Julia Santos tenía la vida bajo control: una carrera de modelo en ascenso, amigos leales y un novio con el que soñaba casarse. Todo se derrumba en un solo día, cuando una traición la deja con el corazón roto… y un accidente frente a una escuela la pone en la mira del hombre más poderoso —y más arrogante— de la ciudad.
Rafael Valença no cree en el amor. Desde que su exmujer le destrozó la confianza, solo vive para su empresa y para su pequeña hija. Pero unos inversores exigen un presidente «de familia», y Rafael tiene la solución perfecta: un contrato. Dos años de matrimonio fingido, sin sentimientos, sin preguntas. Y Julia, acorralada, no está en posición de negarse.
Lo que ninguno de los dos calculó fue lo que pasaría al vivir bajo el mismo techo. Porque entre reglas frías y noches compartidas, entre la ternura de una niña que empieza a llamarla «mamá» y una atracción imposible de ignorar, ese papel firmado empieza a sentirse demasiado real.
Pero no todos quieren verlos felices. Una ex despechada, una hermana consumida por la envidia y secretos del pasado acechan para hacer estallar el frágil acuerdo… justo cuando Julia descubre que ya no está fingiendo.
¿Puede un amor que nació de un contrato convertirse en el más verdadero de todos?
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ALIANZAS PELIGROSAS 2
Teodora
Lunes. Espero una buena hora para acercarme a la bendita hermana de la modelo; voy a llegar despacito, hacerme la amiga, ver de qué va, tal vez consiga alguna información que me ayude.
A decir verdad, ni sé qué voy a hacer. Sé que no quiero a la niña, y Rafael tampoco va a querer nada conmigo; solo que no me gusta la idea de no haber conseguido nada con él, y ahora está ahí todo embobado con una desconocida.
Llegué y fui hasta la recepción.
—Buenos días.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?
—¿Cómo te llamas, querida?
—Beatriz.
—¿Tú eres la hermana de aquella linda modelo, Julia Santos?
—Sí, ¿y eso qué tiene que ver con que usted esté aquí?
—Nada que ver, querida; es que Julia está casada con mi ex marido, el padre de mi hija.
—Ajá, ¿y yo qué tengo que ver con eso?
—Ya debes conocer a mi hija y a Rafael, ¿no?
—Escuche, yo quiero distancia de esa engreída, que se cree la gran cosa solo porque anda desfilando, ¡fingiendo que trabaja!
—Disculpa, parece que no aprecias mucho la vida de Julia, ¿acerté?
—Acertó de lleno; ahora permiso, que estoy trabajando.
—Bien, ¿podemos tomar un café cuando salgas del trabajo? ¿Qué te parece?
—¿Por qué tomaría un café con usted? No la conozco, ¡no sé qué quiere!
—Podemos hacer algo respecto a tu hermana; ¡le vamos a bajar los humos!
—Entonces está bien, salgo a las cinco de la tarde.
Salgo con una sonrisa que no me cabe en la boca; esto sí que no me lo esperaba. ¿Quiere decir que la hermana le tiene envidia a la otra? ¡Me encantó!
Biah (Beatriz)
Estoy en la clínica en la que trabajo cuando entra una mujer muy elegante. Cuando me llamó por mi nombre hasta me extrañó, pero después habló de mi hermana y cambié al instante. No entiendo por qué siento un rechazo tan grande por Julia; todos dicen que le tengo envidia, pero yo creo que soy mucho mejor que ella, ¿por qué le tendría envidia?
Mi mamá se molesta, pero es más fuerte que yo, no lo controlo; cuando me doy cuenta, ya estoy tratando de destruir algo que es importante para ella.
La mujer ya demostró que también quería algo contra ella; quedamos en tomar un café.
Cuando termina mi horario, salgo afuera y ella está en un taxi.
—¡Beatriz, aquí!
Fuimos a una cafetería cerca de ahí.
Cuando nos sentamos, me mira con curiosidad.
—Entonces, dime, ¿cómo es tu relación con Julia?
—Hoy casi no peleamos; ella se fue de casa cuando cumplió dieciocho años.
—Mmm, ¿y tú cuántos años tienes?
—Cumplo veinticinco dentro de unos meses. ¿Y usted, qué quiere con ella?
—¡Nada!
—Ya. Quiere de vuelta al marido, ¡clásico!
—Oye, ¡tú no sabes nada! No lo quiero de vuelta, y él tampoco me querría, me odia.
—¿Y entonces qué quiere conmigo?
—Algo que me pruebe que ella no es ninguna santa. ¡Necesito restregárselo a Rafael en la cara!
—Siento decírtelo, esa mosquita muerta es de lo más correcta de verdad; anduvo casi once meses de novia y siguió virgen. Romeu se volvía loco; le metí tanta cizaña que empezó a ponerle los cuernos con cualquier faldita, hasta que ella lo agarró en la cama con otra y terminó con él.
—¡Vaya! Casi me da lástima. ¿Hace cuánto pasó eso?
—No hace ni un mes; no entiendo cómo se quedó con este Rafael, ¡tan rápido! —eso realmente sigue siendo un misterio para mí.
—Tal vez entonces ella no quiera a Rafael. ¿Y ese Romeu, es buena gente?
—No sé, pero ¡es un tremendo mujeriego! Ahora anda corriendo detrás de ella —respondo, porque conozco poco a las personas que rodean a Julia.
—¿Y qué tal si hacemos que Rafael crea que se están viendo? —dijo la mujer, y a mí me parece una idea excelente.
Acordamos cómo lo haríamos, me fui de ahí y llamé a Romeu; quiero saber si está en la ciudad o si está de viaje.
Dijo que está en la ciudad, así que le pregunto si quiere tomar un café conmigo mañana; dice que no tiene interés en estar conmigo. Le pido que me respete y le digo que es para hablar de Julia, que tengo noticias.
Así acepta; entonces le pido que venga a la misma cafetería de hoy, que queda cerca de la agencia donde trabaja Julia y de la clínica.
Todo arreglado, me voy a casa; mañana mi querida hermana le va a mostrar a su lindo y rico maridito que no vale nada.
Me dan ganas de reír con la idea.