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AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

AYLANY: 15 AÑOS DE SUEÑOS, AMOR Y DESTINO

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

Aylany, al cumplir quince años, comienza a descubrir su propio camino, enfrentando nuevos sueños, emociones y decisiones que marcarán el inicio de su propia historia.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: La rosa azul y el puesto junto a ti

Las semanas transcurrían con una calma que para muchos parecía milagrosa, pero que para Tomás no era más que el resultado de un plan bien calculado.

Desde que aceptó aquella apuesta con sus amigos, no había dejado de pensar en cada paso que debía dar: ni muy rápido para no levantar sospechas, ni muy lento para no perder el impulso.

Para él, todo seguía siendo un juego, una forma de demostrar que podía controlar la situación, vengarse de la forma más dolorosa posible y, al final, dejar claro que ella nunca había sido bienvenida.

No sentía ni un ápice de arrepentimiento, ni curiosidad, ni mucho menos algo que se pareciera al cariño; cada gesto amable, cada palabra tranquila, era solo una máscara que se ponía al entrar al colegio y que se quitaba en cuanto estaba lejos de ella.

Una mañana, el cielo amaneció despejado y con una luz dorada que entraba por los ventanales del pasillo principal.

Tomás había salido de su casa con tiempo suficiente para detenerse en un pequeño puesto de flores que quedaba en la esquina de la avenida principal.

Sabía muy bien lo que buscaba: no flores comunes ni fáciles de conseguir, sino aquellas de un tono especial, el mismo color que solía mencionar ella en alguna conversación pasada y que, según había escuchado, le recordaba a su tierra lejana y a las cosas que más amaba.

El florista le entregó con cuidado un tallo con pétalos de un azul intenso, profundo y brillante, casi como el color del mar en días de calma o del cielo en las alturas más lejanas.

Es solo un detalle para que baje la guardia, se repetía a sí mismo mientras lo guardaba envuelto en un papel fino, nada más que una herramienta para que confíe en mí más rápido.

Cuando sonó la campana de entrada y los alumnos comenzaron a entrar al aula, Tomás esperó a que Aylany apareciera.

La vio llegar con su paso suave, su uniforme impecable y su mochila bien ordenada, todavía con esa expresión de alerta que no había logrado quitarle del todo.

En cuanto ella se acercó a su mesa, se detuvo en seco, con los ojos muy abiertos.

Allí, justo en el centro de la madera pulida, estaba la rosa azul, fresca, con sus hojas verdes brillantes y una pequeña tarjeta blanca doblada junto a ella, donde solo había escrito con letra clara y ordenada: Para que tengas un día tranquilo.

Antes de que pudiera reaccionar o preguntar quién la había dejado, Tomás entró al aula y, sin detenerse en su puesto habitual al fondo, arrastró su silla y su mesa con un movimiento suave, pero decidido hasta dejarla justo al lado de la de ella.

Se sentó con naturalidad, abrió su cuaderno y solo entonces se giró hacia ella, con una expresión que parecía tranquila y sincera, aunque por dentro mantenía la misma frialdad de siempre.

—Te vi llegar y recordé que mencionaste una vez que te gustan las flores de ese color —le dijo en voz baja, para que solo ella lo escuchara, sin hacer alarde del gesto—.

No es fácil encontrarlas por aquí, pero hoy tuve suerte.

Pensé que te alegraría un poco la mañana, después de todo lo mal que la pasaste antes.

Aylany se quedó inmóvil unos segundos, con la respiración contenida.

Extendió la mano con mucho cuidado y tomó la flor entre sus dedos, sintiendo la suavidad de los pétalos y notando cómo desprendía un aroma muy sutil, dulce y fresco.

Al levantar la vista para mirarlo, buscó en sus ojos verdes algún rastro de burla o de intención oculta, pero lo único que encontró fue una mirada neutra, tranquila, sin esa chispa de odio que antes le helaba la sangre.

—Es… es preciosa —respondió ella, y se dio cuenta de que su voz salía un poco más temblorosa y suave de lo habitual—.

Muchas gracias, Tomás. De verdad no tenías por qué molestarte en buscarla.

—No fue ninguna molestia —respondió él encogiéndose de hombros, como si fuera algo sin importancia—.

Solo intento hacer lo correcto.

¿No?

Si quiero demostrarte que de verdad quiero cambiar, son estas cosas pequeñas las que cuentan.

Además, estando aquí al lado, nos será más fácil revisar las tareas, ayudarnos si alguno se pierde con las explicaciones y no tener que estar gritando de un extremo a otro del salón.

Por dentro, Tomás seguía analizando cada palabra y cada gesto.

Así estará más cerca, más expuesta, pensaba con frialdad.

Cuanto más acostumbre a mi presencia, menos sospechar cuando llega el momento de decirle la verdad.

Y el golpe será mucho más fuerte cuando se dé cuenta de que todo fue una mentira.

Pero para Aylany, ese gesto significaba algo muy distinto. Mientras colocaba la rosa en un pequeño vaso con agua que sacó de su mochila, sintió que algo se movía en su pecho, una sensación que no había sentido nunca antes.

No era miedo, ni desconfianza, ni rabia; era una mezcla extraña de sorpresa, de alivio y de un calor suave que le subía por el cuello hasta teñir sus mejillas de un tono rosado.

Cada vez que él movía su cuaderno, pasaba un lápiz o le preguntaba con tono tranquilo si había entendido lo que decía el profesor, ella sentía que el corazón le latía un poco más rápido, como si quisiera salírsele del pecho.

Valeria y Camila, que estaban sentadas en la fila de enfrente, intercambiaban miradas llenas de preocupación.

Sabían que ese cambio de puesto y ese detalle tan especial eran pasos más profundos en esa nueva dinámica, y temían que su amiga estuviera bajando la guardia demasiado pronto.

En el recreo, cuando Tomás se alejó un momento para ir a buscar agua, se acercaron de inmediato.

—Aylany, ten mucho cuidado —le dijo Valeria en voz baja, mirando hacia donde estaba él—.

Esas flores no son algo que se regalan por casualidad, y cambiarse de puesto de repente… algo no encaja.

No olvides lo que te hizo durante meses.

—Lo sé, lo recuerdo cada día —respondió ella, acariciando con suavidad un pétalo de rosa azul—.

Pero también veo que hace semanas que no me hace nada malo, que me trata bien y que intenta ayudarme.

¿Y si de verdad está arrepentido?

¿Y si le estoy juzgando sin darle la oportunidad de demostrarlo?

Camila negó con la cabeza, pero no supo qué más decir.

Mientras tanto, Tomás hablaba con sus amigos en la otra esquina del patio, y en cuanto estuvieron solos, recuperó esa expresión dura y burlona que no mostraba delante de ella.

—¿Lo ven? Ya se lo está creyendo —les dijo en voz baja, con media sonrisa—.

Las cosas que le gustan, estar cerca, palabras suaves… todo funciona mejor que cualquier broma.

Pronto estará completamente convencida de que soy su amigo, y entonces será el momento de cumplir lo que acordamos.

Pero lo que Tomás no sabía, y lo que todavía no se atrevía a admitir ni siquiera para sí mismo, era que, aunque su intención seguía siendo la misma, cada vez que veía la forma en que ella sonreía levemente al mirar la flor, o cómo se mordía el labio cuando se concentraba en escribir, algo muy leve, casi imperceptible, empezaba a moverse en su interior, aunque él se esforzaba por ignorarlo y seguir pensando que todo era parte de la apuesta.

Por su parte, Aylany, durante toda esa tarde, no dejó de mirar de reojo a Tomás, sentado a su lado, y cada vez que lo hacía, sentía esa sensación nueva, confusa y dulce, que no lograba explicar.

Todavía no le ponía nombre, todavía no sabía que estaba empezando a sentir algo mucho más profundo, pero sabía que, desde esa mañana, las cosas ya no eran iguales que antes.

 

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Dany 🇨🇱🥰
Mi chilito hermoso, espero que se abuena👏
Lois fuentes coloma: hay me cuenta si le gusta
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