Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo XXIII Cuando la Luna Sangra
La noche cayó sobre el Valle de la Niebla como un manto pesado.
El ataque de los cazadores había dejado cicatrices visibles: árboles quemados, tierra marcada por balas especiales, el olor metálico de la sangre aún flotando en el aire. Pero las heridas más profundas no estaban en la piel.
Estaban en la confianza.
Kael permanecía de pie frente a la cabaña principal, observando las hogueras encendidas para mantener vigilancia. Su postura era firme, pero sus ojos azules no habían recuperado la calma.
Ariana sobrevivió.
Pero la bala que la alcanzó no era común.
La herida en su costado estaba cerrando… demasiado lento.
Dentro de la cabaña, Ariana respiraba con dificultad controlada. No quería que la vieran débil. No ahora.
La anciana guardiana aplicaba una mezcla de hierbas antiguas sobre la piel aún enrojecida.
—La bala estaba impregnada con plata tratada —murmuró—. No es mortal para ti… pero intenta bloquear tu energía lunar.
Ariana apretó los dientes.
—No lo logrará.
Pero sentía algo.
Una presión interna.
Como si intentaran apagar la llama desde dentro.
La puerta se abrió suavemente.
Kael entró sin decir palabra.
Su mirada recorrió cada centímetro de ella, asegurándose de que respirara.
—Saldrás —dijo con voz baja, pero firme.
Ariana levantó la vista hacia él.
—No planeo irme a ningún lado.
La guardiana terminó el vendaje y se retiró en silencio, dejándolos solos.
El ambiente cambió inmediatamente.
Kael se acercó y se arrodilló frente a ella.
Sus manos, grandes y cálidas, descansaron con cuidado sobre sus muslos.
—Cuando caíste… —su voz se quebró apenas— sentí que el vínculo se rasgaba.
Ariana extendió la mano y tocó su rostro.
—Sigo aquí.
—No soporto esa sensación —admitió él—. No cuando no puedo protegerte de todo.
Ella sostuvo su mirada.
—No necesito que me protejas de todo. Necesito que pelees conmigo.
El silencio fue intenso.
Luego Kael apoyó la frente contra su vientre con una exhalación pesada.
—Entonces entrenaremos. Más fuerte. Más rápido. Si los cazadores creen que pueden debilitarnos, aprenderán lo contrario.
Ariana sonrió levemente.
—Eso suena más como el Alfa que conozco.
Él levantó la mirada.
—No soy solo Alfa.
—Lo sé.
—Soy tu compañero.
Y en ese instante, la tensión dejó de ser miedo y se transformó en determinación.
Al amanecer siguiente, la manada se reunió en el claro.
Darian estaba arrodillado, custodiado por dos lobos.
La traición aún pesaba en el ambiente.
Kael se situó frente a todos.
—Lo que ocurrió anoche fue posible por una decisión interna.
Silencio absoluto.
Darian no levantó la mirada.
—Pero la culpa no es solo suya —continuó Kael—. La culpa es nuestra por no anticipar que el enemigo juega en más de un tablero.
Ariana avanzó a su lado.
Algunos miembros aún se sorprendían al verla de pie tan pronto.
—Los cazadores nos rastrearon con energía lunar —explicó ella—. Eso significa que tienen tecnología y conocimiento antiguo. No son improvisados.
Marcos habló:
—¿Vendrán otra vez?
Kael no dudó.
—Sí.
Ariana agregó:
—Pero esta vez no nos encontrarán desprevenidos.
La manada comenzó a murmurar con energía renovada.
Kael miró a Darian.
—Tu traición debilitó a la manada.
Darian finalmente levantó el rostro, lleno de culpa.
—Creí que el lobo gris nos uniría para enfrentar algo peor.
Ariana se acercó lentamente.
—¿Qué sabes que no nos has dicho?
Darian respiró hondo.
—Antes de venir aquí… escuché rumores. Los cazadores no buscan exterminar a todos. Buscan líneas específicas.
El corazón de Ariana latió más fuerte.
—La estirpe lunar.
Darian asintió.
—Hay registros antiguos. Tu linaje no solo lideraba. Sellaba portales.
El silencio fue inmediato.
Kael frunció el ceño.
—¿Portales hacia qué?
Darian dudó.
—Hacia algo que no pertenece a este mundo.
Un escalofrío recorrió el claro.
Ariana sintió que su herida ardía levemente.
Como si su sangre respondiera a esa verdad.
—¿Y crees que los cazadores quieren abrirlo? —preguntó ella.
—No —respondió Darian con voz grave—. Creo que quieren impedir que lo cierres.
Silencio absoluto.
Kael giró hacia Ariana.
—¿Tú sabías algo de esto?
Ella negó lentamente.
—Pero desde la Luna Roja… siento sueños distintos. Sombras. Voces antiguas.
La anciana guardiana dio un paso adelante.
—Si la estirpe lunar era guardiana de un sello… entonces el despertar de Ariana no fue casualidad.
Kael apretó la mandíbula.
—Alguien está moviendo piezas.
Ariana miró hacia el bosque.
Y lo sintió otra vez.
Más profundo.
Más antiguo que el lobo gris.
—No es solo guerra —susurró—. Es un despertar.
Esa noche, Ariana no pudo dormir.
El vínculo con Kael vibraba constante, pero había algo más.
Un llamado subterráneo.
Se levantó en silencio para no despertarlo.
Caminó hacia el bosque, guiada por instinto.
La luna iluminaba el sendero.
Sus pasos la llevaron hasta el círculo de piedras donde despertó como Reina Lunar.
Pero esta vez… el suelo estaba agrietado.
Una fisura atravesaba el centro del círculo.
Y desde ella emergía una luz tenue.
Ariana se arrodilló, tocando la grieta.
Una visión la golpeó.
Un portal antiguo.
Sombras intentando cruzar.
Lobos plateados sellándolo con sangre.
Un sacrificio.
Se apartó bruscamente, respirando agitada.
—Lo estás sintiendo, ¿verdad?
La voz de Kael la alcanzó desde atrás.
Ella no se sorprendió.
—Sí.
Él se acercó y observó la grieta.
—Dime que no es lo que creo.
Ariana lo miró con honestidad brutal.
—Creo que mi linaje no solo gobierna.
Creo que encierra algo.
El viento sopló fuerte.
Desde lo profundo de la grieta, un susurro apenas audible emergió.
Kael tomó su mano con fuerza.
—Entonces no dejaremos que se abra.
Ariana asintió.
Pero en el fondo sabía algo más.
Si el sello dependía de su sangre…
La próxima batalla no sería solo contra cazadores.
Ni contra el lobo gris.
Sería contra algo que llevaba siglos esperando liberarse.
La luna se ocultó detrás de una nube.
Y por primera vez desde su despertar, Ariana sintió algo cercano al temor.
No por ella.
Sino por lo que podría desatar si fallaba.
Y en la oscuridad del Valle de la Niebla, la grieta brilló un poco más.