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Mi Querida Enemiga!

Mi Querida Enemiga!

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Atracción entre enemigos
Popularitas:544
Nilai: 5
nombre de autor: RealtiveRat

Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.

​En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".

​Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.

​Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.

​¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.

NovelToon tiene autorización de RealtiveRat para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Sentencia...Obligatoria?

El eco de las risas y los comentarios sobre la supuesta «química explosiva» entre los líderes estudiantiles tardó apenas un par de horas en dar la vuelta completa a los terrenos de la Academia Élite Amagi. Para cuando el sol comenzó a descender, tiñendo el cielo de tonos dorados y anaranjados, la noticia ya había llegado a los despachos de la administración principal.

En la oficina de la Directora Amamiya, el ambiente no tenía nada de gracioso.

La severa directora, una mujer de mirada implacable, cabello recogido con absoluta perfección y anteojos de montura metálica, estaba de pie junto a su gran escritorio de caoba. Frente a ella, de pie y con posturas rígidas, se encontraban los dos protagonistas de los últimos escándalos escolares: Aoi Kisaragi y Ren Kageyama.

—Me informan los prefectos que el patio central de la academia se ha convertido en los últimos días en un plató de comedia y confrontaciones públicas, señorita Kisaragi y joven Kageyama —comenzó la Directora Amamiya con una voz pausada, helada y cortante que hizo que el aire de la oficina pareciera congelarse de inmediato—. Los chismes, los gritos de rescate heroico y las disputas por el control de la reputación institucional están afectando gravemente la armonía y el prestigio de nuestra prestigiosa institución.

Aoi sintió que una oleada de pura indignación la recorría por dentro. Mantuvo la espalda recta, pero sus nudillos se apretaron con fuerza contra el borde de su falda.

—Con el debido respeto, Directora Amamiya, el incidente de esta tarde no fue provocado por el Pabellón Blanco —interrumpió Aoi con un tono cortante y formal, lanzándole una mirada de reojo cargada de veneno a Ren—. Las difamaciones infundadas fueron creadas por alumnas irresponsables de nuestro propio pabellón, y nosotras ya nos encargamos de...

—No me interesa señalar culpables individuales en este momento, Kisaragi —la interrumpió la directora con un gesto seco de la mano, silenciándola al instante—. Lo que me preocupa es la evidente falta de comunicación y cooperación constante entre ambos pabellones. Cada vez que interactúan, el resultado es un caos operativo.

Ren, que se había mantenido con las manos en los bolsillos y una expresión de aburrimiento fingido, esbozó una ligera sonrisa de medio lado, lo cual fue un grave error estratégico frente a los ojos de la autoridad.

—¿Le divierte la situación, joven Kageyama? —preguntó la Directora Amamiya, clavando sus implacables ojos sobre él—. Me alegra saberlo, porque he tomado una decisión ejecutiva para solucionar este problema de raíz.

Aoi y Ren intercambiaron una rápida mirada de reojo, sintiendo de repente un mal presentimiento que les recorrió la columna vertebral.

—A partir de la próxima semana, y con el fin de garantizar la absoluta transparencia y el entendimiento mutuo entre los líderes de la academia, se decreta una nueva normativa obligatoria —anunció la directora con voz solemne—. El consejo estudiantil mixto deberá llevar a cabo reuniones de coordinación semanales obligatorias, sin excepciones ni excusas, supervisadas directamente por este despacho. Dos horas todos los martes y jueves, cara a cara, coordinando la logística y la convivencia de ambos pabellones.

El mundo pareció detenerse por un segundo completo.

Aoi abrió los ojos de par en par, sintiendo que el alma se le caía a los pies. ¿Reuniones obligatorias a solas con Kageyama? ¿Dos veces por semana? ¿Cara a cara? Su cerebro sufrió un colapso matemático instantáneo ante semejante tortura psicológica.

—D-Directora... con todo respeto... esto debe ser un error administrativo —balbuceó Aoi, perdiendo por un instante su habitual compostura impecable y agitando las manos de forma defensiva—. ¡Obligarnos a estar encerrados en una sala de juntas dos horas a la semana no mejorará la armonía! ¡Lo único que hará es desatar una guerra nuclear dentro del edificio administrativo! ¡Prefiero limpiar los laboratorios de química con un cepillo de dientes por el resto del año!

—Su propuesta sobre los laboratorios es interesante, Kisaragi, pero la decisión ya está tomada y firmada —respondió la directora con absoluta indiferencia, sellando un documento con un fuerte golpe de sello—. La normativa entra en vigencia a partir de mañana. Estudiantes, están retirados.

Aoi sintió que las fuerzas la abandonaban. Su rostro pasó por todas las tonalidades posibles del asombro y la rabia contenida.

Ren, por su parte, contuvo una carcajada masiva al ver la cara de absoluta desesperación y frustración que adornaba el rostro de su archirrival. Para él, la idea de pasar dos horas semanales encerrado en una sala a solas con Aoi no era un castigo; era el mejor regalo que la directiva le pudo haber dado.

—Entendido perfectamente, Directora. Cumpliremos con la normativa al pie de la letra con el mayor de los entusiasmos —respondió Ren con una sonrisa cínica, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto fingido.

Aoi le dirigió una mirada que prometía una muerte lenta y dolorosa antes de darse media vuelta y marchar a pasos acelerados fuera del despacho, azotando la puerta con tanta fuerza que el marco de madera tembló.

Ren se despidió con un gesto rápido de la mano y salió tras ella al pasillo principal.

El corredor estaba prácticamente vacío a esa hora de la tarde. Aoi caminaba a zancadas rápidas, con el cabello rubio ondeando por la furia, respirando de manera agitada mientras mascullaba maldiciones en voz baja contra la burocracia escolar.

—Vaya, alteza... dos horas a la semana tú y yo a solas en una sala de juntas —comentó Ren, alcanzándola con facilidad y caminando a su lado con las manos en los bolsillos y una sonrisa burlona—. Quién diría que la directora terminaría siendo nuestra más grande celestina. Deberíamos mandarle una tarjeta de agradecimiento.

Aoi frenó en seco, se giró con la velocidad de un rayo y le clavó una mirada tan cargada de odio puro que cualquier otra persona habría salido corriendo despavorida.

—Cierra la maldita boca, Kageyama —siseó Aoi con una voz tan helada que congelaría el verano entero—. Si vuelves a pronunciar una sola palabra estúpida en lo que resta del día, juro que en nuestra primera reunión obligatoria usaré las grapadoras del consejo para sellarte los labios. ¡Aléjate de mí!

Dada la media vuelta con un movimiento violento, Aoi se marchó a toda velocidad hacia el Pabellón Blanco, dejándolo solo en el pasillo.

Ren se quedó de pie, observando cómo se alejaba, mientras una sonrisa profunda, retadora y de absoluta diversión se dibujaba en su rostro. La sentencia de la directora había abierto la puerta al verdadero terreno de juego.

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Yarelis Pérez
ya quiero ver más desarrollo romántico entre ren y su enemiga querida
RealtiveRat: Ojalá y la conquiste 👀
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