"Un pacto con el diablo por amor a su familia. Porque a veces, para salvar la luz, hay que aprender a caminar en las sombras".
NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: Sombras en el Mercado
El turno de Bianca terminó con los pies inflamados y el alma molida. Se quitó el delantal de mesera en el vestidor común, ignorando las risitas de las otras chicas que celebraban su "caída". Antes de ir al encuentro con Juan, decidió pasar por la botica del pueblo; necesitaba un ungüento para las manos de Clara, que sufría por el frío de la casa.
Caminaba por los callejones laterales del mercado viejo, donde las luces de las farolas apenas lograban disipar la bruma. De repente, una risa conocida la obligó a detenerse tras una hilera de puestos de madera vacíos.
...----------------...
...----------------...
La Puñalada Final de Santiago
Apoyado contra una pared descascarada, bajo una luz mortecina, estaba Santiago. Pero no estaba solo. Gaby estaba enroscada a él, con una mano en su pecho y la otra sosteniendo un cigarrillo.
— Te dije que ella no valía la pena, mi amor —decía Gaby con una voz melosa que a Bianca le produjo náuseas—. Mírala ahora, cargando bandejas como una criada mientras tú podrías tenerlo todo conmigo.
Santiago no la apartó. Al contrario, la atrajo hacia sí con una posesión brusca, casi violenta.
— Ella eligió ese fango, Gaby. Ahora que se ahogue en él. Tú eres la única que no me mira como si fuera un campesino muerto de hambre.
Bianca apretó el ungüento en su mano hasta que el tubo de metal se deformó. Ver a Santiago —el hombre que alguna vez fue su hogar— entregado por completo a la mujer que más la odiaba, fue el golpe de gracia. Ya no sentía tristeza; sentía un vacío gélido. Santiago no solo la había traicionado con Andrés; ahora se regodeaba en su desgracia con su peor enemiga.
Se dio la vuelta sin hacer ruido, dejando atrás los restos de su pasado. Ya no quedaba nada que salvar en San Judas.
...----------------...
...----------------...
El Encuentro: Fuego en el Mercado
Juan la esperaba tras los grandes portones de hierro del mercado de granos. Estaba apoyado en su moto, con la luz de la luna bañando sus facciones marcadas. Al verla llegar, supo de inmediato que algo se había roto definitivamente en ella.
— Tienes ojos de guerra, Bianca —dijo Juan, acercándose y tomándole el rostro con ambas manos.
— No quiero hablar, Juan. No quiero pensar —respondió ella, rodeándole el cuello con los brazos—. Solo hazme olvidar que este mundo existe.
Juan no necesitó que se lo dijera dos veces. El encuentro fue una explosión de necesidad contenida. En un rincón oscuro, entre sacos de café y el aroma a madera vieja, Bianca se entregó a una pasión que era su única forma de gritar. Con Juan no había contratos, ni deudas, ni hermanas que proteger; solo estaba el roce de su piel, el calor de su aliento y una libertad salvaje que Andrés nunca podría darle.
...----------------...
...----------------...
El Ojo que Todo lo Ve
A unos cincuenta metros, dentro de una camioneta de cristales tintados, uno de los hombres de Andrés sostenía un teléfono celular.
— Señor... la joven se ha encontrado con Aguilar —informó el guardia con voz baja—. Están en el mercado viejo. ¿Intervenimos?
En la mansión, Don Andrés escuchaba el informe mientras sostenía una fotografía de Bianca cuando era niña, una que había rescatado de la casa hipotecada. Sus dedos temblaron sutilmente. Sabía lo que estaba pasando. Podía imaginar los besos de Juan, la forma en que ella se aferraría a él buscando un refugio que Andrés, en su afán de poseerla, le había negado.
— No —respondió Andrés, con una voz que sonaba a cenizas—. Déjenla. Que crea que es suya por esta noche.
Colgó el teléfono y se quedó mirando el vacío. El dolor de saberla en brazos de otro era un castigo que él mismo se había impuesto. "Prefiero que me odies siendo libre, a que me ames siendo mi esclava", pensó, mientras firmaba un cheque anónimo para el tratamiento de Clara.
Andrés estaba pagando por el derecho de Bianca a ser feliz con otro hombre, un sacrificio silencioso que lo estaba matando por dentro, mientras ella, en el mercado, creía que finalmente se estaba escapando de su sombra.