos de rastreo térmico, permitiendo ataques de precisión mediante el aliento de sombra, que no emite luz al ser disparado, destruyendo las defensas enemigas antes de que siquiera escuchen el batir de las alas.

— Maestra Vyx: ¿Cuál es el protocolo de seguridad si un jinete pierde el vínculo empático durante un vuelo de combate?

— Zhaeryntha Vaelkríass: El protocolo dicta que el jinete debe activar inmediatamente el anclaje físico mediante las cadenas de médula para evitar ser arrojado al vacío por las maniobras erráticas de la bestia. Sin el vínculo, el dragón revierte a su estado de depredador primigenio y entra en un frenesí de pánico o agresión ciega; el jinete debe usar la presión rítmica sobre los puntos nerviosos de la base del cuello, imitando el latido del corazón del dragón, mientras recita el Código de Sincronía en voz alta para intentar restablecer la resonancia vibratoria, pues un dragón sin guía es una amenaza tanto para aliados como para enemigos.

— Maestra Vyx: Describa el comportamiento de un Trol de Escarcha al enfrentar el fuego de un dragón y cómo debe reaccionar el jinete.

— Zhaeryntha Vaelkríass: El Trol de Escarcha posee una dermis compuesta de silicato crionizado que absorbe el calor y lo convierte en energía cinética, por lo que el fuego convencional solo lo vuelve más rápido y agresivo. El jinete no debe atacar con aliento directo, sino utilizar la técnica de Vuelo en Picado de Ángulo Cero para crear una onda de choque sónica que resquebraje su armadura natural; una vez que la piel de silicato se agrieta por la vibración, se debe proceder al ataque con humo ardiente para asfixiar sus tres sistemas pulmonares, ya que los trols son vulnerables a la privación de oxígeno mucho antes que al daño térmico superficial.

— Maestra Vyx: Nombre las tres Leyes de Navegación Estelar para vuelos de larga distancia sobre el Océano de las Sombras.

— Zhaeryntha Vaelkríass: Primera, la Ley de Declinación Magnética, que obliga al jinete a corregir el rumbo basándose en la posición de la estrella Polaris-Vael, ignorando las brújulas que se vuelven erráticas por los depósitos de hierro submarinos. Segunda, la Ley de Conservación de Energía Alar, que prohíbe el aleteo constante en zonas de alta salinidad para evitar la erosión de las membranas, obligando al uso de corrientes térmicas ascendentes. Tercera, la Ley del Silencio Espectral, que exige que el dragón mantenga su núcleo al mínimo de temperatura para no atraer a las Leviatanes de las profundidades, que cazan mediante la detección de rastros de calor en la superficie del agua.

— Maestra Vyx: ¿Qué función cumple el bazo biliar en la generación del fuego negro?

— Zhaeryntha Vaelkríass: El bazo biliar actúa como una cámara de filtración química donde la bilis común se mezcla con partículas de carbono puro absorbidas por el dragón durante su alimentación. Esta mezcla crea un compuesto altamente inestable que, al ser expulsado y entrar en contacto con el aire a través de los conductos pirofóricos de la garganta, no produce una llama incandescente, sino una combustión fría que consume la materia a nivel molecular; es este proceso de succión de luz y calor ambiental lo que le otorga su coloración oscura y su capacidad de desintegrar materiales que el fuego rojo solo lograría derretir tras horas de exposición.

— Maestra Vyx: ¿Cómo se identifica a un Jinete Errante y por qué se les considera una amenaza para la estabilidad de la Academia?

— Zhaeryntha Vaelkríass: Se les identifica por la ausencia de heráldica en sus monturas y por el uso de sillas de montar de cuero crudo sin sellos reales, además de que sus dragones suelen mostrar cicatrices de vínculos forzados o rotos. Se les considera una amenaza porque operan fuera del Código de Honor y la Jerarquía de Sangre, poseyendo conocimientos prohibidos sobre la manipulación del dolor del dragón para aumentar su ferocidad en combate; su existencia demuestra que el vínculo puede ser una herramienta de tiranía y no solo de unión, lo cual contradice los pilares morales sobre los que se fundó esta institución y pone en riesgo la lealtad de los cadetes más jóvenes.

— Maestra Vyx: Detalle las características de la enfermedad conocida como "Escama de Ceniza" y su tratamiento inmediato.

— Zhaeryntha Vaelkríass: La Escama de Ceniza es un hongo parásito que comienza en la base de la cola y se extiende hacia las alas, volviendo las escamas quebradizas y de un tono gris pálido, privando al dragón de su capacidad de termorregulación. El tratamiento inmediato consiste en la aplicación de ungüento de grasa de ballena mezclado con polvo de azufre y la inmersión del animal en aguas termales volcánicas durante tres ciclos lunares; si la infección llega a los pulmones, el dragón pierde su fuego para siempre, convirtiéndose en una "bestia muerta" que no puede volar ni defenderse, lo que obliga al jinete a sacrificar al animal para evitarle una agonía prolongada.

— Maestra Vyx: Explique la importancia histórica del Tratado de la Garra Rota entre humanos y dragones.

— Zhaeryntha Vaelkríass: El Tratado de la Garra Rota puso fin a la Era del Exterminio, donde los humanos cazaban dragones por sus escamas y los dragones quemaban ciudades enteras por venganza. Estableció que los dragones no serían esclavos, sino compañeros de alma, reconociendo su inteligencia superior y su derecho a elegir a sus jinetes mediante la Sincronía de Sangre; a cambio, los dragones juraron proteger las fronteras del reino de las criaturas del Caos Exterior, creando la primera casta de Jinetes de Élite y sentando las bases de la aristocracia actual, donde el poder político está intrínsecamente ligado a la capacidad de mantener el vínculo con una bestia de clase superior.

— Maestra Vyx: ¿Bajo qué circunstancias un jinete tiene permitido desobedecer una orden directa de un oficial superior durante un vuelo táctico?

— Zhaeryntha Vaelkríass: Únicamente bajo la Clausura de Salvaguarda del Vínculo, que estipula que si una orden pone en riesgo inminente la cordura del dragón o la integridad total del lazo empático, el jinete debe priorizar la vida de su montura sobre la misión. Un dragón que enloquece por una orden suicida es un arma de destrucción masiva incontrolable que podría aniquilar a su propio ejército; por lo tanto, la desobediencia en este caso específico no se considera traición, sino un acto de preservación estratégica, ya que un jinete sin dragón es inútil para la corona, pero un dragón sin jinete es una catástrofe para el mundo.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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