Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 23: Intimidad y pasión con la vida creciendo dentro
La luz de la tarde se filtraba por las ventanas del dormitorio, bañando suavemente a Arion mientras descansaba sobre la cama, cubierto con una manta ligera. Su vientre comenzaba a mostrar los primeros cambios del embarazo, y cada movimiento del bebé despertaba un calor especial que recorría su cuerpo, mezclando sorpresa, emoción y una sensación de plenitud que jamás había experimentado.
Eryndor permanecía a su lado, observándolo con admiración y un deseo contenido, cargado de ternura. Sus manos se deslizaron lentamente por la espalda del omega, despertando un hormigueo cálido que hizo que Arion cerrara los ojos y apoyara la cabeza contra el pecho del Enigma.
—Eres… increíble —susurró Eryndor, acercando sus labios al oído de Arion—. Cada cambio en ti me hace quererte más, sentirte más cerca, sentirte mío.
Arion tragó saliva, consciente de cómo su cuerpo respondía al calor, a la proximidad y a la intención silenciosa de Eryndor. Un ligero temblor recorrió sus piernas, mezcla de emoción, deseo y nervios.
—Eryndor… —murmuró el omega, con voz temblorosa—. Me siento… tan diferente. A veces abrumado, pero… quiero estar contigo.
Eryndor lo sostuvo más cerca, apoyando su frente contra la del omega, transmitiendo seguridad con un simple contacto. Sus manos recorrieron los hombros, la cintura y la espalda de Arion con suavidad, creando un vínculo íntimo y profundo, cargado de pasión y ternura al mismo tiempo.
—Nada de esto es malo —dijo Eryndor con firmeza y calma—. Todo lo que sientes es hermoso, y quiero que lo experimentes conmigo.
Arion respiró hondo, dejando que sus manos rozaran suavemente el pecho del Enigma. Cada toque despertaba un calor profundo, intensificado por los movimientos del bebé. El deseo era fuerte, sí, pero equilibrado con la confianza y el amor que compartían, convirtiendo cada roce en una promesa silenciosa de cuidado y entrega mutua.
—Quiero acercarme más —susurró Arion, con un rubor intenso y los ojos brillando—. Pero… despacio.
—Como tú quieras —respondió Eryndor, con suavidad—. Cada paso es tuyo. Yo solo te seguiré.
Sus cuerpos se acercaron con cuidado, rozándose y explorando cada contacto con atención y delicadeza. Arion dejó escapar suaves gemidos, mezcla de nervios y placer contenido, mientras Eryndor respondía con paciencia y ternura. Cada gesto, cada suspiro, cada roce se transformaba en un lenguaje propio, reforzando el vínculo que los unía más allá de lo físico.
—Nunca imaginé sentir algo tan… completo —confesó Arion—. Tan intenso y tan seguro al mismo tiempo.
Eryndor sonrió, apoyando su frente contra la del omega.
—Porque esto no es solo deseo —dijo con suavidad—. Es conexión, amor y confianza. Todo lo que somos juntos.
La tarde se convirtió en noche, y la intimidad entre ellos creció, pero siempre guiada por la ternura y la consideración mutua. Cada caricia, cada roce, cada suspiro fortalecía su vínculo, creando un espacio seguro donde la pasión y el amor podían coexistir sin miedo.
Arion cerró los ojos, dejando que Eryndor lo sostuviera con firmeza y cuidado. Sentía cómo su cuerpo, su deseo y su corazón se entrelazaban con los del Enigma, mientras el bebé en su interior parecía reaccionar a la calidez y cercanía de sus padres.
Esa noche, descubrieron juntos que la intimidad no era solo física: era emocional, espiritual y primitiva al mismo tiempo. Pasión contenida pero intensa, deseo seguro, amor profundo… todo entrelazado en cada roce, en cada suspiro y en cada pequeño gemido que compartían.
Mientras el mundo afuera seguía su curso, Arion y Eryndor comprendieron que su vínculo podía superar cualquier miedo, cualquier cambio y cualquier obstáculo. Porque habían aprendido a confiar plenamente, a entregarse al amor que los unía y a descubrir, juntos, la belleza de sentir sin reservas.