Un corazón tan marchito y podrido solo existía en el cuerpo de Teresa Novac. Emperatriz malvada que odia y humilla a su propio hijo. Sin embargo, el alma de una borracha poseé a ese personaje cruel. Dando se cuenta que el corazón de esta emperatriz es oscuro y perverso
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capitulo 23: Irse
Teresa no lograba ahogar el leve dolor de cabeza que la agobiaba. La fuente de su malestar era evidente; Tania y la duquesa, había sido una constante fuente de irritación. Cada palabra que había salido de su boca parecía un aguijón, y Teresa había llegado a la conclusión de que la mejor forma de deshacerse de ella era asegurarse de que abandonara el imperio. Con determinación, decidió que Constantine, su leal sirviente, debería encargarse de tal tarea.
El hombre, que siempre había estado a su lado, se presentó al instante, con una ligera inclinación de cabeza.
— majestad, ¿En qué puedo servirle?
— quiero que lleves la orden oficial de destierro a Tania, ella vive en la casa de la duquesa Montchair. Aunque no sé si vaya a despedirla, es necesario que entienda que mi palabra va en serio. Tiene que irse del imperio en menos de una semana.
Constantine asintió con entusiasmo.
“ esa mugrosa por fin se va ¡Del imperio!"
Así que se fue a redactar el documento. Sin embargo, en el camino una sombra de preocupación cruzó su rostro. Se encontró con Marlene, la modista, quien estaba cruzando el pasillo, sosteniendo su maleta.
—¿Marlene? —preguntó, desconcertado— ¿Que haces?
Ella levantó la vista, sus ojos reflejando una mezcla de tristeza y resignación.
— me voy. Mi padre se ha enfermado —respondió, su voz temblando ligeramente— debo viajar muy lejos para cuidarlo.
La noticia golpeó a Constantine como un balde de agua fría. Se sintió incapaz de procesar la idea de que Marlene podría no regresar.
— ¿Que?... ¿Pero...?—preguntó, tartamudeando.
Marlene se encogió de hombros, su expresión una mezcla de incertidumbre y dolor.
— no sé si volveré aquí. Su salud es delicada, y si la situación no mejora... Podría quedarme con mi madre una larga temporada. Además, he pagado la deuda de mi tío, así que ya estoy libre de ese peso.
El entusiasmo que había sentido por deshacerse de Tania se desvaneció instantáneamente. En su lugar, un vacío creció en su pecho al ver la lucha interna en el rostro de Marlene. Ella no quería irse, pero el deber la llamaba con una fuerza implacable.
—Déjame ayudarte, ¿Que necesita tu padre? Conozco a un buen medico... Podría...—dijo Constantine, extendiendo una mano hacia ella.
Marlene niega con una pequeña sonrisa melancólica.
— a él ya lo han visto un sin fin de médico, me comunicó mi madre en una carta y dice que nada podría ayudar a mejorarlo, él quiere que esté allá para cuidarlo y no me negaré. Es mi padre y lo quiero mucho. Me tengo que ir, Constantine. Pero... ¿Puedo pedirte una cosa?
— lo que sea.
— acompañame hasta el carruaje. Me esperan afuera. No quiero caminar sola.
Mientras caminaban juntos hacia la puerta, el silencio entre ellos se volvió pesado. Constantine se esforzó por encontrar palabras que pudieran aliviar el momento.
— no dudes en pedirme cualquier cosa, incluso a la emperatriz. Estaré aquí para ti — prometió, deseando que esas palabras pudieran cambiar su destino.
Marlene sonrió con tristeza.
— quería despedirme de la emperatriz, pero me dijeron que estaba ocupada. — en ese instante, sacó dos cartas de su bolso, entregándole a Constantine— esta es para ella y esta otra es para ti. Lamento no haber explorado más lugares contigo. Aunque si fue divertido ver tu rostro serio cuando me exponía a lugares peligrosos.
Constantine tomó las cartas, sintiendo que un nudo se formaba en su garganta. No era común que se quedara sin palabras, pero la idea de que Marlene se marchara sin más lo dejaba sin aliento. En la salida, un hombre apuesto, de porte fuerte, esperaba junto al carruaje. El corazón de Constantine se hundió al ver que el destino de Marlene no solo implicaba su partida, sino que también había alguien más aguardando por ella, aunque Marlene le había dicho que no quería estar comprometida, no sabe que significa ese hombre en su vida; ¿Un amigo? ¿Un familiar? ¿Un compañero de viaje?... No lo sabía con exactitud, pero si que sentía algo diferente en él que no conocía.
— no dudes en escribirme, ¿De acuerdo? —dijo, tomando su mano con una firmeza inesperada— no importa lo que necesites, estaré a tu lado, aunque esté lejos.
Marlene lo miró a los ojos, y en ese instante, él vio un destello de conexión entre ellos. Con una valentía que no sabía que poseía, dejó un suave beso en su mano y la abrazó por un momento; un gesto que parecía decir más que las palabras.
Aquél sujeto entró al carruaje al ver tal escenario, un tanto molesto.
Mientras que ella aprovechó de la cercanía y le dio un beso en la mejilla, un acto que dejó a Constantine aturdido, pero también lleno de esperanza. Ella se apartó, para mencionar la siguiente palabras.
— intentaré volver, aunque no sea seguro. Pido perdón a la emperatriz por no poder agradecérselo debidamente.
Con eso, se subió al carruaje, y en un instante, la puerta se cerró tras ella. Constantine se quedó allí, observando cómo el carruaje se alejaba, su mente un torbellino de emociones. La alegría por el inminente destierro de Tania se había desvanecido, reemplazada por una tristeza profunda al ver que su modista y loca visita se iba, quizás para no volver. La mezcla de esos sentimientos lo dejó en un estado de confusión, anhelando lo que podría haber sido y temiendo lo que vendría.
Marlene, con el rostro apoyado en la fría superficie del cristal, miraba el paisaje que se deslizaba ante sus ojos. Las hojas de los árboles danzaban al compás del viento, pero su mente estaba lejos de la belleza natural. Con un suspiro, se volvió hacia su hermano, que estaba sentado frente a ella, con una expresión de desdén.
— ¿Por qué entraste al carruaje? Te iba a presentar a Constantine.— le reprochó, su voz impregnada de frustración.— él me ha ayudado mucho en este tiempo.
El hermano llamado Marx, frunció el ceño.
— no quiero conocer a nadie en este momento. No con lo que está pasando con nuestro padre.— su voz se tornó amarga, y Marlene sintió un nudo en el estómago.
Pero aún así, defiende a Constantine.
— se que la situación está delicada, pero ese hombre me ayudó cuando trabajaba en el palacio, me tenía paciencia y no me decía que dejara las cosas porque era muy creativa. Al contrario... Él... Me apoyaba. Así que dejas de ser tan grosero.
Sabía que la situación era delicada, que su padre estaba enfermo y que la estabilidad de la familia pendía de un hilo.
— lo sé.— murmuró, bajando la mirada.— pero deberás dejar tu trabajo temporalmente y ayudarme con el negocio familiar. Volver a ese palacio no será posible por ahora.
Sus palabras eran un eco de sus propios temores. La idea de renunciar al posible amor que había comenzado a florecer entre ella y Constantine le causaba un dolor punzante en el corazón. Pero la realidad era inevitable.
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Al día siguiente, Constantine se dirigió a la casa de la duquesa, un encargo urgente en sus manos. La orden de alejarse del imperio en menos de una semana no le pesaba sobre sus hombros. Al llegar, una sirvienta le abrió la puerta, con una mirada que reflejaba la preocupación en el ambiente.
— lo siento, señor, pero la duquesa y su familia se han ido... rumbo a Ertia.— anunció, y el nombre del continente resonó en la mente de Constantine como un eco distante.
— ya se fue... Le agradezco, le informaré a la emperatriz.
Mientras tanto, en el barco que surcaba las aguas hacia su nuevo destino, la duquesa, acompañada de los gemelos, no sentían nada al dejar su hogar, en cambio Tania, se aferraba a la madera del barco, sintiendo cómo las olas golpeaban con fuerza. La joven Nana miraba el horizonte, reflexionando sobre lo que había dejado atrás; su hogar, su vida anterior, todo por cuidar a dos niños que parecían más maquiavélicos que inocentes.
“ ya no lo veré más... Howard"
Los gemelos, Lucas con su cabello azabache y Diego, el albino, intercambiaron miradas cómplices. Lucas susurró un plan travieso, apuntando a la Nana como su próxima víctima. Pero justo cuando estaban listos para ejecutar su travesura y echarla por la borda, la duquesa llamó a Tania, haciendo que esta se volviera y arruinara sus planes.
Diego, comentó.
— aún hay tiempo para que se aleje de nosotros.— Lucas asintió, convencido de que su madre no tardaría en darse cuenta de que Tania era un estorbo.
— veremos cuánto tiempo dura con nosotros.— dijo Lucas y en sus miradas se podía ver una mezcla de desprecio y rechazo hacia Tania.
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