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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

La mañana apenas comenzaba cuando la Doña decidió visitar a su hijo.

Había organizado una salida de compras con Valeria y no pensaba permitir que ningún asunto de la mansión interfiriera con sus planes. Después de todo, llevaba años deseando tener una hija con quien compartir aquellas pequeñas cosas que tanto disfrutaba.

Y ahora que había encontrado a una muchacha que le había robado el corazón, estaba decidida a aprovechar cada oportunidad.

Llegó a la habitación de Damián acompañada por una empleada, pero no necesitó que nadie anunciara su presencia. La puerta estaba entreabierta, así que llamó suavemente antes de entrar.

—Buenos días, queridos.

Valeria, que estaba terminando de arreglar unas prendas cerca del armario, se volvió de inmediato.

—¡Buenos días, madre!

Damián permanecía sentado en la cama, con el cabello ligeramente despeinado. Acababa de despertar y todavía tenía esa expresión malhumorada que parecía acompañarlo incluso durante el sueño.

—Madre, ¿qué haces aquí tan temprano? —preguntó.

—He venido a buscar a Valeria. Tenemos una cita importante.

—¿Una cita?

—Vamos de compras, hijo. Te lo dije ayer.

—Ah.

La Doña sonrió y entonces dirigió la mirada hacia la cama.

Se detuvo.

Observó las almohadas, las mantas y el espacio que ocupaban ambos lados del colchón.

Después volvió a mirar a su hijo.

Y finalmente a Valeria.

—Un momento…

Valeria sintió que algo terrible estaba a punto de ocurrir.

—¿Ustedes duermen en la misma cama?

El silencio cayó sobre la habitación.

Damián abrió la boca, pero no alcanzó a responder.

Valeria palideció.

¡No!

¡No, no, no!

¡Aquello tenía una explicación perfectamente inocente!

Sin embargo, cuando vio la expresión de sorpresa de la Doña, su imaginación se disparó. ¿Y si pensaba que estaba aprovechándose de su hijo? ¿Y si creía que era una empleada descarada que había conseguido meterse en su cama para ascender de posición?

Antes de que pudiera pensar con claridad, corrió hacia la mujer y se arrodilló frente a ella.

—¡Lo siento mucho, madre! ¡Lamento haber sido tan atrevida! ¡Por favor, perdóneme!

Damián se levantó de golpe.

—¡Valeria!

La preocupación le atravesó el pecho.

No podía verla, pero escuchó perfectamente el movimiento brusco de sus rodillas contra el suelo y el temblor de su voz.

—¡Madre, por favor, no la castigue! —intervino de inmediato—. ¡Fue idea mía!

La Doña parpadeó.

Miró a su hijo, luego a Valeria, que seguía arrodillada, y finalmente volvió a mirar a Damián.

Durante unos segundos no dijo nada.

Después se echó a reír.

No fue una risita discreta, sino una carcajada tan espontánea que Valeria levantó la cabeza, completamente desconcertada.

—¿Pero por quiénes me toman? —preguntó la mujer entre risas—. ¡Solo hice una pregunta!

Valeria la miró con los ojos muy abiertos.

—¿No está enfadada?

—¿Por qué iba a estarlo, querida?

—Porque… nosotros…

La Doña alargó las manos hacia ella.

—Vamos, levántate.

Valeria dudó un instante antes de aceptar su ayuda. La mujer la levantó con cuidado y después le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Escúchame bien, cariño. Eres mi hija. No debes agacharte frente a nadie para suplicar que te trate con dignidad. ¿Entendido?

Los ojos de Valeria se llenaron de lágrimas.

—Sí, madre.

—Y mucho menos tienes que arrodillarte ante mí. Si alguna vez haces algo que me molesta, podemos hablarlo como personas adultas. No voy a castigarte por compartir una cama con mi hijo.

Damián permanecía de pie junto a ellas, todavía tenso.

—Pero madre, yo…

—¡Tú cállate un momento!

Él cerró la boca.

Valeria se llevó una mano a los labios para ocultar una sonrisa.

¡La Doña acababa de callar al temible Damián Montenegro con dos palabras!

La mujer continuó hablando como si nada.

—Ahora bien, me gustaría saber por qué duermen juntos.

Damián apretó la mandíbula.

—Es por seguridad.

La Doña arqueó una ceja.

—¿Seguridad?

—Valeria ha tenido problemas con su familia y su esposo. Consideré que sería más seguro tenerla cerca hasta que resolvamos la situación.

La explicación sonaba razonable.

Demasiado razonable.

Su madre lo conocía desde que era pequeño. Sabía cuándo decía la verdad y cuándo utilizaba una excusa para ocultar algo que no quería reconocer.

Y, en aquel momento, su hijo estaba haciendo exactamente lo segundo.

—Entiendo —respondió ella con una seriedad sospechosa.

Damián relajó ligeramente los hombros.

—Bien.

—Aunque debo admitir que me sorprende.

—¿Qué cosa?

—Que antes no soportabas que nadie entrara en tu habitación y ahora compartas la cama con una mujer.

Valeria se sonrojó hasta las orejas.

—¡Madre!

—¿Qué pasa, querida? ¡No he dicho nada malo!

Damián pasó una mano por su rostro.

—Por favor, no empieces.

—¿Empezar qué? Soy una madre preocupada por su hijo.

—Eres una madre que hace demasiadas preguntas.

—Y tú eres un hijo que responde muy poco.

Valeria ya no pudo contener la risa.

Damián giró el rostro hacia ella.

—¿También vas a reírte?

—Lo siento —respondió ella, sin dejar de sonreír—. Pero tu madre tiene razón.

—Traición.

—No seas dramático.

La Doña observó a ambos con una sonrisa satisfecha.

Su hijo estaba discutiendo con Valeria como si llevaran años conociéndose. Ella lo contradecía sin temor y él, en lugar de echarla de la habitación, se quedaba allí escuchándola.

Era una escena sencilla.

Pero para una madre que había pasado meses viendo a su hijo aislarse del mundo, resultaba extraordinaria.

No iba a interferir en lo que estuviera naciendo entre ellos. Sin embargo, tampoco pensaba fingir que no lo notaba.

—Bueno, basta de conversaciones —anunció, dando una palmada—. Valeria, ve a arreglarte. Nos vamos de compras.

La joven parpadeó.

—¿Ahora?

—Por supuesto. Tenemos muchas cosas que hacer.

—Pero todavía debo ayudar con los medicamentos de Damián.

—Ya están preparados —respondió él.

Valeria giró hacia su voz.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque Nicolás me lo informó hace unos minutos.

La Doña sonrió.

—¿Lo ves? Mi hijo puede sobrevivir sin ti durante unas horas.

Damián frunció el ceño.

—Madre, no exageres.

—No estoy exagerando. Quiero pasar tiempo con mi hija.

Aquellas últimas palabras hicieron que Valeria se quedara inmóvil.

Mi hija.

Todavía no se acostumbraba a escucharlas.

La Doña le tomó las manos.

—¿Sabes? Siempre quise tener una hija con quien hacer cosas de damas. Alguien con quien ir de compras, elegir vestidos, hablar de las pequeñas cosas de la vida y compartir secretos.

Valeria sonrió con timidez.

—¿De verdad?

—¡Por supuesto! Cuando era joven, imaginaba que tendría una casa llena de hijos. Pero solo tuve a este muchacho.

—Madre, sigo aquí —protestó Damián.

—Lo sé, cariño. Es difícil olvidarlo cuando estás escuchando cada palabra.

Valeria soltó una carcajada.

La Doña también se rio antes de volver a mirarla con ternura.

—No me malinterpretes. Amo a mi hijo con toda mi alma. Pero hay cosas que una madre desea compartir con una hija, ¿comprendes?

Valeria asintió lentamente.

—Sí.

—Y quiero compartirlas contigo. No porque seas la mujer que cuida de Damián, ni porque estés ayudándolo a recuperarse. Quiero hacerlo porque te siento como una hija de verdad.

La sonrisa de Valeria tembló.

Durante toda su infancia había deseado tener a alguien que la llevara de compras, que la ayudara a elegir un vestido o que le preguntara qué quería hacer durante el día.

Pequeñas cosas que para otras personas eran normales.

Para ella, habían sido sueños que nunca se atrevió a pedir.

—Gracias, madre —susurró.

La mujer le acarició la mejilla.

—No me agradezcas. Vamos a disfrutar de nuestro día.

Valeria asintió, emocionada.

—Está bien. Iré a cambiarme.

—Y ponte algo bonito.

La joven se volvió con una sonrisa traviesa.

—¿Más bonito que yo?

La Doña soltó una carcajada.

—¡Ay, esta niña! ¡Me encanta!

—¡Madre! —protestó Damián—. No la animes.

—¿Por qué no? Tiene confianza en sí misma. Deberías aprender de ella.

Valeria salió de la habitación riéndose.

La Doña esperó hasta escuchar que sus pasos se alejaban antes de volverse hacia su hijo.

—Damián.

—¿Qué?

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Él suspiró.

—Depende.

—¿Te gusta Valeria?

Damián se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Una bastante sencilla.

—Es mi niñera.

—No te he preguntado cuál es su trabajo.

Él apretó los labios.

—Me ayuda con los medicamentos y con algunas cosas que necesito. Eso es todo.

Su madre lo observó con una paciencia casi divertida.

—Por supuesto, querido.

—No uses ese tono.

—¿Qué tono?

—Ese.

La Doña sonrió.

—Está bien. No volveré a preguntarte.

Damián pareció aliviado.

Entonces ella añadió:

—Pero si algún día decides casarte con ella, quiero que me lo cuentes antes de que Nicolás tenga que organizar la boda.

—¡MADRE!

La mujer se echó a reír mientras abandonaba la habitación.

—¡Te quiero, hijo!

Damián se quedó solo, con el rostro caliente y una indignación que no sabía dónde colocar.

¡Casarse!

¿De dónde había sacado su madre semejante idea?

Él no estaba pensando en casarse con Valeria.

Ni siquiera estaba pensando en ella de esa manera.

Solo quería que permaneciera cerca, que siguiera desayunando con él y que no volviera a arrodillarse ante nadie para pedir perdón por existir.

Eso era todo.

Absolutamente todo.

Se sentó de nuevo en la cama y soltó un suspiro.

Entonces recordó que aquella tarde la mansión estaría más silenciosa sin ella.

Y que tendría que esperar varias horas antes de escucharla regresar.

Frunció el ceño.

—Maldita sea, Valeria…

No entendía por qué aquella simple idea le desagradaba tanto.

Mientras tanto, la Doña caminaba por el pasillo con una sonrisa triunfal.

Su hijo podía seguir negándolo.

Ella tenía todo el tiempo del mundo.

Y estaba dispuesta a disfrutar cada segundo del espectáculo.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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