Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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El primer amor nunca muere
—¡Hola, Andrés! —sonrió Mónica—. ¿Qué haces?
—Nada… aquí —respondió él, mirando al suelo con tristeza.
—Ay, ya, Andrés —dijo ella, levantándolo un poco del ánimo—. ¿Qué tal si tú y yo vamos juntos a un bar que queda por aquí cerca? —sonrió.
Andrés la miró. Mónica tenía una sonrisa enorme.
—Está bien. ¿Qué voy a ganar estando triste? —respondió, sonriendo.
Ella lo miró sorprendida.
—Espera… ¡sonreíste conmigo! —dijo feliz.
Mientras tanto, en la parada de autobuses…
—¿Qué pasa? Louis, ¿por qué me abrazas así? —preguntó Agustina, curiosa.
Él la miró y hizo un pequeño puchero. Agustina soltó una risa suave y le secó las lágrimas.
—¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan triste? —preguntó mientras le limpiaba el rostro con las manos.
—Es que mi mamá murió… —dijo Louis, apoyando la cabeza en su hombro.
Agustina se quedó quieta al escucharlo. Luego puso una mano sobre su espalda.
—Jacob me dijo que tú la cuidaste mucho… —continuó él entre lágrimas.
Louis le tomó la mano.
—Dime, Agustina… ¿por qué me dejaste ir? No entiendo nada. Si tú me dices que quieres, yo me divorcio de Carolina —le dijo.
Ella lo miró fijamente.
—Louis, ¿cómo vas a decir eso? Tienes una vida estable. Lo nuestro ya pasó. Sí, tuvimos un hijo, pero no es necesario que estés detrás de mí —respondió Agustina.
—¿Puedes dejar de ser orgullosa una vez en tu vida? —dijo él.
—Louis, no hables de eso. Está bien. Te haces cargo de Leo y ya.
Él volvió a tomarle la mano.
—Dime qué pasa, Agustina. Desde que llegué, nunca he podido saber quién eres realmente. ¿Dónde está mi Agustina? La que yo amaba… la que me volvía loco.
—Esa Agustina ya no existe. Maduré —respondió ella.
Louis la tomó suavemente y la acercó hacia él.
Entonces la besó.
Fue un beso profundo.
Al principio, Agustina se resistió, pero después terminó correspondiendo.
Y, por un instante, todo lo que había ocurrido durante esos cinco años pareció desaparecer.
¿Por qué tuvo que ser él? ¿Por qué tuvo que ser mi primer amor?
Cuando había llegado a la escuela, antes de conocer a Eric y Martín, Louis siempre me había interesado.
Ese chico nerd de lentes.
Torpe, que tocaba instrumentos raros.
El que parecía ignorar todo lo que ocurría a su alrededor.
Creo que incluso le hacía bullying solo porque me gustaba. Cada vez que lo molestaba, ella le pega un poco fuerte le dejaba una caja de leche.
—Oye, ¿esa leche de fresa es tuya? —preguntó Andrés en aquel recuerdo.
—No lo sé. Estaba en mi casillero —respondió Louis mientras la tomaba.
Ella siempre había estado oculta.
Hasta que un día…
—¿Quieres ser mi novia? —preguntó Louis, nervioso.
—¿Qué? Pero hace una semana terminé con Martín…
Louis le dio un beso en la mejilla.
—No me importa, porque yo te quiero a ti.
Él le apretó suavemente las mejillas, haciendo que ella sonriera.
Y cuando llegó el día de la fiesta, Agustina estaba decidida a decirle que sí.
Pero entonces ocurrió aquella tragedia.
No sabía con quién había estado aquella noche porque Louis llevaba la chaqueta de Andrés. Por eso creyó que era Andrés.
—Andrés… estoy embarazada —dijo Agustina, tomándole la mano.
—¿Eh? ¿Voy a ser papá? —preguntó él con una sonrisa.
Pero ese mismo día, Julieta la encontró.
—Agustina… —dijo tímidamente—. Debo decirte algo. El chico que estuvo contigo esa noche en la fiesta no era Andrés. Era Louis.
—¿¡Qué!? ¿Pero Julieta…?
La chica salió corriendo.
No podía creerlo.
Pero Louis ya no estaba. Hacía mucho que no lo veía.
Entonces Eric le dijo que Louis se iba a Estados Unidos.
Y allí empezó mi calvario.
Agustina regresó al presente.
Ella empujó un poco a Louis.
—Louis, no hagas eso nunca más —dijo seria.
—¿Por qué? ¿Acaso no nos gustamos? —preguntó él, sin entender.
—Sí. Pero tú estás casado. Tienes una esposa y una hija —respondió ella—. Yo no voy a ser la amante. No voy a romper el hogar de nadie.
Él volvió a tomarle la mano.
—Hoy mismo le pido el divorcio. Total, mi madre murió y solo lo hacía por ella —dijo Louis.
Agustina lo miró.
—Ojalá fuera verdad… —susurró, suspirando.
Mientras tanto, Andrés y Mónica estaban en el bar, comiendo y conversando.
—Y le dije a la mujer: «Oiga, ¿usted está embarazada?» —contó Mónica entre risas—. ¡Y la mujer quería comer sushi!
Andrés no paraba de reír.
En ese momento comenzó a sonar una canción.
Él se levantó.
Era Falling for Ya, de Teen Beach Movie.
—¿Quieres bailar? Sé que es muy cursi, pero me gusta el ritmo —dijo Andrés con una sonrisa.
Mónica tomó su mano y comenzó a bailar con él.
Algunas personas del bar los miraban mientras se movían al ritmo de la música.
Andrés le dio una vuelta a Mónica, pero ella se resbaló un poco.
Él la sostuvo antes de que cayera.
Los dos quedaron mirándose fijamente.
—Oye… ¿nunca te dijeron que eres bonita? —preguntó Andrés entre risas.
—Sí, varias veces. Alguien borracho me lo dijo —respondió ella riendo.
—¿Y quién fue ese alguien? —preguntó, curioso.
Mónica sonrió.
—Tú.
La noche avanzó.
Más tarde, Andrés y Mónica entraron al apartamento de ella besándose.
Los besos se hicieron cada vez más intensos.
—Oye… ¿estás segura? —preguntó Andrés.
—Claro. Cada día sueño que estoy contigo —respondió Mónica.
Ella le quitó la camisa.
Andrés simplemente sonrió.
La puerta del cuarto se cerró.
Agustina iba en el autobús.
Sin darse cuenta, llevó los dedos hasta sus labios y sonrió.
Entonces se puso roja al recordar lo ocurrido.
Cuando llegó a su casa, Cristian y Leo estaban en la cocina.
—¡Mamá vino! —dijo Leo al verla—. Ven, mamá, vamos a comer pasta casera.
Cristian salió de la cocina completamente cubierto de harina.
—¿Por qué cocinar algo casero es tan difícil? —se quejó.
Luego miró a Agustina con atención.
—Oye… ¿por qué esa cara? Tus labios están… hinchados.
Agustina se quedó quieta.
Luego se miró en el espejo.
—No es nada. Me lastimé en el trabajo, solo eso —respondió con una risa nerviosa.
Cristian entrecerró los ojos.
—No sé… ese golpe se llama Adams, ¿verdad? —bromeó.
Agustina miró hacia otro lado.
—Cielo, debí decirte algo. ¿Te acuerdas de tu abuela Ana? La que viste…
—Sí… Es muy bonita. ¿Qué pasó? —preguntó Leo.
Agustina bajó la mirada.
—Bueno… ella falleció. Ya no está aquí.
Leo guardó silencio unos segundos.
—Ah… Bueno, espero que esté bien en el cielo —dijo finalmente con una sonrisa.
—Seguro… Ahora ve a cocinar —le dijo Agustina.
El niño salió corriendo hacia la cocina.
Cristian, en cambio, se quedó mirando a su hermana.
—Dime la verdad. ¿Qué pasó? —preguntó molesto.
Agustina suspiró.
—Solo supo que yo cuidé de la señora hasta donde pude. Aunque me dijo que se iba a divorciar de Carolina.
—¿Y tú le crees? —preguntó Cristian.
—No lo sé. Todo puede pasar.
Agustina se sentó en el sofá.
Cristian encendió la televisión.
En ese momento apareció una noticia.
—«La hija de Wilson va por su segundo bebé» —decía una comentarista—. La boda será en unos días.
Agustina quedó completamente callada.
—¿Otro bebé? ¿De dónde salió eso? ¡Agustina! —exclamó Cristian al verla levantarse.
Ella tomó su abrigo.
—Necesito aire.
Y salió.
Leo salió de la cocina poco después.
—¿Qué pasó con mamá? —preguntó, curioso.
Cristian suspiró.
—Leo, hay cosas que los adultos no pueden aceptar rápido. Tú tranquilo. Creo que mamá hoy no va a comer.
La noche avanzó.
Y se hizo cada vez más tarde.
Pero Agustina no regresó.
Cristian miró el reloj, preocupado.
—Leo, dame el número de tu papá.
Tomó el teléfono y llamó a Louis.
Después de unos segundos, él atendió.
—¿Hola? —respondió Louis mientras caminaba.
—Soy Cristian, hermano de Agustina. Sé que está mal de mi parte, pero… Agustina supo lo del bebé.
Louis quedó completamente callado.
—Bueno, ella se fue y no volvió. ¿Sabes dónde puedo ir a buscarla?
Louis cerró los ojos al recordar.
Entonces entendió.
—Yo sé dónde está. No te preocupes. La voy a buscar.
Colgó.
Louis tomó su abrigo.
—Espero que esté allí.