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Entre Susurros

Entre Susurros

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Edad media / Completas
Popularitas:7.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Víctima de la traición y de los falsos rumores orquestados por quien creía su hermano de crianza, Melody muere trágicamente en la helada solitud de la corte imperial. Convertida en un espectro atado a la tierra antes de que la magia del tiempo le otorgue una segunda oportunidad, presenciará la macabra verdad tras las sonrisas de la aristocracia y jurará reescribir su destino.

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Capítulo 22: Muros de hierro y el orgullo humillado

​

​La mañana posterior a la firma del pacto preliminar amaneció bajo un cielo plomizo que amenazaba con una garúa helada. En los portones principales del palacio ducal de Westfall, la atmósfera había cambiado drásticamente. Donde antes solo había un par de guardias locales con librea ceremonial y lanzas decorativas, ahora se erguían seis caballeros de la guardia de élite de la Casa Oberon. Vestían armaduras articuladas de aleación oscura con bruñidos en plata, capas de terciopelo azul noche y espadas de acero templado al cinto. Su presencia sola transmitía un mensaje inequívoco: el feudo de Westfall estaba bajo la protección directa del Archiducado.

​Felipe de Rosewood no había podido conciliar el sueño en toda la noche. La imagen de Melody sonriéndole al arrogante heredero de Oberon y recibiendo un beso en su mano desnuda le abrasaba la memoria como hierro candente. Convencido de que la actitud de la joven duquesa era únicamente un burdo ardid para llamar su atención y provocarle celos, decidió regresar a la residencia Westfall antes del mediodía.

​Avanzó por el sendero empedrado a bordo de su carruaje con la mentón en alto, vistiendo sus mejores galas de cacería urbana. Sin embargo, antes de que el carruaje pudiera cruzar los imponentes arcos de entrada al feudo, dos caballeros de la guardia de Oberon dieron tres pasos al frente, desenvainaron parcialmente sus espadas y bloquearon el paso del vehículo con una severidad militar.

​—¡Alto! —ordenó el capitán de la guardia, un hombre maduro de rostro cruzado por una cicatriz y mirada de piedra—. Ningún carruaje no autorizado tiene permitido el ingreso a la propiedad de lady Melody de Westfall.

​El cochero de Felipe tiró de las riendas bruscamente, haciendo que los caballos relincharan. Felipe abrió la portezuela de golpe y bajó del carruaje con el rostro encendido de indignación.

​—¿Qué significa esta impertinencia? —exclamó Felipe, ajustándose los guantes y avanzando hacia los caballeros—. ¡Soy el conde Felipe de Rosewood! Exijo que se aparten de inmediato. Tengo asuntos urgentes que tratar con lady Melody.

​El capitán de los caballeros ni siquiera se inmutó. Sostuvo la mirada del joven conde con absoluta indiferencia.

​—Conde de Rosewood, tenemos órdenes directas e irrevocables de Lord David von Oberon y de lady Melody de Westfall —declaró el capitán con voz retumbante—. Usted tiene prohibido el acceso a esta residencia y a cualquier terreno perteneciente a la Casa Westfall. Se le sugiere retirarse de inmediato.

​Felipe soltó una risa amarga y despectiva, dando un paso agresivo hacia el portón.

​—¡Esas órdenes son absurdas! Melody jamás daría una orden semejante contra mí. Son ustedes los que están abusando de su autoridad. ¡Apártense o haré que el duque Arthur los despoje de sus insignias!

​Antes de que Felipe pudiera poner un solo pie dentro del perímetro, dos caballeros de armadura oscura se interpusieron en su camino. Uno de ellos, con una fuerza física descomunal, colocó su guantelete de hierro directamente sobre el pecho de Felipe y lo empujó hacia atrás con una firmeza seca e humillante.

​Felipe trastabilló varios metros sobre la grava húmeda y cayó de rodillas sobre el barro del camino, ensuciando de forma deplorable sus finos pantalones de montar y su chaqueta de terciopelo.

​—¡Cómo se atreven, perros de armadura! —gritó Felipe, poniéndose de pie con torpeza, fuera de sí por la rabia mientras varios sirvientes y transeúntes del exterior observaban la escena con estupor.

​—Si vuelve a intentar cruzar esta línea sin autorización explícita o si intenta alzar la voz contra esta guardia, no lo empujaremos —advirtió el capitán, empuñando la empuñadura de su espada—. Lo arrestaremos por intento de intrusión en feudo protegido y lo arrastraremos a las mazmorras del Archiducado. Retírese, conde de Rosewood.

​Los sollozos de furia contenidos en la garganta de Felipe eran casi audibles. El joven conde miró hacia las ventanas superiores del palacio, buscando desesperadamente el rostro de Melody deteniendo aquella humillación. Pero las cortinas permanecieron inmóviles. Masticando la vergüenza más profunda de su vida aristocrática, subió de un salto a su carruaje, azotó la portezuela y ordenó al cochero marcharse a toda velocidad.

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Mary Salazar
wow que horror como tan ciega
Anni Arias
me gustaría saber si vas a seguir publicando porque si es así me gustaría seguirte ya que me gustan mucho tus historias
Lelixi: Muchas gracias por el apoyo, me alegra que te gusten mi historias, tengo varias ideas que estoy desarrollando y mi idea es seguir publicando 🥰
total 1 replies
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