Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 22
Cuando finalmente regresaron a casa, Renata estaba convencida de una cosa.
Nunca volvería a ir de compras con Camila.
Jamás.
Era mentira.
Las dos lo sabían.
Pero igual lo dijo.
—Renata dijo: —No vuelvo a salir contigo.
—Camila respondió: —Eso dijiste la última vez.
—Renata respondió: —Y esta vez hablo en serio.
—Camila respondió: —No.
Gael, que llevaba varias bolsas en las manos, soltó una pequeña risa.
—Gael dijo: —Estoy de acuerdo con Camila.
—Renata respondió: —Nadie pidió tu opinión.
—Gael respondió: —Y aun así la di.
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Cuando llegaron a la entrada de la casa, Camila se despidió.
Pero no sin antes acercarse a Renata.
—Camila dijo en voz baja: —Ponte el vestido.
—Renata respondió: —No.
—Camila respondió: —Sí.
—Renata respondió: —No.
—Camila respondió: —Ya veremos.
Y antes de que Renata pudiera responder, salió corriendo hacia su auto.
Como siempre.
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Dentro de la casa, Renata dejó varias bolsas sobre el sofá.
Gael hizo lo mismo.
Por un momento observó la montaña de compras.
—Gael preguntó: —¿De verdad necesitabas todo esto?
—Renata respondió: —Por supuesto.
—Gael preguntó: —¿Todo?
—Renata respondió: —Todo.
—Gael preguntó: —¿Incluso los zapatos plateados?
—Renata respondió: —Especialmente los zapatos plateados.
Gael negó con la cabeza.
—Gael dijo: —No entiendo nada.
—Renata respondió: —Porque eres hombre.
—Gael respondió: —Eso explica muchas cosas.
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Mientras guardaban las compras, Renata subió parte de las bolsas a su habitación.
Al abrir una de ellas volvió a encontrar el vestido color vino.
Sonrió sin querer.
Realmente era hermoso.
Lo acomodó con cuidado en el armario.
Y cerró la puerta antes de seguir pensando en ello.
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Más tarde, cuando bajó nuevamente, encontró a Gael en la cocina.
Preparando café.
Qué sorpresa.
—Renata dijo: —Algún día vas a convertirte en café.
—Gael respondió: —Y tú en una amenaza para mi paciencia.
—Renata respondió: —Qué romántico.
—Gael respondió: —Estoy lleno de poesía.
Renata soltó una carcajada.
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La tarde transcurrió tranquila.
Gael trabajaba desde casa.
Renata intentó ver una película.
Intentó.
Porque terminó distraída varias veces.
Hasta que escuchó el timbre.
—Renata dijo: —Yo abro.
Al llegar a la puerta encontró a un repartidor.
Con varias cajas.
Grandes.
Muy grandes.
—Repartidor preguntó: —¿Señora Montenegro?
Renata todavía tardaba en acostumbrarse a ese apellido.
—Renata respondió: —Sí.
—Repartidor dijo: —Estas entregas son para usted.
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Cinco minutos después había cuatro cajas ocupando media sala.
Gael bajó de su oficina justo a tiempo para verlas.
—Gael preguntó: —¿Qué es eso?
—Renata respondió: —No lo sé.
—Gael preguntó: —¿Cómo que no lo sabes?
—Renata respondió: —Acaban de llegar.
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Abrieron la primera caja.
Luego la segunda.
Y después la tercera.
Renata abrió los ojos.
—Renata dijo: —No puede ser.
—Gael preguntó: —¿Qué?
Dentro había ropa.
Mucha ropa.
Vestidos.
Blusas.
Pantalones.
Zapatos.
Accesorios.
Todo nuevo.
Todo elegante.
Todo carísimo.
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—Renata dijo: —Voy a matar a alguien.
—Gael preguntó: —¿Camila?
—Renata respondió: —Camila.
Había una tarjeta sobre una de las cajas.
Renata la tomó.
Y leyó en voz alta.
—Renata leyó: —"Compraste muy poco. De nada. Con cariño, Camila."
Gael se quedó en silencio unos segundos.
Luego empezó a reír.
Y no pudo detenerse.
—Renata dijo: —No tiene gracia.
—Gael respondió entre risas: —Claro que sí.
—Renata respondió: —La voy a demandar.
—Gael respondió: —Quiero ver eso.
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Esa misma noche, Renata llamó a Camila.
Furiosa.
O al menos intentándolo.
—Camila respondió: —Hola.
—Renata dijo: —¿Qué hiciste?
—Camila respondió: —Necesitas ser más específica.
—Renata respondió: —Las cajas.
—Camila respondió: —Ah.
—Renata dijo: —¡Ah!
—Camila respondió: —Fue un regalo.
—Renata respondió: —¡Fue una invasión!
Desde la cocina, Gael podía escuchar perfectamente la conversación.
Y estaba disfrutándola demasiado.
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Cuando finalmente colgó, Renata volvió a la cocina.
Todavía indignada.
—Gael preguntó: —¿Te sientes mejor?
—Renata respondió: —No.
—Gael respondió: —Mentira.
—Renata preguntó: —¿Por qué?
—Gael respondió: —Porque ya no estás gritando.
—Renata respondió: —Estoy planeando mi venganza.
—Gael respondió: —Eso sí me preocupa.
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Más tarde prepararon algo sencillo para cenar.
Nada elegante.
Nada complicado.
Mientras Renata cortaba algunas verduras, Gael sacó platos del armario.
—Renata preguntó: —¿Sabes cocinar?
—Gael respondió: —Lo básico.
—Renata preguntó: —¿Y qué es lo básico?
—Gael respondió: —No incendiar la cocina.
—Renata respondió: —Es una habilidad útil.
—Gael respondió: —Lo sé.
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La cena fue sencilla.
Pero agradable.
Hablaron de cualquier cosa.
De películas malas.
De viajes.
De anécdotas absurdas de Camila.
Y de cómo había logrado gastar tanto dinero en una sola tarde.
—Gael preguntó: —¿Cuál fue tu compra favorita?
Renata lo pensó unos segundos.
—Renata respondió: —El vestido.
—Gael respondió: —Lo imaginé.
—Renata preguntó: —¿Cómo lo sabes?
Gael tomó un poco de agua.
Y respondió con total tranquilidad.
—Gael dijo: —Porque cuando lo viste, sonreíste.
Renata se quedó inmóvil.
Porque ella ni siquiera había notado ese detalle.
Pero él sí.
Y eso provocó algo extraño dentro de ella.
Algo que cada día resultaba más difícil ignorar.
Porque últimamente...
Gael parecía prestar atención a cosas que nadie más veía.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos