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EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:773
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


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4_El sabor de la pólvora y el salitre

—Marzo y el Adiós

La noche del asesinato de Koro-sensei, el aire de la montaña vibró con electricidad y pena, cargado del olor a tierra húmeda y el sutil brillo de las estrellas que parecían temblar al compás del corazón de cada miembro de la Clase E. El viento susurraba entre los árboles como un lamento, llevando consigo los últimos ecos de las enseñanzas que el profesor había dejado en cada uno de ellos —sobre valentía, sobre compañerismo, sobre cómo convertir el odio en fuerza constructiva. El romance que había florecido entre Nagisa y Karma, con sus risas compartidas en los pasillos de la escuela, sus manos entrelazadas en los momentos de calma y los besos robados tras el viejo edificio abandonado, quedó en segundo plano frente al deber que pesaba como una losa sobre sus hombros.

Antes de que Nagisa se acercara al pecho de su maestro, la Clase E se había reunido en círculo alrededor del cuerpo de Koro-sensei, quien yacía sobre la hierba suave de la ladera. Como en el último entrenamiento que les había enseñado, cada uno de ellos extendió las manos para tomar uno de los tentáculos que aún ondeaban suavemente en el aire, frágiles como hilos de seda pero firmes como acero. Sugino agarraba uno junto a Kataoka; Okuda sostenía otro con manos que aún temblaban por los cálculos que había hecho hasta el último instante; Kaede, Rio, Hazama, Terasaka... todos ellos unidos por ese lazo físico que los conectaba con el ser que los había transformado por completo.

Karma y Nagisa estaban uno al lado del otro, sus manos cada una sobre un tentáculo adyacente. El contacto fue como un voltaje que recorrió sus cuerpos —sentían el latido débil pero constante que aún quedaba en el profesor, la energía que se desvanecía poco a poco como el mar bajo la luna. En esos segundos, intercambiaron una mirada breve pero cargada: el miedo al futuro que les esperaba sin Koro-sensei, el dolor de lo que se avecinaba y el deseo desesperado de poder cargar juntos con ese fardo. Karma le dio un apretón suave en el brazo antes de soltar el tentáculo por un instante, sus dedos calientes contra la piel de Nagisa debajo de la manga de su uniforme. "Tú puedes hacerlo", había dicho con la mirada, porque sabía que Nagisa era el único capaz de encontrar el equilibrio entre el amor por su maestro y la misión que les había sido encomendada desde el primer día de la Clase E.

Cuando Nagisa se posicionó sobre el pecho de Koro-sensei, el cuchillo temblando entre sus dedos como una hoja en el viento, todos los demás mantuvieron firmes sus manos sobre los tentáculos, como si estuvieran transfiriéndole toda la fuerza del grupo. La goma del arma fría contra su palma contrastaba con el calor que aún sentía en su brazo del toque de Karma, y con la sensación cálida que llegaba desde el tentáculo que seguía sosteniendo su mano izquierda. Los compañeros cerraron los ojos o mantuvieron la vista clavada en él —en cada rostro se reflejaba el mismo conflicto: el deber de acabar con la amenaza que representaba Koro-sensei para el mundo, y el amor por el profesor que les había dado una razón para seguir adelante.

Karma estaba ahí, a su lado izquierdo, aún sosteniendo el tentáculo que se extendía desde el hombro de su maestro, con los ojos empañados por lágrimas que no dejaba caer, apretando el puño libre hasta que los nudillos se le pusieron blancos como mármol. Cada músculo de su rostro estaba tensado, como si estuviera luchando contra un poder invisible que intentara arrancarle el control. Sabía que no podía ayudar a Nagisa en esto; era una carga que su novio debía llevar solo, un acto que solo él —el elegido por Koro-sensei mismo, el que había comprendido más allá de las palabras el verdadero propósito de su sacrificio— podía realizar. En su mente, repasaba todas las veces que habían entrenado juntos en el gimnasio de la escuela, las estrategias que habían ideado para derrotar a Koro-sensei, las apuestas que habían hecho sobre quién lograría darle el primer golpe efectivo. Pero en ese instante, todo parecía insignificante frente a la crueldad de la realidad que se les presentaba.

Mientras el cuchillo descendía lentamente, el tiempo pareció detenerse. El mundo exterior desapareció, y solo existieron Nagisa, Koro-sensei y la luz dorada que comenzaba a emanar de su cuerpo. Nagisa pudo ver el rostro de su maestro —sereno, lleno de ternura, con esos ojos grandes que siempre habían expresado más que cualquier palabra— como si estuviera agradeciendo por el acto de bondad que estaban a punto de realizar, por poner fin a su sufrimiento y cumplir la promesa que habían hecho juntos. Las lágrimas que no había podido contener resbalaban por sus mejillas, iluminadas por ese brillo cálido que envolvía a todos. Karma sintió como un puñal se clavaba en su pecho, un dolor tan intenso que tuvo que apretar aún más el tentáculo bajo su mano para no caer. No pudo evitar cerrar los ojos por un instante, deseando poder desaparecer junto con la noche, pero los abrió de nuevo con fuerza para no perder de vista a Nagisa —para estar ahí para él, aunque no pudiera hacer nada más que sostener el lazo que los unía a su maestro.

En el momento exacto en que el cuchillo tocó la piel de Koro-sensei, su cuerpo se llenó de una luz dorada intensa que irradió hacia el cielo, iluminando toda la montaña como si fuera mediodía. Los tentáculos que cada miembro de la Clase E sostenía se tensaron brevemente, transmitiendo un último latido que resonó en el corazón de cada uno. Luego, poco a poco, el cuerpo del profesor se deshizo en partículas luminosas que bailaron en el aire como luciérnagas, creando un espectáculo celestial que contrastaba con la tristeza abrumadora que envolvía al grupo. Las partículas se posaron brevemente sobre el pelo de cada alumno, sobre las manos que aún sostenían el aire donde habían estado los tentáculos, como un último adiós.

Nagisa se quedó inmóvil por unos segundos, el cuchillo aún en su mano, antes de dejarlo caer al suelo con un sonido sordo que se perdió en el silencio de la montaña. Se volvió hacia donde estaba Karma, sus ojos vacíos como pozos oscuros pero llenos de un anhelo desesperado —esperaba que su brazo se extendiera hacia él, que lo abrazara y les permitiera compartir el peso de aquella pérdida.

Pero fue Karma quien dio un paso hacia atrás, alejándose de Nagisa sin decir una palabra. Su rostro, que hasta hace instantes había estado contorsionado por el dolor más puro que había sentido en su vida, se endureció como piedra tallada. No pudo sostener la mirada de Nagisa, ni permitirle acercarse para buscar consuelo en su pecho —porque sabía que si lo hacía, el muro que estaba construyendo para protegerse se vendría abajo en un instante. No fue por falta de amor —eso seguía ahí, tan fuerte como siempre, como un faro en medio de una tormenta que amenazaba con hundirlo— sino por el peso aplastante de la realidad que se le venía encima. Habían madurado de golpe, obligados a dejar atrás la inocencia de sus años de escuela, y Karma sintió que no podía llevar ese dolor junto a Nagisa. Cada mirada, cada toque, le recordaría el dolor de aquella noche, el recuerdo de la luz dorada y la sensación de haber perdido no solo a un maestro, sino a una parte fundamental de sí mismo —la parte que creía que podía cambiar el mundo sin tener que pagar un precio tan alto. Mantuvo los ojos clavados en el suelo mientras se alejaba unos pasos más, luego giró y empezó a caminar hacia abajo de la montaña, sin mirar atrás, hasta que la distancia entre ellos se hizo insalvable. Nagisa extendió la mano como si quisiera llamarlo, pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta, y comprendió que era él quien se alejaba, quien no podía seguir cargando con ese peso junto a él.

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