"Lo soñé mil veces antes de conocerlo. Ahora, él es mi única salvación... o mi perdición."
Bibiana siempre soñó con un hombre misterioso y con el sabor de la sangre. Al mudarse a Finlandia, el hombre de sus sueños se vuelve real. Adam es protector, letal y oculta un secreto que podría matarla.
Mientras su padre huye de un pasado oscuro, el cazador está cada vez más cerca. En un mundo donde los vampiros dominan las sombras, Bibiana descubrirá que no es una humana común: ella está Destinada a un Amor Inmortal.
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Capítulo 22 - Sospechas y Secretos
Elena observaba a su padre caminar de un lado a otro con el rostro desencajado. El silencio en la casa era denso, interrumpido solo por el crujir de la madera bajo los pies de Ignacio.
—¿Aún sigues preocupado por mi hermana, papá? —preguntó Elena, rompiendo el hielo.
—Claro que sí, hija. No sé dónde pasó la noche y temo que le haya pasado algo malo.
Elena soltó un suspiro cargado de escepticismo. —Yo que tú, no me preocuparía tanto por ella.
Ignacio se detuvo en seco, mirándola con extrañeza. —¿Por qué dices eso?
—Papá, es obvio. Seguramente se fue a vivir con ese tipo —sentenció Elena con frialdad—. Recuerda que dejó al pobre Matt por un desconocido. Si fue capaz de eso, no dudo que se haya entregado a él por completo. Por algo no ha regresado.
Ignacio bajó la mirada, sopesando las palabras de su hija. —Puede que tengas razón... pero, ¿sabes dónde vive ese joven?
—No, pero Matt lo vio con ella. Tal vez él sepa algo.
—Tienes razón —dijo Ignacio, tomando sus llaves con decisión—. Voy a hablar con Matt ahora mismo.
Elena lo vio marcharse y murmuró para sí misma: —Ojalá que mi hermana aparezca... aunque sea para darnos explicaciones.
(Campo de flores amarillas)
El viento mecía suavemente los pétalos amarillos, creando un mar dorado que rodeaba a la pareja. Adam observaba a Bibiana con una fijeza que desbordaba orgullo.
—Te admiro mucho —confesó él, con una sonrisa sincera.
—¿Ah, sí? ¿Y por qué me admiras? —preguntó ella, devolviéndole la mirada con curiosidad.
—Porque a pesar de ser humana, posees una fuerza y una valentía que no había visto nunca. Te enfrentas sola a seres sobrenaturales como nosotros sin que te tiemble el pulso —respondió Adam, asombrado por el temple de su amada.
Bibiana soltó una pequeña risa, restándole importancia.
—Eso no es nada, Adam.
—Claro que lo es, Bibi. Eso es precisamente lo que te hace una mujer única y especial —insistió él, acortando la distancia para sellar sus palabras con un beso dulce.
—Sabes... no me gusta depender de las personas —dijo ella cuando se separaron—. Prefiero valerme por mí misma y defenderme sola, sin necesidad de que nadie me proteja.
Adam soltó una carcajada suave, con un brillo de diversión en los ojos.
—¿Entonces me estás diciendo que no quieres mi protección?
—No la necesito —respondió ella con una sonrisa pícara—, pero lo que sí quiero es que te quedes a mi lado la mayor parte del tiempo.
Adam le acarició el rostro con una ternura infinita, perdiéndose en sus ojos.
—Me voy a quedar a tu lado siempre, Bibi. Eres lo más importante que tengo en este mundo.
—Te amo —susurró ella.
Se fundieron en un beso apasionado, dejándose caer lentamente sobre el suave manto de flores, mientras el sol de la tarde los envolvía en un abrazo cálido y dorado.
Casa de Matt - Habitación
Matt estaba tumbado en su cama, mirando al techo con los ojos cargados de rencor. La imagen de Bibiana en los brazos de Adam no lo dejaba descansar.
—Voy a recuperarte, Bibi... —susurró para la habitación vacía—. Lo juro.
Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos. Era su hermano, Tomás.
—Hermano, te están buscando.
—¿Es ella? ¿Es Bibiana? —preguntó Matt, incorporándose de golpe.
—No. Es su padre.
Matt frunció el ceño. —¿Para qué me buscará el señor Ignacio? Dile que bajo en un momento.
Sala de estar
Ignacio Anderson esperaba sentado en el sofá, con el sombrero entre las manos y una expresión de angustia que lo hacía parecer años más viejo. Matt entró y trató de forzar una postura respetuosa.
—Hola, señor Ignacio.
—Hola, Matt. ¿Cómo estás?
—Le mentiría si le dijera que estoy bien —respondió Matt con amargura.
Ignacio suspiró, asintiendo con pesadez. —Lo sé. Elena ya me contó lo que pasó entre mi hija y tú. No tengo palabras para expresar cuánto lo siento. Bibiana te destrozó el corazón al cambiarte por ese extraño... Quiero ofrecerte una disculpa personal por la actitud tan reprochable que tomó mi hija.
—No se preocupe por eso, señor Ignacio. Usted no tiene la culpa.
—Aun así, Matt, estoy muy preocupado por ella.
—¿Le pasó algo malo a Bibi? —la alarma se encendió en la voz de Matt.
—Físicamente no lo sé, pero ayer discutimos. La regañé por lo mal que se ha portado y le exigí que terminara ese romance absurdo con ese desconocido. Mi hija se enfureció tanto que empacó sus cosas y se fue de la casa.
Matt se quedó helado. —¿Bibiana abandonó su hogar por él? No puedo creerlo.
—Yo tampoco. No sé dónde pasó la noche y la angustia me está matando. Matt, te lo ruego... ¿sabes dónde vive ese joven?
—No lo sé, señor Ignacio. Ojalá lo supiera.
—Elena me dijo que tú los viste juntos en el bosque. Dios mío... ¿dónde podrá estar? Mi hija y yo sospechamos que ella se fue a vivir con él, a esconderse de nosotros.
Matt guardó silencio. La idea de Bibiana viviendo bajo el mismo techo que el vampiro le quemaba por dentro, alimentando un odio que empezaba a volverse peligroso
El Campo de Flores Amarillas
El aroma de las flores parecía intensificarse con el calor del momento. Adam recorría el cuello de Bibiana con besos ardientes, perdiéndose en la suavidad de su piel, hasta que una voz del pasado resonó en su mente con la fuerza de una sentencia.
«Si tú quieres que esa humana solo te ame a ti, tienes que hacerla tuya», le había advertido Clara, su abuela, con una mirada cargada de secretos ancestrales. «Solo así su alma quedará ligada a la tuya para siempre».
El recuerdo golpeó a Adam como un balde de agua fría. Si la tomaba ahora, la marcaría. Si la hacía suya, ella nunca volvería a ser libre. Presa del pánico y del conflicto moral, se separó de ella de golpe y se sentó sobre la hierba, tratando de estabilizar su respiración.
—Mi amor... ¿qué pasa? —preguntó Bibiana, incorporándose con el rostro encendido de deseo y la mirada llena de preocupación.
Adam no se atrevía a mirarla a los ojos. Buscó una excusa rápida, ocultando la verdadera razón de su retirada.
—La fórmula... —mintió, con la voz un poco quebrada—. El efecto de la poción para el sol está por terminar. Si no me pongo a cubierto pronto, voy a quemarme.
Bibiana se alarmó de inmediato, creyendo fervientemente en sus palabras.
—Entiendo, no te arriesgues. Si quieres, nos vamos ahora mismo.
—Sí... será lo mejor —asintió él, sintiendo una punzada de culpa por el engaño—. Pero primero te voy a acompañar al apartamento. No quiero dejarte sola hasta que estés a salvo.
—Está bien —respondió ella con una sonrisa tierna, dándole un beso fugaz para calmarlo.
—Vamos —dijo Adam, ayudándola a levantarse.
Caminaron fuera del campo dorado, tomados de la mano, pero mientras Bibiana sonreía al futuro, Adam cargaba con el peso de saber que su propio instinto era el enemigo más grande de la libertad de la mujer que amaba.
Casa de Matt – Sala
Matt se puso de pie, apretando los puños con una rabia que apenas podía contener. La idea de Bibiana entregada a ese extraño lo estaba volviendo loco.
—¡Bibiana se fue a vivir con ese imbécil! —espetó, y sus palabras sonaron como una sentencia de odio.
Ignacio suspiró, frotándose las sienes con cansancio.
—Es una posibilidad, Matt, pero aún no estamos seguros. No quiero sacar conclusiones precipitadas.
—Yo voy a buscarla —sentenció Matt, con la mirada fija en un punto inexistente—. Voy a investigar exactamente dónde se está escondiendo y con quién.
Ignacio lo miró con una mezcla de sorpresa y gratitud.
—¿De verdad harías eso? Después de la forma en que mi hija te trató... después de la humillación.
—Sí —respondió Matt, girándose hacia él con una seguridad gélida—. Para serle sincero, pienso exactamente lo mismo que usted. Bibiana no está enamorada; solo siente un capricho pasajero por ese tipo. Pero yo me voy a encargar de quitarle esa idea de la cabeza.
Ignacio se inclinó hacia adelante, intrigado.
—¿Y cómo piensas lograr algo así?
—Voy a conquistarla nuevamente —declaró Matt con una sonrisa amarga—. Voy a recordarle quién soy yo y lo que ese monstruo nunca podrá darle. La traeré de vuelta, señor Ignacio, cueste lo que cueste.
Ignacio guardó silencio, observando la intensidad en los ojos del joven. Por un momento, una sombra de duda cruzó su mente, preguntándose si el amor de Matt era devoción o simplemente un peligroso orgullo herido