Ella fue condenada a muerte por el príncipe heredero, su propio esposo. Los dioses, apiadados de su destino, le dieron una segunda oportunidad. Ahora ha regresado con un solo propósito: cambiar su historia y lograr que él se enamore de ella.
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Cap15: Sombras en Normun
El ambiente en Normun era cálido y esperanzador, pero detrás de las sonrisas y los vítores se escondía un murmullo inquietante. Los aldeanos agradecían la prosperidad, sí, pero algunos hablaban en voz baja de hombres extraños que rondaban los límites del pueblo, mercenarios que no pertenecían a Forth.
William me condujo hacia el salón comunal, donde los líderes del pueblo aguardaban. Sus rostros mostraban respeto, pero también preocupación.
—Majestad —dijo un anciano de barba blanca—, agradecemos todo lo que han hecho por nosotros. Pero debe saber que Normun está en peligro.
—¿Peligro? —pregunté con firmeza.
El anciano bajó la mirada. —Se rumorea que el reino vecino, Drakonia, está enviando espías y soldados disfrazados de mercaderes. Buscan debilitar lo que ustedes han construido.
William apretó mi mano con fuerza, su mirada se volvió fría. —Lo sabía. He visto movimientos extraños en las fronteras.
El silencio se volvió pesado. Los aldeanos esperaban una respuesta, una promesa de protección. Yo respiré hondo y avancé un paso.
—Normun no caerá —dije con voz firme—. Si Drakonia quiere guerra, la tendrá. Pero no permitiré que destruyan lo que hemos levantado.
Los murmullos se transformaron en aplausos. William me observó con orgullo, como si mis palabras hubiesen sellado un pacto invisible entre nosotros y el pueblo.
Pero en mi interior, sabía que aquello era solo el comienzo. La guerra estaba cerca, y con ella vendrían pruebas que pondrían a prueba no solo mi reinado, sino también mi amor por William.
El anciano volvió a hablar, su voz temblorosa pero cargada de determinación. —Si la guerra llega, lucharemos a su lado. Normun no retrocederá.
Los demás líderes asintieron, y uno de ellos, un joven con cicatrices en el rostro, añadió: —Drakonia no solo envía espías. También ha comenzado a reclutar bandidos en las montañas cercanas. Si no actuamos pronto, atacarán Normun.
William se levantó, su presencia llenando la sala. —Entonces prepararemos a Normun para la guerra.
Yo asentí, mi mirada recorriendo a cada uno de los presentes. —No solo defenderemos este pueblo. Lo convertiremos en un símbolo de resistencia.
El silencio se transformó en determinación. Los líderes del pueblo se pusieron de pie, jurando lealtad. Afuera, los aldeanos comenzaron a organizarse, algunos tomando armas improvisadas, otros preparando víveres. Normun ya no era un pueblo pobre y olvidado; ahora era un bastión que se alzaba contra la amenaza de Drakonia.
William me miró con intensidad, sus ojos reflejando tanto amor como preocupación. —Esto apenas comienza, Elara. La guerra está cerca.
Yo lo miré con firmeza, mi corazón latiendo con fuerza. —Entonces la enfrentaremos juntos.
La noche avanzó, y mientras el pueblo se preparaba, William y yo caminamos por las calles iluminadas. Los niños nos miraban con esperanza, los ancianos nos bendecían con sus palabras, y los hombres juraban proteger lo que se había construido. Cada paso que dábamos era una promesa silenciosa de que no abandonaríamos a Normun.
En la distancia, las montañas parecían observarnos, oscuras y amenazantes. Sabía que detrás de ellas se escondía Drakonia, esperando el momento oportuno para atacar. Pero también sabía que no estaba sola. William estaba a mi lado, y juntos éramos más fuertes que cualquier enemigo.
El viento sopló con fuerza, como un presagio de lo que estaba por venir. La guerra se acercaba, y con ella, la verdadera prueba de nuestro amor y de nuestro reinado.
Y no sería solo Normun quien sufriría las consecuencias. El reino entero estaba en juego. Las provincias, los castillos, los pueblos pequeños y las grandes ciudades: todos serían arrastrados por la tormenta que se avecinaba. Drakonia no buscaba conquistar un pueblo aislado, sino someter a Forth entero bajo su dominio.
William lo sabía, yo lo sabía, y ahora el pueblo comenzaba a comprenderlo. La guerra no sería un conflicto local, sería una batalla que decidiría el destino del reino completo.
Las campanas de Normun resonaron esa noche, no como un llamado a misa, sino como un aviso de preparación. Los aldeanos se armaron con lo que tenían, los líderes comenzaron a organizar patrullas, y los mensajeros fueron enviados a las demás provincias para advertirles de lo que estaba por venir.
El reino entero debía estar listo. Porque Drakonia no se detendría hasta ver a Forth arrodillado.