⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
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16: promesas en la oscuridad
La luz del amanecer se filtraba débilmente a través de las grietas del techo roto de la casa abandonada. Zairo no había dormido. Llevaba horas sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared fría y húmeda, sujetando la mano de Rubí entre las suyas. La lona los cubría a ambos, pero el cuerpo de ella seguía demasiado frío. Su respiración era superficial, irregular. La transfusión había ayudado.
Zairo apretaba los dientes, los ojos enrojecidos por el cansancio y el miedo. Nunca se había sentido tan impotente. Acarició el dorso de su mano con el pulgar y, por primera vez en muchos años, empezó a hablar en voz baja, casi como una oración.
—Dios… si existes, escúchame. No soy bueno pidiendo. Nunca lo he sido. Pero no te la lleves. No a ella. Si nos sacas de esta, si Rubí abre los ojos y logramos entregar esa maldita katana… te juro que lo dejo todo. Renuncio. No más contratos, no más sangre, no más huir. Una vida tranquila. Donde ella quiera. Lo que sea. Quiero hijos con ella. Quiero verla sonreír sin mirar por encima del hombro. Solo… déjala vivir.
Su voz se quebró. Besó los nudillos de Rubí y apoyó la frente contra su mano.
—Te lo prometo, amor. Si sales de esta, nos vamos. Nada más de sicarios. Nada más de riesgos. Solo tú y yo… y la vida que nunca nos hemos podido dar.
Rubí no respondió. Su rostro estaba pálido, los labios resecos. Zairo tragó saliva y se levantó con dificultad. Tenía que moverse. Si se quedaba allí mirando cómo ella se apagaba, se volvería loco.
Se puso el disfraz que había robado la noche anterior: una gorra vieja de béisbol, lentes oscuros, una chaqueta holgada y una barba postiza que lo hacía parecer un trabajador común de la zona. Tomó algo de dinero en efectivo y la moto. Antes de salir, cubrió mejor a Rubí con la lona y le dejó una botella de agua cerca.
—Vuelvo pronto. Aguanta, por favor.
El trayecto hasta la ciudad fue tenso. Zairo evitaba las avenidas principales y se movía por calles secundarias. En un pequeño supermercado de barrio compró comida fácil de digerir: caldo de pollo envasado, frutas, galletas, jugos y agua. También antibióticos adicionales, vendas limpias y analgésicos fuertes. Mientras pagaba en efectivo, escuchó las noticias en la televisión del local.
“…anoche un grupo armado irrumpió en el hotel Sofitel de Chapinero. Según fuentes preliminares, se trató de un ajuste de cuentas entre bandas. Hay varios heridos y se reportan desaparecidos. La policía investiga posibles vínculos con el narcotráfico…”
Nadie relacionaba el incidente con una katana robada. Solo hablaban de “ajuste de cuentas”. Zairo sintió un leve alivio, pero no bajó la guardia.
De camino de regreso, pasó por una agencia de viajes pequeña y compró dos boletos de avión para Miami. Vuelo comercial con escala en Panamá. Entregar la katana directamente en China o Japón desde Colombia era demasiado arriesgado ahora. Necesitaban un desvío: Miami como punto intermedio, cambiar identidades y luego continuar hacia Asia. Era más largo, pero más seguro.
Regresó a la casa abandonada cuando el sol ya estaba alto. El lugar seguía en silencio. Dejó la moto escondida entre la maleza y entró con cuidado.
Rubí seguía acostada, pero esta vez sus ojos estaban entreabiertos. Parpadeó lentamente, el rostro contraído por el dolor. La herida le ardía como fuego, pero respiraba con más fuerza.
—Zairo… —susurró con voz ronca.
Él soltó las bolsas y se arrodilló a su lado en un segundo. Le tomó la cara con ambas manos, los ojos brillando con alivio y lágrimas contenidas.
—Estás despierta… Dios, estás despierta.
Rubí intentó sonreír, pero solo logró una mueca de dolor.
—Me duele como el demonio…
Zairo la ayudó a incorporarse un poco, apoyándola contra su pecho. Le dio agua con cuidado y luego abrió el caldo caliente. Mientras ella tomaba pequeños sorbos, él cambió el vendaje con más calma esta vez, limpiando la herida y aplicando los nuevos medicamentos.
—Te prometí algo mientras dormías —dijo en voz baja, sin mirarla directamente—. Si salimos vivos de esto y entregamos la katana… lo dejo. Todo. Nada más de sicarios. Una vida normal. Donde tú quieras. Hijos. Una casa. Sin balas, sin huidas. Solo… nosotros.
Rubí lo miró largo rato. Sus ojos castaños, todavía débiles, se suavizaron.
—Suena bien —murmuró—. Muy bien. Pero primero tenemos que salir de Colombia vivos.
Zairo asintió y la abrazó con cuidado, evitando presionar la herida.
—Compré boletos a Miami. Desvío. De ahí seguimos a Asia con otras identidades. No podemos ir directo.
Rubí comió un poco más de fruta y descansó la cabeza en su hombro.
—Bien pensado. Me duele al moverme, pero puedo caminar si me ayudas.
Pasaron el resto del día en la casa abandonada. Zairo la cuidó constantemente: cambiándole el vendaje, dándole medicamentos, obligándola a comer y beber. Hablaron poco, pero cada mirada decía más que mil palabras. La promesa flotaba en el aire, real y pesada.
Al caer la tarde, Rubí ya podía sentarse sin ayuda. El color regresaba lentamente a su rostro. Zairo la observaba con una mezcla de alivio y determinación.
—Mañana temprano nos movemos —dijo él—. Tomamos un taxi hasta el aeropuerto. Volamos a Miami. Una vez allá, cambiamos todo: , documentos, apariencia. Y seguimos.
Rubí apretó su mano.
—Juntos. Como siempre.
La noche cayó sobre la casa abandonada. Zairo se acostó junto a ella, abrazándola con ternura, protegiéndola del frío. Rubí durmió mejor esta vez, con la cabeza sobre su pecho y la certeza de que, aunque el camino se había vuelto más peligroso, tenían una razón más grande para sobrevivir.
La katana descansaba envuelta a un lado, testigo silencioso de las promesas hechas en la oscuridad. Mañana empezarían el desvío hacia Miami. Pero por ahora, en esa ruina olvidada en las afueras de Bogotá, solo existían dos personas que se negaban a perderse el uno al otro.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣