León es un Omega dominante que odia a los alfas debido a su niñes donde muchos abusaron de el y lo maltrataron, el se niega a ser el Omega de un alfa pero se le hará difícil cuando encuentra su alfa destino Mateo que es una ternura El buscará conquistar a su Omega a como de lugar
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Capitulo 21
Los días siguientes transcurrieron en una calma tensa. Mateo y León habían recuperado su rutina: desayunos con la hermanita, paseos por el jardín, tardes de estudio juntos, noches abrazados. Pero algo había cambiado. Algo que ninguno de los dos mencionaba en voz alta.
León había empezado a notar miradas. Susurros a sus espaldas. Omegas que se callaban cuando él pasaba.
—¿Has oído lo del modelo? —escuchó un día en la cafetería, sin que la omega que hablaba notara su presencia—. Dicen que está interesado en el alfa de León.
—¿El famoso Adrián? No me digas. Pero si ese omega es súper famoso, sale en revistas y todo.
—Sí, y es hermoso. Además, tiene mucha confianza, no como el otro...
León sintió que el estómago se le revolvía. Se alejó antes de escuchar más, pero las palabras ya estaban clavadas como espinas.
...
En la biblioteca, Mateo revisaba apuntes cuando una sombra se proyectó sobre su mesa.
—¿Mateo, verdad?
Levantó la vista y se encontró con un omega de rasgos perfectos, cabello castaño cuidadosamente peinado y una sonrisa que parecía ensayada frente al espejo.
—Sí, ¿quién eres?
—Adrián —el omega extendió la mano con elegancia—. Somos compañeros de clase, ¿no te habías dado cuenta?
Mateo estrechó su mano brevemente, sin interés.
—Ah, sí. ¿Necesitas algo?
—Resulta que el profesor nos ha asignado un trabajo práctico. En parejas. Y nos ha tocado juntos.
Mateo parpadeó.
—¿En serio? No me había enterado.
Adrián sonrió, y había algo en esa sonrisa que, aunque perfecta, no terminaba de ser cálida.
—Sí. Tendremos que reunirnos para avanzar. ¿Te parece bien mañana en la tarde? Podemos empezar.
Mateo asintió, sin darle mayor importancia.
—Claro, como sea. Mientras terminemos rápido.
—Perfecto —Adrián lo miró un segundo más de lo necesario—. Me encantará trabajar contigo.
Se dio la vuelta y se alejó, dejando tras de sí un rastro de perfume caro y una sensación extraña que Mateo no supo identificar.
...
Esa noche, en la mansión, León notó que Mateo estaba distraído.
—¿Todo bien? —preguntó, acurrucado contra su pecho.
—Sí, solo que me asignaron un trabajo con un compañero nuevo. Se llama Adrián. Dicen que es modelo o algo así.
León sintió que el corazón le daba un vuelco. Pero se obligó a mantener la calma.
—Ah, ¿sí? Qué bien.
Mateo lo abrazó más fuerte, sin notar la tensión en su voz.
—No me interesa mucho la verdad. Prefiero estar contigo.
—Pero tendrás que reunirte con él.
—Supongo. Será rápido, no te preocupes.
León no respondió. Solo se aferró más a su alfa, como si temiera que alguien pudiera arrebatárselo.
Pero esa noche, cuando Mateo se durmió, él se quedó despierto mirando el techo.
Adrián.
El modelo.
Perfecto.
Seguro.
Sin traumas.
Las inseguridades comenzaron a despertar, como bestias dormidas que estiraban sus garras.
¿Y si Mateo se da cuenta de lo que es estar con alguien normal?
¿Y si prefiere a alguien que no esté roto?
¿Y si...?
Se obligó a cerrar los ojos.
Pero el sueño no llegó hasta muy entrada la madrugada.
...
Al día siguiente, en la universidad, León no pudo evitar buscar a Adrián entre la multitud.
Y lo encontró.
Era imposible no verlo. Su presencia llenaba el espacio, su risa resonaba clara, su cabello perfecto captaba la luz. A su alrededor, un grupo de omegas y alfas lo rodeaban como satélites.
Y entonces, Adrián giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de León.
León esperó hostilidad. Desprecio. Indiferencia.
Pero lo que recibió fue una sonrisa.
Una sonrisa amplia, perfecta, y terriblemente amable.
Demasiado amable.
Adrián se separó de su grupo y se acercó con pasos seguros.
—Hola —dijo, como si fueran viejos amigos—. Tú debes ser León, ¿verdad? El omega de Mateo.
León asintió, sin fiarse.
—Encantado —Adrián extendió la mano—. He oído mucho de ti.
León dudó un segundo antes de estrecharla. La mano de Adrián era suave, cuidada, perfecta.
—Igualmente —mintió.
Adrián inclinó la cabeza, evaluándolo con una curiosidad que no terminaba de ser inofensiva.
—Eres más lindo de lo que decían. Mateo tiene buen gusto.
Las palabras eran un cumplido, pero la forma en que las dijo... había algo. Un pequeño brillo en los ojos. Una leve inclinación de la sonrisa.
León sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
—Bueno —continuó Adrián—, espero que no te importe que Mateo y yo pasemos tiempo juntos por el trabajo. Prometo devolvértelo en una pieza.
Soltó una risa ligera, como si hubiera hecho un chiste, y se alejó con la misma gracia con la que había llegado.
León se quedó paralizado.
No había sido grosero.
No había sido hostil.
No había dado motivos para quejarse.
Pero algo en su interior le decía que esa amabilidad era más peligrosa que cualquier insulto.
...
Cuando Mateo llegó a buscarlo para ir a casa, encontró a León más callado de lo habitual.
—¿Estás bien, mi amor? —preguntó, tomando su mano.
León quiso contarle. Quiso decirle que Adrián le había puesto la piel de gallina. Que algo no olía bien en toda esa perfección.
Pero miró a Mateo, tan feliz, tan tranquilo, y no quiso ser una carga.
—Sí —sonrió—. Solo cansado.
Caminaron hacia la salida de la mano, pero León no pudo evitar mirar hacia atrás.
Adrián estaba apoyado contra una columna, observándolos con esa misma sonrisa amable.
Y cuando sus miradas se cruzaron, Adrián levantó la mano y le dedicó un pequeño saludo.
Como si supiera.
Como si estuviera jugando.
Como si esto fuera solo el principio.
León apretó la mano de Mateo con más fuerza.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó Mateo, preocupado.
—Seguro —mintió León otra vez.
Pero mientras el auto se alejaba, no pudo sacudirse la sensación de que algo terrible estaba por comenzar.
Algo que no tenía nombre todavía.
Algo que se llamaba Adrián.
espero el siguiente capítulo